Zapatero perderá el debate sobre los 110 km/h

Viernes. Rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros. Alfredo Pérez-Rubalcaba anuncia la decisión del Gobierno de reducir la velocidad máxima permitida en autopistas y autovías a 110 km/h. Siempre me preguntaré porqué los viernes. Y siempre creeré que lanzar tantas bombas informativas en un día busca que no se hable de todas. Pero de esta se ha hablado y se hablará.

No soy un experto en la materia. Seguramente tengan razón tanto ellos como el Gobierno y la reducción suponga un ahorro para la balanza comercial del país. Pero soy conductor. Formo parte de esa clase media que hace perder o ganar elecciones. Las percepciones de cómo se ha planteado el debate y de cómo seguirá en los próximos meses, con una poderosa trinchera digital terrestre, nos lleva a un escenario virtual de derrota para Zapatero… y Rubalcaba. El presidente y el vicepresidente que querían una España más lenta. ¿Por qué Zapatero perderá este debate?

1. Razón contra emoción

Me gusta conducir. Mucho. Puedo hacerlo poco y, como a muchos, me gusta la velocidad. Sentir esa comunión con la máquina a través de las manos y los pies. No sé si por ir algo más despacio, ese solo gesto, mejorará la economía del país. Lo único que sé, es que iré más lento. Y puedo comprender lo que leo y me cuentan expertos. Pero sigo sintiendo un punto de tensión interna entre el deseo de correr más y la necesidad de correr menos por un gran tema. Es una tensión entre razón y emoción y la segunda tiene muchos números de ganar, como en la mayoría de los casos.

2. Un debate muy básico

Es un debate básico. No básico de necesario, sino en el sentido de ser un debate casi pueril. Catalunya es el ejemplo de ello: cuando CiU propuso terminar con la limitación de velocidad en el entorno de Barcelona, muchos lo celebraron y los apoyaron. Las consecuencias de ello y la ejecución de esa promesa electoral ha llevado a varios quebraderos de cabeza al gobierno de Mas. La experiencia catalana nos muestra como, en muchos casos, el debate se sitúa en extremos en los que los partidarios de la reducción tienden a perder.

3. ¿Recaudatorio?

El argumento de ver en la medida un afán recaudatorio ya corre como la pólvora. Y no se podrá parar. Siguiendo la terminología que suelo aplicar en una categoría de este blog, es una palabra que funciona. Este caso no es la excepción. Si esta medida supone un aumento de multas por exceso de velocidad, la culpa no será de la medida. Será de los ciudadanos que, conscientes de la disminución de la velocidad máxima, sigan pisando el acelerador. Una medida no es recaudatoria si el ciudadano cumple con la norma. Y ahí entra la responsabilidad individual de cada uno. Pero es una palabra que funciona porque pone nombre y apellidos a la imagen del Estado papá malo, limitador y perseguidor. Contra eso, poco podrá hacer Zapatero.

4. El Gobierno de la prohibición

No han faltado los argumentos de la oposición y los opinadores sobre la naturaleza prohibicionista del Gobierno. No se cumplen ni dos meses de la entrada en vigor de la prohibición de fumar en espacios públicos cerrados y llega la medida de la reducción de velocidad. Reducción es la palabra del Gobierno. Prohibición la de la oposición. Y ahí la etiqueta pesa. A nadie le gusta que le prohíban cosas. Lo hemos vivido desde nuestra infancia. Así, el ejecutivo de Zapatero se gana día a día una imagen ancorada en la capacidad de prohibir ante otras opciones más liberales. Les pasará factura.

5. Un beneficio intangible

Quizás esta sea la clave más relevante: el beneficio de la medida es intangible. Por mucho que los ciudadanos la apliquen, no verán el resultado. No lo notarán. Ante esa situación, se abona el campo para que todas las percepciones anteriores se conviertan en una oposición a la medida del Gobierno. No poder tocar, notar, observar los efectos de los esfuerzos que nos piden tiene sus consecuencias. Y si el desencadenante de la medida es algo que pasa muy lejos, en un país del que el gran público sabe muy poco, el desconcierto y la incomprensión están servidos.

George H.W. Bush anuncia la invasión de Irak

Tal día como hoy de 1991, el presidente George H. W. Bush anunció el fin de las hostilidades en la Guerra del Golfo y pidió a Irak a que aceptara las doce resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU. Semanas antes, anunciaba al pueblo americano y al mundo entero el inicio de la invasión de Irak. Lo hizo con un discurso televisado desde el Despacho Oval. Este es el discurso que dirigió el presidente.

“While the world waited, Saddam Hussein met every overture of peace with open contempt. While the world prayed for peace, Saddam prepared for war.”

Just 2 hours ago, allied air forces began an attack on military targets in Iraq and Kuwait. These attacks continue as I speak. Ground forces are not engaged.

This conflict started August 2d when the dictator of Iraq invaded a small and helpless neighbor. Kuwait—a member of the Arab League and a member of the United Nations—was crushed; its people, brutalized. Five months ago, Saddam Hussein started this cruel war against Kuwait. Tonight, the battle has been joined.

This military action, taken in accord with United Nations resolutions and with the consent of the United States Congress, follows months of constant and virtually endless diplomatic activity on the part of the United Nations, the United States, and many, many other countries. Arab leaders sought what became known as an Arab solution, only to conclude that Saddam Hussein was unwilling to leave Kuwait. Others traveled to Baghdad in a variety of efforts to restore peace and justice. Our Secretary of State, James Baker, held an historic meeting in Geneva, only to be totally rebuffed. This past weekend, in a last-ditch effort, the Secretary-General of the United Nations went to the Middle East with peace in his heart—his second such mission. And he came back from Baghdad with no progress at all in getting Saddam Hussein to withdraw from Kuwait.

Now the 28 countries with forces in the Gulf area have exhausted all reasonable efforts to reach a peaceful resolution—have no choice but to drive Saddam from Kuwait by force. We will not fail.

As I report to you, air attacks are underway against military targets in Iraq. We are determined to knock out Saddam Hussein’s nuclear bomb potential. We will also destroy his chemical weapons facilities. Much of Saddam’s artillery and tanks will be destroyed. Our operations are designed to best protect the lives of all the coalition forces by targeting Saddam’s vast military arsenal. Initial reports from General Schwarzkopf are that our operations are proceeding according to plan.

Our objectives are clear: Saddam Hussein’s forces will leave Kuwait. The legitimate government of Kuwait will be restored to its rightful place, and Kuwait will once again be free. Iraq will eventually comply with all relevant United Nations resolutions, and then, when peace is restored, it is our hope that Iraq will live as a peaceful and cooperative member of the family of nations, thus enhancing the security and stability of the Gulf.

Some may ask: Why act now? Why not wait? The answer is clear: The world could wait no longer. Sanctions, though having some effect, showed no signs of accomplishing their objective. Sanctions were tried for well over 5 months, and we and our allies concluded that sanctions alone would not force Saddam from Kuwait.

While the world waited, Saddam Hussein systematically raped, pillaged, and plundered a tiny nation, no threat to his own. He subjected the people of Kuwait to unspeakable atrocities—and among those maimed and murdered, innocent children.

While the world waited, Saddam sought to add to the chemical weapons arsenal he now possesses, an infinitely more dangerous weapon of mass destruction—a nuclear weapon. And while the world waited, while the world talked peace and withdrawal, Saddam Hussein dug in and moved massive forces into Kuwait.

While the world waited, while Saddam stalled, more damage was being done to the fragile economies of the Third World, emerging democracies of Eastern Europe, to the entire world, including to our own economy.

The United States, together with the United Nations, exhausted every means at our disposal to bring this crisis to a peaceful end. However, Saddam clearly felt that by stalling and threatening and defying the United Nations, he could weaken the forces arrayed against him.

While the world waited, Saddam Hussein met every overture of peace with open contempt. While the world prayed for peace, Saddam prepared for war.

I had hoped that when the United States Congress, in historic debate, took its resolute action, Saddam would realize he could not prevail and would move out of Kuwait in accord with the United Nation resolutions. He did not do that. Instead, he remained intransigent, certain that time was on his side.

Saddam was warned over and over again to comply with the will of the United Nations: Leave Kuwait, or be driven out. Saddam has arrogantly rejected all warnings. Instead, he tried to make this a dispute between Iraq and the United States of America.

Well, he failed. Tonight, 28 nations—countries from 5 continents, Europe and Asia, Africa, and the Arab League—have forces in the Gulf area standing shoulder to shoulder against Saddam Hussein. These countries had hoped the use of force could be avoided. Regrettably, we now believe that only force will make him leave.

Prior to ordering our forces into battle, I instructed our military commanders to take every necessary step to prevail as quickly as possible, and with the greatest degree of protection possible for American and allied service men and women. I’ve told the American people before that this will not be another Vietnam, and I repeat this here tonight. Our troops will have the best possible support in the entire world, and they will not be asked to fight with one hand tied behind their back. I’m hopeful that this fighting will not go on for long and that casualties will be held to an absolute minimum.

This is an historic moment. We have in this past year made great progress in ending the long era of conflict and cold war. We have before us the opportunity to forge for ourselves and for future generations a new world order—a world where the rule of law, not the law of the jungle, governs the conduct of nations. When we are successful—and we will be—we have a real chance at this new world order, an order in which a credible United Nations can use its peacekeeping role to fulfill the promise and vision of the U.N.’s founders.

We have no argument with the people of Iraq. Indeed, for the innocents caught in this conflict, I pray for their safety. Our goal is not the conquest of Iraq. It is the liberation of Kuwait. It is my hope that somehow the Iraqi people can, even now, convince their dictator that he must lay down his arms, leave Kuwait, and let Iraq itself rejoin the family of peace-loving nations.

Thomas Paine wrote many years ago: “These are the times that try men’s souls.” Those well-known words are so very true today. But even as planes of the multinational forces attack Iraq, I prefer to think of peace, not war. I am convinced not only that we will prevail but that out of the horror of combat will come the recognition that no nation can stand against a world united, no nation will be permitted to brutally assault its neighbor.

No President can easily commit our sons and daughters to war. They are the Nation’s finest. Ours is an all-volunteer force, magnificently trained, highly motivated. The troops know why they’re there. And listen to what they say, for they’ve said it better than any President or Prime Minister ever could.

Listen to Hollywood Huddleston, Marine lance corporal. He says, “Let’s free these people, so we can go home and be free again.” And he’s right. The terrible crimes and tortures committed by Saddam’s henchmen against the innocent people of Kuwait are an affront to mankind and a challenge to the freedom of all.

Listen to one of our great officers out there, Marine Lieutenant General Walter Boomer. He said: “There are things worth fighting for. A world in which brutality and lawlessness are allowed to go unchecked isn’t the kind of world we’re going to want to live in.”

Listen to Master Sergeant J.P. Kendall of the 82d Airborne: “We’re here for more than just the price of a gallon of gas. What we’re doing is going to chart the future of the world for the next 100 years. It’s better to deal with this guy now than 5 years from now.”

And finally, we should all sit up and listen to Jackie Jones, an Army lieutenant, when she says, “If we let him get away with this, who knows what’s going to be next?”

I have called upon Hollywood and Walter and J.P. and Jackie and all their courageous comrades-in-arms to do what must be done. Tonight, America and the world are deeply grateful to them and to their families. And let me say to everyone listening or watching tonight: When the troops we’ve sent in finish their work, I am determined to bring them home as soon as possible.

Tonight, as our forces fight, they and their families are in our prayers. May God bless each and every one of them, and the coalition forces at our side in the Gulf, and may He continue to bless our nation, the United States of America.

Fuente: Miller Centre of Public Affairs

El contrato de participación online

El PSC ha organizado esta mañana una jornada de trabajo “Idees pràctiques per a una campanya a la xarxa – Municipals 2011” en Castellar del Vallès en el que la Red, la política, el activismo y la participación han sido los temas dominantes. Una ocasión muy valiosa para reflexionar de forma conjunta.

Me gusta que los partidos se abran a gente que no comparte sus ideas. Que quieran abrirse a otras ideas y a experiencias poco ortodoxas. Te sientes libre para plantear ideas y esperar debatirlas.

Con esa libertad, plantee mi idea en tres minutos para el Fast-talk en el que he participado. Convencido que este formato tiene unas capacidades enormes (tras organizar dos maratones de comunicación con Antoni Gutiérrez-Rubí, observamos como la limitación a exponer un tema en solo tres minutos te exige trabajar tu idea mucho más, ser concreto y, sobretodo, creativo), expuse la necesidad de contar con un contrato de participación online. Esta es la presentación que apoyó la exposición:

¿Por qué un contrato de participación online? Afloran cada día nuevos perfiles de políticos. Y la verdad, tras las experiencias que hemos tenido, muchos creemos que morirán la propia noche del día 22 de mayo. ¿Por qué no comprometernos y hacer de eso un propio hito de comunicación?

Esa es la idea. Puede parecer contradictoria con el espíritu 2.0, pero quizás dejar por escrito la voluntad de participar, compartir y crear impulse esa nebulosa conceptual que es la política 2.0. La excusa perfecta para comprender su valor y hacerlo posible.

La idea de contratos en política no es nueva. Artur Mas, Silvio Berlusconi y el partido Republicano comparten su uso. Pero quizás este contrato sería algo diferente: no es un contrato contra nadie, sino el compromiso por crear algo. Y sí, los políticos lo tienen difícil con sus problemas de credibilidad. Y sí, quizás deban recurrir a ponerlo por escrito.

“Alejandro” versión PP

La fricción entre notabilidad y notoriedad se pone de manifiesto con el vídeo que un militante del PP de Tarragona ha dedicado al candidato de la formación a la alcaldía de la ciudad, Alejandro… ¿cómo se apellida? Ah sí, Fernández. Lo que les decía, la lucha entre llegar a mucha gente y llegar bien.

Esa es la cuestión. Un vídeo que seguramente llegue a más gente de la que nunca hubiera imaginado el candidato del PP en la ciudad. Pero no precisamente a sus votantes ni, seguramente, del modo que sirva mejor a sus objetivos. Ser conocido… ¿pero a costa de qué?

Que la versión del famoso hit “Alejandro” de Lady Gaga llegue a los medios y circule por timelines de Twitter y muros de Facebook pone de manifiesto la gran capacidad de propagación de este tipo de contenidos. Difícil concebirlo sin la capacidad que abre el vídeo en Internet para la política. Pero, ¿qué quedará después?

Desatender lo simbólico

No deja de resultar curioso que, cuando aparecen este tipo de materiales de comunicación que no nacen de la estrategia de campaña, se incurra en ciertas incoherencias de fondo. O sea, que una canción con una carga homosexual tan grande como “Alejandro” termine siendo adaptada por el PP, partido que ha recurrido el matrimonio homosexual al Tribunal Constitucional y cuya presidenta en Catalunya afirmaba que un hijo debe tener “un padre y una madre”, no deja de sorprender.

Las campañas se conciben en su globalidad. Y todo debe responder a algo. ¿Lo hace el “Alejandro” popular? ¿Comunica algo más que pregonar a los cuatro vientos el nombre del candidato?

“Toca PP, confía en Alejandro. Un nuevo alcalde que se preocupa por ti”… Cuando me refería hace unas semanas a lo que Rajoy podía aprender de la cantante no me refería precisamente a eso…

¿Guardiola president?

El periódico La Vanguardia se pregunta sobre las cualidades políticas del técnico del F.C. Barcelona en un artículo en el que me entrevista. Lo reproduzco a continuación:

¿Guardiola president?

Pronunciar el nombre de Pep Guardiola en una conversación informal entre aficionados culés produce unos efectos que van más allá de lo estrictamente futbolístico. Y es que la combinación de profesionalidad, carisma y éxito deportivo sumado al poder simbólico que el Barça ostenta en Catalunya, han hecho del renovado técnico de Santpedor algo más que un simple entrenador. De hecho, no es extraño escuchar o leer las palabras “líder” o “gurú” para definirle (y alabarle) porque no solo comanda a su grupo sino a toda una afición. ¿Pero realmente Guardiola es un líder? ¿Un líder más allá del fútbol? Y lo que es más, ¿Puede el poder político catalán aprender dotes de liderazgo de la figura del entrenador?

Modelo de liderazgo
“Guardiola combina muy bien todo lo que un aspirante a líder quiere: transmite a la vez humanidad y excepcionalidad, ternura y autoridad”, responde el periodista y profesor de comunicación política de la UOC, Toni Aira, que añade que estas virtudes andan muy buscadas entre los políticos. Y es que, según Aira, un político “debe ser lo suficientemente humano para no dar sensación de lejanía pero también debe ser percibido como alguien que está por encima de la media, para que se merezca el cargo que ostenta”.

Pese a ello, el modelo de liderazgo que ofrece Guardiola parece bien distinto al del político de hoy en día. Para el consultor de comunicación y especialista en comunicación política, Albert Medrán, el modelo de Pep se basa en tres claves: “La empatía, la humildad y el esfuerzo”, cualidades que “cualquier político debería tener”. Para el especialista, Guardiola “supone unas formas de liderar distintas a lo que estamos acostumbrados” pero no ve por qué no pueden trasladarse a los políticos. “No creo que el liderazgo político deba basarse al 100% en la autoridad”, asegura y niega que el efecto de los asesores aleje a los políticos de modelos como el de Pep. “Es más bien lo contrario: el no quererse asesorar”.

En el capítulo de estricta estrategia comunicativa, Aira elogia al técnico azulgrana por “su capacidad de controlar la agenda” y, por lo tanto, de “no dejarse arrastrar por los medios de comunicación”. En su opinión, los políticos están más sujetos al lenguaje de los media que el técnico azulgrana, aunque matiza que fútbol y política son cosas muy distintas, y que en el caso del Barça, “todo el mundo se ha conjurado para que le vaya bien”.

Los expertos admiten además que Guardiola se ha erigido en una suerte de líder más allá del fútbol, en parte por el poco prestigio del que gozan los políticos en la actualidad. Para Medrán, esto se puede deber a “la necesidad de referentes en tiempos de crisis”. Por su parte, Aira considera que “el liderazgo político va muy buscado” pero advierte de que en Catalunya “se tiende a exagerar y a pasar de la filia a la fobia rápidamente”, y cita a Joan Laporta –”a quien se le llamó el Kennedy catalán”– como ejemplo. No obstante, que el modelo Pep existe lo demuestra el hecho de que su imagen haya aparecido en un acto de la Cátedra Liderazgos y Gobernanza Democrática de ESADE.

Los políticos elogian a Pep
¿Pero qué opinan los aludidos? Algunos líderes políticos catalanes consultados –en este caso, todos aficionados del Barça– no escatiman elogios para el entrenador de moda, hablan de esfuerzo, humildad y capacidad de comandar un grupo, admiten que se puede aprender de sus dotes para liderar un grupo aunque también remarcan las numerosas diferencias que hay entre el mundo del fútbol y el de la política.

En esto coinciden con la opinión del socialista José Montilla en una entrevista concedida a Mundo Deportivo, cuando todavía era presidente de la Generalitat. “Es una persona admirada”, se limitaba a indicar ante la posibilidad de que Guardiola se presentara a la presidencia. El secretario general del PSC aprovechaba además para abrir las puertas a que el técnico se afiliara a su partido porque “Pep ha demostrado ser un ciudadano ejemplar”.

En el caso de Oriol Pujol (CiU), Guardiola sí podría ser un buen líder político (“¿Por qué no?”, se pregunta) y da dos razones para ello: sus “dotes de liderazgo y su gran vis comunicativa”. El portavoz de los nacionalistas en el Parlament considera que todos “podemos sacar una gran lección” de las victorias de Pep, que resume en “para conseguir el triunfo, a veces hay que buscar lo mejor que tenemos en casa”, en clara referencia a la cantera azulgrana.

Más escéptica se muestra la portavoz del grupo de ICV, Dolors Camats, que aunque admite que Guardiola es un gran comunicador i entrenador, se pregunta si “eso le hace bueno para dirigir un banco, una empresa o un país”. Sin embargo, a la portavoz de los ecosocialistas le gusta del de Santpedor que “es una persona educada, exigente” y que “transmite valores de trabajo en equipo” a la sociedad. En un paso más, Camats recuerda que “cualquier persona podría tener dedicación política en algún momento de la vida” y sugiere a Pep, y a otros como el propio Messi, que lo intenten porque “a todos nos iría mejor”.

La presidenta del PP catalán, Alícia Sánchez-Camacho, prefiere ser más prudente a la hora de establecer comparaciones y quita hierro al hecho de que personajes como Guardiola tengan mejor cartel que los dirigentes catalanes. “Tampoco todos los deportistas tienen un nivel global de valoración positiva porque cada uno tiende a ver su equipo con mejores ojos”, recuerda Camacho, y pone un ejemplo esclarecedor: “Seguramente la valoración de Mourinho no es igual entre los seguidores del Madrid o del Barça”.

Preguntado por si Guardiola podría ser un buen político, Joan Puigcercós (ERC), responde en condicional. “Me gustaría pensar que sí, por su talante positivo, optimista y nada dado a la demagogia”. Aunque el republicano remarca que “en absoluto” se puede equiparar el trabajo de Pep con el de un líder político; subraya además la “catalanidad desacomplejada” del técnico, en el sentido en que utiliza el catalán en todas sus ruedas de prensa.

Por su parte, a Albert Rivera (C’s) no le extraña la admiración social que causa el técnico, algo que explica, entre otras cosas, por su “honestidad” en contraste con la “corrupción” que se ve a menudo en la política. A pesar de no ser partidario de “liderazgos mesiánicos”, Rivera argumenta que hacen falta “liderazgos morales y creíbles”, función que, a su juicio, no cumplen los políticos y sí figuras públicas como Guardiola.

Finalmente, los líderes consultados aseguran que del artífice del mejor Barça se aplican su fair-play y su capacidad de reconocer las virtudes del rival, aunque reconocen que este juego limpio a veces se echa en falta en el día a día político.

Con todo ello, una duda queda en el aire: ¿Qué resultado lograría Guardiola en el caso de presentarse a unas elecciones?

Lo que dice Sinde cuando calla (anatomía de un instante)

“Me gusta cuando callas, porque estás como ausente”. Cuando Neruda escribió estos versos no se refería a la ministra de Cultura ni al poder de la comunicación no verbal. El pasado domingo, cuando Álex de la Iglesia dirigía su último discurso como presidente de la Academia de las artes y las ciencias cinematográficas de España en la gala de los Goya, la ministra de Cultura hizo todo menos estar ausente cuando callaba. Al contrario, sus gestos, sus miradas y sus manos dijeron mucho.

De hecho, ver el discurso de Álex de la Iglesia sin sonido es una experiencia única que pone de manifiesto el poder de la comunicación no verbal. Ese poder que la escuela de comunicación de Palo Alto no dudó en calificar como el 80% de la importancia en un mensaje.

Así, si observamos con detenimiento el lenguaje corporal de los protagonistas en un discurso tan esperado, encontramos interesantes apreciaciones que comunican tanto o más que el mensaje oficial. Porque no lo olvidemos, el contexto es el que marca la tensión del momento. De hecho, recapitulemos algo para aquellos que no han seguido con demasiada profundidad la crisis abierta entre la ministra y el presidente de la Academia.

Cuando el Congreso de los Diputados rechazó las enmiendas a la Ley de Economía Sostenible conocidas como “Ley Sinde” por la mayoría de la población, Álex de la Iglesia había iniciado ya un contacto a través de su Twitter con los internautas sobre la situación del cine, las descargas, los derechos de autor… Incluso llegó a convocar una reunión en la Academia con líderes de opinión de la Red para conocer sus puntos de vista. La experiencia generó que cambiara de opinión: era necesario incluir más puntos de vista en la toma de decisiones.

Eso chocó con la ministra. Tanto, que tras la aprobación en el Senado de la “Ley Sinde”, el presidente anunció su dimisión tras la gala de los Goya. Protocolariamente, el presidente y la ministra se sentarían juntos toda la gala, así que el momento y el discurso tenían un especial interés.

Así, llegamos al momento álgido. No de la gala, sino de la polémica. La megafonía anuncia al presidente de la Academia. Entra en escena y se sitúa tras el atril. Empieza el discurso y con ello, el espectáculo de lo que dicen los protagonistas sin decir nada.

Ángeles González-Sinde

La ministra sabe que va a ser vista. Que las miradas se van a posar sobre ella. Por ello, justo cuando Álex de la Iglesia empieza su discurso mira rápidamente su vestido y su escote. Todo está en su sitio. Acto seguido, levanta el mentón y junta las yemas de los dedos. Durante todo el discurso las manos serán la clave que nos dará mucha información: en realidad está tensa y aunque su semblante no cambie mucho durante el discurso, sus manos serán el modo de descargar esa tensión.

Yemas juntas, dedos entre cruzados, siempre haciendo la punta de una lanza, hacia arriba, cerca del mentón. Acentúa su imagen altiva, de superioridad. Fija la mirada.

A medida que avanza el discurso, sube la mirada en varias ocasiones, al infinito, para volver a fijarla en De la Iglesia. Aunque nos hemos propuesto ver el discurso sin sonido, queremos saber porqué esboza una media sonrisa y mira a su izquierda, como buscando la complicidad de alguien. El presidente acaba de decir que “Internet es el presente”.

La ministra mantendrá una media sonrisa perenne en todo el discurso y finalmente, aplaudirá. No de forma fervorosa, pero aplaudirá.

Alex de la Iglesia

De la Iglesia no usa teleprompter. Lee el discurso. Por ello, su lenguaje no verbal está muy condicionado por esa situación. Pese a ello, empieza su discurso con las dos manos sobre el atril, con fuerza. Cabizbajo, ceño fruncido, concentrado en lo que hace. Le pone tensión y escenifica ese enfado. Aunque parece que coja carrerilla para soltar una buena retahíla de argumentos.

A partir de ese momento, empieza un movimiento ascendente y rítmico al contornear la cara. Lo hará cada vez que suba la mirada del papel y la fije en el público. Si ponemos la voz al vídeo veremos que lo hace en los mensajes clave.

Solo sonríe en un par de ocasiones: cuando se refiere a su sucesor y cuando afirma que ha creado una crisis. Le falta empatía con el público, pero su semblante comunica seriedad, credibilidad y le da tensión al momento.

Leire Pajín

La ministra de Sanidad fue pillada por las cámaras al finalizar el discurso en un gesto que ha generado mucho ruido. Un gesto de alivio, de “por fin termina este rollo”. Su cara muestra aburrimiento. Si analizamos bien el vídeo observamos como minutos previos a ese gesto, la ministra hurga en su bolso, distraída.

Elena Salgado

De los pocos planos que nos acercan a la vicepresidenta, vemos como juega nerviosamente con sus gafas. ¿Nerviosismo por lo incómodo del momento o juego por aburrimiento?

Actores

Encontramos diferencias entre ellos. Bardem, que es enfocado dos veces, muestra un semblante serio e interesado. Terele Pávez muestra conformidad con lo expresado por Álex de la Iglesia cuando la vemos aplaudir con fervor y mientras asiente con la cabeza. En cambio, el más interesante es el gesto de Icíar Bollaín, la persona que substituirá a De la Iglesia. Aguanta el tipo, desafiante. Tiene una media sonrisa que es difícil de interpretar… aunque no parece estar del bando del orador.

Pongamos el volumen y escuchemos el discurso de Álex de la Iglesia. Dijo mucho. Pero tanto o más dijeron los ministros y los actores con algo que no podían controlar: lo que sentían y expresaban con su rostro.

Los discursos del presidente Bartlet

Una de las claves del éxito de El Ala Oeste de la Casa Blanca es el grado de realidad de sus guiones. El contenido y la forma. ¿Puede una serie televisiva sobre política obviar algo tan central como los discursos? La respuesta, evidentemente, es no.

Así, este interesante reportaje sobre la serie muestra la importancia de los discursos. Pero en especial, del rol de los speechwriters en la trama de la serie y en el valor de los personajes, personificados por Ziegler, Seaborn o Bailey.

Y ahí van algunos discursos de Bartlet que aparecen en el reportaje:

“More than any time in recent history, America’s destiny is not of our own choosing. We did not seek nor did we provoke an assault on our freedom and our way of life. We did not expect nor did we invite a confrontation with evil. Yet the true measure of a people’s strength is how they rise to master that moment when it does arrive. 44 people were killed a couple of hours ago at Kennison State University. Three swimmers from the men’s team were killed and two others are in critical condition. When, after having heard the explosion from their practice facility, they ran into the fire to help get people out. Ran in to the fire. The streets of heaven are too crowded with angels tonight. They’re our students and our teachers and our parents and our friends. The streets of heaven are too crowded with angels, but every time we think we have measured our capacity to meet a challenge, we look up and we’re reminded that that capacity may well be limitless. This is a time for American heroes. We will do what is hard. We will achieve what is great. This is a time for American heroes and we reach for the stars. God bless their memory, God bless you and God bless the United States of America. Thank you. ” Del capítulo 20 hours in America.

“…’Joy cometh in the morning,’ scripture tells us. I hope so. I don’t know if life would be worth living if it didn’t. And I don’t yet know who set off the bomb at Kennison State. I don’t know if it’s one person or ten, and I don’t know what they want. All I know for sure, all I know for certain, is that they weren’t born wanting to do this. There’s evil in the world, there’ll always be, and we can’t do anything about that. But there’s violence in our schools, too much mayhem in our culture, and we can do something about that. There’s not enough character, discipline, and depth in our classrooms; there aren’t enough teachers in our classrooms. There isn’t nearly enough, not nearly enough, not nearly enough money in our classrooms, and we can do something about that. We’re not doing nearly enough, not nearly enough to teach our children well, and we can do better, and we must do better, and we will do better, and we will start this moment today! They weren’t born wanting to do this.” Del capítulo College Kids

El discurso del rey el 23F

A pocos días de la conmemoración del 30º aniversario del intento fallido de golpe de estado del 23 de febrero de 1981, recuperamos la alocución que el rey Juan Carlos I dirigió por televisión la madrugada del 24 de febrero, horas después del asalto al Congreso de los Diputados.

Seguramente, sea el discurso más importante de la democracia española por los efectos que tuvo la comparecencia del rey en unos momentos convulsos, desconcertantes y duros.

Al dirigirme a todos los españoles, con brevedad y concisión, en las circunstancias extraordinarias que en estos momentos estamos viviendo, pido a todos la mayor serenidad y confianza y les hago saber que he cursado a los Capitanes Generales de las Regiones Militares, Zonas Marítimas y Regiones Aéreas la orden siguiente:

«Ante la situación creada por los sucesos desarrollados en el Palacio del Congreso y para evitar cualquier posible confusión, confirmo que he ordenado a las Autoridades Civiles y a la Junta de Jefes de Estado Mayor que tomen todas las medidas necesarias para mantener el orden constitucional dentro de la legalidad vigente.

Cualquier medida de carácter militar que en su caso hubiera de tomarse deberá contar con la aprobación de la Junta de Jefes de Estado Mayor.»

La Corona, símbolo de la permanencia y unidad de la patria, no puede tolerar en forma alguna acciones o actitudes de personas que pretendan interrumpir por la fuerza el proceso democrático que la Constitución votada por el pueblo español determinó en su día a través de referéndum.

Fuente: Discurso contra el intento del golpe de Estado (23F)

La política de las emociones nos lleva a la acción

Política emocional. Política de las emociones. Transmitir emociones. Usar un lenguaje emocional… toda esa retahíla suele escucharse cuando proyectamos cómo deben ser los discursos del poder. Muchas veces nos gustaría ver en nuestros líderes ese punto emocional en los discursos. No porque nos parezcan más bellos, más interesantes; en el fondo lo que queremos es que nos hagan actuar.

¿Qué es la emoción sino eso? ¿No es, acaso, la política de las emociones, el modo de llevarnos a la acción a través de la emoción? El origen del término no deja lugar a dudas: del latín emotĭo, -ōnis, que significa “el impulso que induce la acción”.

Esta reflexión viene a cuento del último discurso del estado de la Unión de Barack Obama. Una alocución impecable. Los grandes temas políticos del presidente unidos a la comprensión de las emociones que genera en el receptor. El uso de la entonación, de la voz y del lenguaje no verbal… que tanto transmite. La elección cuidadosa de palabras mágicas, como si se las hubiera regalado la mismísima Belisa Crepusculario. Entender que un discurso que no nos llegue y que no nos lleve a actuar, no sirve de nada.

Es un ejemplo de comprensión del valor del discurso. Y la muestra de esa necesidad de unir la emoción a la acción. Las palabras se las lleva el viento… pero pueden ser un látigo para que nos pongamos en marcha.

No dejará de sorprenderme la capacidad comunicativa del presidente. No ya por su actuación en el atril del Congreso, sino por la capacidad de hilar un mensaje emocional y encararlo a un resultado, a una acción. No había pasado mucho tiempo desde la ovación final que recibió el presidente al correo que la basta base de datos de Obama recibió pasados apenas unos minutos.

Un correo electrónico que es la muestra de cómo un discurso sobrevive al momento. De cómo las emociones que desplegó Obama en el Capitolio deben convertirse en donaciones, en apoyos, en servidores a la causa presidencial. Causa que, en estos momentos, ya no es otra que la reelección.

“We do big things”. El asunto que recibieron miles de personas en su buzón minutos después de la ovación. Un correo vibrante que repasaba los logros de la administración Obama. Y entre frases que dibujaban imágenes en la mente del lector, llamadas a la acción. Llamadas a moverse.

El correo de Obama muestra la importancia de entender el valor de la comunicación en todas sus formas. Dar contenido a los clichés tantas veces repetidos por gurús, analistas u observadores. Entender que la política de las emociones, por mucho que así se crea, no es el recurso a la lágrima fácil. La política de las emociones nos lleva a la acción.

Palabras que funcionan: mejor

Cuando el Partido Laborista de Tony Blair se presentó a las elecciones del cambio de 1997, lo hizo usando hasta 23 veces la palabra mejor en su Manifesto. “New Labour because Britain deserves better” fue el eslogan elegido y esa idea mostraba la intención de los Laboristas de hacer un Reino Unido mejor tras casi dos décadas de gobiernos conservadores. Un país mejor. La clave está en el adjetivo: una palabra que funciona.

¿Quién puede negarse a soñar con un país mejor? ¿Quién puede decir no a vivir mejor? Es una palabra que funciona y cuando se usa en política se obtienen resultados favorables. Es como si nuestro cerebro respondiera al estímulo que nos brinda esa palabra.

“Busque, compare y si encuentra algo mejor, cómprelo”. Esta frase nos acompañará toda la vida. Un recuerdo de infancia, una frase de éxito de Manuel Luque, por aquel entonces Director General de Camp, en el anuncio de Colón. Estamos constantemente comparando y cambiando por algo mejor. Por ello, esa cualidad en la oferta debe convencernos.

¿Vale con usarla, sin más? No. Es una palabra con riesgo. Tenemos muy interiorizada la comparación que se establece cuando hablamos de algo que es “mejor”. Así, realmente esperamos que cuando apostamos por algo “mejor”, efectivamente le sea. Por ejemplo, el PSOE de Zapatero no dudó en usar la palabra en su lema electoral en las elecciones de 2004: “Merecemos una España mejor”. Pero, ¿qué ocurre cuando al cabo de los años esa promesa no es tal?

Pero no solo desde el punto de vista racional: las percepciones sobre esas cualidades son básicas. Solo atendiendo a la importancia del entorno podemos entender la etiqueta que Artur Mas ha querido dar a su Gobierno desde que lanzó su candidatura con “el govern dels millors” (el gobierno de los mejores). Sin una sensación generalizada de hastío hacia el gobierno precedente –tal y como mostraron los resultados electorales- no puede entenderse la apuesta por esa diferenciación.

De este modo, la coherencia es el gran aliado de la apuesta por resaltar que se es mejor. La coherencia por una percepción que comparta el electorado y la coherencia por la existencia de un programa político que suponga cualitativamente una mejora respecto a otro. Si no es coherente, la palabra funcionará con fecha de caducidad. Como si de un hechizo se tratara. Ya saben, buscar, comparar y comprar otro mejor…