Bicicleta, cuchara, manzana

Pasqual Maragall es un valiente. Es una de esas personas valientes, que no tienen miedo y piensan en grande. Con retos que pueden parecer inalcanzables, como lo fueron en su día pensar en una Barcelona que fuera modelo del mundo tras los Juegos Olímpicos o poder ver en Catalunya un nuevo Estatut. Por ello, cuando anunció que sufría de Alzheimer –esta semana hará tres años de ello-, planteó un nuevo reto: hacer lo posible para acabar con la enfermedad.

Pero Pasqual Maragall es un valiente, no sólo por fijar ese horizonte sino por dar pasos para conseguirlo. Tras estos tres años, su fundación está en marcha y trabaja cada día para conseguir su objetivo. Pero también tras tres años, podemos ser testigos, desde la butaca de un cine, de los avances en esa lucha. Y, muy a nuestro pesar, de los avances de la enfermedad que el president sufre.

“Quiero ayudar a derrotar esta enfermedad. Personal y colectivamente. En ningún sitio está escrito que sea invencible.”

El documental “Bicicleta, manzana, cuchara”, de Carles Bosch es un relato duro. Entrar en el universo de Maragall hiela el alma del espectador. Pero a la vez sabe dar con un hilo de esperanza al futuro, a lo que se puede conseguir. Aunque sea difícil, utópico.

Bosch no cae en el sensacionalismo. Ni en lo escabroso. Quizás por ello, lo arriesgado de un documental sobre alguien como Maragall es no caer en lo burdo ni en el recurso de la lágrima fácil. Lo conseguido es lo contrario.

Albert Medrán

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El blog de comunicación de Albert Medrán

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