El PP no quiere que veas estas fotos

La exposición “Fragments d’un any – 2009”, organizada por la Unió de Periodistes Valencians en el Museu Valencià de la Il·lustració i la Modernitat (MuVIM) ha sido retirada. Según indican desde la Unió, se han sentido censurados por la Diputació de València, gobernada por el Partido Popular. La exposición muestra varias instantáneas políticas del 2009, entre ellas, algunas relacionadas con la trama Gürtel

Pero estas son las fotografías retiradas. Aunque muchas ya las habrás visto, el PP no quiere que las veas:

El PSOE desprecia a Rajoy

El ministro de Fomento, José Blanco, no quería hablar de Rajoy. Lo dijo el pasado sábado en Zaragoza: “Vengo con la intención de no hablar de Mariano Rajoy, que dice que hablo demasiado de él, y no lo voy a hacer para no darle ni una excusa para que no participe en el acuerdo”. Pero lo hizo, vaya si lo hizo.

Blanco volvió sobre una tesis bastante extendida entre las filas socialistas: ojalá Rajoy sea el candidato del PP en las próximas elecciones generales. Es más, desean que ni Gürtel, ni Losantos ni Aznar puedan con el líder del PP. Creen que Rajoy es un rival que se puede derrotar, pese a estar sumidos en la mayor crisis económica. De hecho, afirman, no ha ganado nada. Que las debilidades de Rajoy son tan profundas que se puede borrar de un plumazo el debe en números rojos de la gestión socialista.

Pero este argumento no es nuevo. En Ferraz se mostraban contentos el pasado 7 de junio pese haber sido derrotados en las elecciones europeas. Uno de los efectos de la primera victoria popular en años era mantener a Rajoy en el puesto. Y eso era motivo de celebración. Pero las encuestas que mes tras mes llegan a los despachos de Génova y Ferraz no son motivo para la celebración en esta última.

Por ello, sigue sorprendiendo la tesis socialista. Aunque lo que más sorprende es que Blanco lo cuente ante los medios sin ningún tipo de rubor. No sé que diría Rosa Díez de este ataque de sinceridad… En todo caso, quizás en Ferraz deban hacer más caso a uno de los principios que el publicista Joaquín Lorente recoge en su libro “Piensa, es gratis”.

Para Lorente, “a la competencia siempre hay que odiarla, pero jamás despreciarla”. En el PSOE llevan mucho tiempo despreciando al ex vicepresidente y, aunque muchos aspectos puedan inducirles a hacerlo, el desprecio que muestran es una vulnerabilidad para los socialistas.

Quizás para el electorado más movilizado y convencido, el poco valor atribuido a Rajoy, incluso con sorna o sarcasmo, les reafirme en lo que creen. Pero para el votante que lo tiene menos claro, esa postura de los socialistas puede incluso ser mala para su imagen. A nadie le gusta percibir la falsa modestia, la soberbia. Los que miran por encima del hombro no gustan. Y en esto, muchas opiniones socialistas van en esa dirección.

Sólo el tiempo y las urnas pondrán a todos en su lugar, pero hay una realidad sobre la mesa: aunque Rajoy no guste, hoy ganaría unas elecciones. Aunque en Ferraz se alegren de que siga al mando, si todo sigue a este ritmo, podría ser el próximo presidente. Como diría Laporta, ¡al loro!

El Montilla más católico

En mayo de 2005, el presidente de la Generalitat Pasqual Maragall visitó de forma oficial Israel junto al, por aquel entonces, líder de ERC Josep-Lluís Carod-Rovira. Ese fue un viaje polémico por varias cuestiones, entre ellas, la famosa fotografía protagonizada por Maragall, Carod y Castells con una corona de espinas que se vendía como recuerdo en la ciudad. Muchos católicos y la jerarquía eclesiástica española y catalana mostraron su indignación por aquella instantánea.

Un año más tarde, el candidato del PSC a la presidencia de la Generalitat se desplazaba al monasterio de Poblet en su primer acto como candidato. José Montilla dibujó en ese momento una dirección muy distinta a la de su predecesor –aunque más allá de la polémica Maragall tampoco se distinguió por un enfrentamiento extremo a la religiosidad-. Pero esa no era ni la primera ni la última señal que enviaría el hoy president de la Generalitat hacía la Iglesia y sus fieles: tras dejar el ministerio no dudó en visitar Montserrat, uno de los símbolos más potentes del catolicismo y la catalanidad.

Guiño o estrategia, Montilla ha tenido un perfil más cercano a Pujol  que a Maragall, especialmente en lo que a relaciones con los estamentos religiosos se refiere, ya que a diferencia del president Pujol, Montilla se declara no practicante. Pero el president es consciente de la importancia del voto católico y de cómo la actitud mantenida sostiene su propia imagen de seriedad y centralidad. Si Maragall protagonizaba momentos como el de la corona de espinas, Montilla acude a beatificaciones, a la misa de Sant Jordi en el Palau, funerales o evita que su gobierno apruebe cambiar el nombre de las vacaciones escolares para borrar cualquier mención religiosa.

De hecho, según el último barómetro del CEO, el 62% del electorado del PSC en 2006 se declara católico –aunque sólo el 10% se declara practicante-. Mantener la postura que Montilla defiende es coherente con su base, pero especialmente importante si pretende atacar la bolsa de votos del partido más votado en aquellas elecciones, CiU. La base católica de los nacionalistas es mayor, el 87% de los votantes se declaran católicos y los practicantes suben hasta el 29%.

Si el PSC quiere jugar el partido sabe que debe enviar mensajes muy segmentados a una gran variedad de públicos. Otra cosa será que lo consiga. Pero en todo caso, la línea mantenida por Montilla contrasta con lo que se percibe de la acción de gobierno de sus colegas socialistas en Moncloa. Mientras que el gobierno de Zapatero ha buscado el enfrentamientos con los prelados, Montilla defiende que es un error. Pese a ello, está de acuerdo con el gobierno y el PSOE en las cuestiones que más han tensado la cuerda con la Iglesia: el aborto y la muerte digna.

Montilla no duda en recomendar la lectura de la Biblia “se tiene que leer por un tema de cultura general, al margen de si se es creyente o no”. Todo un mensaje a ese electorado con la piel más fina. Por algo, el primer secretario de los socialistas catalanes y president de la Generalitat sostiene que las tensiones con la Iglesia han dañado al PSOE. Seguramente cree que es un error, porque sabe que hay votos que se alejan por esas cuestiones. Y justo ahora, lo que se precisa, es multiplicar los panes y los peces. Vamos, los votos.

Laporta, gol en propia puerta

Si, tal como afirmaba McLuhan, el medio es el mensaje, el de Laporta no deja de ser un mensaje tan indefinido como su nuevo medio. De hecho, un mensaje tan indefinido como su propia postura. Porque tras meses de marear (y seguir mareando) la perdiz, el medio ha vuelto a ser el mensaje, aunque seguramente no el deseado.

La web personal de Joan Laporta inició su andadura con una caída del servidor. Sin duda, fruto del interés despertado por una inteligente campaña de expectativas que lleva meses gestionando con su extraña ambigüedad: claro para decir ciertas cosas, pero no lo suficiente para ir con toda la verdad de frente. El servidor sufrió de ese hambre que parecen tener miles de personas fuera y dentro de Catalunya por conocer los planes exactos de Laporta. O sea, escuchar de una vez por todas que sí, se presenta a las elecciones y de mano de quién.

El servidor de la nueva web de Laporta –un error técnico lo puede sufrir cualquiera, pero no puedes hacer que todos tus discípulos tiren al monte y luego no obres el milagro de los panes y los peces- se ha convertido en la imagen más clara de su propio mensaje: falla. No está a la altura cuando se le necesita. El mensaje enviado hoy por Laporta no deja de ser la misma retórica de siempre con el mismo fin de siempre. El presidente del Barça pide aunar esfuerzos para la independencia de Catalunya, pero sin explicar ni el cómo ni con quién. Un mensaje que produce el mismo efecto que esa caída del servidor: tras la espera, el jarro de agua fría. El coitus interruptus.

En muchos círculos de la política catalana el fantasma de la irrupción de Laporta en el Parlament este otoño se atisba en un sentido y en otro. Para muchos, la carrera de Laporta en política se parecerá a la del PI, el partido que en los 90 acabó políticamente con Rahola y Colom (aunque este último, tras pasar por ERC y el PI ha encontrado cobijo en CiU). Para otros, será un huracán político que los situará como tercera fuerza en el Parlament. Pero si Laporta acaba haciendo todo igual, quizás su participación electoral nos acabe dejando templados.

Por lo pronto, Laporta nos deja una declaración de intenciones. Quiere la independencia y quiere actuar, aunque no especifica cómo. Quiere hablar con la gente, pero en su web nos pide el correo (que será un puntal, seguramente, de su no campaña). Quiere empezar una nueva vía, pero lo hace con casi tanto oscurantismo como los políticos tradicionales. Dice querer el bien del país, pero muchos se huelen oportunismo y egoísmo. Esto no ha hecho más que empezar, pero el medio es el mensaje y el mensaje enviado hoy es más un acto de fe que una propuesta seria.

¿Un Obama español?

La semana pasada participé en el programa Aula Abierta de Radio Andalucía a propósito del famoso gesto de Aznar a los estudiantes de la Universidad de Oviedo. Tras comentar lo inapropiado de la peineta, reflexiones sobre la comunicación política siguieron la conversación. ¿Tenemos algún Obama en España?

No existe. Hay oradores buenos, gente que puede llegar a conectar bien con el electorado. Candidatos que se defienden. Pero candidatos y líderes que apenas consiguen no mermar los votos en sus bases y que esperan que la propia situación desangre el electorado del otro. No, no existe un Obama español. No ya por las dotes oratorias, la importancia que pueda llegar a otorgar a la comunicación o por el papel que el ex senador de Illinois dio a la política de las emociones. No existe porque la base está en el cambio de concepción de la relación del candidato con el votante.

El Obama de campaña es precisamente eso, el cambio en la concepción con el votante. La campaña del senador no lo tenía fácil. Se enfrentaba a la candidata oficial del partido que había tejido a lo largo de los años una extensa red de contactos a lo largo y ancho del país. Él era un senador en primera legislatura, conocido sobretodo por un discurso. El reto para Plouffe, Axelrod y compañía era enorme: ¿como concebir una campaña presidencial para Obama y no morir en el intento?

Y ahí es donde entra en juego el factor diferencial. Lo que hace que no tengamos Obamas en España. Para superar esas barreras (esas eran las de Obama, pero un candidato aquí tendría las propias) diseñaron una campaña basada en el votante. El votante debía tener autonomía, debía participar. Debía ser el centro. Una campaña basada en el ciudadano y no en el votante.

Así, Obama desplegó ese movimiento de grassroots en los 4 primeros estados de las primarias: quería tener su momentum desafiando a Clinton con armas no convencionales. Y triunfó.

A Obama le llamaron loco. Loco por querer romper con la campaña mercantilista en Carolina del Sur (tu me pagas y yo te consigo votos) y pasar a la acción escuchando y dando la palabra a los votantes. Porque ofreciendo una manera distinta de hacer política podía llevar a las urnas a los sectores que nunca votan y que eran necesarios para vencer a Clinton o Edwards.

Y funcionó. Internet ayudó de forma decisiva, pero también decisiones estratégicas como mimar a los donantes de cantidades pequeñas tanto como a los grandes donantes. Funcionó.

¿Tenemos un Obama en España? No, creo que no. Porque parece que los candidatos, aunque entiendan que la desafección es la barrera, que podrían ganar acercando a la política a los que se alejan de ella, no se atreven a hacer ese cambio. No se trata de abrir una web. Ni de buscar un buen eslogan. Es cambiar la relación de políticos y votantes. Saltar la barrera. Y de eso, no tenemos.