A los políticos les pasará lo mismo

Cuentan que Robert Fulton, el inventor del barco de vapor, se paseó por las cortes de media Europa intentando captar la atención de emperadores y monarcas. Creía que su invento cambiaría el modo de navegar y que los dirigentes de la potencias de la época verían en esos nuevos barcos, el mejor modo de conquistar mares y mercados.

El estadounidense terminó en la Francia de Napoleón. El imperio bullía tanto como sus ganas por ver al emperador apoyando su empresa. Consiguió que alguien le hablara a Napoleón de su invento… pero no cayó en gracia. “Europa está llena de charlatanes” que sólo ofrecían, según el emperador, inventos que sólo estaban en la imaginación de esos vendedores de humo. Nunca mejor dicho.

Napoleón pasó de Fulton cuando éste le presentó su proyecto e intentó que el gobierno francés le comprara la idea de desarrollar un submarino. Le rechazaron dos veces. Napoleón le dio la espalda, no estaba para ese tipo de visionarios… su día a día era mucho más importante.

El día que Napoleón se dirigía a la isla de Santa Helena, dónde fue desterrado, observó desde la embarcación que le llevaba uno de esos barcos de vapor que, sin duda, no tenían futuro alguno. El emperador depuesto, cautivo y deshonrado, veía surcando el mar aquello que estaba en la mente de lunáticos.

Ese barco es hoy Internet. A muchos políticos les pasará lo mismo.

Albert Medrán

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