El primer viaje de Trump en imágenes

Trump huyó de Washington. Literalmente. El Air Force One estaba despegando de Andrews cuando las noticias sobre los lazos de su campaña con Rusia seguían explotando. Arabia Saudí, Israel, el Vaticano y Bruselas. Su primer tour internacional nos deja imágenes para la posteridad.

El baile de la espada

Para el presidente del “America First” seguro que ponerse a bailar esto en la ceremonia de bienvenida le pareció algo raro. Trump participó en el baile de la espada en la ceremonia que le brindó el rey Salmán ben Abdelaziz al Saúd. Pero no lo olvidemos, Trump ante todo es un showman.

Contigo no bicho

Trump nos recordó al famoso y cruel viral en los albores de internet. Fue en la llegada a Israel, a pie de pista. Trump le ofreció la mano a esposa Melania Trump en la ceremonia de bienvenida, pero ella se escapó con un brusco gesto. Contigo no bicho.

En boca cerrada no entran moscas

Esta imagen se ha hecho más que viral y dice tantas, tantas, tantas cosas. Es la comparación entre el mensaje en el libro de visitas del Museo del Holocausto entre Trump y el entonces senador Obama. El presidente dejó este escueto mensaje: “Es un gran honor para mí estar aquí con todos mis amigos. Es increíble. ¡Nunca no lo olvidaré!”. Obama, justo lo contrario. Sería una comparación banal si no fuera por los antecedentes de la administración Trump con el Holocausto. Su portavoz dijo que Assad era peor que Hitler por gasear a su población -Hello?- y en la nota de prensa del día del Holocausto, ni se mencionó a la comunidad judía.

¿Sigue ahí?

Este gif de la visita al Vaticano ha dado la vuelta al mundo. El Papa Francisco ha hecho en esta visita el mayor troleo de la gira a Trump. En el tradicional intercambio de regalos, le dió una copia de su encíclica sobre el cambio climático. A Trump. Al que se va a cargar la EPA. Épico. Ese gif muestra la incomodidad del Papa con el presidente.

America First

En la cumbre de la OTAN Trump empujó al presidente de Montenegro para estar en primera fila. Y no lo hizo con un “¿por favor señor, puede dejarme pasar?”, no, lo hizo con un brusco empujón. America First.

El vacile de Macron

Macron representó a toda la oposición a Trump y mostró que si él opta por “America First”, para el nuevo presidente francés esto es “Europe First”. Macron camina hacia Trump, pero en el último minuto, se gira hacia Merkel y la saluda. Luego al secretario general de la OTAN. Sigue saludando. Y finalmente, a Trump. No contento con eso, Macron le para bruscamente su famoso saludo. Todos somos Macron.

El impeachment de Donald Trump

No importa cuando leas esto. La evidencia de la presidencia de Donald Trump nos dice que ante cualquier nuevo giro dramático de los acontecimientos en los que se ha convertido su presidencia, alguien se estará preguntando si Donald Trump será destituido durante su mandato. Vemos qué es y cómo funciona el impeachment.

¿Qué es el impeachment?

El impeachment es el proceso de destitución del presidente de los Estados Unidos cuando éste ha podido cometer algún delito. Es uno de los poderes atribuidos por la constitución de Estados Unidos al Congreso.

¿Es como nuestra moción de censura?

No, en absoluto. España tiene un sistema parlamentario. Estados Unidos es uno presidencial. Así que para empezar, eso es distinto. El impeachment se activa cuando el presidente ha podido cometer algún delito y el Congreso lo juzga. La moción de censura no funciona así ni por esos temas. Es una moción política y en nuestro caso, constructiva, proponiendo un nuevo presidente. Porque el Congreso de los Diputados elige al presidente.

¿Bueno, y cómo funciona el impeachment en Estados Unidos?

Imaginemos que (introduce aquí el escándalo de Trump de esta semana) pudiera ser constitutivo de un delito. Cuando eso ocurre, el proceso puede empezar.

Según la constitución, el Congreso puede destituir al presidente si este ha cometido algún delito de “traición, soborno o de otros crímenes y delitos menores”. Como ves, es bastante general… lo que hace que ese juicio pueda iniciarse si las condiciones políticas se dan.

El impeachment se inicia en la Cámara de Representantes. Vota los artículos del impeachment y si alguno sale aprobado por mayoría, el presidente será sujeto de ese impeachment. Para que eso ocurra, se necesita mayoría simple de votos. Cuando la Cámara vota a favor del impeachment, el presidente pasa a estar acusado.

Cuando eso ocurre, el proceso pasa al Senado. Ahí se celebra el juicio para destituir o no al presidente. O sea, la cámara se convierte en algo así como un juzgado. ¿Quién juzga? El presidente del Tribunal Supremo. ¿Quién es el fiscal? Un equipo legal de la Cámara de Representantes que se conoce como los managers. ¿Quién defiende al presidente? Sus abogados. ¿Y quién es el jurado? Los senadores.

Ese jurado formado por los 100 senadores tiene que votar por una mayoría de dos terceras partes la destitución.

¿Si el Senado lo destituye, qué ocurre?

Si el Senado vota con la mayoría necesaria, el presidente es destituido y el vicepresidente asume el cargo hasta el final del mandato presidencial.

¿Qué as tiene en la manga Trump si se inicia un impeachment?

El principal as que tiene en la manga son las propias reglas del proceso. No hay unas reglas claras. Cuando llega al Senado, esta cámara aprueba una resolución con las normas y dependiendo de las mayorías, puede ser más o menos favorable a los intereses del presidente. Por ejemplo, el equipo de Trump está trabajando ya con el impeachment de Clinton como posible escenario y se está defendiendo en base a esas normas y a lo ocurrido.

¿Se puede destituir a Trump así?

En principio sí. Pero para que ello ocurra, hay varias incógnitas a despejar:

  1. Lo primero, que el escándalo que te haya llevado hasta este artículo sea realmente un delito y que pueda estar bajo los supuestos de “traición, soborno o de otros crímenes y delitos menores”. Si Trump ha cometido obstrucción a la justicia con la destitución de Comey y se puede probar que le pidió que dejara de investigar a Flynn, podría ser objeto de este proceso.
  2. Lo segundo, aunque haya podido cometer un delito, este juicio tiene una carga política evidente. Y como tal, precisa de mayorías políticas. Por ejemplo, en esta legislatura, el partido del presidente tiene 238 representantes. La mayoría necesaria para iniciar el proceso está en 218 votos, con lo que el partido Republicano puede matar de facto el proceso antes de llegar al Senado. Ahí, los intereses del partido Republicano son una clave importantísima. ¿Está dispuesto el Partido Republicano a cargarse a su presidente cuando en noviembre del año que viene tienen que renovar su mayoría?
  3. Por último, Trump es la propia incógnita. ¿Hasta qué punto ha cometido un delito? ¿Puede haber cometido varios bajo su imprevisible conducta? ¿Puede el partido Republicano sostener mucho tiempo a una presidencia que se hunde sistemáticamente en las encuestas? El propio Trump es un argumento de peso para que la mayoría que le apoya en el Congreso decida o no darle la espalda. Si hacen cálculos y una presidencia de Pence podría ayudarles, lo harán. Aunque a día de hoy es bastante improbable.

 

¿El contexto es favorable a un impeachment?

Un proceso como este es muy serio. Y sus consecuencias son graves. Para muestra, la situación que vive Brasil desde la destitución de Dilma… Algunos analistas políticos de Estados Unidos apuntan a que ante una división del país tan grande desde la llegada al poder de Trump, un proceso como este acabaría teniendo consecuencias aún peores para el país, algo así como abrir el cajón de mierda. Eso sin olvidar la cuestión relativa a las mayorías necesarias en el Congreso y a lo que opina la propia opinión pública o cómo puede ir variando a medida que se vayan conociendo más cosas sobre el tema ruso o cualquier otra cosa nueva que pueda surgir.

Tampoco olvidemos la solvencia de las firmas que están desvelando tantas informaciones. Vienen de los mejores periodistas del país, que están poniendo su reputación en juego ante la importancia de lo que están descubriendo.

Si no hay impeachment, ¿Trump puede respirar tranquilo?

La verdad es que no. Trump debería ir con cuidado con la posibilidad de invocar la 25ª enmienda. Se puede apartar al presidente por incapacidad. Imaginemos que todo esto de Rusia se vuelve una historia que daña muchísimo a la presidencia y que Trump, en vez de rectificar, la sigue liando parda. Y que las cámaras no ven el impeachment… pero que hay una revuelta palaciega para acabar con el presidente. Si Pence, el vicepresidente, quisiera liderarlo, necesitaría que él y la mayoría del gabinete de Trump está con el, podrían invocar la enmienda aduciendo su incapacidad para ser presidente. Pence se convertiría de forma inmediata en presidente en funciones.

Trump entonces podría enfrentarse a ello. Pero si dos tercios de los miembros de las dos cámaras están con Pence, el vicepresidente sería el presidente para el resto del mandato. Y sí, esto es aún más improbable que el impeachment. Aunque con Trump, lo improbable siempre es un posible.

Volvamos al impeachment, ¿han acabado con la presidencia de alguien?

Aún no. O por lo menos no de forma directa. Tres presidentes de los 45 que ha tenido el país han pasado por el proceso: Andrew Johnson en 1868, Richard Nixon en 1974 y Bill Clinton en 1998 y 1999. Johnson y Clinton pasaron por todo el proceso, pero finalmente fueron absueltos. El de Nixon superó el voto en la Cámara de Representantes pero nunca llegó a culminar porque dimitió antes. Todo hacía indicar que el Senado hubiese votado por su destitución.

Debate Macron – Le Pen: todo lo que debes saber

El próximo domingo Francia elige a su presidente. A un lado, un candidato sin partido. Al otro, la candidata de la extrema derecha. Otra batalla por la salvación de la Unión Europea. El mundo contiene la respiración. Esta noche se celebra el único cara a cara entre los dos candidatos y aquí tienes los datos para seguirlo.

Debates en Francia

Francia tiene una gran tradición en debates electorales presidenciales. Se han venido celebrando de forma casi ininterrumpida desde 1974. Recordemos que en Estados Unidos, el otro país en el que estos debates gozan de tradición y buena salud, se vivió un parón desde los primeros en 1960 hasta las elecciones de 1976. En Francia, los dos candidatos se han enfrentado desde 1974 a excepción de 2002.

Hora

El debate se celebrará esta noche a las 21h (una hora menos en Canarias). Los candidatos debatirán durante dos horas y veinte minutos. Lo podrás ver con seguridad en France 24 si tienes Movistar TV y en TV5 Monde en Vodafone TV. Es probable que algunos medios digitales españoles den la señal.

¿Dónde?

El debate se emitirá en directo desde Studios 107 en Plaine Saint-Denis, París.

¿Cómo es el plató?

Los candidatos estarán sentados, cara a cara, como ya es tradición en Francia. Estarán separados por dos metros y medio, que es el ancho de la mesa. Los moderadores estarán en medio.

La mesa está rodeada por unas pantallas circulares en las que se puede ver la fachada del palacio del Elíseo, la sede de la presidencia.

¿Quién modera?

Este debate contará con dos moderadores. Nathalie Saint-Cricq, jefa de política de France 2 y Cristophe Jakubyszyn, jefe de política de TF1. Ellos son los encargados de preguntar. Se han elegido una docena de grandes temas. Los candidatos no conocen las preguntas.

Tiempos y turnos

Los candidatos se repartirán el tiempo y en pantalla podremos ver el contador de ambos candidatos. Le Pen será la encargada de abrir el debate y Macron el último en concluir.

La normalización de la extrema derecha

Le Pen ya ha ganado algo en este debate. En 2002 no hubo debate presidencial. El presidente Chirac se negó a medirse con Jean-Marie Le Pen, el padre de la candidata. En 2002 la extrema derecha consiguió por primera vez pasar a segunda vuelta y se activó el frente republicano contra ese partido. No llegó ni al 20% de los votos en segunda vuelta. Hoy la historia es muy distinta. Marine Le Pen puede superar el 40% de los votos y esta noche estará sentada en el plató. Macron no se ha negado a debatir. Algo que, seguramente, le hubiese hecho más daño. Los tiempos han cambiado y la normalización de la extrema derecha se percibe también en el hecho de que esta noche haya debate.

Los grandes momentos de los debates presidenciales

La gran tradición francesa en cuanto a debates presidenciales nos ha dejado grandes momentos que han pasado a la historia de los debates electorales a nivel mundial. El primero, pasó en 1988. En esas elecciones se enfrentaban François Mitterrand, el primer presidente socialista de Francia con su primer ministro, el representante de la derecha Jacques Chirac, en aquel momento primer ministro.

Llegaron al debate tras dos años de cohabitación. Se lo jugaban todo. El momento más famoso marcó escuela. Chirac quería igualarse a Mitterrand y dar la idea de que esa noche solo eran dos hombres iguales compitiendo en igualdad. Pero Mitterrand era ya presidente. Y como afirmó algún sabio, los presidentes de Francia no caminan, levitan.

Chirac le espetó: “Deje que diga que esta noche yo no soy el primer ministro y usted no es el presidente de la República: somos dos candidatos, iguales, que se someten al juicio de los franceses. Es lo único que cuenta. Por ello, deje que me dirija a usted como señor Mitterrand”.

Y el presidente respondió. Y de qué manera: “Tiene usted toda la razón, señor primer ministro”.

Chirac perdió esas elecciones.

En 2007, por primera vez en la historia, una mujer llegó a la segunda ronda. Era la candidata del Partido Socialista francés, Ségolène Royal. Ante ella, Nicolas Sarkozy, el heredero de la derecha francesa a Chirac.

Royal sufrió en sus carnes un ejemplo clarísimo de machismo. En uno de los momentos más álgidos del debate, la candidata defendió con fuerza sus ideas cuando hablaban de cuestiones sociales. Dijo estar cabreada. Sarkozy no se enfrentó y directamente le pidió que se calmara. Como si estuviera perdiendo los estribos. Claramente machista. Royal afirmó que no se calmaría. Y él le espetó que un presidente debía mantener la calma. Fue devastador para Royal. Sarkozy llega a decir que “ha perdido los nervios”.

Veremos que nos depara esta noche. Un nuevo capítulo en la historia de los debates presidenciales franceses se escribe.