El Colegio Electoral vota a Trump en un país en estado de shock

El Colegio Electoral vota a Trump en un país en estado de shock

El primer lunes después del segundo miércoles de diciembre. Ese es el día en el que los electores del Colegio Electoral se reúnen en sus respectivos estados para elegir al presidente y al vicepresidente de los Estados Unidos. Así va a ser elegido Donald Trump.

Una elección indirecta

En realidad al presidente y al vicepresidente no los elige el pueblo de forma directa. Los eligen los electores del Colegio Electoral. Y además no se hace con una circunscripción única. Se hace en base a los estados. Cada estado tienen un número de electores, en base a su población. Y luego son estos electores los que votan al presidente y al vicepresidente.

Y lo hacen, además, siguiendo el sistema mayoritario. Es decir, si un estado como Pensilvania tiene 20 electores, estos 20 electores votarán en bloque al candidato que haya ganado la mitad más uno de los votos del estado. Es el sistema conocido como “winner takes it all”. Que no tiene nada que ver con la canción de ABBA.

Así, los electores del Colegio Electoral se reúnen en sus estados el primer lunes después del segundo miércoles de diciembre tras las elecciones, cuando todos los votos ya han sido contados, y eligen formalmente al presidente y vicepresidente. El candidato necesita, para ganar, 270 votos de los 538 que tiene el Colegio Electoral.

¿Por qué 538 votos?

El Colegio Electoral está formado por 538 electores. Cada estado tiene un número de electores, que son la suma de los dos senadores de cada estado y los miembros que cada estado tienen en la Cámara de Representantes. El Distrito de Columbia no es un estado, pero tiene representación en el Colegio. No puede tener más electores que el estado más pequeño. En este caso es Wyoming, así que tiene los mismos electores que ese estado, tres.

¿Quiénes son los electores?

Cada estado, bajo el liderazgo de los dos grandes partidos, elige a los electores en los meses anteriores a la elección. Y como ocurre para casi todo en la federación, cada estado tiene sus propias normas. Así, hay estados en los que se celebran primarias para elegirlos y otros en los que son elegidos por las convenciones de los partidos (como en Oklahoma, Virginia o Carolina del Norte) y en otros, como en Pensilvania, los comités de campaña los eligen para evitar que haya ovejas descarriadas que no voten lo que deben votar.

Cada estado determina cómo se eligen a los electores de cada estado, pero hay límites establecidos en la constitución: cualquier persona que tenga un cargo federal, ya sea por elección o por nominación, no puede ser un elector. En todo caso, cada cámara puede votar, por dos tercios, permitir que alguien pueda ser elector aunque tenga un cargo federal.

Estos electores solo tienen un cometido: votar al presidente y vicepresidente. Los padres de la constitución querían que fuera así. Al principio se pensó en que el Congreso votará al presidente, tal y como ocurre en países como España. Pero pensaron que eso era peligroso porque el Congreso sería un cuerpo en el que sus miembros no serían renovados con asiduidad, con lo que se podrían generar dinámicas negativas. Con la misma idea de que el presidente fuera elegido por una mezcla de población y estados (el pueblo y los estados), decidieron optar por el Colegio Electoral. Así, una vez voten, este cuerpo ya no tendrá sentido. Y no se generarán, según los padres de la constitución, dinámicas perversas.

¿Qué votan el 19 de diciembre?

Los electores votan únicamente al presidente y al vicepresidente. Votarán a los candidatos y se mandarán seis certificados firmados por todos ellos.

¿Y si no quieren votar a Trump?

En realidad la constitución no obliga a los electores a votar por el candidato que ha ganado el estado. 29 estados y el Distrito de Columbia han aprobado leyes para evitar lo que se conoce como “faithless electors”. Así que, formalmente, los electores de los 20 estados restantes podrían no votar al ganador en su estado si lo quisieran. Y según algunos expertos en derecho constitucional, si se llevara la prohibición de los 30 estados restantes a los tribunales, se podría ganar porque podría ser totalmente inconstitucional.

De hecho, está pasando ahora mismo en Colorado, donde se ha llevado esta prohibición a la justicia y esto podría abrir la puerta a declararlo inconstitucional. Por eso, el equipo de Trump ha debido personarse y luchar contra esta maniobra legal. Un precedente podría abrir la puerta a que los electores no voten a Trump. Es bastante improbable, pero es importante lo que está ocurriendo.

¿Qué pasa si nadie llega a los 270 votos?

Para ser elegido presidente o vicepresidente, los candidatos deben tener la mayoría absoluta de los 538 votos. Es decir 270 votos. El resultado electoral ha dado a Trump 306 votos del Colegio Electoral, con lo que con toda seguridad será elegido.

Pero podrían o pueden pasar dos cosas: en primer lugar, las elecciones podrían haber dado un resultado en el que ni Trump ni Clinton hubiesen llegado a los 270 votos por la irrupción de algún tercer partido. Pero no ha pasado. Lo segundo, los electores que no están sujetos a leyes que les obligan a votar al candidato del partido, podrían votar a un candidato alternativo del partido republicano. Si 35 electores votan a otro candidato, nadie tendría mayoría. De hecho, el republicano John Kasich emitió un comunicado pidiendo que no le votaran a él.

¿Puede pasar?

Es bastante improbable. Aunque hay fuertes rumores de un motín en el partido republicano, públicamente solo se conoce el caso de un elector de Texas que no quiere votar a Trump. Por lo que lo más seguro es que todo vaya como está escrito.

En todo caso, los electores han pedido tener un briefing de seguridad nacional antes de votar por las más que creíbles sospechas de que Rusia ha interferido en el proceso electoral para apoyar a Trump.

Si ocurriese y nadie tuviese la mayoría absoluta, la elección del presidente pasaría al Congreso. La 12ª enmienda establece que si nadie llega a los 270 votos, se convoca inmediatamente una sesión de urgencia. La Cámara de Representantes debería votar, entre los tres candidatos que más votos electorales han obtenido en el Colegio Electoral, al presidente. Así, cada delegación del estado en la cámara vota en bloque a un candidato. Y gana el candidato que tenga la mayoría absoluta de 16 votos. El Distrito de Columbia no votaría. Si nadie gana, se sigue votando. El presidente se eligió así en 1801 y en 1825.

Al vicepresidente lo elegiría el Senado. Lo hará entre los dos candidatos con más votos en el Colegio Electoral. Aquí se necesita la mayoría absoluta del Senado, es decir, 51 votos. Sólo ocurrió en 1837.

Esta parece ser la elección más controvertida del Colegio Electoral. Seguramente impere la práctica habitual y nada se salga del guión establecido, pero el estado de shock del país se refleja como nunca en la elección del lunes.

¿Tiene sentido el Colegio Electoral?

La América revolucionaria se refleja en el Colegio Electoral. El miedo a que el Congreso pueda votar al presidente sin el referente de los estados o del voto popular, las diferencias de población e influencia de los estados, la esclavitud en el sur, la lejanía del poder de varios estados… por todas esas cuestiones en los Federalist Papers se pueden leer interesantes debates sobre por qué esa fórmula se considera la mejor en ese momento de la historia.

Ser ganador del voto popular no cuenta en una elección así. Casi siempre coincide, pero no siempre. Así, en estas elecciones hemos visto como Clinton ha ganado por un amplísimo margen el voto popular. Pero no el del Colegio Electoral, que es el que vale. Por ello, empieza a aparecer con fuerza la idea de que en pleno siglo XXI, con el derecho a voto totalmente extendido, el poder de varios estados clave que no tienen porqué ser los más poblados, es mayor que el de otros en los que vive mucha gente. Así, el voto de los ciudadanos de California o Nueva York cuenta mucho menos, en términos de influencia, en unas elecciones presidenciales. Quizás no tenga ya mucho sentido… pero Estados Unidos es un país amante de las tradiciones. Y no hay nada más tradicional que el Colegio Electoral.

Albert Medrán

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El blog de comunicación de Albert Medrán

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