Clinton puede haber ganado las elecciones hoy

Clinton tenía más que perder que Trump en este debate. Una derrota de Clinton podía llevar a Trump al tan ansiado momentum. Al sorpasso, tan conocido en la política española. Si Hillary perdía este debate, la espiral negativa tras la neumonía se lo hubiese puesto muy difícil. Pero Hillary no ha perdido esta noche. Hillary gana este primer asalto.

Clinton ha dominado en dos de los tres bloques temáticos, tanto en la visión de país como en seguridad. Su experiencia como Secretaria de Estado ha sido importantísima. En economía, Trump ha dominado en los primeros minutos, cuando ha desplegado su discurso anti-inmigración. Pero Clinton ha sido contundente al hablar de fiscalidad y poner a Trump en un brete al hablar de su declaración fiscal.

Ha habido ataques por los dos lados. Incluso ataques al moderador, Lester Holt, por parte de Trump. Pero Clinton ha atacado mejor y, más importante aún, se ha defendido mejor. Ha repelido bien el ataque por los correos y sobre su salud. Y se ha descalificado a él solo al hablar de su hijo de diez años y los ordenadores al hablar del ISIS.

Trump ha conseguido, a su vez, no aparecer como el verso suelto que fue en los debates durante las primarias. Trump ha sido Trump, pero menos. Eso es algo positivo para él en cuanto al voto indeciso. Y puede no dañar a su electorado.

Muy interesantes las apelaciones a la web. Para muchas personas que seguían el debate, algo vintage. Pero la realidad es que Clinton ha ligado parte de sus intervenciones y ataques al fact-check que su equipo hacía en directo. Y la web de Trump se ha llegado a caer.

Los dos salen con vida de este debate. Pero solo Clinton no podía permitirse el lujo de salir mal herida de él. No ha sido el caso. Sale fortalecida y liderará la conversación posterior. Y eso es buena para ella. ¿La siguiente meta? Las expectativas para el segundo debate.

Clinton puede haber ganado las elecciones hoy. El capital que le ha dado este debate es importantísimo. Si no lo malgasta, estará en el buen camino.

Y ahora, a dormir. Pero antes, esto:

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¿Cómo va a ser el primer debate entre Hillary y Trump?

Aquí tienes todo lo que necesitas saber para seguir el primer debate presidencial de esta campaña. Te cuento cómo va a ser el primer debate entre Hillary Clinton y Donald Trump.

¿A qué hora empieza?

El debate empezará a las 21h (ET). O sea, la hora de la costa este en Estados Unidos. En España serán las 3 de la madrugada. Terminará a las 4:30 hora peninsular española.

¿Dónde se puede ver?

La mayoría de las cadenas de televisión de Estados Unidos conectarán en directo con el debate. Si tienes televisión por satélite o plataformas como Movistar TV o Vodafone TV podrás verlo en canales como CNN, Fox News o CNBC.

Además, habrá streaming en directo en Youtube.

¿Dónde se celebra?

El primer debate se celebra en la universidad de Hofstra, en el estado de Nueva York.

¿Cómo será el debate?

El primer debate tendrá seis partes, de 15 minutos cada una. Los temas han sido elegidos por el moderador y se han anunciado ya.

No tienen por qué ser en este orden, pero serán estos temas:

  • ¿Hacia dónde van los Estados Unidos?
  • El camino hacia la prosperidad
  • La seguridad de los Estados Unidos

 

Cada bloque consumirá dos partes de 15 minutos.

El moderador abre cada parte con una pregunta, tras la que cada candidato tendrá dos minutos para responder. Los candidatos luego debatirán entre ellos.

¿Quién modera el debate?

El moderador del primer debate es Lester Holt, de la NBC.

¿Cómo será el escenario?

Los candidatos estarán situados en dos atriles. De pie.

¿Quién organiza los debates presidenciales en Estados Unidos?

Empieza lo bueno. Mañana tendrá lugar en la Universidad de Hofstra, en el estado de Nueva York, el primer debate presidencial entre Clinton y Trump. En estas elecciones, los candidatos de los dos grandes partidos se enfrentarán tres veces. Pero… ¿Quién organiza estos debates?

Desde 1988, los debates presidenciales son organizados por la Comisión de Debates Presidenciales (Commission on Presidential Debates, o CPD). Esta comisión promueve y produce los debates entre los candidatos a la presidencia y a la vicepresidencia.

La CPD es una organización sin ánimo de lucro, controlada por los dos grandes partidos y financiada a través de donaciones de empresas y de particulares. Su misión es precisamente esa, la de organizar los debates en tanto que son “a permanent part of every general election” y que con los debates lo que quieren es “provide the best possible information to viewers and listeners”.

Según la propia CPD, la comisión surge para asegurar que los electores tienen la oportunidad de escuchar a los principales candidates debatir durante la campaña. Para ello, debemos remontarnos un poco a la historia de los debates en Estados Unidos. Tras los famosos debates entre Nixon y Kennedy en 1960, hubo un parón hasta 1976, cuando los candidatos volvieron a debatir.

Entre 1976 y 1984 la incertidumbre reina en cada elección. Algo parecido a lo que pasa en España. Todo estaba sujeto a las estrategia de los partidos y la celebración de los debates estaba en el aire hasta el último momento. Por ello, en 1987 se crea la CPD para asegurar que los debates podrán ser organizados en cada elección más allá de las estrategias de los partidos.

Todos los debates -menos tres- se han celebrado en universidades. En la universidad que más debates se han celebrado es la Washington University en St. Louis. Las sedes se deciden un año antes de la celebración de los debates y la CPD las elige respecto a las sedes candidatas que se presentan al proceso. Así, durante un año, se pueden preparar todos los detalles logísticos y de seguridad. Imprescindible leer este artículo de María Ramírez sobre los costes del debate, que paga la Universidad.

Hay mucha controversia sobre por qué sólo suelen participar los candidatos de los dos grandes partidos en los debates. Solo en 1992 los debates contaron con un tercer candidato, fue Ross Perot, candidato independiente. La razón que esgrime la CPD es que se invitan a los candidatos de los partidos que tengan más del 15% del voto en cinco encuestas electorales nacionales. Esta regla se aplica desde el año 2000.

Los debates en estas elecciones se celebrarán de la siguiente manera:

  • 26 de septiembre, debate presidencial en Hofstra University (Hempstead, New York)
  • 4 de octubre, debate de candidatos a la vicepresidencia en Longwood University (Farmville, Virginia)
  • 9 de octubre, debate presidencial en la Washington University en St. Louis (St. Louis, Missouri)
  • 19 de octubre, debate presidencial en la University of Las Vegas (Las Vegas, Nevada)

 

La CPD asegura la continuidad de los debates y tiene la fuerza suficiente como para asegurar que los debates se den y en abundancia. Una fórmula exportable para asegurar que los ciudadanos y las ciudadanas puedan ver, con toda seguridad, a los candidatos debatir en unas elecciones.

Hill Force One. Trump Force One. Los aviones de los candidatos.

4.500 kilómetros separan la ciudad de Nueva York de Los Ángeles. 31 votos electorales en el estado de la primera ciudad. 55 en el segundo. 5.300 separan Seattle de Miami. 11 votos electorales en Washington. En Florida, 27. Estados Unidos es un país enorme, el día tiene 24 horas y solo hay un candidato por partido. Así viajan los candidatos.

Las campañas electorales han cambiado al galope de los nuevos medios de comunicación y transporte. De la radio a la televisión. De la televisión a internet. Del caballo al tren. Del tren al autobús. Del autobús al avión. Desde la década de los 70, es imposible entender la campaña sin el avión de los candidatos.

Forman parte del imaginario colectivo de las campañas electorales. Son rápidos y permiten recorrer grandes distancias. Permiten viajar con la prensa y asegurar la cobertura en todas las paradas de la campaña, trabajar durante los vuelos y dormir entre acto y acto. Los candidatos tienen reuniones con donantes a bordo de sus aviones y consiguen más fondos para sus campañas.

En esta campaña electoral, Hillary Clinton y Donald Trump también tienen sus aviones de campaña. Pero esta campaña también tiene sus particularidades en estos pájaros de acero. Veamos cómo vuela cada candidato.

Hill Force One

Hillary Clinton no presentó su avión de campaña hasta el 5 de septiembre, solo 64 días antes de las elecciones. Trump vuela con su propio avión desde el primer día de la campaña de las primarias. Hasta ese momento, Clinton viajaba en un Falcon y la prensa, en otro. El Falcon le costaba unos 6.000$ la hora.

Clinton viaja en un Boeing 737 -el competidor del A320, que es el avión que sueles ver en vuelos nacionales y europeos-. Made in America. 14 años de antigüedad. Fue propiedad de Air Berlin. Está personalizado para la campaña, con el logo de la campaña en la cola del avión y el lema “Stronger Together” en la parte delantera. Todo el fuselaje está pintado en tonos azules, el color del partido Demócrata.

La cabina está dividida en cuatro partes: una para Clinton y su equipo, otra para el equipo, otra para el Servicio Secreto y la última para los periodistas, que tienen 42 asientos a bordo. El avión tiene wifi y el primer vuelo oficial en campaña fue a un swing state: Ohio.

En el vuelo inaugural, días antes de la baja por neumonía, Clinton dio su primera rueda de prensa en varias semanas. Sus pocas intervenciones en medios durante el verano eran ya un tema de campaña.

Trump Force One

donald-trump-boeing-757

Donald Trump viaja en su propio avión desde el principio de la campaña. Ya lo tenía en propiedad. Lo compró en 2011 al fundador de Microsoft Paul Allen. El avión personal de Trump es un Boeing 757-200, el sexto avión más caro del mundo. También made in America. Los motores son Rolls Royce. Cada hora de vuelo le cuesta 7.000$.

Un 757 comercial tiene capacidad para 239 pasajeros, pero en el modelo personalizado de Trump solo caben 43 personas. Los periodistas no viajan con Trump. Y a veces no llegan a los actos del candidato. Los periodistas no pueden disfrutar de los lujos del avión, que incluyen una habitación, un comedor y una habitación de invitados. Ni de los baños con grifería en oro de 24 quilates. Ni del sistema de cine y audio. Ni pueden abrocharse los cinturones… de oro. Este vídeo no tiene pérdida:

En el fuselaje encontramos el nombre de Trump en la parte delantera y una T en la cola. Pintado en azul oscuro y las letras en blanco, con una franja roja. Los colores de la bandera.

Trump Force Two

El Trump Force Two, o TF2, también es un Boeing 737, como el de Hillary Clinton, es el avión del candidato a la vicepresidencia, Mike Pence. El modelo tiene capacidad para 137 asientos, pero este modelo solo tiene 64. Todos de primera clase. Este avión sí que lleva a bordo al candidato y a su equipo, además del Servicio Secreto y a periodistas.

The charter plane of Republican presidential candidate Donald Trump and vice presidential candidate Mike Pence is pictured though a bus window on the tarmac in Roanoke, Virginia, U.S., July 25, 2016. REUTERS/Carlo Allegri - RTSJLB3
The charter plane of Republican presidential candidate Donald Trump and vice presidential candidate Mike Pence is pictured though a bus window on the tarmac in Roanoke, Virginia, U.S., July 25, 2016. REUTERS/Carlo Allegri – RTSJLB3

Los whistle-stop tour modernos

Los aviones de campaña permiten hacer los whistle-stop tours modernos. Se trata del estilo de campaña que se hacía en el siglo XIX, a bordo de un tren, cuando este era el principal medio de transporte. El candidato hacía varias paradas pequeñas y se dirigía a los ciudadanos a bordo del tren. Una imagen icónica que ha llegado hasta nuestros días.

Los aviones permiten hacer algo similar. El ahorro en tiempo que supone hacer un acto en la pista de un aeropuerto permite que un candidato pueda estar en varios estados en un mismo día. Y la visita a un estado concreto puede arañar un buen puñado de votos. De la imagen icónica del tren a la del avión. Algo que Trump cree haber inventado.

Tras el inicio de los vuelos del Hill Force One, Trump la acusó de copiarle los actos a pie de pista con el avión de fondo. Algo que decenas de candidatos han hecho a lo largo de los últimos 40 años. El Air Force One será solo para uno de los dos. Y si Trump lo consigue, seguro que echará de menos los grifos de oro.

La salud de la nación

La neumonía de Hillary Clinton puede cambiarlo todo en esta campaña presidencial. No debería pasar, pero va a suponer un cambio en las percepciones del electorado que puede lastrar su proyección. Y lo puede hacer pese a que el derecho a su intimidad la asiste. Pero las percepciones no entienden de leyes ni de derechos. Y la salud de los presidentes es algo que más que una cuestión personal. Porque su salud, es la salud de la nación.

Una cosa es lo racional y otra lo emocional. Lo racional nos dice que Hillary Clinton, como Donald Trump, tienen derecho a la intimidad de su estado de salud. Su intimidad prevalece sobre una transparencia total. Les ampara la ley. Lo racional nos dice que Clinton sufre una neumonía. No es una enfermedad de extrema gravedad. De hecho, la única muerte por neumonía de un presidente se dio en 1841. Fue Harrison, que murió al 30º día de tomar posesión del cargo. Pilló una neumonía durante su discurso inaugural. Pero Hillary no es Harrison. Ni estamos en el 1841.

Estos elementos racionales deberían ser suficientes para cerrar un debate que no da más de sí. Pero la política no es un campo racional. Y los estrategas de campaña lo saben. Por ello, la enfermedad de Clinton va a ser un tema hasta la cita con las urnas si su equipo no es capaz de superarlo.

La condición médica de un candidato genera una dicotomía clara. Si un candidato está sano, es un líder fuerte. Si es un líder fuerte, gobernará bien. Si el candidato no está sano, es débil. Y los débiles no pueden gobernar. Instalar esa dicotomía en la mente del electorado puede lastrar en las urnas a un candidato. Y eso es lo que está intentando Trump.

Los ataques a la salud de Clinton no son nuevos. El campamento republicano intentó instalar las dudas sobre la salud de la candidata demócrata hace ya varias semanas. Si Trump es presidente, sería el presidente de más edad al tomar posesión. Desde entonces, ninguno de los dos candidatos han ofrecido muchos detalles de sus historiales de salud, salvo unos breves análisis favorables de sus respectivos médicos de confianza. Pero el desmayo durante el memorial de las víctimas del 11S reactiva los ataques de Trump. Y generan desconfianza hacia Clinton.

El equipo de Clinton alimentó esas dudas con declaraciones contradictorias sobre la salud de la candidata. De un golpe de calor a una neumonía diagnosticada días atrás. Elementos necesarios para la peor de las tormentas: una teoría de la conspiración. Que es lo que puede ocurrir en los próximos días.

Hollywood se ha encargado de hacernos partícipes de grandes operaciones encubiertas sobre la salud de los presidentes. Desde el doble del presidente que actúa como él bajo los mandos del jefe de gabinete porque el presidente está en muerte clínica a la trama sobre la salud del presidente Bartlet en (spoiler)  “El Ala Oeste de la Casa Blanca”. La trama interesa en Hollywood y en la vida real porque más allá de lo racional, la salud del presidente es la salud de la nación.

No es una cuestión del país de las barras y estrellas. La salud del jefe del estado importa y mucho. Y enciende debates cuando está en horas bajas. 6 de enero de 2014. Palacio Real de Madrid. Celebración de la Pascua Militar. El Rey Juan Carlos I se dirige a los militares en un desafortunado discurso en el que el monarca titubeó más de la cuenta y tuvo problemas para poder leer sus papeles. Por primera vez, se instalaba un debate profundo sobre la salud del Rey. De hecho, algunos periodistas indican que tras ello, la abdicación que se produciría meses más tarde y que se decidió a finales de ese mes, empezó con esas dudas sobre la salud del jefe del estado. Ese día, Zarzuela dijo que fue por culpa de la iluminación. Racional contra emocional.

Este es un debate, en esencia, emocional. La solución puede pasar por una transparencia que también es demandada a los líderes políticos en otros campos. Cuando la emoción imperante es la de desconfianza por debilidad, ni el mejor análisis clínico puede acabar con ella. El equipo de Clinton deberá dar con una respuesta totalmente emocional y construir confianza con ella si quiere recuperarse de este revés.

La humillación de Peña Nieto. Y la de México.

Pocas veces un jefe de estado se humilla en vivo en televisión. A veces ocurre. En la ficción, como cuando el primer ministro británico en “Love Actually” se enfrenta al presidente de Estados Unidos. Hugh Grant le suelta en directo todo un discurso patriótico en un momento en el que confunde los celos por la mujer que quiere al verla con el presidente americano con un ataque a Gran Bretaña. Y en la realidad, como cuando Juan Carlos I no pudo mantener el secreto de su cacería africana al caer y tener que ser intervenido de urgencia. Todos recordamos su disculpa pública. Y cómo se aceleró el ocaso de su reinado.

Un jefe de estado no es solo una persona. No es solo un líder. Encarna al conjunto de la nación. Para bien y para mal. A veces un jefe de estado no está a la altura de los acontecimientos. Por las circunstancias o por la propia capacidad. Pero muy pocas veces es un jefe de estado el que se tiende una trampa a sí mismo. Enrique Peña Nieta, presidente de los Estados Unidos Mexicanos, lo hizo la semana pesada.

Los mexicanos y las mexicanas llevan años asistiendo a un auténtico vodevil presidencial. Casos como el escándalo de la “casa blanca” de su mujer, la actriz de telenovelas Angélica Rivera. Según lo publicado por Aristegui Noticias, la lujosa mansión de la primera dama era legalmente propiedad de la empresa Ingeniería Inmobiliaria del Centro, parte de Grupo Higa, que realizó varias obras de infraestructura cuando Peña Nieto era gobernador del estado de México. O como el que salió a la luz hace apenas unas semanas: el presidente plagió su tesis de grado.

En ese contexto, Peña Nieto ha tenido que hacer auténticos malabares para sobrevivir a los envites de su mandato. Y para ello, se ha valido siempre de la televisión. Para muchos, Peña Nieto es un presidente televisivo. Un presidente que, se llegó a creer, fue creado por la televisión. En 2012 el periódico británico The Guardian denunció unos supuestos acuerdos de Peña Nieto con el Grupo Televisa para favorecer a su candidatura en la cobertura de las elecciones a la presidencia. Algo que llegó a inspirar la película de Luis Estrada “La Dictadura Perfecta”.

No es extraño pensar que Peña Nieto pensaba que realmente su presidencia necesitaba un buen golpe de efecto mediático para apuntalar su gestión. No es extraño pensar que si el presidente se enfrenta al mayor enemigo público de la república, podía ganar enteros. No es extraño pensar que mostrar la fortaleza del Estado a quién lleva meses insultando a los mexicanos podría llegar a tener sentido.

No es extraño pensarlo. Lo extraño es que haya salido tan mal. O no, quizás la maltrecha gestión de Peña Nieto solo podía augurar lo que finalmente pasó. El mayor desastre de un jefe de estado en años.

31 de agosto de 2016. Los Pinos. El presidente mexicano recibe en su residencia, de forma oficial, al candidato republicano Donald Trump. El que quiere construir un muro en la frontera con México. Y que lo pague México. Durante 40 minutos departen sobre los temas de la visita. Se supone que el famoso muro. Se supone que el presidente va a defender el honor de los mexicanos. Minutos más tarde en el salón Adolfo López Mateos de la casa presidencial, comparecen los dos. Uno, elegido por los mexicanos. Jefe de Estado. Máxima representación del país y comandante en jefe del ejército. El otro, aspirante a serlo en las elecciones del próximo ocho de noviembre. Por el momento, magnate multimillonario y candidato de un partido político. Y se formó la gozadera. Un error monumental formado de varios errores que repasamos a continuación. Sin orden ni concierto.

Error #1: La escenografía.

La escenografía es impresionante. Bajo el escudo nacional del águila y la serpiente, la bandera de la federación y dos atriles presidenciales. De un plumazo, Peña Nieto trata igual a quién no lo es. Le da el rango de jefe de estado de otra nación. Le da empaque para que así se presente él en su país. Lo que no deja de ser sorpresivo si ese candidato va en contra de los intereses nacionales de México. Le da a Trump el escenario perfecto para ser percibido como líder. Peña Nieto se presta a ello. La reunión será privada. Pero es en la sede de la presidencia.

Error #2: El discurso.

No, Peña Nieto no hizo como Hugh Grant. No repasó las increíbles virtudes del pueblo mexicano y le espetó a Trump un buen zas en toda la boca. No. Asintió, rebajó el tono y no aclaró si defendió a México como todos esperaban. Por el contrario, cantinfleó sobre economía, relaciones bilaterales…

Error #3: El resultado.

Las críticas a Peña Nieto no han dejado de crecer. Los mexicanos se sienten humillados, no ya por Trump, sino por su presidente. Se han convocado protestas, las redes sociales han mostrado la repulsa a los actos del presidente… Ni Peña Nieto defendió con firmeza a México ni Trump ha dejado de insultar a los mexicanos desde su visita. Al contrario, horas después de regresar de México insistía en que ese país pagaría el muro. Un éxito, no fue.

Error #4: El momento.

El fallido encuentro con Trump se dió el día antes del Día del informe de gobierno del Presidente de la República. El 1 de septiembre el presidente mexicano da cuentas de las acciones de su gobierno en cumplimiento del artículo 69 de la constitución. Un momento político de altísimo nivel que muestra resultados. Momento con gran carga política y de comunicación. Momento empañado por la polémica generada por la fallida visita.

Error #5: La reacción.

En los días posteriores a la reunión y a la comparecencia con Trump, Peña Nieto tuvo que matizar y ha llegado a afirmar que en la reunión fue tajante con Trump respecto al muro. Algo que los mexicanos no vieron en la comparecencia. El presidente ha llegado a escudarse en la cortesía con el invitado y ha tenido que entrar en directo en el telediario para matizar su acción.

Esta visita no será olvidada. Es muy poco frecuente ver a un jefe de estado tomando un riesgo tan grande y con un resultado tan fallido. Nada será igual en la presidencia de Peña Nieto tras esta reunión. Y sólo el resultado de las elecciones presidenciales de Estados Unidos dejará esto en una funesta anécdota o en el primer acto de una tragedia que puede acabar muy mal para los ciudadanos y ciudadanas de México.