Palabras que funcionan: Dragon Khan

Los que me conocen saben que alto, lo que se dice alto, no soy. De hecho, cuando en 1995 se inauguró el parque temático Port Aventura, no pude subir a su atracción estrella, el Dragon Khan. Quizás por ello, cuando conseguí superar la barrera del metro y cuarenta centímetros, disfruté de sus ocho vueltas de campana como nadie. Poco podía imaginar que, la primera vez que sobreviví a la montaña rusa, el nombre de esa atracción tendría algo que ver con la comunicación política.

A veces, poner la vista atrás, te vas dando cuenta que en realidad lo tuyo es vocacional. Que conservas en la memoria una imagen muy preciada de la comunicación política en Catalunya. Y conversando con un amigo, esa imagen explota en algún resorte de la memoria: la inauguración de la atracción por parte de Jordi Pujol. El president no dudó en subir y sufrir los loopings el 1 de mayo de 1995. Lo hizo junto a su esposa y el ministro de comercio y TV3 conserva en sus archivos el momento.

Esas imágenes son una gran lección, tanto de las cualidades que debe proyectar un buen líder como de las dificultades de gestionar una situación así. Creo que puedo imaginar las discusiones en el gabinete del president sobre la idoneidad de subirle a la montaña rusa. Y la cuestión no era para menos: ¿y si el president de mareaba? ¿Y si alguien vomitaba y deslucía la inauguración? ¿Y si una mala experiencia arruinaba la atracción? El momento fue un éxito y Pujol mostró algo tan propio en su carácter: cercanía y valentía. De hecho, no todos los políticos se han atrevido con ella

Tras 15 años, esa montaña rusa es un referente: 30 millones de visitantes, de los cuales muchos catalanes, han sentido la adrenalina desde sus vagones. Es un referente del ocio. Una experiencia vivida por muchos y comprensible para muchos. Por ello, cuando el primer gobierno tripartito mostró su inestabilidad, la comparación con la atracción fue un éxito de comunicación.

Un éxito porque era capaz de describir la realidad política con una experiencia palpable. No era necesario entrar en valoraciones, matices o detalles sobre si lo que se decía  del gobierno o la política era cierto: la comparación ya llevaba una potente connotación. Era un Dragon Khan. Una palabra, o mejor, una combinación de palabras, que funciona.

Foto de tico24.

Albert Medrán

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