La política de las emociones nos lleva a la acción

Política emocional. Política de las emociones. Transmitir emociones. Usar un lenguaje emocional… toda esa retahíla suele escucharse cuando proyectamos cómo deben ser los discursos del poder. Muchas veces nos gustaría ver en nuestros líderes ese punto emocional en los discursos. No porque nos parezcan más bellos, más interesantes; en el fondo lo que queremos es que nos hagan actuar.

¿Qué es la emoción sino eso? ¿No es, acaso, la política de las emociones, el modo de llevarnos a la acción a través de la emoción? El origen del término no deja lugar a dudas: del latín emotĭo, -ōnis, que significa “el impulso que induce la acción”.

Esta reflexión viene a cuento del último discurso del estado de la Unión de Barack Obama. Una alocución impecable. Los grandes temas políticos del presidente unidos a la comprensión de las emociones que genera en el receptor. El uso de la entonación, de la voz y del lenguaje no verbal… que tanto transmite. La elección cuidadosa de palabras mágicas, como si se las hubiera regalado la mismísima Belisa Crepusculario. Entender que un discurso que no nos llegue y que no nos lleve a actuar, no sirve de nada.

Es un ejemplo de comprensión del valor del discurso. Y la muestra de esa necesidad de unir la emoción a la acción. Las palabras se las lleva el viento… pero pueden ser un látigo para que nos pongamos en marcha.

No dejará de sorprenderme la capacidad comunicativa del presidente. No ya por su actuación en el atril del Congreso, sino por la capacidad de hilar un mensaje emocional y encararlo a un resultado, a una acción. No había pasado mucho tiempo desde la ovación final que recibió el presidente al correo que la basta base de datos de Obama recibió pasados apenas unos minutos.

Un correo electrónico que es la muestra de cómo un discurso sobrevive al momento. De cómo las emociones que desplegó Obama en el Capitolio deben convertirse en donaciones, en apoyos, en servidores a la causa presidencial. Causa que, en estos momentos, ya no es otra que la reelección.

“We do big things”. El asunto que recibieron miles de personas en su buzón minutos después de la ovación. Un correo vibrante que repasaba los logros de la administración Obama. Y entre frases que dibujaban imágenes en la mente del lector, llamadas a la acción. Llamadas a moverse.

El correo de Obama muestra la importancia de entender el valor de la comunicación en todas sus formas. Dar contenido a los clichés tantas veces repetidos por gurús, analistas u observadores. Entender que la política de las emociones, por mucho que así se crea, no es el recurso a la lágrima fácil. La política de las emociones nos lleva a la acción.

Albert Medrán

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