Las 15 ideas de la II Maratón de Comunicación

Me gusta mucho el formato de la maratón de comunicación. Mejor, me gusta la maratón de comunicación. Del formato, me quedo con su velocidad, su ritmo… y el reto que supone contar algo interesante en muy poco tiempo. Esta vez eran tres minutos y el reto era imponente. Pero sobretodo, me gusta el ambiente, la variedad y la pluralidad de los ponentes. Y que tanto en la primera como en la segunda, preparen sus presentaciones en tan poco tiempo y de forma tan efectiva. Gracias y enhorabuena.

Sólo así pueden verse tantos temas en tan poco tiempo. Temas tan interesantes que a veces los equipos de campaña, los medios y los ciudadanos los damos por descontados. Y tienen un enorme poder de comunicación. Desde dar con un objeto significativo en un concurrido y aburrido debate a seis a cambiar totalmente el modo de pegar carteles al inicio de una campaña electoral.

Ese fue el contenido de esta segunda maratón de comunicación que organizamos con Antoni Gutiérrez-Rubí. Deberemos ir pensando en una tercera… Mientras, os dejo con algunas de las presentaciones que vimos ayer. Otra vez, gracias. A los participantes y a todos los asistentes. Y como no, gracias a Cris y al Col·legi de Periodistes de Catalunya por cedernos tan emblemático espacio.

Roger Fort – El autobús electoral

Marta Albes – La pegada de carteles

Jaume Freixes – El vestuario de los candidatos

Xavier Peytibí – El Flickr del candidato

Antoni Gutiérrez-Rubí – La pareja del candidato

Ana Polo – Los flashmobs políticos

Ricard Espelt – Jingles de campaña

Trina Milán – Escenarios de mitin

Juan Víctor Izquierdo – Merchandising político

La pujarem en breu.

Francesca Parodi – El mitin de bolsillo

Pau Canaleta – El debate a seis

Imma Marín – Juegos políticos

Albert Medrán – La jornada de reflexión

Joan Carreres – La última entrevista de campaña

La pujarem en breu.

Marc Elena Soler – El Barça-Madrid y el 28N

Han hablado de la Maratónde Comunicación:

Manifiesto: Los límites del 2.0 en los procesos políticos

En los últimos años hemos observado como el fenómeno de la política 2.0 iba adquiriendo peso en los debates que se producen en las redes y fuera de ellas. Para algunos, el activismo político y social 2.0 abría una oportunidad y auguraba una transformación de la política tal y como la conocíamos. Parecía que se rompían los paradigmas de verticalidad y control central de las organizaciones políticas, de la construcción del mensaje político y el dominio de la agenda.

No cabe duda de que ha habido logros. Nadie puede negar que crece la desintermediación de la relación entre políticos y ciudadanía; aumenta la posibilidad de debates cruzados entre activistas de distintos colores con un creciente peso de la argumentación sobre el eslogan; y, en general, se ha abierto un espacio para un mayor protagonismo del ciudadano, del individuo a la hora de producir debates y construir liderazgos de opinión que escapan al control centralizado y vertical de las organizaciones clásicas.

Puede parecer que estos logros nos abren una nueva forma de acción política y social, pero ¿es tan brillante el escenario del activismo político y social 2.0? ¿Internet han hecho obsoletas las organizaciones e instituciones políticas a la hora de realizar cambios en la sociedad?

Porque la realidad es contundente y tozuda: al igual que los logros enumerados, resulta igualmente difícil contradecir el hecho de que el activismo en la red por sí solo es estéril y no es capaz de conseguir cambios ni transformaciones sin una acción “fuera de la red” en muchas ocasiones dependiente de alguna de estas organizaciones o instituciones clásicas. Se puede comprobar fácilmente cómo parte del debate y la estrategia política en la red está aportando confrontación, con las organizaciones políticas intentando imponer su estructura vertical y su mensaje centralizado en las redes sociales, haciendo que parte de la conversación política en la red sea un mero cruce de eslogans. Entonces resulta que ese gran debate colectivo de ideas no se produce con la horizontalidad que se había anunciado: la red no es una gran ágora, sino un conjunto de habitaciones ideológicas con estrechos pasillos poco poblados donde interaccionar.

La serie de artículos que acompañan a este manifiesto acude a los extremos en los que los logros se han estrellado contra las paredes y se han visto colapsados en esos estrechos pasillos. Su objetivo es profundizar en los límites del activismo político y social 2.0, de las transformaciones anunciadas y de las expectativas generadas.

Los autores de estos artículos somos actores de esta acción política y social 2.0: creemos en ella, trabajamos en ella y estamos comprometidos en su divulgación, asumiendo sus éxitos y luchando por lograr otros. Pero, para conseguirlo, pensamos que lo primero es ser conscientes de que el alba de la nueva era tiene sus zonas oscuras. Conocer esos límites, saber que internet no nos proporciona una varita mágica capaz de resolver todos los problemas, es lo que realmente hará crecer nuestra capacidad de utilizar la red para hacer de la política un mejor instrumento de cambio.

Descarga el documento.

¿Esto es lo 2.0? Esta fue la pregunta/reflexión que lanzó Edgar Rovira -no en estas palabras exactas, pero por ahí iba el tema- en Twitter hace unas semanas. De esa reflexión nace este manifiesto y el documento que presentamos. Una obra de conjunto, coordinada por Rovira, en la que mostramos varias reflexiones sobre los límites del 2.0 en los procesos políticos. Participamos en él Jorge Galindo, Carlos Guadián, Guillem López-Bonafont, Xavier Peytibí, José Rodríguez, Edgar Rovira, Roger Senserrich y un servidor.