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Merengue, merengue: el PP da en el clavo con su himno

“Estuvimos dudando entre el reguetón y el merengue y finalmente optamos por el merengue”. Con estas palabras Moragas, director de la campaña del PP para las elecciones del próximo 26 de junio, anunció a los medios en la sala de prensa de Génova 13 que habían versionado su himno una vez más. Y se armó la marimonera. O cómo se dice ahora, se hizo viral.

Y creo que ha sido un acierto total. El análisis en corto puede parecer simple: crean un contenido viral, un contraste entre la seriedad de Moragas y lo más cachondo del verano patrio. Y claro, si el himno del PP ya es más pegadizo que una moneda de esas de gominola en el paladar, ¿cómo no va a triunfar la versión merengue?

Pero el análisis en corto no nos deja ver algo que es aún más fascinante: la explosión clara de la política de los sentidos. Nuestro comportamiento político tiene en su base una serie de interacciones con nuestro entorno. Nuestro cerebro interactúa con el mundo a través de los sentidos. ¿Cómo no tener en cuenta el papel de los sentidos para plantear acciones de comunicación que consigan persuadir al electorado?

El oído, y a través de él, ese ritmo de verano que no dudaría en pinchar en mis escarceos de DJ, son un claro ejemplo de ello. Y sí, este artículo puede dar un paso más en mezclar virales y voy a mencionar a Punset. Según el divulgador científico, “el cerebro es muy sensible a la música”. No sólo es protagonista durante el proceso de aprendizaje –aprendemos el abecedario con una canción, por ejemplo- y se ha descubierto que puede ser una potente manera de afrontar ciertas disfunciones cerebrales. La música y el canto tienen la virtud de ser un modo de lenguaje que permite, según el mismo autor “alcanzar cosas que la voz hablada no podría” y que tienen en las emociones su principal receptáculo.

Los poderes de la música en la formación de estados emocionales y respuestas de nuestro cuerpo ya eran estudiadas, tal y como reseña Sebastià Serrano, por Pitágoras en la Escuela de Delfos. Allí, enseñaba a sus alumnos cómo producir estas respuestas y cambiar los comportamientos de las personas o acelerar, en algunos casos, los procesos de curación. Según estas posturas, la música es un generador de estados de ánimo y puede intervenir para modificar o crearlos: calmar, confortar y mejorar sensaciones como el miedo, la ansiedad o el dolor.

¿Por qué la música tiene estas capacidades? Cantar o escuchar música provoca estados de satisfacción y felicidad. Las pupilas se dilatan y aumentan los niveles de endorfinas. Este neurotransmisor se produce en situaciones de dolor para atenuar sus efectos, y tiene un rol importante en otras sensaciones, como el placer, la alegría, el bienestar o la euforia. La música desata un conjunto de reacciones químicas y eléctricas que tienen en la activación de los canales auditivos y sus conexiones con la corteza auditiva, partes de la corteza frontal y prefrontal, la amígdala y otras regiones del cerebro que intervienen en la gratificación, la emoción y la motivación.

Por ello, no hacemos más que encontrar ejemplos del uso de la música en campañas electorales. De las canciones de campaña al uso de la música en spots electorales. Y ahí el PP ha dado en el clavo. Mientras que en infinidad de campañas patrias la canción de campaña acaba siendo una de las favoritas de la playlist del candidato, que muchas veces se pasa de moderno, esa canción no tiene por qué llegar al electorado si no es capaz de generar las emociones que se buscan.

La versión merengue del himno del PP, sin embargo, consigue crear el estado de ánimo que el partido busca en el electorado. Busca ese buen rollo que corrobore su recuperación, su optimismo por el futuro y el abandonar los últimos cuatro años valorados negativamente por los españoles encuesta tras encuesta. Y encima lo hacen con el himno, que aunque no tenga per se un objetivo de persuasión, ayudan a quién lo escucha a tener una respuesta positiva a través de eso fondo musical que envuelve el contenido verbal. Así, tanto los himnos como los jingles tienen la función de captar la atención y resultar atractivos. Además de promover el recuerdo, como si de una post-it se tratara.

Como si de marcadores somáticos se tratara, los himnos pueden evocar en ciertos momentos una realidad política, como el sonido de una Harley-Davison llama a la libertad y por ello esta compañía dedicó tantos esfuerzos a protegerlo.

El himno del PP en versión merengue lleva ya dos días sonando en las oficinas de todo el país. Con un ritmo pegadizo y positivo. Con una carcajada o una sonrisa asociada a ello. Con miles de memes como este con Maduro. Y eso, gota a gota, crea una marea de sentimientos positivos. ¿Servirá para que un no votante vote al PP? No, lo dudo. ¿Servirá para que un indeciso lo haga? Puede que lo consiga. No por el himno en sí, sino por el cambio de las emociones hacia ese receptor. No sé cómo hubiese sido la versión reguetón, pero me muero de ganas por saberlo.

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Una constitución participativa

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Desde que empecé a trabajar en Change.org he tenido la oportunidad de reunirme con muchas instituciones para hablar de participación ciudadana. Y en esas reuniones me he encontrado con tres perfiles muy distintos. Desde las instituciones que creen honestamente que la participación ciudadana es necesaria y buscan el mejor modo de hacerlo, las que se empecinan en no moverse de la formalidad más absoluta y las que solo quieren cubrir expediente o te reciben por cortesía.

Por ello, no deja de sorprenderme lo que está pasando en estos momentos en Ciudad de México. Los ciudadanos están participando en la redacción de su nueva constitución con peticiones en Change.org.

El status político de la Ciudad de México (CDMX) ha cambiado. De hecho, tras la reforma política, ha dejado de ser DF (Distrito Federal) para convertirse en una entidad autónoma. Por ello, están redactando su nueva norma básica. Pero con una novedad: los ciudadanos pueden aportar directamente sus propuestas a través de una página de Movimientos en Change.org.

Un Movimiento es una de las funcionalidades que tiene Change.org. Es una página que aglutina peticiones sobre un mismo tema. El Grupo de Trabajo que redactará la Constitución gestiona esta página en la que los ciudadanos de CDMX pueden iniciar sus peticiones con los temas que les gustaría ver en su constitución.

Pero no solo pueden proponer lo que quieran, el Grupo de Trabajo que redactará la Constitución, se ha comprometido a responder a las peticiones alojadas en este movimiento, de la siguiente manera:

  • Al alcanzar 5.000 firmas, la Secretaría Técnica del Grupo de Trabajo responderá a través de su perfil verificado de Change.org directamente a los creadores y firmantes de la petición.
  • Al alcanzar 10.000 firmas, los creadores podrán presentar personalmente su iniciativa ante tres representantes del Grupo.
  • Cuando una propuesta alcance las 50.000 firmas, los creadores de la petición serán invitados a presentar su iniciativa ante el pleno del Grupo de Trabajo que redactará la Constitución.

Por el momento, se han creado 280 peticiones con las firmas de 85.000 usuarios. Esta experiencia es única y pionera. Es impresionante ver cómo las instituciones pueden pueden trabajar con la gente para mejorar la representación de la ciudadanía.

La brecha entre política y ciudadanía es cada vez más grande. El actual clima político en España, de hecho, no ayuda a superarla. Este ejemplo muestra a la perfección cómo se pueden complementar los elementos formales -la constitución sigue su redacción por vías más tradicionales- con la participación de los ciudadanos en aquellos espacios en los que ya están participando.

Hoy, más del 26% de los usuarios de internet en España usan Change.org en su día a día. Cada mes se crean 1.500 peticiones nuevas. En dos meses se crean más peticiones que todas las que recibió la comisión de peticiones del Congreso en la pasada legislatura. Quizás haya un camino con aquello que ocurre más allá de los mecanismos formales. Y Ciudad de México sienta un interesante precedente.

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Los escenarios del poder: el despacho del presidente del Gobierno

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El despacho oval de la Moncloa ni es oval ni tiene decenas de réplicas en todo el mundo (desde museos a ricos obsesionados en tener uno igual en casa. Me consta que en España alguien lo ha hecho). El despacho oval de la Moncloa es algo más tímido, mucho más ecléctico y seguramente represente menos el poder y sea más funcional. Nos sumergimos en un escenario del poder casi desconocido.

Los españoles apenas conocen cómo es el despacho en el que trabaja su presidente. Y no es solo por la maldita confusión entre partido y gobierno. Seguramente beba mucho del propio destino, casi en lo universal, del propio palacio de la Moncloa. La casa palaciega del siglo XVII que hoy es sede de los edificios gubernamentales, pasó de finca agrícola a ser adquirida por Carlos IV en 1802. Fue casi destruido por completo durante la Guerra Civil, fue reconstruido y durante el franquismo fue la residencia para las visitas de mandatarios extranjeros.

De esa reconstrucción vienen las 12 columnas del llamado Salón de Columnas, provenientes del claustro del Palacio Arzobispal de Arcos de la Llana, en el valle burgalés del río Cavia. Fue un regalo a Franco.

Adolfo Suárez fue el primer presidente en usar la Moncloa. Desde 1977, se convierte en residencia oficial y sede de la presidencia del Gobierno. Desde entonces, el uso dado a edificios ha ido creciendo hasta dar con el conocido hoy como complejo de la Moncloa, el lugar en el que el ejecutivo gobierna España.

El despacho oval español está situado en la planta baja del palacio. Es la planta pública, ya que se reserva a usos oficiales. El despacho de trabajo del presidente está entrando a mano izquierda. Para llegar a él hay que pasar por una biblioteca y tiene un ventanal sobre el jardín trasero.

El presidente tiene en su despacho de trabajo dos zonas muy diferenciadas. La zona de trabajo y la zona de visitas.

Por un lado, su mesa de trabajo, con sillas para poder despachar sus asuntos desde ahí. Las sillas son de Eames, presentes en muchos despachos de nuestro país. Hay dos mesas de madera oscura, una a modo de despacho y la otra para el ordenador. Completa la zona de trabajo una mesa de reuniones situada a la izquierda desde el sillón del presidente.

Y por otro, una zona para recibir visitas con un sofá y sillones junto a una mesita. En esa zona encontramos una alfombra blanca.

El estilo de decoración lleva el sello de Sonsoles Espinosa, la mujer del presidente Zapatero, que llevó a cabo la reforma más radical del Palacio. Tras esa reforma desaparecieron los muebles de estilo clásico y se optó por muebles y diseños contemporáneos, con un estilo mucho más ecléctico.

El despacho del presidente es un escenario muy neutro, elegante y moderno. Contrasta con otros escenarios más cargados de la vida política e institucional española, donde los tapices y las maderas son las protagonistas. Por el contrario, aquí nos encontramos con techos altos, suelos de madera y paredes en gris. El despacho oval de la Moncloa se parece más al despacho de un consejero delegado del Ibex que al despacho del Rey.

La decoración del despacho está protagonizada por las obras de arte que cuelgan de sus paredes y los estandartes de España y de la Unión Europea. Sin olvidar algunas fotografías enmarcadas y un ordenador personal que en todas las fotos tomadas al presidente Rajoy en su luce aparcado en un rincón de la mesa.

No hay espacio para obras clásicas en el despacho del presidente. Encima del ordenador cuelga “10 nostalgias y un olvido” del pintor sevillano Luis Rodríguez Gordillo. Se puede comprar una reproducción de ese grabado por unos 500€. Tras el presidente cuelga una obra de Joan Miró, “Le grand sorcier”.

El despacho tiene luz natural gracias al ventanal que da al jardín del palacio. Tiene dos puertas de acceso, una desde el vestíbulo y otra que da a una gran sala de reuniones. Por cierto, debe tener problemas de aclimatación porque un radiador eléctrico portátil descansa en el pequeño pasillo que separa la sala de reuniones del despacho presidencial.

Este no es el único despacho que tiene el presidente en Moncloa. Desde la entrada, a mano derecha, encontramos el despacho oficial del presidente, para actos más protocolarios, en el que encontramos la vieja mesa de despacho del general Narváez, regalada por Juan Carlos I a Adolfo Suárez. Hay pocas fotos disponibles de ese despacho, una de las pocas, con Zapatero como presidente, muestra una gran sala rectangular, en tonos grises, con un gran cuadro de Barceló.

Hay, de hecho, pocas imágenes del presidente en su despacho de trabajo u oficial. Al contrario de lo que ocurre con el despacho más famoso del mundo -que hasta es mencionado así en anuncios de Ikea- las imágenes públicas son pocas. De hecho, la grabación del famoso programa de Bertín Osborne “En tu casa o en la mía” con el presidente Rajoy nos dejó un buen fondo documental de imágenes de la planta pública del Palacio de la Moncloa.

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Los escenarios del poder: sala de audiencias del Palacio de la Zarzuela

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La historia ha querido que el Palacio de la Zarzuela, un pabellón de caza construido por Felipe IV, acabe siendo uno de los escenarios del poder de la España contemporánea. En 1962, tras su boda, Juan Carlos y Sofía se trasladan al palacio que había sufrido grandes daños durante la Guerra Civil. Situado cerca de El Pardo, la residencia del dictador Franco, el palacio ha sido testigo de la restauración monárquica y de los cambios recientes en el país.

En 1975, una vez coronado Rey de España, Juan Carlos I y Sofía mantienen su residencia en la Zarzuela. Y con una nueva monarquía, el palacio crece y debe dar usos oficiales a una residencia. No solo crecen los edificios administrativos a lo largo de los años, también los servicios y los pabellones, como el construido para el actual rey y entonces príncipe, Felipe de Borbón.

El Palacio tiene tres plantas y en su segunda planta se encuentran dos escenarios clave en la política española: la sala de audiencias y el despacho del Rey, situadas ambas a pocos metros. Nos centramos en este artículo en la primera estancia.

La sala de audiencias ha sido el escenario de importantes momentos de la historia reciente española. Desde la renuncia de Juan de Borbón a sus derechos dinásticos a la imposición del fajín de Capitán General a Felipe VI durante su acto de proclamación, pasando por todos los actos de jura o promesa del cargo de presidentes del Gobierno, ministros y magistrados del Tribunal Constitucional desde el reinado de Juan Carlos I. También es escenario de las audiencias públicas a los Reyes de España, tal y como hemos visto en las recientes rondas de consultas de Felipe VI para proponer un candidato a someterse a la investidura.

Esta sala rectangular tiene las paredes forradas con madera clara rematadas con una serie de columnas jónicas. La alfombra que cubre el suelo, de la Fundación de Gremios, mide 10 metros de alto por 7 de ancho. En las paredes encontramos varias pinturas y tapices. Según consultas a Patrimonio Nacional, en la sala encontramos ocho pinturas y un tapiz.

El elemento principal de la sala es un tapiz flamenco, de oro, plata, lana y seda, de finales del siglo XVI, “Alejandro distribuye riquezas entre sus amigos” atribuido a Jakob Geubels II y a Jan Raes. El tapiz muestra a Alejandro antes de iniciar la guerra contra los persas, haciendo sacrificios a Júpiter Olimpo, cerca de la ciudad de Dio, en Macedonia.

Los dos cuadros más reconocibles, flanqueando el tapiz y testigos mudos de la historia de España, son del pintor madrileño del siglo XVIII Luis Paret y Alcázar. Son dos paisajes guipuzcoanos, uno de la Concha de San Sebastián y otro de Pasajes. Paret llegó a estar desterrado de la Corte por orden de Carlos III. Ahora, sus cuadros están en la Corte misma. El resto de obras son del pintor de la Corte de Felipe V Michel-Ange Houasse y el italiano Corrado Giaquinto, pintor de la Corte de Carlos III.

En la sala encontramos también cuatro cómodas, dos de manufactura inglesa del siglo XIX, que y dos de estilo francés del XVIII, así como dos consolas de madera, pan de oro y mármol del siglo XVIII que flanquean el tapiz y sobre las que suelen estar expuestos otros elementos de decoración como bronces y candelabros.

Son precisamente esos elementos decorativos los que van cambiando. Felipe VI, por ejemplo, ha puesto en la sala la réplicas de la Copa Davis que Rafa Nadal regaló a Juan Carlos I en 2012 y una estatuilla de los Goya entregado en diciembre de 2014 por la Academia del Cine a los nuevos Reyes.

Esta sala ha sido un escenario casi perenne en la actualidad informativa de las últimas semanas con las dos rondas con los líderes políticos para que el Rey propusiera un candidato a la investidura y, tanto si hay investidura como si vamos a nuevas elecciones, será pronto escenario de la toma de posesión del próximo presidente -o quien sabe, presidenta- del Gobierno y de sus ministros. Para esa ocasión, se instalará la mesa con, seguro, un ejemplar de la constitución editado por las Cortes en 1980. Y si el presidente electo lo solicita, un ejemplar de la Biblia y un crucifijo dorado. Bajo el reinado de Felipe VI, por primera vez, las personas que tomen el juramento o promesa podrán elegir la presencia o no de elementos religiosos.

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¿Qué hacen los candidatos en una feria de granjeros?

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Si lo tuyo es la ciudad, te gusta el cine en versión original y quieres que te cobren una millonada por un corte de pelo, no se te ha perdido nada en Iowa. Si encima eres multimillonario, tienes jet privado o te has pasado tu vida en los despachos del poder de Washington, en Iowa estás más perdido que Wally. Pero si tu intención es ser presidente de Estados Unidos en 2016 o, como mínimo, conseguir la nominación de tu partido, eres un temerario si no estás en Iowa y sí en Martha’s Vineyard.

Iowa es un estado del Medio Oeste, del bastión de voto conservador, de misa dominical, tractor y cerveza, nada de gintonic. Es un estado agrícola -para que te hagas una idea, es el mayor productor de soja y etanol de los Estados Unidos- y es muy pequeño. Apenas llega a los tres millones de habitantes. Elige a 7 votos del colegio electoral que nombra al presidente. California da 55. Como comprenderás, su peso para elegir al próximo presidente es mínimo. Pero pese a ello, todo gira alrededor de Iowa.

¿Por qué? Muy sencillo: Iowa es el primer estado en celebrar primarias. Y aunque su peso en delegados para los candidatos es mínimo, ganar en Iowa te puede dar el empujón necesario para ganar la nominación. Por ello, la mayoría de las candidaturas llevan meses trabajando en este estado y los meses de verano nos permiten verlo en su máximo apogeo.

Y ahí es donde entra en juego la feria del estado. Estos días se está celebrando este evento en la capital del estado, Des Moines. Se espera la presencia de más de un millón de visitantes -y te recuerdo que la población del estado no llega a tres- y de entre todos ellos, la presencia de todos los candidatos a la presidencia por ambos partidos.

Las campañas usan este momento para hablar con todo el mundo y conseguir apoyos de cara a las primarias de enero. Hace unos meses te hablaba de cómo funcionan esas primarias y por ello es tan importante tener gente en el terreno, que los ciudadanos de Iowa puedan ver, sentir, tocar y hasta oler a los candidatos. Porque en las primarias, un solo voto puede fastidiarlo todo.

Por ello, estos días podemos ver a los hijos de la aristocracia política, los candidatos más ricos o a los más socialistas arengando a los ciudadanos del estado en busca de su apoyo. Y de su dinero. Porque es un momento propicio para conseguir más donaciones para sostener sus campañas. Y eso convierte a una feria de granjeros en un acto político de primer nivel en Estados Unidos.

Pero más allá de la importancia estratégica para las campañas, la feria también tiene su importancia por todo lo que la política supone en la época del infotainment. Todos los medios están buscando un error, un enfrentamiento o una oportunidad única para llenar horas de emisión. Y en la feria, a veces, ocurre.

Para la periodista de ese estado, O. Kay Henderson, todos los candidatos deben llevar dinero en el bolsillo, porque no van a entrar gratis. Y una vez dentro verán como su mundo y el de los granjeros son como agua y aceite. No es un público fácil y muchas veces se han visto enfrentamientos entre la gente y los candidatos. Mitt Romney lo sufrió dos veces.

Las primarias no se ganan en enero. La gran presencia de candidatos es muestro de ello. Las máquinas electorales van a todo ritmo y esto ya no lo hay quien lo pare.

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David y Goliat

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El primer ministro italiano, Matteo Renzi, ha recibido a la cancillera alemana Angela Merkel en su ciudad, Florencia, para una cumbre entre los dos países. Y la cumbre nos ha dejado esta imagen para la posteridad. Los dos mandatarios a los pies del David de Miguel Ángel. Una imagen bella y poderosa.

Al ver el escenario elegido por los italianos para la rueda de prensa entre los dos dirigentes no he podido hacer otra cosa que recordar este artículo que escribí tras la inauguración del AVE Madrid-Valencia en 2010. La importancia del fondo, del escenario, de lo que envuelve al mensaje. Porque eso también es mensaje.

El gobierno de Renzi quizás le estaba mandando un mensaje a Merkel o incluso al mundo. La idea de que los Davides a veces ganan a los Goliats. O incluso que un David como Italia puede acomplejar al Goliat de Europa en un escenario tan impresionante como ese. Recuerdo sentirme muy pequeño la primera vez que vi ese David en la Academia florentina. Los escenarios reales también están pensados para amedrentar e impresionar a las personas que dirigen países. Y para muestra de ello, la ciudad de Washington.

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A Obama le quedan dos telediarios

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Bueno, más que dos telediarios, a Obama le quedan dos discursos del estado de la Unión. Esta noche el presidente se dirigirá a las cámaras y a la nación en el discurso anual en el que da cuenta del estado del país y marca las líneas de actuación de su gobierno. Y al contrario de lo que ocurre en España con el debate sobre el estado de la nación, esto es todo un evento. Político y mediático. Te voy a contar algo más por si esta noche no te vas a dormir para verlo.

Este discurso ocurre porque la constitución americana lo especifica. Bueno, en realidad lo que dice el artículo segundo de la carta magna es que el presidente dará información al Congreso del estado de la Unión. Y de hecho, muchos presidentes lo que hacían era remitir un discurso escrito, pero no iban al Congreso. Desde Wilson, los presidentes han ido por lo menos una vez al Congreso a dar ese discurso. Menos Hoover. Siempre hay una excepción. De hecho, los primeros presidentes preferían enviar el discurso a hacerlo en las cámaras porque era muy monárquico. La presidencia americana en el siglo XIX es maravillosa.

He shall from time to time give to Congress information of the State of the Union and recommend to their Consideration such measures as he shall judge necessary and expedient.
—Article II, Section 3 of the U.S. Constitution

¿Y siempre es en estas fechas? No siempre. Casi siempre es en las primeras semanas del año. Obama los ha hecho todos en enero menos uno en febrero, en 2013, porque ese año fue investido presidente por segunda vez el 21 de enero. Y no lo hizo en 2009 justo al llegar al cargo, aunque sí fue al Congreso para dirigirse a él.

Suele ser un buen discurso, importantísimo para la vida y el impulso político del presidente. Los medios de comunicación dedican programas en directo y, a diferencia del pseudo-equivalente español, es en prime time televisivo. Unos 33 millones de espectadores lo verán solo en Estados Unidos. Todo cuenta, todo es importante y los comentaristas políticos se fijan hasta en el último detalle.

Si lo ves esta noche fíjate: los aplausos cuentan. De hecho, se cuentan hasta los minutos de aplausos que recibe el presidente. Cuenta las historias que relata el presidente. Las personas a las que menciona. Los invitados que están en la Cámara de Representantes, quién se siente junto a quién… todo.

Quiero hablarte un poco más del protocolo, porque me parece fascinante. El Congreso invita al presidente a dirigirse a las cámaras. La separación de poderes, aunque formal, ante todo.

Primero llegan los miembros del Congreso. Sobre las 20:30h los miembros de la cámara baja, la Cámara de Representantes, están ya en la sala. El speaker, o sea, el presidente de la cámara, anuncia entonces la llegada del vicepresidente y de los senadores. Todo el Congreso está ya reunido. El vicepresidente es el “presidente” del Senado, por ello esta noche los verás justo detrás de Obama en la tribuna.

El speaker anuncia la llegada de otros cuerpos del Estado, como los miembros del Tribunal Supremo, los Jefes del Estado Mayor o los propios miembros del gobierno, el gabinete.

Falta lo más importante: el presidente. Pasadas las 9, la Cámara se preparar para la llegada. Verás que siempre hay un señor que grita la llegada del presidente. Ese es lo que llaman el “Sergeant at Arms” de la Cámara. La verdad es que no sé encontrar una traducción para ese cargo, pero se encarga, entre otras cosas, del protocolo.

Esta figura encabeza la comitiva del presidente, formada además por miembros del Congreso encargados de recibir al presidente. Y el propio presidente, claro. Cuando todo está listo, el speaker de la Cámara llama al orden y entonces escuchamos a auténtica voz en grito: “Mister/Madam Speaker, the President of the United States!”

El presidente es recibido por aplausos y tiene que cruzar un pasillo que se hace eterno. El presidente saluda a los congresistas que están ahí y mientras se acerca a la tribuna de oradores, al resto de cargos presentes.

Justo al llegar a la tribuna de oradores y estar preparado para empezar, el speaker lo anuncia oficialmente: “Members of Congress, I have the high privilege and the distinct honor of presenting to you the President of the United States.” Más aplausos.

Entonces, el presidente entregará dos copias, una a cada cámara, del discurso que están en dos sobres. Y a partir de ahí, empieza el mensaje.

Eso sí, no todo el gobierno está en el Congreso. Si ocurriera una desgracia, podrían desaparecer de un plumazo el presidente, el vicepresidente y el speaker de la Cámara. Estas tres figuras son los tres primeros puestos de la línea de sucesión. Por ello, en otro lugar hay un miembro del gobierno que tomaría el mando del país si eso ocurriera. Seguro que recordáis esta escena de The West Wing:

Como véis, todo es espectáculo. Y desde luego, algo más interesante que nuestros debates parlamentarios. Si os animáis, esta madrugada os espera el presidente.

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Un año para Iowa

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No es por agobiar a nadie, pero la carrera presidencial de 2016 se pone seria. Y es que, si no se adelanta ningún estado -que todo puede pasar- y no hay cambios en las previsiones, en un año estaremos presenciando ya el pistoletazo de salida de las primarias en Estados Unidos. Primera parada, Iowa.

Según las previsiones, el lunes 18 de enero de 2016 el estado de Iowa será el primero. Aunque cabe recordar que en las primarias de 2008 y 2012 el caucus en este estado se adelantó varios días, justo al inicio del año. Ese día conoceremos qué candidato o candidata de los dos grandes partidos se lleva los delegados de ese estado.

El hecho de que hable de este estado en este artículo no es casualidad. Iowa es el primer estado en decidir sus delegados. De hecho, de 1972 se ha convertido en un acto político de primer orden en Estados Unidos. El mundo entero mira a Iowa en año electoral. Y eso que los ciudadanos de este frío estado solo deciden un 1% de todos los delegados en las convenciones de los partidos.

¿Por qué es importante Iowa, pues? Precisamente por el poder mediático y de tracción que tiene para las campañas. La apuesta estratégica de Obama, por aquel entonces un candidato prometedor pero poco probable, era ganar en Iowa para conseguir el empujón mediático que necesitaba. Pero ni todos los candidatos que ganan en Iowa consiguen la nominación ni todos los que consiguen ganar en Iowa consiguen la presidencia.

Por ejemplo, desde 1972 Carter, Mondale, Kerry, Obama, Dole y George W. Bush consiguieron ganar en Iowa y la nominación de sus partidos. Solo Carter, George W. Bush y Obama también llegaron a la presidencia. Iowa nos deja cosas curiosas, como el 2,8% de los votos conseguido por Clinton en 1992.

Iowa no es solo el primer estado en abrir el melón de la carrera por la nominación presidencial, es uno de los pocos estados en elegir a sus delegados mediante caucus (asamblea). Los caucus no es un modo de elección tradicional con papeletas y urnas. Lo que ocurre en ellos es que los partidos reúnen a la gente que apoya a los diferentes candidatos. Y, siguiendo una fórmula matemática, se asignan los delegados por la cantidad de apoyos recibidos.

¿Cómo es el caucus republicano? Los votantes de las primarias republicanas votan en una papeleta en blanco, donde ponen el nombre del candidato al que apoyan después de haber escuchado sus ideas.

¿Y los demócratas? Es algo más complicado. Los ciudadanos se sitúan en la parte de la sala donde está su candidato (o sus representantes, que los candidatos no están en todas las salas, aún no tienen el don de la ubicuidad). Tras ello, se abre un turno de 30 minutos en los que los activistas de cada campaña intentan convencer a sus vecinos para que apoyen a su candidato, esfuerzos dirigidos especialmente a los indecisos que ocupan un espacio en la sala. Tras esos 30 minutos, se cuentan los apoyos a cada candidato. Tras ello, se abre otra ventana de 30 minutos para que las personas que apoyan a los candidatos con menos apoyos puedan, si quieren, apoyar a candidatos más viables. Esa es la gran diferencia con una elección primaria tradicional.

Los equipos de los futuros candidatos ya están pensando en Iowa. Ya están vislumbrando el calendario y ya saben lo que tienen que hacer. Aunque muchos de ellos aún no hayan anunciando que se presentan a las primarias. Queda un año para Iowa. Un año para que empiece el espectáculo.

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A los atletas de Sochi 2014

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Querido atleta:

No puedo imaginar las sensaciones que debes estar sintiendo en este momento. Estás a punto de llegar a Sochi para participar en unos Juegos Olímpicos. Te deseo mucha suerte. Pero no veré como tu esfuerzo te lleva a lo más alto del podio. No puedo fingir que no está pasando nada.

En unas horas desfilarás en el estadio olímpico. En el pebetero, el fuego de Olimpia encenderá los Juegos. Los valores del olimpismo, que también han guiado mi vida desde que era muy joven, contagiarán de alegría e ilusión al mundo. Y querrás llegar más lejos, más alto y más fuerte.

Mientras estés compitiendo en los Juegos, cuando quizás el presidente Putin te corone con tu medalla, muchos hombres y mujeres en Rusia estarán perseguidos, denunciados, detenidos y asesinados por el simple hecho de querer a alguien del mismo sexo.

Sé que me dirás que no hay que mezclar deporte y política, que los Juegos son los Juegos. Y que lo que ocurre en Rusia, bueno… que es lo que hay. Pero puedes hacer algo. Puedes mostrar tu repulsa a un país que instaura el odio de estado. Que alienta la homofobia. Que ampara las agresiones y los asesinatos.

Me gustaría poder ponerte los nombres de los hombres y mujeres que ven como su propia familia les denuncia. De los que son apaleados por la calle. De los que son asesinados. De los que son detenidos… por amor.

Personas que quieren irse más lejos, que quieren volar alto para dejar lo que están viviendo y que ya no pueden ser más fuertes para aguantar las vejaciones que su propio estado les impone. Piensa en todos ellos cuando recojas la medalla. Cuando Putin te dé la mano, piensa que fue esa misma mano la que ha condenado a muerte (porque uno no solo muere al perder la vida) a miles de personas que lo único que quieren es amar.

Let the games begin.

 

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15 series políticas imprescindibles

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No están todas las que son ni son todas las que están. En este post te presento 15 series políticas que no debes perderte:

1. The West Wing

Si hablamos de series políticas, esta es LA serie. Sin duda. Ambientada en la Casa Blanca, muestra los entresijos de la administración de un presidente demócrata. Los protagonistas son el presidente -Josiah Bartlet- y sus asesores más cercanos. Fue creada por Aaron Sorkin con la ingente cantidad de material que había preparado para la película The American President (El presidente y Miss Wade). Se emitió de 1999 a 2006 por la NBC. Sus 7 temporadas recorren los dos mandatos de Bartlet en la Casa Blanca, con una gran cantidad de situaciones políticas y tramas personales. Cuando llegues a las séptima temporada recuerda esto: fue emitida en 2006.

La serie contó con un reparto de lujo: Martin Sheen encarna al presidente Bartlet y quizás es el actor que ha interpretado mejor a un presidente de Estados Unidos. Stockard Channing, la mítica Rizzo en Grease, es la primera dama. Otros pesos pesados de Hollywood como Alan Alda o John Goodman les acompañan en el reparto. Y Rob Lowe, Bradely Whitford, John Spencer, Janel Moloney, Joshua Malina, Dulé Hill, Allison Janney, Richard Schiff… son hoy los asesores presidenciales más famosos de la historia de la televisión.

2. Political Animals

Inspirada en la vida de Hillary Clinton, esta miniserie de 6 capítulos está protagonizada por una impresionante Sigourney Weaver. Fue emitida en 2012 por USA Network y fue creada por Greg Berlanti. En la serie se muestra el precio que pagan las familias que han habitado la Casa Blanca, mezclando la trama política con la personal de una Secretaria de Estado, ex Primera Dama, divorciada, con dos hijos -uno de ellos adicto al alcohol y a las drogas-, que tiene que decidir el rumbo de su vida política.

Buen guión, la serie se devora y tiene un final explosivo. Solo tiene una temporada. Y es una auténtica lástima que no exista una continuación. Muy recomendable.

3. House of Cards

El fenómeno de 2013. En este post ya hablaba de ella. En breve: la serie muestra el personal estilo de hacer política del congresista Francis Uderwood (interpretado por Kevin Spacey), un auténtico tiburón político que urde su venganza. La serie muestra el Washington más crudo, con envidias, sed de poder, sexo y corrupción.

A diferencia de otras series de esta lista, esta es una serie original de Netflix. Gracias a ella, Netflix ganó su primer Emmy. De hecho, fue una de las triunfadoras en los Emmy de este 2013. La serie es una adaptación de la serie original británica de la BBC en los noventa.

4. Homeland

Aunque muchos puedan pensar que Homeland no merece estar en esta lista, soy un firme defensor de incluir esta maravilla en ella. La serie muestra las consecuencias de la Guerra contra el Terror emprendida por la administración Bush y sitúa su trama en el rescate de un marine, prisionero de guerra de Al-Qaeda, al que todos daban por muerto. Pero el preso, el sargento Brody, es ahora un riesgo para la seguridad nacional.

Claire Danes se sale interpretando a Carrie Mathison, una agente de la CIA que protagoniza la lucha constante por salvar a Estados Unidos de un nuevo ataque terrorista. La serie tiene ya dos temporadas y en septiembre se estrena la tercera. Se emite desde 2011 por la cadena Showtime y ha conseguido robar el corazón de la crítica y de los espectadores de medio mundo.

5. Commander in Chief

A la estela del éxito de The Wes Wing, ABC lanzó esta serie en 2005. La serie muestra la presidencia de Mackenzie Allen, la primera presidenta de los Estados Unidos que llega al cargo tras la muerte del presidente Teddy Bridges. Geena Davis encarna a la presidenta, una independiente que llega a la política casi de casualidad.

La serie es pobre en decorados y los primeros capítulos son muy flojos en comparación con The West Wing. Pero es impresionante ver el ejercicio de política ficción y de teoría constitucional que muestra la serie. De hecho, la gran trama es su lucha con el presidente del Congreso, Nathan Templeton, por el poder. Ah, Mark-Paul Gosselaar, que interpreta a Zack Morris en “Salvados por la campana” es el spin doctor de la presidenta.

La serie tiene una sola temporada de 18 capítulos, que no está acabada, ya que ABC canceló la serie.

6. Borgen

Borgen es el cruce perfecto entre The West Wing y Commander in Chief… pero a la europea. O mejor, a la danesa. La serie muestra el improbable ascenso de una diputada moderada a primera ministra del reino de Dinamarca. Birgitte Nyborg se convierte en la primera mujer que ocupa el cargo. Cosa que pasó años después en la realidad.

Tras su llegada al poder, Nyborg debe hacer frente a una difícil coalición de gobierno, los problemas de la inexperiencia política y la difícil relación con los medios de comunicación en un entorno mediático hostil. De hecho, la serie podría muestra algo así como la Rosa Díez danesa.

La serie está muy bien ambientada, realizada e interpretada. La pega es tener que verla en danés y con subtítulos al inglés. Pero vale la pena. Tiene tres temporadas.

7. Boss

Tom Kane es el alcalde de Chicago. Y sus métodos para ejercer el poder no son precisamente ortodoxos. Adolecido de una enfermedad neurodegenerativa, Kane oculta su enfermedad para poder seguir en el cargo.

La serie, que cuenta con la producción ejecutiva de Gus Van Sant, tiene dos temporadas y fue estrenada por Starz en 2011.

8. Yes, Minister y Yes, Prime Minister

La serie favorita de Margaret Thatcher. Esta genial comedia muestra el funcionamiento de la administración británica. Tras ser nombrado ministro, James Hacker tendrá que hacer esfuerzos titánicos para domar al funcionario Sir Humphrey Appleby, el Secretario Permanente del ministerio que se encargara de que todo cambie para que nada cambie. La serie tuvo una secuela, Yes, Prime Minister, con la llegada de Hacker al 10 de Downing Street.

Escrita por Antony Jay y Jonathan Lynn, esta obra de referencia se emitió en la BBC entre 1980 y 1984.

9. The Kennedy’s

La historia de la familia política más trágica de América tuvo su miniserie emitida en Canadá en 2011. Durante 8 episodios, la serie muestra el ascenso y trágico final de la familia. Greg Kinnear, Katy Holmes, Barry Pepper y Tom Wilkinson la protagonizan.

10. Secret State

Ojo a esta serie británica estrenada en 2012 por Channel 4. En 4 episodios ponen toda la carne en el asador: la relación entre un gobierno elegido democráticamente, el ejército y las grandes empresas. No quiero contarte mucho, porque cuatro episodios son nada, pero piensa que de un día para el otro llegas al cargo de Primer Ministro y descubres un cacao impresionante. ¿Qué haces? A eso se enfrenta el protagonista. Muy recomendable.

11. John Adams

Te aviso: es densa. Esta serie de 7 episodios muestra la vida del segundo presidente de Estados Unidos, John Adams, desde los inicios de la Revolución Americana hasta su muerte. Tener conocimientos de la historia de Estados Unidos es importante aunque no necesario. Paul Giamatti interpreta a Adams. La serie fue producida por Tom Hanks.

12. Black Mirror

Aunque toda la serie en sí no está relacionada con la política, el primer capítulo sí. No quiero desvelarte nada… pero si quieres flipar ponte el primer capítulo de la primera temporada. Fue creada por Charlie Brooker y se emitió por primera vez en Channel 4.

13. Veep

Veep es una comedia emitida en HBO, mostrando la vida de la vicepresidenta de Estados Unidos. Se emite desde 2012 y actualmente aún está en emisión, renovada hasta 2014.

14. Spin City

Es una de las comedias políticas más míticas. Emitida entre 1996 y 2002, con Michael J. Foz como protagonista, muestra la alocada vida del gobierno de la ciudad de Nueva York.

15. Jack & Bobby

¿Te suenan de algo los nombres? Esta serie fue emitida entre 2004 y 2005. Muestra la vida de dos hermanos adolescentes y muestra el presente a través de entrevistas. Ahí descubrimos que uno de los dos llega a presidente.

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