Nombre propio #1: Julian Assange

Julian Assange, el australiano que ha sido un práctico desconocido para gran parte de la sociedad española hasta hace unas semanas, es la persona del año. Lo es no por sus éxitos o fracasos, por lo bueno o malo de su acción; sino por su capacidad –o la de Wikileaks– para marcar la agenda política mundial.

No entro en el juicio de valor de lo que hace Wikileaks. Para unos, adalides de la libertad y la libertad de expresión. Para otros, ladrones de comunicaciones privadas y difusores de conversaciones que solo atañen a emisor y receptor. Pero sí que es relevante observar como es desde la Red, desde un portal y en colaboración con la prensa como se consigue poner en conocimiento general secretos de Estados, cancillerías, gobiernos, embajadores y empresas.

La mayor filtración de la historia. La constatación de las alargadas sombras del poder. Pero sobretodo, la forma de corroborar que el siglo XXI no es de los grandes y los poderosos, sino de los pequeños, ágiles y valientes. Los enemigos de los Estados ya no son otros Estados… ahora lo son redes terroristas internacionales que juegan otras guerras. Y organizaciones como Wikileaks, que no son agencias de inteligencia de un Estado enemigo, sino organizaciones dispersas que defienden unos ideales. Y gracias a la Red marcan la agenda.

El tiempo nos dirá qué efectos tuvo Wikileaks, pero Assange y su organización demostraron que era posible abrir las ventanas de los centros del poder desde el exterior.

Nombre propio #2: Alfredo Pérez Rubalcaba

2010 ha sido el año en que ha el histórico líder del PSOE ha alcanzado el mayor poder en su carrera política y el mayor protagonismo en el proyecto de José Luis Rodríguez Zapatero. El vicepresidente, que empezó como portavoz parlamentario en la primera legislatura del presidente, llega a ser un presidente bis en los meses finales del año.

A lo largo de los últimos 12 meses hemos visto como su popularidad aumentaba y se establecía como una seria alternativa al presidente. Los españoles confían en el ministro del Interior y la decisión de Zapatero en su última crisis de gobierno de elevarlo a la vicepresidencia tiene varias lecturas, pero sobretodo se observa la intención del presidente de salir del pozo como sea.

Pero el efecto no ha cuajado de momento. El PSOE tuvo su momentum pero la cruda crisis económica y los recortes sociales del Gobierno hacen mella en su liderazgo. Pese a ello, Rubalcaba tiene todos los números para ser una pieza clave en el fin de la legislatura. Pase lo que pase.

Quizás lo más relevante en relación a la definición de la figura política del cántabro este año sea su capacidad para erigirse como un presidente en la sombra. Así lo ha demostrado en el momento político más importante del año, la declaración del estado de alarma. Por primera vez en democracia se ha puesto en marcha esta figura recogida en la Constitución y ha sido Rubalcaba, y no Zapatero, el que ha aparecido ante la ciudadanía. Además, ha presidido varios Consejos de Ministros desde que es vicepresidente primero del Gobierno.

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