“El. El es el president”

Le recibieron entre aplausos y vítores. El heredero político de Jordi Pujol llegaba a su despacho como Conseller en cap rodeado de una marea de funcionarios y curiosos: había ganado por primera vez unas elecciones. Un mes y tres días más tarde, abandonaría el Palau. Pasqual Maragall tomaba posesión del cargo y daba carpetazo a 23 años de gobierno de Convergència i Unió. El domingo, cuando Mas era aplaudido en el Majestic, pensé en ese momento. En esos aplausos en la Plaça de Sant Jaume.

Le ha costado. Mucho. Siete años separan esos vítores a las puertas de Palau y el brindis en vasos de plástico en la sede de Convergència con un Pujol que le señalaba “El. El es el president”. Esos siete años de travesía en el desierto son, seguramente, los que le han hecho llegar. Ja tocava.

¿Y qué ha pasado por el camino? Una etapa única en la política catalana. Un nuevo Estatut aprobado, dos gobiernos en coalición, dos presidentes del PSC, innumerables crisis entre sus miembros e innumerables aciertos también. Siete años de ajustes y desajustes. De prosperidad y de crisis. Dos legislaturas de suflés, Dragon Khan, coronas de espinas… y de la calma aparente del gobierno de Montilla. Dos legislaturas de políticas de izquierda que fueron un sople de aire fresco. Como lo va a ser el gobierno de Artur Mas.

Mas llegará a ser el 129º president de la Generalitat por su perseverancia, más que por su campaña -que ha sido buena-. Por su sufrimiento, más que por sus mítines. Por su propio cambio vital, más que por uno u otro jingle de campaña. Mas ha cambiado… y lo ha hecho al mismo ritmo que Catalunya.

La crisis, la fórmula del tripartito, la figura del president Montilla, la sentencia del Tribunal Constitucional… todo ello son cosas muy importantes para explicar la debacle de PSC y ERC, la irrupción de SI y el mejor resultado nunca obtenido por el PP en Catalunya en unas elecciones autonómicas. En el fondo, sin embargo, será la figura de Mas el que lo explique. Como en su día lo fue la de Maragall.

Mas se vistió de president en la noche electoral. Más que nunca. El contundente resultado le respalda. Tiene una mayoría social que le apoya. Su épica ha triunfado. Va a necesitar darle contenido al traje y dejar de aparentar ser president para ejercer del mismo. Tiene retos difíciles y resultados inciertos. Va a necesitar explicarse bien. Suerte, president.

Foto de Alberto Estévez (EFE)