Nombre propio #1: Julian Assange

Julian Assange, el australiano que ha sido un práctico desconocido para gran parte de la sociedad española hasta hace unas semanas, es la persona del año. Lo es no por sus éxitos o fracasos, por lo bueno o malo de su acción; sino por su capacidad –o la de Wikileaks– para marcar la agenda política mundial.

No entro en el juicio de valor de lo que hace Wikileaks. Para unos, adalides de la libertad y la libertad de expresión. Para otros, ladrones de comunicaciones privadas y difusores de conversaciones que solo atañen a emisor y receptor. Pero sí que es relevante observar como es desde la Red, desde un portal y en colaboración con la prensa como se consigue poner en conocimiento general secretos de Estados, cancillerías, gobiernos, embajadores y empresas.

La mayor filtración de la historia. La constatación de las alargadas sombras del poder. Pero sobretodo, la forma de corroborar que el siglo XXI no es de los grandes y los poderosos, sino de los pequeños, ágiles y valientes. Los enemigos de los Estados ya no son otros Estados… ahora lo son redes terroristas internacionales que juegan otras guerras. Y organizaciones como Wikileaks, que no son agencias de inteligencia de un Estado enemigo, sino organizaciones dispersas que defienden unos ideales. Y gracias a la Red marcan la agenda.

El tiempo nos dirá qué efectos tuvo Wikileaks, pero Assange y su organización demostraron que era posible abrir las ventanas de los centros del poder desde el exterior.

Albert Medrán

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