Obama, padre y presidente

Publicado hoy en La Vanguardia.

Obama, padre y presidente


“Si pudiese ser algo, sería un buen padre”. Este es uno de los titulares de una de las primeras entrevistas en clave familiar que dio Obama al llegar a la Casa Blanca. La paternidad es algo que está en el fondo de su discurso, casi al mismo nivel que en el propio imaginario del país que preside. Una nación que tiene en la familia uno de sus sustentos: un país creado por Padres Fundadores que son venerados, recordados e idealizados. De hecho, no es extraño que uno de los expertos en comunicación política más en boga, George Lakoff, use una metáfora de padres e hijos para explicar la diferencia entre demócratas y republicanos. Los primeros, blandos o comprensivos. Los segundos, estrictos.

¿Es Obama un padre blando? En una entrevista en la ABC afirmaba no serlo con sus hijas. Y desde la perspectiva de Lakoff, tampoco parece serlo. No en política exterior y tampoco en ciertos aspectos internos. Aunque para aspectos internos, debemos echar un vistazo al dominio familiar en la Casa Blanca: la vida de la familia presidencial parece haber tomado el mando en la agenda presidencial.

El presidente afirmaba el año pasado que “ser padre no es una obligación, es un privilegio”, pero parece que muchos trabajadores del entorno presidencial, colegas de partido, ciudadanos y detractores empiezan a cuestionarse si el privilegio de ser padre también se ha convertido en un privilegio laboral para el comandante en jefe. Obama desayuna cada día con sus hijas y esposa, muchas reuniones de trabajo se retrasan e incluso se posponen durante su celebración para que el presidente pueda cenar con sus hijas y éstas puedan acostarse entre las 20 y las 21 horas. De hecho, Obama alardea de no haberse perdido ni una reunión con los profesores de Sasha y Malia en lo que va de presidencia, así como de haber asistido a eventos deportivos y culturales de sus hijas. Incluso ha leído los siete volúmenes de Harry Potter a Malia.

Una de las colaboradoras de Obama así lo expresa: “El horario de irse a dormir forma parte de la normalidad y no debe interrumpirse porque el padre está en un evento.” Precisamente, esa es la cuestión que más ampollas ha levantado: ¿debe el presidente de Estados Unidos abandonar una reunión para irse a cenar con sus hijas? ¿Puede programarse una reunión sobre el despliegue de tropas en Afganistán más allá de la hora en que Sasha y Malia se van a la cama para que el presidente puede acostarlas? ¿Debe retrasarse hasta la medianoche una reunión con los líderes en el Congreso sobre la reforma sanitaria porque Malia da un recital de flauta? ¿Pueden retrasarse viajes de Estado para hacerlos coincidir con las vacaciones escolares de las pequeñas? ¿Esa flexibilidad entra en las obligaciones del cargo?

El dominio de la agenda familiar en la agenda presidencial, que se para literalmente para atender a la familia, se observa como un triunfo de la conciliación laboral y familiar y un escrupuloso respeto de los valores familiares por parte de algunos. De hecho, Obama cree que sus hijas “parece que se están divirtiendo” y no parecen impresionadas por lo que están viviendo. Todo un éxito para unas menores que están en el ojo del huracán. Pero otros ciudadanos se preguntan si Obama abusa de su posición. Se cuestionan por las posibilidades del presidente para conciliar su vida familiar y de la imposibilidad de hacerlo en el Ala Oeste o en las condiciones habituales de millones de ciudadanos. No todos pueden subir unas escaleras en el trabajo para volver al despacho tras la cena, ventajas de vivir y trabajar en el mismo sitio.

En el fondo, entre los detractores subyace la idea que Obama no fue elegido para ser buen padre, sino para ser buen presidente. Pero, ¿pueden separarse ambas esferas? En una sociedad como la americana, donde cada detalle de la vida familiar importa, ¿debe el presidente ser el mejor padre?

En todo caso, Obama sienta un precedente y un ejemplo para muchos de los padres que forman el 59% de hombres americanos que tienen problemas para conciliar ambas vidas. Pero también la confirmación que la paternidad es importante para el desarrollo de los hijos. En el país de Obama el 23% de los niños crece sin conocer a su padre. Obama forma parte de ese grupo, como evidenció en su historia personal con un padre ausente que, pese a ello, dejó gran huella en él y sus sueños. También sienta un precedente para los que creen que anteponiendo la familia al Estado, debilita al propio país.

El presidente cree que “son los pequeños momentos y gestos los que pueden hacer una gran diferencia” en el crecimiento de los hijos. Cree que con ello, la sociedad puede ser mejor, aunque algunos vean en eso un signo de debilidad. Pero, quién sabe, quizás poder darlos sea una de las mejores cosas que pueda hacer un presidente para mantener la cordura y actuar del mejor modo para su país.

Albert Medrán

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El blog de comunicación de Albert Medrán

5 thoughts on “Obama, padre y presidente”

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  2. Yo creo que está bien que Obama quiere ejercer de padre, pero durante cuatro años es Presidente de EEUU y el cargo debe estar por encima, en caso de conflicto de intereses, ya que debe ser responsable. Si fuera un trabajo para toda la vida, es comprensible que se busque la conciliación en todo momento, pero sacrificar en cuatro años algunas noches, vacaciones o recitales de flauta por ser el presidente de tu país no es tanto, y si no que no se hubiera presentado hasta que las niñas fueran mayores, leyeran Harry Potter por ellas mismas y dejen de tocar la flauta.

  3. mi comentario es q el no es un pdre bueno si lo seria veria por los ilegales q tienen q distanciarse de su familia por un aeconomia mejor q no deja q ellos tambien no sean pisotiadopor los policias y por su seguro de vida

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