Muy orgullosos

Muy orgullosos

A Matthew Shepard le mataron con 20 años. Por ser gay. Fue en 1998, en un pequeño pueblo de Wyoming. Un asesinato brutal: dos jóvenes de Laramie le golpearon hasta dejarlo inconciente. Dejaron su cuerpo moribundo abandonado en un prado desértico. Lo mataron por ser gay. Tuve la suerte de vivir una experiencia teatral maravillosa un domingo de invierno en el Teatro Español. El texto de Moisés Kaufman recogía la historia. La de Matthew y la de sus vecinos. La de aquellos que veían en su muerte el terrible crimen por odio y de los que lo justificaban. Una obra que te vapulea el corazón, te seca de lágrimas y te estruja el cerebro.

¿Orgullosos? Sí. Claro que sí. Por mucho que en no pocos comedores se escuche estos días eso de “Ya están otra vez los maricones subidos en las carrozas”. Por mucho que algunos, con la boca chica o a viva voz se pregunten como se puede estar orgulloso de ser un desviado. Aunque se obstinen en reclamar el orgullo de la “gente normal”.

Matthew Shepard no es una excepción. Es uno de muchos. Una de las miles de personas que han sufrido la intolerancia más absurda por querer diferente. Hay miles, millones de Matthew Shepard. Los hay en institutos de Chamberí, en bufetes de abogados en Barcelona, en cooperativas de Extremadura. Los hay en el piso con el que compartes pared.

Hay Shepards cada vez que alguien debe luchar lo que no está escrito por ser quién es. Hay Shepards cada vez que alguien no es libre para amar a quien quiere amar. Los hay cada vez que alguien debe esconderse. Matthew Shepard que morirán en vida. Y otros tantos que vivirán matando la homofobia que les rodea.

Hay motivos. Miles de motivos para salir a las calles. Millones de motivos para estar orgullosos. Cada vez que a alguien le impiden hacer lo que hacen tantas parejas. Cada vez que alguien hace gala de la homofobia con bravuconería. O cuando alguien receta remedios para curar a los desviados. Cada vez que alguien cuestiona la felicidad. Cada caso es un motivo. Y cada motivo, un orgullo.

Han cambiado muchas cosas desde Stonewall. Y deben seguir cambiando. Orgullosos de vivir en una sociedad cada vez más tolerante. Pero no todo está hecho. Aún hay quién cree que no debemos tener los mismos derechos, que los ciudadanos no deben ser iguales. La meta es una sociedad más libre, más justa y más igualitaria. Lo conseguiremos.

Albert Medrán

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El blog de comunicación de Albert Medrán

5 thoughts on “Muy orgullosos”

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  2. Se puede decir mas alto, pero no mas claro. Gracias por resumir en tu post aquello por lo que muchos trabajamos! Estamos orgullosos

  3. Excelente post, Albert, pero lanzó una pregunta para quién la quiera contestar. Hace unos días, en Sevilla, pasaba un autobús descapotado con motivo del “Día del Orgullo Gay”. Entonces surgió el debate entre mi madre y su hijas. ¿Por qué todavía vemos desfiles con “locas” vestidas de no se qué cuando es reconocida la unión legal entre personas del mismo sexo, cuándo no sería para mí ni para nadie de los que me rodean un problema que alguno de nuestros hijos fuese homosexual?. ¿Por qué no le damos normalidad a algo íntimo, de cada uno?

  4. Preguntas:
    -¿la celebración del Orgullo Gay representa al colectivo LGTB?
    -¿se desvirtúa, aún más, el concepto que se tiene sobre dicho colectivo? ¿o hay que entenderlo como una fiesta sin más donde los típicos tópicos de los homosexuales se llevan al extremo de manera irónica?
    -¿no existen otras alternativas para luchar o conseguir los derechos (nuestros derechos) alejados de carrozas, plumas, chicos disfrazados de chicas, purpurina, adonis, Madona, Fangoria o Lady Gaga?

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