La maldición de Zapatero

La maldición de Zapatero parece que no tiene fin. Primero fue una ceguera para no ver lo que todos veían. Luego, la incomprensión cuando tomó las medidas que precisaba el país. La oposición que pedía pan, cuando dio pan, se puso a pedir circo. Y cada vez se quedó más solo. La maldición de Zapatero parece que no remite. Y tendrá un punto álgido el próximo 16 de junio.

El presidente quiere tener su reforma laboral sí o sí ese día. No es casualidad que sea el día en que España jugará su primer partido en el Mundial de fútbol, sin duda. El presidente quiere un acuerdo, pero si no lo tiene, optará por utilizar un decreto. Y aquí paz y después gloria.

No he podido evitar echar una mirada a Grecia. Sí, a Grecia. No me refiero a la Grecia de la bancarrota, el rescate financiero al país. No me refiero al estado miembro de la Unión Europea que ha encendido las alarmas. No. No a esa G de los PIGS. A la Grecia clásica. A la cuna de la democracia, la filosofía y la sabiduría. A esa me refiero. Y ahí, aparece Esquilo.

Esquilo y sus coetáneos, creían que los hombres poderosos eran profundamente envidiados por los dioses. Envidiaban su éxito. Por ello, éstos, ávidos de venganza, enviaban a esos hombres poderosos una maldición. La mala suerte en forma de hibris que se dirigía a esos hombres de éxito en el punto álgido de su poder.

Quizás hoy ya hemos dejado de creer en dioses. En maldiciones. Pero no nos deja de asombrar el misticismo que rodea el síndrome de la Moncloa. ¿Es esa hibris moderna la que se da en los jefes del ejecutivo español? ¿Es esa desmesura la que nos ha llevado a la situación actual?

Más allá de creencias en lo mitológico, Zapatero tiene una hibris sobre la mesa difícil de resolver. Esa reforma laboral puede terminar en huelga general si no se llega a un acuerdo con sindicatos y patronal. Un paro que no tendría un resultado claro; son demasiados interrogantes los que rodean esa convocatoria: ¿y si los trabajadores no la secundan? ¿Y si la secundan pero no sé consigue mover una coma de la reforma? ¿Y si, sea como sea, los sindicatos pierden?

Lo curioso del caso es que, si a Zapatero le convocan, finalmente, una huelga general, lo de Esquilo volverá a tener sentido. Quizás el inquilino de Moncloa no vive sólo de su síndrome: sería el tercer presidente de la democracia en sufrir una huelga general a los seis años de iniciar su mandato. González la vivió en 1988, Aznar en 2002 y… ¿Zapatero en 2010?

Albert Medrán

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