Mi primera vez

Fue un once de septiembre. Aún no habían caído las Torres Gemelas y ese día pasé también por las puertas de la que sería en unos años mi universidad. Mi primera vez fue a una edad temprana, porque en el colegio no me quisieron ayudar. Así que el día en que abrieron las puertas, arrastré a mi familia al Parlament de Catalunya, la casa de todos.

Era mi primera visita a un edificio oficial. De esos que se ven en la televisión. Pujol aún era president y tenía ganas de ver su escaño. Recuerdo la emoción al pisar la moqueta roja y lo pequeño que me sentí a los pies de la tribuna de oradores. También me quedé con el gusto amargo de no poder asomarme a ella… algo que no he conseguido en otras visitas al hemiciclo.

Después, vinieron otras visitas. La segunda fue con la universidad y otras a seguir algunos debates invitado por algunos diputados. No hace ni un año que volví a pisar el palacio de la Ciutadella… y siempre he sentido la misma emoción al cruzar el arco detector de metales. Pero desde hace algunos años, siento esa casa más mía.

Supongo que algo tiene que ver la apertura de puertas que se ha hecho en los últimos años. Y es especialmente relevante hacer esta parada en el camino y reflexionarlo hoy. Sí, especialmente hoy. El Parlament celebra una sesión conmemorativa del restablecimiento de esta institución hace ya 30 años. Tres décadas con seis presidentes, ocho legislaturas, tres presidentes de la Generalitat investidos, tres mociones de censura celebradas y 576 leyes aprobadas para mejorar la vida y el bienestar de los ciudadanos.

Pero de un tiempo a esta parte, en el haber de la cámara están también todas las ocasiones que la tarea en la Red de sus diputados y diputadas ha permitido que nos pongamos en contacto con nuestros representantes y podamos conocer qué hacen en esa sede. Sentirnos partícipes, en su justa medida, del proceso. Opinar, proponer… crear. Sentir que la política está viva. Pero sobretodo, que nuestra casa está viva.

Hoy, nuestro Parlament está más abierto que nunca a la ciudadanía, pese a las barreras propias del sistema. Los ciudadanos nos las hemos querido saltar, y en hemiciclo hemos encontrado aliados, con su presidente a la cabeza.

Quizás porque hoy esa idea de Parlament 2.0 es una realidad, no dejo de emocionarme cada vez que piso su moqueta. Como si fuera la primera vez. Pero quizás ahora siento que esa casa es aún más mía. Per molts anys Parlament!

Albert Medrán

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