Un PSOE en la poltrona

Si te digo “político”, ¿en qué piensas? Dime lo primero que aparece en tu mente. ¿Dinero? ¿Interés? ¿Corrupción? ¿Cargo? Si te digo “poltrona”, ¿piensas en un político? Seguro que haces la asociación de forma casi directa. Parece que en el PSOE no lo tienen tan claro y el diseño del escenario de su convención autonómica es la muestra.

Forma parte de esos pequeños detalles que tanto cuentan. De esos elementos del fondo, del escenario, que pueden llevarnos a una interferencia en el mensaje. Casi imperceptible. Pero que se instala en la mente del receptor. Y el PSOE lo hizo a cuenta de unos sillones.

“La fuerza de un gran país”, rezaba el lema del cónclave socialista. Y para reforzar esa idea de fortaleza, los barones regionales del partido acompañaban en el escenario al presidente del Gobierno. Sentados en unos aparatosos sillones blancos, haciendo contraste con el rojo dominante. Los líderes socialistas parecían enviar un mensaje muy claro: nos aferramos a la poltrona.

“Primero está España y luego está el PSOE”, afirmaba el vicesecretario general José Blanco. Idea repetida por el presidente Zapatero en su alocución… aunque el fondo no dijera lo mismo.

El saludo de Tomás Gómez a Zapatero, sentado en la poltrona, las posturas de algunos candidatos buscando la comodidad del sillón, las diferentes alturas de los sillones… han impreso una imagen casi medieval, de vasallos y señores feudales.

No son buenos tiempos para la política y los políticos. Percibidos como un gran problema para el país. Desacreditados. Con una desafección creciente. Un contexto que exige ver a los políticos arremangados y cercanos a la ciudadanía. Justo lo contrario de lo que se observó en el escenario de la Convención. No es lo que dices, es lo que la gente ve. Lo último que quiere ver la gente es un PSOE en la poltrona.

Los 100.000 de Actuable

Todos tenemos nuestros momentos de crisis de fe en este medio. ¿Internet sirve para algo? O sea, ¿realmente creemos que con la Red podemos cambiar el mundo? La verdad, cada vez que un cargo político olvida su participación tras unas elecciones o se sirve de titulares grandilocuentes para vender su modernidad, lo dudo. Pero cuando aparecen propuestas como las de Actuable, me reafirmo en la necesidad de la Red para cambiar las cosas.

Por ello, el hecho que Actuable haya alcanzado hace unos días los 100.000 usuarios es un motivo de alegría. Un estímulo para muchos. Más cuando en estos pocos meses de vida, las peticiones y retos que los usuarios han puesto en marcha en Actuable han dado frutos. Como los padres de parejas del mismo sexo que han visto desbloqueada la adopción de sus hijos, las respuestas de cargos políticos como Ana Botella, que se han visto obligadas a decir algo ante la presión de la ciudadanía. Pienso en la gran cantidad de personas que se han movilizado por causas importantes.

La cifra impresiona. Más en un país en el que tener voluntad por participar en los temas que nos afectan parece pasado de moda. La cifra impresiona, pero más saber que hay personas dispuestas a aportar lo que puedan por cambiar situaciones que nos rodean y que no debemos aceptar.

Enhorabuena a todo el equipo de Actuable. A Paco, Álvaro, Fernando y Manuel. Por algo vuestro proyecto ha ganado el premio Jóvenes Emprendedores Sociales 2010. A por los 200.000.

Presentación de “Explica’t amb una història. Onze claus per construïr un relat guanyador”

El pasado martes pudimos debatir con Pau Canaleta la importancia del relato en la comunicación política en la presentación de su libro “Explica’t amb una història. Onze claus per construïr un relat guanyador”. Una ocasión de lujo para ver hasta qué punto el relato nos ayuda a comunicar mejor.

Para los que no pudieron asistir, os adjunto en el post el vídeo que ha editado el Centre Cultural Blanquerna de la presentación. También podéis encontrar algunos posts como el de Josep Maria Rochera sobre el evento.

Gracias a todos y a todas por acercaros a Blanquerna y al Centre por su apoyo en la celebración de la presentación.

La vuelta a la política de Aznar

El bigote de Aznar es una metáfora sobre su personaje político: parece que no está, pero ahí sigue, como comentaba alguien en Twitter este fin de semana. Por ello, deberíamos preguntarnos si realmente Aznar se fue alguna vez de la política. Ha sido, sin duda, el ex presidente más incómodo de la democracia española. Es más, cada vez que entra en escena, no deja a nadie indiferente. No deja de ser relevante preguntarse hasta qué punto le beneficia al Partido Popular que el ex presidente se cuele en la foto. Como tampoco deja de ser un juego político preguntarse qué pasaría si volviera a presentarse ¿El Aznar de 2010 ganaría como en 1996?

Es más lo que se puede perder (o no ganar) el Partido Popular que lo que puede aportar el presidente de la FAES. El discurso de Aznar no es, en absoluto, moderado. Es un discurso profundamente ideológico, duro, conservador y nacionalista. Justo aquello de lo que se desprendió para conquistar el poder. El Aznar de los noventa consiguió doblar los votos del partido (de los cinco millones en 1989 a casi diez en 1996) gracias a la unión del voto conservador y un viaje al centro.

La unión del electorado de derechas, fragmentado durante los ochenta, es lo que le ha permitido al Partido Popular mantener el nivel alcanzado por Aznar. Por ello, a ese electorado, que Aznar hable o calle ya le importa poco. Sus valores se identifican totalmente con los del partido. Pero… ¿qué pasa con aquellos que llegaron por el viaje al centro?

Esos son los electores clave. Llegaron en 1996 y muchos lo hicieron llegando del PSOE. Y se fueron en 2004. La moderación de la primera legislatura de Aznar y la crisis en el PSOE se tradujo en un aumento de la abstención y en los mejores resultados hasta la fecha del Partido Popular. Aznar gobernó con una mayoría absoluta que le fue alejando de esa mágica combinación.

El Aznar que hemos visto esta semana poco tiene de moderado. Y la historia electoral en España ha mostrado como es necesaria la conquista del centro para ganar unas elecciones. Carles Castro lo muestra con maestría en su “Relato Electoral de España 1977-2007”, un análisis en profundidad de la historia electoral española que muestra como la conquista de ese centro político, de esa moderación es la clave de la victoria en España.

Aznar dejó la presidencia con un elevado grado de desconfianza por parte de los españoles. Según el CIS, en enero de 2004, meses antes de las elecciones que llevaron al PSOE al gobierno y antes de los trágicos sucesos del 11M, el 60% de los españoles tenía poca o ninguna confianza en él. Apunte a pie de página, en el barómetro de octubre de 2010, el 81% de los españoles desconfiaba del presidente Rodríguez Zapatero. Rajoy le superaba por medio punto.

Ante ese contexto, Aznar refuerza los votos conservadores. Compacta un voto ya fiel y movilizado –no debemos olvidar que Rajoy obtuvo más votos en 2008 que en 2004, superando los diez millones de electores- Pero no atrae a nuevos votos. No atrae el centro. De hecho, los atrae la propia situación económica del país y el desatino en las políticas del gobierno. No Aznar.

Lo que sí puede hacer Aznar es despertar a un electorado en shock: el socialista. Las duras reformas emprendidas por Zapatero, en contra de lo dicho y lo esperado por los suyos, ve en Aznar el enemigo común que despierta a mucho votante atolondrado.

Rajoy lo tiene todo de cara. Tiene el partido más o menos controlado y no parece que los escándalos de corrupción hagan mella en el electorado. Si las encuestas no mienten, el 22 de mayo será un contundente rechazo al PSOE y el PP encarará la recta final de las elecciones de 2012 más reforzado que nunca. Solo queda esa metáfora de Aznar sobre el aire. Ese bigote que está y no está… pero que cuando aparece despierta los temores de desandar lo andado.

El discurso inaugural de John F. Kennedy

El 20 de enero de 1961, el presidente electo de los Estados Unidos John F. Kennedy, acudió al Congreso para prestar juramento. Con las notas del “Hail to the Chief” de fondo, JFK se disponía a dirigirse a una nación ilusionada y un mundo expectante por la llegada a la presidencia de un joven presidente en uno de los momentos más calientes de la Guerra Fría.

Kennedy bordó un discurso memorable del que esta semana se ha conmemorado su 50º aniversario. Frases que quedarán para la historia y que hoy custodian el mausoleo donde reposa el cuerpo del 35º presidente de los Estados Unidos.

“Ask not what your country can do for you — ask what you can do for your country”

Vice President Johnson, Mr. Speaker, Mr. Chief Justice, President Eisenhower, Vice President Nixon, President Truman, reverend clergy, fellow citizens, we observe today not a victory of party, but a celebration of freedom — symbolizing an end, as well as a beginning — signifying renewal, as well as change. For I have sworn before you and Almighty God the same solemn oath our forebears prescribed nearly a century and three quarters ago.

The world is very different now. For man holds in his mortal hands the power to abolish all forms of human poverty and all forms of human life. And yet the same revolutionary beliefs for which our forebears fought are still at issue around the globe — the belief that the rights of man come not from the generosity of the state, but from the hand of God.

We dare not forget today that we are the heirs of that first revolution. Let the word go forth from this time and place, to friend and foe alike, that the torch has been passed to a new generation of Americans, born in this century, tempered by war, disciplined by a hard and bitter peace, proud of our ancient heritage and unwilling to witness or permit the slow undoing of those human rights to which this Nation has always been committed, and to which we are committed today at home and around the world.

Let every nation know, whether it wishes us well or ill, that we shall pay any price, bear any burden, meet any hardship, support any friend, oppose any foe, to assure the survival and the success of liberty.

This much we pledge and more.

To those old allies whose cultural and spiritual origins we share, we pledge the loyalty of faithful friends. United, there is little we cannot do in a host of cooperative ventures. Divided, there is little we can do — for we dare not meet a powerful challenge at odds and split asunder.

To those new States whom we welcome to the ranks of the free, we pledge our word that one form of colonial control shall not have passed away merely to be replaced by a far more iron tyranny. We shall not always expect to find them supporting our view. But we shall always hope to find them strongly supporting their own freedom — and to remember that, in the past, those who foolishly sought power by riding the back of the tiger ended up inside.

To those peoples in the huts and villages across the globe struggling to break the bonds of mass misery, we pledge our best efforts to help them help themselves, for whatever period is required, not because the Communists may be doing it, not because we seek their votes, but because it is right. If a free society cannot help the many who are poor, it cannot save the few who are rich.

To our sister republics south of our border, we offer a special pledge — to convert our good words into good deeds in a new alliance for progress — to assist free men and free governments in casting off the chains of poverty. But this peaceful revolution of hope cannot become the prey of hostile powers. Let all our neighbors know that we shall join with them to oppose aggression or subversion anywhere in the Americas. And let every other power know that this Hemisphere intends to remain the master of its own house.

To that world assembly of sovereign states, the United Nations, our last best hope in an age where the instruments of war have far outpaced the instruments of peace, we renew our pledge of support — to prevent it from becoming merely a forum for invective — to strengthen its shield of the new and the weak and to enlarge the area in which its writ may run.

Finally, to those nations who would make themselves our adversary, we offer not a pledge but a request — that both sides begin anew the quest for peace, before the dark powers of destruction unleashed by science engulf all humanity in planned or accidental self-destruction.

We dare not tempt them with weakness. For only when our arms are sufficient beyond doubt can we be certain beyond doubt that they will never be employed.

But neither can two great and powerful groups of nations take comfort from our present course — both sides overburdened by the cost of modern weapons, both rightly alarmed by the steady spread of the deadly atom, yet both racing to alter that uncertain balance of terror that stays the hand of mankind’s final war.

So let us begin anew, remembering on both sides that civility is not a sign of weakness, and sincerity is always subject to proof. Let us never negotiate out of fear. But let us never fear to negotiate.

Let both sides explore what problems unite us instead of belaboring those problems which divide us.

Let both sides, for the first time, formulate serious and precise proposals for the inspection and control of arms and bring the absolute power to destroy other nations under the absolute control of all nations.

Let both sides seek to invoke the wonders of science instead of its terrors. Together let us explore the stars, conquer the deserts, eradicate disease, tap the ocean depths, and encourage the arts and commerce.

Let both sides unite to heed in all corners of the earth the command of Isaiah — to “undo the heavy burdens…and let the oppressed go free.”

And if a beachhead of cooperation may push back the jungle of suspicion, let both sides join in creating a new endeavor, not a new balance of power, but a new world of law, where the strong are just and the weak secure and the peace preserved.

All this will not be finished in the first 100 days. Nor will it be finished in the first 1,000 days, nor in the life of this administration, nor even perhaps in our lifetime on this planet. But let us begin.

In your hands, my fellow citizens, more than mine, will rest the final success or failure of our course. Since this country was founded, each generation of Americans has been summoned to give testimony to its national loyalty. The graves of young Americans who answered the call to service surround the globe.

Now the trumpet summons us again — not as a call to bear arms, though arms we need — not as a call to battle, though embattled we are — but a call to bear the burden of a long twilight struggle, year in and year out, “rejoicing in hope, patient in tribulation” — a struggle against the common enemies of man: tyranny, poverty, disease, and war itself.

Can we forge against these enemies a grand and global alliance, North and South, East and West, that can assure a more fruitful life for all mankind? Will you join in that historic effort?

In the long history of the world, only a few generations have been granted the role of defending freedom in its hour of maximum danger. I do not shrink from this responsibility — I welcome it. I do not believe that any of us would exchange places with any other people or any other generation. The energy, the faith, the devotion which we bring to this endeavor will light our country and all who serve it — and the glow from that fire can truly light the world.

And so, my fellow Americans: ask not what your country can do for you — ask what you can do for your country.

My fellow citizens of the world: ask not what America will do for you, but what together we can do for the freedom of man.

Finally, whether you are citizens of America or citizens of the world, ask of us here the same high standards of strength and sacrifice which we ask of you. With a good conscience our only sure reward, with history the final judge of our deeds, let us go forth to lead the land we love, asking His blessing and His help, but knowing that here on earth God’s work must truly be our own.

Las citas de comunicación política de este enero

El año no podía empezar con una nota más marcada en comunicación política. Este mes de enero participo en dos eventos que os cuento en este post.

El próximo 18 de enero Pau Canaleta presenta su libro en Madrid. Será en el Centre Cultural Blanquerna de la calle Alcalá, en pleno centro de Madrid. A escasos metros del Cervantes o del Círculo de Bellas Artes, presentaré la última obra de Pau, una interesante manera de acercarse al storytelling con “Explica’t amb una història. Onze claus per construïr un relat guanyador“. La entrada es libre y tras mi introducción, Canaleta nos dará algunas claves para construir relatos ganadores para políticos y para cualquier persona, empresa o institución que necesite comunicar mejor. Más detalles, en el evento en Facebook.

A finales de mes, Barcelona acoge el primer Congrés de Comunicació Política de Catalunya (CCPC). Será en la Facultad de Comunicación de Blanquerna (Universitat Ramon Llull), y durante dos días pasarán algunos de los mejores profesionales del país. En las dos jornadas veremos aspectos como el candidato, la oratoria, estrategias, lobbies, comunicación política online o la propia figura del consultor. Antoni Gutiérrez-Rubí, Joan Navarro, Toni Aira, Xavier Peytibí, Juan Víctor Izquierdo, Àstrid Alemany, Daniel Ureña, Yago de Marta, Àlex Terés, Saül Gordillo, Yuri Morejon, entre otros, son los ponentes del Congreso.

Moderaré la mesa “Estrategias de campaña” en la que participan Àlex Terés, Àstrid Alemany y Mikel Cabello. El Congreso se celebra los días 27 y 28 de enero y podéis consultar más detalles en su web. Os esperamos.

Publicidad política en los cines

En 2009, el Observatorio Audiovisual Europeo anunciaba que la asistencia a salas de cine en España había caído un 7,6% y era la cuarta consecutiva. La realidad es que el sector no pasa uno de sus mejores momentos. Cuesta llenar las salas de cine, especialmente por los efectos de la crisis económica. Pese a ello, insertar publicidad electoral en las salas no deja de ser una opción por la que han apostado algunos partidos políticos.

Quizás ese sea el principal punto débil de este formato publicitario. El número potencial de personas a las que puede llegar el mensaje es mucho menor a las inserciones en prensa o a los propios spots en televisión. Aunque estos últimos solo pueden emitirse en las televisiones públicas y durante la campaña.

Aunque ese sea el principal escollo, y es una barrera importante, encontramos ejemplos interesantes de partidos que han decidido optar por los puntos fuertes de la publicidad en el cine. La principal ventaja es la imposibilidad de los espectadores por obviar el anuncio: no pueden avanzar la visión ni cambiar de canal. Las personas que estén en la sala lo verán sí o sí. Por lo tanto, la exposición está asegurada.

Además, sigue siendo novedoso encontrarse con un vídeo político en el cine. Aunque en el fondo, se corre el riesgo de ser invasivo y mezclar política con una actividad concebida como ocio. Y pagada a precios bastante elevados.

La familia Spera

En abril de 2006, Italia celebró las elecciones que llevaron a Prodi al poder y desbancaron a Berlusconi. Durante una larga precampaña, L’Ulivo –la coalición que lideraba Prodi- insertó anuncios en los cines italianos mostrando la vida diaria, los sueños y las dificultades de la familia Spera. La familia Spera no puede ir a cenar fuera por culpa de la difícil situación económica de muchas familias en 2006. Una familia que sufre la manipulación informativa del gobierno Berlusconi o que tiene miedo de los ataques a la constitución.

La familia Spera era la muestra de cómo combinar los issues de campaña en una serie de spots que tenían unidad, coherencia y, lo más importante para cuando se concebían para ser proyectados en salas de cine, un punto de estética cinematográfica, narración y entretenimiento. Si los espectadores verán el anuncio, impactar para ser recordados.

PSC y PSPV, en las salas

En enero de 2010, el PSC anunció una campaña para explicar la gestión del gobierno del president Montilla y situar el entorno en el que se disputarían las elecciones: una crisis generalizada que pedía una buena gestión. Para ello, optaron por una serie de acciones bajo el lema de “Temps difícils. Gent seriosa.” (tiempos difíciles. Gente seria).

Uno de los materiales fue un vídeo en el que aparecía una larga secuencia de imágenes negativas, a un ritmo frenético, y que terminaba con el lema de la campaña. Con el movimiento y la naturaleza de las imágenes se buscaba generar en el espectador preocupación por lo que ocurre y la parte final, mostrar la solución a los problemas.

Más reciente es la decisión del PSPV. Durante este mes, 255 salas de cine de la Comunidad Valenciana mostrarán el vídeo que ha grabado el partido de cara a las elecciones autonómicas del próximo mes de mayo. En el vídeo encontramos al candidato del partido, Jorge Alarte, dirigiéndose a los espectadores. En el afirma que quizás no le conocen porque no sale en Canal 9 y remata que para la que Comunidad cambie, depende del espectador.

Seguramente, tanto Alarte como el PSC consiguieron más repercusión por las noticias en medios y por la difusión en Youtube que por las proyecciones en cine, ejemplo de un modo antiguo de concebir la inserción publicitaria. Pero, como se suele decir, lo importante es que hablen de uno. Apaguen sus teléfonos móviles y disfruten de la película.

Reino Unido declara la guerra a Alemania: el discurso del rey

“El poder de la palabra para la disposición del alma es análoga a la función de los fármacos en la naturaleza de los cuerpos… algunos quitan la enfermedad y otros la vida, como los discursos; unos entristecen, otros alegran, otros aterrorizan, otros aún infunden valor a los oyentes y finalmente otros embrujan y envenenan el alma con ideas perversas.”

Este fragmento de Encomio de Helena de Gorgias muestra el poder de un discurso. El poder de lo que se dice y del cómo se dice. Por ello, hoy reproducimos el discurso protagonista de la película “The King’s Speech” de la que os hablábamos en este post.

El discurso del rey George VI fue emitido el 3 de septiembre de 1939 tras la declaración de guerra del Reino Unido a la Alemania nazi por la invasión de Polonia el primer día de septiembre de ese año. Podéis escuchar el discurso en el archivo de la BBC.

“For the second time in the lives of most of us we are at war”

In this grave hour, perhaps the most fateful in our history, I send to every household of my peoples, both at home and overseas, this message, spoken with the same depth of feeling for each one of you as if I were able to cross your threshold and speak to you myself.

For the second time in the lives of most of us we are at war. Over and over again we have tried to find a peaceful way out of the differences between ourselves and those who are now our enemies. But it has been in vain. We have been forced into a conflict. For we are called, with our allies, to meet the challenge of a principle which, if it were to prevail, would be fatal to any civilised order in the world.

It is the principle which permits a state, in the selfish pursuit of power, to disregard its treaties and its solemn pledges; which sanctions the use of force, or threat of force, against the sovereignty and independence of other states. Such a principle, stripped of all disguise, is surely the mere primitive doctrine that might is right; and if this principle were established throughout the world, the freedom of our own country and of the whole British Commonwealth of Nations would be in danger. But far more than this – the peoples of the world would be kept in the bondage of fear, and all hopes of settled peace and of the security of justice and liberty among nations would be ended.

This is the ultimate issue which confronts us. For the sake of all that we ourselves hold dear, and of the world’s order and peace, it is unthinkable that we should refuse to meet the challenge.

It is to this high purpose that I now call my people at home and my peoples across the seas, who will make our cause their own. I ask them to stand calm, firm, and united in this time of trial. The task will be hard. There may be dark days ahead, and war can no longer be confined to the battlefield. But we can only do the right as we see the right, and reverently commit our cause to God. If one and all we keep resolutely faithful to it, ready for whatever service or sacrifice it may demand, then, with God’s help, we shall prevail.

May God bless and keep us all.

El discurso del Rey (The King’s Speech)

Esta es la historia de un hombre que no nació para ser rey pero que estaba predestinado para serlo. Bautizado con el nombre de Albert, Bertie para la familia, algo presagiaba que sería él el que llegaría al trono. Quizás su abuela materna lo intuyó, cuando escribió que esperaba que su último nombre, George, acabara substituyendo el que consideraba era menos favorecedor.

El camino al trono no era el más esperado. A la muerte de su padre, su hermano mayor ascendió al trono. Pero su relación con una norteamericana divorciada en dos ocasiones le empujó a abdicar. Así, Albert, Duque de York, llegó a ser George VI a las puertas de la Segunda Guerra Mundial. Un rey tartamudo en la era de la radio.

“The King’s Speech” es la película que muestra los esfuerzos de George VI por minimizar los efectos de su tartamudez en una época en que los jefes del Estado, los líderes nacionales, deben pasar del papel a la voz. Es una muestra viviente de la importancia de la comunicación y del poder de las palabras.

Con la llegada de un nuevo medio de comunicación, la familia real británica debe dar el paso. Debe entrar en las casas de sus súbditos. Pero además, en el contexto de una guerra mundial en ciernes, su monarca debe ser la voz de un pueblo. La película nos muestra esa lucha titánica por controlar los problemas en la voz de un pueblo y liderar la respuesta alemana desde el poder de las palabras.

Más allá de la portentosa actuación de Colin Firth, una ambientación excelente, buen ritmo y un buen guión, “The King’s Speech” hará las delicias de muchos lectores de este blog por las referencias al valor de la palabra, a la necesidad de comunicar algo más que mensaje en un discurso y al poder del lenguaje no verbal. Por ello, este film es imprescindible y deberíamos añadirlo a la lista de las 20 mejores películas políticas.