Los peligros de la única historia

Los peligros de la única historia

“Una única historia crea estereotipos. Y el problema de los estereotipos no es que sean falsos, es que son incompletos.” ¡Qué razón tiene Chimamanda Adichie! Estamos rodeados de únicas historias. Son fáciles, cómodas. En un mundo complejo, la complejidad es costosa. Pero la reducción nos lleva a visiones incompletas. Y peligrosas.

Chimamanda Adichie es una escritora africana de éxito. Una mujer nigeriana que ha vivido en su piel como una única historia sobre África determina la visión que tiene la gente de ella sin apenas conocerla. “Mi compañera de habitación en la universidad norteamericana sentía pena por mi antes de conocerme”. ¿Cuántos ámbitos de nuestra vida están regidos por únicas historias que determinan la interpretación de lo que nos rodea? Demasiados.

La comunicación tiene mucho de eso. Intentar contar únicas historias, que sean fáciles de consumir y de digerir. De pasar realidades complejas, llenas de matices, de grises, por un colador chino para dejar una única historia sin impurezas. Agradable al paladar, pero sin explosión de sabores.

Adichie da en el clavo. No solo la única historia nos pone en guardia. No solo esa única historia nos predispone a entender, abrazar, denostar u odiar un concepto, un país, una idea, una persona; el orden de la historia también nos marca el camino.

Así, juntando el orden y la historia, podemos comprender la debilidad de muchos argumentos. Podemos entender porque hay sacrificios que se hacen sin chistar y otros que encienden la indignación popular. Porque aceptamos, sin más, nuevo lenguaje como “copago”. O porque los discursos xenófobos sobre la inmigración, como el que representa el Partido Popular con Albiol a la cabeza, son aceptados con un espeso silencio.

No hay nunca una única historia. Y tenerlas todas, como dice Adichie, sería el paraíso.

Albert Medrán

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El blog de comunicación de Albert Medrán

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