Es el prime time, amigo

Por mucho que queramos comparar las realidades políticas a ambas orillas del Atlántico, la realidad es que la propia base de la misma es radicalmente distinta. Cuando en comunicación queremos reflejarnos en aquellos elementos más desarrollados de la política norteamericana topamos con un elemento cultural de primer orden: en Estados Unidos, la política puede ser entretenimiento. Aquí no.

No digo que en un país la política entretenga y en el otro no, lo que ocurre es que los profesionales que se encargan de hacer de puente entre política y ciudadanía entienden que la primera debe entender el lenguaje de la segunda. Y en Estados Unidos, pasa por entender el medio televisivo. Tal y como han entendido también el valor de la Red. Pero vamos a centrarnos en lo primero.

La política norteamericana es una política de prime time. Entiende el valor de hacer llegar directamente los mensajes a los espectadores en el momento en el que se encuentran en casa. El discurso del estado de la Unión que anualmente dirige el presidente norteamericano desde el Congreso es muestra de ello. Como también lo son las convenciones de los dos grandes partidos que se celebran cada cuatro años para nominar a sus candidatos. Por la noche, en directo, en prime time.

Artur Mas, como otros candidatos a presidir un ejecutivo en España, dirigió su discurso de investidura a mediodía. Más o menos la misma hora a la que empiezan los debates sobre el estado de la Nación en el Congreso de los Diputados. El PP y el PSOE han celebrado sus convenciones en fin de semana. Todos estos ejemplos luchan por un prime time muy distinto: el del telediario.

A diferencia de Estados Unidos, nos conformamos con una versión editada, recortada y subrayada de lo más importante. Seguimos prefiriendo el filtro de los medios a ver directamente a nuestros políticos en acción. ¿Sería posible ver a Zapatero dirigiendo su discurso sobre el estado de la nación a las nueve de la noche?

Sin duda, esta concepción diferente de la política, una más apoyada en el espectáculo, el entretenimiento, el ritmo y los planos –sin que ello vaya en detrimento del fondo, del poso-, la otra centrada en mantener la lógica del “siempre se ha hecho así”; es en gran parte responsable del cómo se dirigen a nosotros nuestros políticos.

No es que los políticos españoles no sean grandes oradores. No es que en este país no existan grandes speechwriters… es que la lógica de consumir esa información es distinta. Se buscan grandes autores de frases que martilleen, no de narradores que hilen un gran discurso. Es el prime time, amigo.

Albert Medrán

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El blog de comunicación de Albert Medrán

3 thoughts on “Es el prime time, amigo”

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  2. “La política norteamericana es una política de prime time” y su ciudadanía, a pesar de ser apática a la hora de votar, está sedienta del show político y eso se ve en los datos de audiencia de los programas de comedia política. ¿Es eso bueno? No lo sé, pero el show político, “la política de prime time”, hace que esos ciudadanos, aunque sea por el show, tengan la oportunidad de saber qué pasa en su país (aunque después no vayan a votar) y eso siempre es bueno.

    Un arbazo!
    @DMehradF

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