La salud de la nación

La salud de la nación

La neumonía de Hillary Clinton puede cambiarlo todo en esta campaña presidencial. No debería pasar, pero va a suponer un cambio en las percepciones del electorado que puede lastrar su proyección. Y lo puede hacer pese a que el derecho a su intimidad la asiste. Pero las percepciones no entienden de leyes ni de derechos. Y la salud de los presidentes es algo que más que una cuestión personal. Porque su salud, es la salud de la nación.

Una cosa es lo racional y otra lo emocional. Lo racional nos dice que Hillary Clinton, como Donald Trump, tienen derecho a la intimidad de su estado de salud. Su intimidad prevalece sobre una transparencia total. Les ampara la ley. Lo racional nos dice que Clinton sufre una neumonía. No es una enfermedad de extrema gravedad. De hecho, la única muerte por neumonía de un presidente se dio en 1841. Fue Harrison, que murió al 30º día de tomar posesión del cargo. Pilló una neumonía durante su discurso inaugural. Pero Hillary no es Harrison. Ni estamos en el 1841.

Estos elementos racionales deberían ser suficientes para cerrar un debate que no da más de sí. Pero la política no es un campo racional. Y los estrategas de campaña lo saben. Por ello, la enfermedad de Clinton va a ser un tema hasta la cita con las urnas si su equipo no es capaz de superarlo.

La condición médica de un candidato genera una dicotomía clara. Si un candidato está sano, es un líder fuerte. Si es un líder fuerte, gobernará bien. Si el candidato no está sano, es débil. Y los débiles no pueden gobernar. Instalar esa dicotomía en la mente del electorado puede lastrar en las urnas a un candidato. Y eso es lo que está intentando Trump.

Los ataques a la salud de Clinton no son nuevos. El campamento republicano intentó instalar las dudas sobre la salud de la candidata demócrata hace ya varias semanas. Si Trump es presidente, sería el presidente de más edad al tomar posesión. Desde entonces, ninguno de los dos candidatos han ofrecido muchos detalles de sus historiales de salud, salvo unos breves análisis favorables de sus respectivos médicos de confianza. Pero el desmayo durante el memorial de las víctimas del 11S reactiva los ataques de Trump. Y generan desconfianza hacia Clinton.

El equipo de Clinton alimentó esas dudas con declaraciones contradictorias sobre la salud de la candidata. De un golpe de calor a una neumonía diagnosticada días atrás. Elementos necesarios para la peor de las tormentas: una teoría de la conspiración. Que es lo que puede ocurrir en los próximos días.

Hollywood se ha encargado de hacernos partícipes de grandes operaciones encubiertas sobre la salud de los presidentes. Desde el doble del presidente que actúa como él bajo los mandos del jefe de gabinete porque el presidente está en muerte clínica a la trama sobre la salud del presidente Bartlet en (spoiler)  “El Ala Oeste de la Casa Blanca”. La trama interesa en Hollywood y en la vida real porque más allá de lo racional, la salud del presidente es la salud de la nación.

No es una cuestión del país de las barras y estrellas. La salud del jefe del estado importa y mucho. Y enciende debates cuando está en horas bajas. 6 de enero de 2014. Palacio Real de Madrid. Celebración de la Pascua Militar. El Rey Juan Carlos I se dirige a los militares en un desafortunado discurso en el que el monarca titubeó más de la cuenta y tuvo problemas para poder leer sus papeles. Por primera vez, se instalaba un debate profundo sobre la salud del Rey. De hecho, algunos periodistas indican que tras ello, la abdicación que se produciría meses más tarde y que se decidió a finales de ese mes, empezó con esas dudas sobre la salud del jefe del estado. Ese día, Zarzuela dijo que fue por culpa de la iluminación. Racional contra emocional.

Este es un debate, en esencia, emocional. La solución puede pasar por una transparencia que también es demandada a los líderes políticos en otros campos. Cuando la emoción imperante es la de desconfianza por debilidad, ni el mejor análisis clínico puede acabar con ella. El equipo de Clinton deberá dar con una respuesta totalmente emocional y construir confianza con ella si quiere recuperarse de este revés.

Albert Medrán

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