El discurso de victoria de Mariano Rajoy el 26J

La noche electoral de las elecciones generales del 26J acabó, como manda la tradición, con el discurso del ganador. Mariano Rajoy se dirigió a los militantes y simpatizantes del Partido Popular en la calle Génova de Madrid y a los españoles con este discurso que Verne ha transcrito:

 

Buenas noches, buenas noches, bueno, buenas noches a todos, bueno, buenas noches.

Oye, queridas amigas y queridos amigos, os voy a decir una cosa. Este es el discurso más difícil de mi vida y algunos he echado. Solamente quiero deciros dos cosas: la primera, dirigida a mi partido, al PP, y luego quiero decirle algunas cosas a muchos españoles que evidentemente toman las decisiones que quieren. Como es natural. Con perfecto derecho.

Hemos ganado algunas, hemos perdido otras, pero yo tengo que decir que me siento enormemente orgulloso de este partido que en los momentos más difíciles… No ha sido esta, como sabéis, una etapa fácil, dicho de otra forma muy difícil.

Amigas y amigos, bueno, queridas amigas y amigos: yo llevo militando en este partido toda mi vida. Empecé a los 23 años, cuando empezaba la democracia en España, pegando carteles. Como tantas y tantas personas del PP, hemos dado muchas batallas democráticas y muchas batallas electorales. Hemos ganado algunas, hemos perdido otras, pero yo tengo que decir que me siento enormemente orgulloso de este partido que en los momentos más difíciles… No ha sido esta, como sabéis, una etapa fácil, dicho de otra forma muy difícil.

Pero este partido ha tenido coraje, ganas, determinación. Siempre había alguien con una bandera del Partido Popular, que es la misma de España, defendiendo aquello en lo que creen.

Queridas amigas y amigos: habéis ganado las elecciones porque habéis tenido fe en la victoria y porque la habéis perseguido.

Bueno, bueno yo tengo que darles las gracias a todos. Y, desde luego, a todos lo que me acompañan aquí. Solo voy a citar a mi mujer, pero, pero muchas gracias, oye, muchas gracias a todos.

Este partido en los momentos de dificultad ha estado ahí y es una opción. La sociedad española le ha dado un apoyo mayoritario. Hemos trabajado, hemos creído en lo que hicimos, ha sido duro, ha sido difícil, ha sido complicado, pero hemos dado la batalla por España y sin ponernos a las órdenes de nadie. Solo en defensa de los intereses generales de los españoles.

Pues sí, nosotros, este partido, este partido, somos españoles y a mucha honra y con mucho orgullo. Y somos un partido que defiende los intereses generales de los españoles por encima de cualquier otra consideración. Y este partido se merece un respeto.

España tiene a su disposición un instrumento muy importante que jamás le va a fallar a España y a los españoles voten lo que voten. Ese instrumento es el Partido Popular. Un instrumento útil para España.

Amigos y amigas, yo les doy las gracias a todos los dirigentes, a todos los militantes, interventores y apoderados. Gente que lo único que hacía era defender sus ideas. A lo mejor desde un sitio donde creía que lo hacía no era demasiado útil, pues no. Cualquier cosa que haga cualquier militante de cualquier partido político que crea en sus ideas, que las defienda y que no tenga más interés que el que las cosas vayan bien merece un respeto y desde luego merece el agradecimiento de todos. Eso es el Partido Popular.

Amigos y amigos, bueno, amigas y amigos, gracias, gracias a todos. Porque, en una situación difícil, España tiene a su disposición un instrumento muy importante que jamás le va a fallar a España y a los españoles voten lo que voten. Ese instrumento es el Partido Popular. Un instrumento útil para España.

Me dicen aquí que recuerde que hemos ganado las elecciones. Bien, oye, hemos ganado, es verdad. Pero ahora, bueno, amigas y amigos, hemos ganado las elecciones, reclamamos el derecho a gobernar precisamente porque hemos ganado las elecciones porque ahora de lo que se trata es de ganar a los que no nos han votado. A disposición de todos estamos nosotros.

Bueno, amigos y amigas, bueno, amigos y amigas, a partir de mañana tenemos que empezar a hablar con todo el mundo y lo haremos. ¡Viva España! Y vamos a hablar con el único horizonte de defender a España y al 100 % de los españoles. Es para lo que estamos aquí.

Somos una gran nación, de las mejores del mundo, por supuesto de Europa y vamos a estar ahí a la altura de las circunstancias.

Amigas y amigos, han sido los cuatro años que hemos vivido complicados y difíciles, pero España ahora ya asoma la cabeza. Estamos caminando en la buena dirección, vamos a seguir haciéndolo. Hemos ganado las elecciones y estamos como siempre a disposición del pueblo español. Como siempre.

Por suerte, en España han ganado los demócratas, la libertad y los derechos de la gente. Claro que sí. Amigas y amigos, gracias, gracias de corazón, por vuestro empuje, aguante y generosidad. Yo solo quiero decir una cosa: el equipo directivo de este partido va a estar a la altura de las circunstancias y hará todo lo que pueda para que a España y los españoles les vaya mejor. Somos una gran nación, de las mejores del mundo, por supuesto de Europa y vamos a estar ahí a la altura de las circunstancias.

Muchas gracias.

Merengue, merengue: el PP da en el clavo con su himno

“Estuvimos dudando entre el reguetón y el merengue y finalmente optamos por el merengue”. Con estas palabras Moragas, director de la campaña del PP para las elecciones del próximo 26 de junio, anunció a los medios en la sala de prensa de Génova 13 que habían versionado su himno una vez más. Y se armó la marimonera. O cómo se dice ahora, se hizo viral.

Y creo que ha sido un acierto total. El análisis en corto puede parecer simple: crean un contenido viral, un contraste entre la seriedad de Moragas y lo más cachondo del verano patrio. Y claro, si el himno del PP ya es más pegadizo que una moneda de esas de gominola en el paladar, ¿cómo no va a triunfar la versión merengue?

Pero el análisis en corto no nos deja ver algo que es aún más fascinante: la explosión clara de la política de los sentidos. Nuestro comportamiento político tiene en su base una serie de interacciones con nuestro entorno. Nuestro cerebro interactúa con el mundo a través de los sentidos. ¿Cómo no tener en cuenta el papel de los sentidos para plantear acciones de comunicación que consigan persuadir al electorado?

El oído, y a través de él, ese ritmo de verano que no dudaría en pinchar en mis escarceos de DJ, son un claro ejemplo de ello. Y sí, este artículo puede dar un paso más en mezclar virales y voy a mencionar a Punset. Según el divulgador científico, “el cerebro es muy sensible a la música”. No sólo es protagonista durante el proceso de aprendizaje –aprendemos el abecedario con una canción, por ejemplo- y se ha descubierto que puede ser una potente manera de afrontar ciertas disfunciones cerebrales. La música y el canto tienen la virtud de ser un modo de lenguaje que permite, según el mismo autor “alcanzar cosas que la voz hablada no podría” y que tienen en las emociones su principal receptáculo.

Los poderes de la música en la formación de estados emocionales y respuestas de nuestro cuerpo ya eran estudiadas, tal y como reseña Sebastià Serrano, por Pitágoras en la Escuela de Delfos. Allí, enseñaba a sus alumnos cómo producir estas respuestas y cambiar los comportamientos de las personas o acelerar, en algunos casos, los procesos de curación. Según estas posturas, la música es un generador de estados de ánimo y puede intervenir para modificar o crearlos: calmar, confortar y mejorar sensaciones como el miedo, la ansiedad o el dolor.

¿Por qué la música tiene estas capacidades? Cantar o escuchar música provoca estados de satisfacción y felicidad. Las pupilas se dilatan y aumentan los niveles de endorfinas. Este neurotransmisor se produce en situaciones de dolor para atenuar sus efectos, y tiene un rol importante en otras sensaciones, como el placer, la alegría, el bienestar o la euforia. La música desata un conjunto de reacciones químicas y eléctricas que tienen en la activación de los canales auditivos y sus conexiones con la corteza auditiva, partes de la corteza frontal y prefrontal, la amígdala y otras regiones del cerebro que intervienen en la gratificación, la emoción y la motivación.

Por ello, no hacemos más que encontrar ejemplos del uso de la música en campañas electorales. De las canciones de campaña al uso de la música en spots electorales. Y ahí el PP ha dado en el clavo. Mientras que en infinidad de campañas patrias la canción de campaña acaba siendo una de las favoritas de la playlist del candidato, que muchas veces se pasa de moderno, esa canción no tiene por qué llegar al electorado si no es capaz de generar las emociones que se buscan.

La versión merengue del himno del PP, sin embargo, consigue crear el estado de ánimo que el partido busca en el electorado. Busca ese buen rollo que corrobore su recuperación, su optimismo por el futuro y el abandonar los últimos cuatro años valorados negativamente por los españoles encuesta tras encuesta. Y encima lo hacen con el himno, que aunque no tenga per se un objetivo de persuasión, ayudan a quién lo escucha a tener una respuesta positiva a través de eso fondo musical que envuelve el contenido verbal. Así, tanto los himnos como los jingles tienen la función de captar la atención y resultar atractivos. Además de promover el recuerdo, como si de una post-it se tratara.

Como si de marcadores somáticos se tratara, los himnos pueden evocar en ciertos momentos una realidad política, como el sonido de una Harley-Davison llama a la libertad y por ello esta compañía dedicó tantos esfuerzos a protegerlo.

El himno del PP en versión merengue lleva ya dos días sonando en las oficinas de todo el país. Con un ritmo pegadizo y positivo. Con una carcajada o una sonrisa asociada a ello. Con miles de memes como este con Maduro. Y eso, gota a gota, crea una marea de sentimientos positivos. ¿Servirá para que un no votante vote al PP? No, lo dudo. ¿Servirá para que un indeciso lo haga? Puede que lo consiga. No por el himno en sí, sino por el cambio de las emociones hacia ese receptor. No sé cómo hubiese sido la versión reguetón, pero me muero de ganas por saberlo.