Las pulseras del poder

En 2004 la fundación de lucha contra el cáncer del ciclista Lance Armstrong lanzó la pulsera amarilla Livestrong, un pequeño brazalete de silicona que tuvo un enorme impacto en todo el mundo. Celebridades de varios campos no dudaron en lucir la pulsera que apoyaba la causa del ciclista, un apoyo que también llegó de los candidatos a las elecciones presidenciales estadounidenses de 2004, como John Edwards o John Kerry. Lucir un determinado brazalete también es una forma de enviar un mensaje a los votantes. Las pulseras del poder dicen mucho –a veces de forma involuntaria- de quien las lleva.

La polémica sobre la Power Balance de la ministra de Sanidad, Leire Pajín, motiva este artículo sobre estos complementos que a veces pasan completamente desapercibidos, pero que en otras ocasiones puede llevar mensajes implícitos. El caso de Pajín mostró cómo las redes pueden llegar a ejercer presión y convertir una anécdota en tema de portada. Tanto, que incluso el Twitter del PSOE hizo referencia a la ausencia de la pulsera holográfica en su toma de posesión. La historia de la Power Balance de la ministra es muy sencilla. Pese a saber que se trataba de un producto que ha sido denunciado por fraude y que el propio Ministerio ha alertado de su inutilidad, la ministra la llevaba por ser un regalo personal de alguien allegado. Algo que muchos usuarios hacen: saben que no sirve para nada pero no deja de ser un regalo. Pero sin duda, que la ministra de Sanidad la llevara ejerciendo el cargo tendría un mensaje incoherente con lo recomendado por su propio departamento, por lo que la Power Balance dejó de tener su poder… político.

Pese a la polémica, Pajín no ha sido la única política española en usar este tipo de pulseras. El vicepresidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, y el lehendakari López también las han lucido en público. Aunque en su caso, dejaron de hacerlo en cuanto se conoció que los beneficios para la salud no eran tales.

John McCain y el presidente Obama apoyaron sus mensajes sobre la situación en Irak y sus propuestas respecto a la guerra en dos pulseras. El senador de Arizona llevaba la pulsera que la madre del soldado Matthew Stanley le dio en Wolfeboro, New Hampshire, durante un mitin. La madre del soldado le pidió que llevara el Hero bracelet con el nombre del fallecido soldado, que cayó en las afueras de Bagdad. McCain contaba que al hacerlo, le pidió que hiciera lo posible para asegurar que la muerte de su hijo no fue en vano.

La historia de Obama, en cambio, tenía en la necesidad de evitar otra muerte más la justificación de la entrega de la pulsera. En el caso del presidente, la madre del sargento Ryan David Jopek le pidió que llevará la pulsera con su nombre y que evitara que otra madre pasara por lo que había sufrido ella. Aunque hubo cierta polémica sobre el uso del nombre del soldado en campaña, Obama habló de ello durante uno de los debates presidenciales. En todo caso, los dos candidatos usaban una imagen muy visual y muy emocional –el compromiso con una víctima- para construir su mensaje sobre Irak. Un complemento en la muñeca para explicar un modelo de acción política y militar en la zona más caliente del planeta.

Las pulseras también tienen el poder de ser un elemento de campaña. Hace unos meses veíamos en este post las formas alternativas de la oposición al gobierno de Zapatero con productos de merchandising político distintos a los habituales. Desde la reproducción de un feto para protestar contra la nueva ley del aborto como las pulseras que proclamaban que el portador no había votado a Zapatero. Aunque este no era el único ejemplo de pulseras usadas por la oposición. Sin ir más lejos, en 2007 las Nuevas Generaciones del PP repartieron pulseras para protestar por la dictadura cubana, con un mensaje claro “Cuba Libre, ya”.

Las pulseras del poder son pulseras con mensaje, una forma muy real de llevar el mensaje en el propio vestuario y compartirlo con votantes, simpatizantes y compañeros de aventura política.