Así vota América: el sistema electoral

Así vota América: el sistema electoral

Pobre Victor d’Hondt. Nadie se acordará de él la noche del 8 de noviembre. No será el culpable de nada. Estados Unidos tiene un sistema mayoritario. Es decir, el que gana la mitad más uno de los votos, se lo queda todo. Lo gana todo. ¿En todos los estados? No, dos resisten y usan un sistema proporcional. Pero ojo: el reparto se hace por estados. Con lo que puede ganar un candidato en voto popular y otro en votos del Colegio Electoral. Que no es el edificio en el que se vota, como en España. Vamos a poner orden. Así se vota en Estados Unidos.

La figura clave de estas elecciones es el Colegio Electoral de los Estados Unidos. Son los compromisarios que eligen con su voto al presidente y al vicepresidente del país. ¿Y cómo se elige a esa gente? ¿Cómo deciden el voto en esa votación? Con los resultados de las elecciones presidenciales.

Cada estado tiene un número de electores en ese colegio electoral según su población. Se suman el número de representantes y el número de senadores. El Distrito de Columbia -la capital del país-, que no es un estado, tiene tantos electores como el estado con menos electores. O sea, el menos habitado. Y no, los territorios estadounidenses, como Puerto Rico, no tienen electores. De hecho, los portorriqueños solo pueden votar si residen en un estado.

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El Colegio Electoral tiene 538 votos. Y el candidato que obtenga 270 o más de esos votos, se convierte en presidente de los Estados Unidos.

¿Y cómo se decide a quién vota cada elector? Se decide con los votos del 8 de noviembre. Y esos votos se asignan siguiendo un sistema mayoritario. Es decir, en todos los estados, menos en dos, el ganador por voto popular en todo el estado se lleva todos los electores en ese Colegio Electoral. The winner takes it all. Que en este caso es algo más que una canción de ABBA. Es cómo se conoce esta fórmula.

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En Maine y en Nebraska las cosas son algo distintas. Ahí no tienen este sistema mayoritario. Tienen un sistema llamado método de distrito congresual. Los estados tienen dos distritos. Cada distrito asigna un elector del Colegio Electoral. Y el que gane en voto popular en todo el estado, se lleva los dos electores restantes. Maine aplica este sistema desde 1972. Nebraska desde 1996.

La clave es conseguir los 270 votos que dan mayoría en el Colegio Electoral. Y esos votos se consiguen ganando estado a estado. A veces por unas decenas de miles de votos. Algunos estados son tradicionalmente de un color políticos. Así, de entrada, un candidato puede contar ya con algunos votos. Es improbable que el resultado cambie. Pero hay otros que sí cambian y que son claves para ganar una elección. Son los llamados “swing states”. Estados competitivos.

Estos estados son clave. Necesarios. Vitales. Un puñado de votos deciden el color de ese estado. En estas elecciones, Colorado, Florida, Iowa, Michigan, Nevada, New Hampshire, Carolina del Norte, Ohio, Pensilvania, Virginia y Wisconsin tienen mucho que decir. Las campañas dedican más recursos a estos estados, ponen en marcha grandes operaciones en el terreno, los bombardean con publicidad y con presencia de los líderes de los partidos.

Trump pasó el día de ayer en Colorado. Michelle Obama hizo su memorable discurso en New Hampshire. Jennifer López pedirá el voto para Hillary en un concierto en Miami… acciones de cirugía electoral para conseguir más votos. Y cuando las encuestas empiezan a marcar que ese estado no va a ser competitivo, las campañas se repliegan y envían esos recursos a otros en los que es más necesario.

Así que si todo sale según lo previsto, un candidato alcanzará los 270 votos en el Colegio Electoral y podrá ser elegido presidente o presidenta de los Estados Unidos. Pero no todo siempre sale como se espera. Y para muestra el lío constitucional de los más de 300 días de gobierno en funciones en España.

Porque ahí llegan los “y sí…”. En principio los electores de ese colegio electoral son libres para emitir su voto. No están obligados. Pero en la práctica sí. Es raro, pero es así. Se comprometen a votar por ello.

¿Y si Trump se hubiese retirado? Su nombre aparecería en la papeleta y los votantes del partido Republicano estarían votando por… ¿Trump o el candidato del GOP? ¿Y si hay un tercer candidato y nadie alcanza los 270 votos? En este caso la solución es más clara que la anterior: la Cámara de Representates elegiría al presidente. Y el Senado, al vicepresidente.

La noche del 8 de noviembre Victor d’Hondt descansará tranquilo en su tumba. Nadie se acordará de él. Quizás todas las críticas irán hacia un sistema mayoritario que puede hacer que el presidente le sea por votos electorales y no por voto popular. Es una de las asignaturas pendientes en la democracia de Estados Unidos que nunca ha conseguido cambias. Porque quizás, tampoco lo quieran cambiar.

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Albert Medrán

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