Un presidente con salud de hierro

Publicado hoy en La Vanguardia.

Un presidente con salud de hierro.


Obama ha hecho historia. Aunque la reacción en sectores importantes de la sociedad americana es que Obama debería ser ya historia. La suya ha sido siempre una decisión arriesgada y durante todo el proceso ha demostrado que los líderes de verdad están hechos de una pasta especial. No se achantan. No se repliegan ante la primera adversidad. Por ello, aunque muchos deseen que éste sea otro presidente de un solo mandato, lo cierto es que el comandante en jefe no cesa en su empeño de superar barreras, batir marcas y seguir su senda para cumplir con lo prometido.

No lo olvidemos: la reforma sanitaria fue uno de los mensajes clave en campaña. Fue, entre otros temas y propuestas, los que llevaron a millones de personas a las urnas por primera vez. Sólo un movimiento, y no una candidatura al uso, podía incorporar a tantos nuevos votantes. Y sólo los movimientos, con un liderazgo fuerte, pueden acometer reformas de calado. Parece como si a muchos, especialmente durante la tramitación de la ley, les hubiese molestado que el presidente quisiera cumplir con la palabra dada. Quizás otros políticos hacen del caso omiso su bandera, pero no es así en esta Casa Blanca.

“No rehuimos nuestras responsabilidades, las abrazamos. No nos acobardamos ante el futuro, le hemos dado forma”, dijo Obama en su comparecencia tras la aprobación de la ley en la Cámara de Representantes. Responsabilidades para con su país, con la gente. Con los 32 millones de americanos que tendrán a partir de ahora cobertura sanitaria. Aunque para algunos, la opción de Obama es suicida para con su partido: este noviembre las cámaras se renovarán parcialmente y los efectos de esta reforma podrían dañar a la presidencia. Quizás la opción fácil hubiese sido desistir y hacer caso a los cálculos electorales, pero este domingo se respiró en el Capitolio y en el Ala Oeste lo que hace distinto a esta ley: es una decisión histórica.

Por ello, el tono del presidente no escondió triunfalismo, alegría y ambición. Un acontecimiento histórico merece ser tratado como tal. No se escapó ni un detalle: Obama siguió la votación desde la sala que lleva el nombre de quién inició la cobertura social en Estados Unidos, Franklin Delano Roosevelt. Y así lo hizo constar el secretario de prensa de Obama mediante un tweet: “POTUS watched vote in room aptly named for president who started this – cheers and clapping at 216 – high five for Rahm, hugs all around”.

No olvidemos que no es sólo una decisión histórica, de calado y con fuertes implicaciones para la ciudadanía e importantes sectores económicos del país. La decisión muestra una vez más el triunfo de un estilo muy alejado de Washington. Algo así como cambiar el sistema desde el sistema. Esta reforma sería inconcebible con otros presidentes. Tal y como desgranó el líder de la mayoría, la promesa de una reforma sanitaria ha venido del brazo de casi todos los presidentes de los últimos años, pero sólo aquel que basó su posicionamiento como outsider al modo de hacer política en la capital, ha conseguido realmente su cometido. El cambio, ya decía el presidente, no viene de Washington: va a Washington.

Esa parte conceptual, que rebosa retórica, tendrá que ser explicada a muchos congresistas. Porque quizás Obama vea como su mayoría en las cámaras se pierde en noviembre, pero con esta ley en su haber tendrá la fuerza necesaria para poder batallar por esos distritos. Para volver a contar eso de la necesidad de hacer sentir las voces de la gente en una democracia. Seguramente, esa cobertura del presidente sea una de las contrapartidas arrancadas a la Casa Blanca por parte de muchos congresistas demócratas. Esta ley hace más bien que mal al presidente y, según la filiación de cada uno, más mal que bien al país: deberán hacer un gran esfuerzo en el Ala Oeste para rentabilizar esa victoria y convencer a los que aún creen que ayer Estados Unidos dio un paso hacia el comunismo.

Albert Medrán

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