¿Por qué Obama necesita 22 bolis para firmar una ley?

¿Te imaginas cómo debe ser firmar el contrato de alquiler de tu piso con 22 bolígrafos? No ya el engorro de ir con 22 bolis en el bolsillo –si es que hay bolsillo que lo resista-, sino la dificultad de hacer de tu firma una composición de trazos de tantos bolis. Eso no es algo que el presidente de Estados Unidos tenga que imaginar: lo hace cada vez que firma una Ley. No siempre con el mismo número de bolis o plumas, pero siempre con muchos.

El pasado martes, Obama firmó la Reforma Sanitaria que la Cámara de Representantes había votado el domingo. Fue un acto preparado a consciencia. Todo estaba calculado al milímetro. Desde las personas que acompañarían en la foto al presidente al número de bolígrafos con los que debía firmar. Un detalle que en alguna ocasión hemos tratado en este blog, pero que por la trascendencia de la Ley refrendada, ha despertado mucha curiosidad a esta orilla del Atlántico.

¿Por qué usó tantos bolis? No está muy clara de dónde viene la tradición, pero parece que ya Franklin D. Roosevelt solía utilizar varias estilográficas para firmar las leyes y así poder regalar esas plumas a personas que hubiesen hecho algo relevante por la consecución de esas políticas. Así, el presidente entregaba un detalle de gran valor histórico, político y sentimental a personas clave.

A veces, el número de bolis coincide con las letras del nombre del presidente. Otras no. Por ejemplo, Obama tuvo que hacer dos trazos por letra para poder completar su firma con todos los bolígrafos. En esta ocasión, 20 personas –los otros dos bolis fueron a los archivos- fueron las elegidas para conservar los bolígrafos con los que se firmó la ley más importante de la Administración Obama, entre ellas, la speaker Nancy Pelosi, el vicepresidente Biden, Dick Durbin o la hermana Carol Keehan, presidenta de la Catholic Healt Association que evitó que los obispos americanos boicotearan la ley por el issue del aborto. Entre esas 20 personalidades, que pueden consultarse en Politico, una fue para el propio presidente.

Aunque Obama parece haber conseguido todo un récord y una victoria política al aprobar la reforma de la sanidad en Estados Unidos, no batió el récord de bolígrafos usados en la firma de una ley. Aunque tal y como muestra la Casa Blanca en un reciente vídeo se desconozca el número máximo de bolígrafos usados, Bill Clinton llegó a usar 41 en una firma durante su presidencia.

El acto de rúbrica de una ley es todo un acontecimiento político y mediático en Estados Unidos. Trascendencia en los medios y en conseguir ese preciado tesoro; muy alejada de la firma de las leyes, como acto debido, del rey Juan Carlos.

El discurso del general Patton

El general George S. Patton hijo dirigió este discurso a los hombres del Tercer Regimiento de Estados Unidos el día antes de la invasión de Normandía, el célebre día D, durante la Segunda Guerra Mundial. Un ejemplo claro de lo que una arenga puede y debe hacer entre una entregada masa.

Patton, a diferencia de muchos oradores contemporáneos, no usaba notas o apuntes. Ni mucho menos telepromters. Siempre se dirigía a sus hombres con un lenguaje coloquial, directo. “No se puede dirigir un ejército sin palabras malsonantes; tiene que utilizarse un lenguaje elocuentemente informal”, solía afirmar.

“Me ocuparé personalmente de acabar con ese cabrón hijoputa de Hitler”

You are here today for three reasons. First, because you are here to defend your homes and your loved ones. Second, you are here for your own self respect, because you would not want to be anywhere else. Third, you are here because you are real men and all real men like to fight. When you, here, everyone of you, were kids, you all admired the champion marble player, the fastest runner, the toughest boxer, the big league ball players, and the All-American football players. Americans love a winner. Americans will not tolerate a loser. Americans despise cowards. Americans play to win all of the time. I wouldn’t give a hoot in hell for a man who lost and laughed. That’s why Americans have never lost nor will ever lose a war; for the very idea of losing is hateful to an American.

“La idea misma de perder es odiosa para un norteamericano”

You are not all going to die, only two percent of you right here today would die in a major battle. Death must not be feared. Death, in time, comes to all men. Yes, every man is scared in his first battle. If he says he’s not, he’s a liar. Some men are cowards but they fight the same as the brave men or they get the hell slammed out of them watching men fight who are just as scared as they are. The real hero is the man who fights even though he is scared. Some men get over their fright in a minute under fire. For some, it takes an hour. For some, it takes days. But a real man will never let his fear of death overpower his honor, his sense of duty to his country, and his innate manhood. Battle is the most magnificent competition in which a human being can indulge. It brings out all that is best and it removes all that is base. Americans pride themselves on being He Men and they ARE He Men. Remember that the enemy is just as frightened as you are, and probably more so. They are not supermen.

“El auténtico héroe es el hombre que lucha aunque tenga miedo.”

[…]All of the real heroes are not storybook combat fighters, either. Every single man in this Army plays a vital role. Don’t ever let up. Don’t ever think that your job is unimportant. Every man has a job to do and he must do it. Every man is a vital link in the great chain. What if every truck driver suddenly decided that he didn’t like the whine of those shells overhead, turned yellow, and jumped headlong into a ditch? The cowardly bastard could say, “Hell, they won’t miss me, just one man in thousands”. But, what if every man thought that way? Where in the hell would we be now? What would our country, our loved ones, our homes, even the world, be like? No, Goddamnit, Americans don’t think like that. Every man does his job. Every man serves the whole. Every department, every unit, is important in the vast scheme of this war.

[…]Sure, we want to go home. We want this war over with. The quickest way to get it over with is to go get the bastards who started it. The quicker they are whipped, the quicker we can go home. The shortest way home is through Berlin and Tokyo. And when we get to Berlin, I am personally going to shoot that paper hanging son-of-a-bitch Hitler. Just like I’d shoot a snake!

[…]There is one great thing that you men will all be able to say after this war is over and you are home once again. You may be thankful that twenty years from now when you are sitting by the fireplace with your grandson on your knee and he asks you what you did in the great World War II, you WON’T have to cough, shift him to the other knee and say, “Well, your Granddaddy shoveled shit in Louisiana.” No, Sir, you can look him straight in the eye and say, “Son, your Granddaddy rode with the Great Third Army and a Son-of-a-Goddamned-Bitch named Georgie Patton!

Mi primera vez

Fue un once de septiembre. Aún no habían caído las Torres Gemelas y ese día pasé también por las puertas de la que sería en unos años mi universidad. Mi primera vez fue a una edad temprana, porque en el colegio no me quisieron ayudar. Así que el día en que abrieron las puertas, arrastré a mi familia al Parlament de Catalunya, la casa de todos.

Era mi primera visita a un edificio oficial. De esos que se ven en la televisión. Pujol aún era president y tenía ganas de ver su escaño. Recuerdo la emoción al pisar la moqueta roja y lo pequeño que me sentí a los pies de la tribuna de oradores. También me quedé con el gusto amargo de no poder asomarme a ella… algo que no he conseguido en otras visitas al hemiciclo.

Después, vinieron otras visitas. La segunda fue con la universidad y otras a seguir algunos debates invitado por algunos diputados. No hace ni un año que volví a pisar el palacio de la Ciutadella… y siempre he sentido la misma emoción al cruzar el arco detector de metales. Pero desde hace algunos años, siento esa casa más mía.

Supongo que algo tiene que ver la apertura de puertas que se ha hecho en los últimos años. Y es especialmente relevante hacer esta parada en el camino y reflexionarlo hoy. Sí, especialmente hoy. El Parlament celebra una sesión conmemorativa del restablecimiento de esta institución hace ya 30 años. Tres décadas con seis presidentes, ocho legislaturas, tres presidentes de la Generalitat investidos, tres mociones de censura celebradas y 576 leyes aprobadas para mejorar la vida y el bienestar de los ciudadanos.

Pero de un tiempo a esta parte, en el haber de la cámara están también todas las ocasiones que la tarea en la Red de sus diputados y diputadas ha permitido que nos pongamos en contacto con nuestros representantes y podamos conocer qué hacen en esa sede. Sentirnos partícipes, en su justa medida, del proceso. Opinar, proponer… crear. Sentir que la política está viva. Pero sobretodo, que nuestra casa está viva.

Hoy, nuestro Parlament está más abierto que nunca a la ciudadanía, pese a las barreras propias del sistema. Los ciudadanos nos las hemos querido saltar, y en hemiciclo hemos encontrado aliados, con su presidente a la cabeza.

Quizás porque hoy esa idea de Parlament 2.0 es una realidad, no dejo de emocionarme cada vez que piso su moqueta. Como si fuera la primera vez. Pero quizás ahora siento que esa casa es aún más mía. Per molts anys Parlament!

Wii, la consola de los políticos

Aunque la japonesa Nintendo ha hecho incursiones en el mundo del deporte, el yoga, la medicina e incluso la música, no parece estar en sus planes desarrollar un nuevo videojuego que permita a los usuarios sentirse presidente por un día. Quién sabe, sentirse al mando de la “Situation Room” de la Casa Blanca o poder dirigirse a la Asamblea General de Naciones Unidas. No sé si llegarían a vender mucho con ello, aunque yo sería el primero en comprarlo.

No, la parte política de la popular consola de Nintendo no viene por el contenido de sus juegos sino por sus usuarios. Este pequeño aparato que ha conquistado a medio mundo está presente en la mansión presidencial más importante del mundo. Obama, además de un huerto, ha traído la Wii a la residencia presidencial.

Desde hace meses luce en el salón de la residencia del presidente, en la segunda planta. Fue el regalo de las navidades de hace dos años a las hijas del presidente y, aunque Obama afirme que no es un jugador habitual e incluso llegó a decir que este tipo de aparatos son una distracción para los niños y niñas americanos, finalmente sucumbió. De hecho, la relación de Obama con los videojuegos esta plagada de encuentros y desencuentros: pese a creer que los padres deben controlar y limitar su uso, su campaña se gastó 50.000 dólares en publicidad dentro de videojuegos, como el Burnout Paradise de la Xbox 360.

Aunque algunas investigaciones muestran que la Wii puede ser beneficiosa en la lucha de la obesidad infantil y que es una fuente más para el ejercicio, estos no serían el beneficio principal para el presidente si decidiera ponerse a los mandos del videojuego. Obama ya es un deportista habitual, pero no un usuario habitual de estos juego. Aunque para el presidente de uno de los gigantes del sector, EA Sports, el presidente debería tener en cuenta la consola como herramienta para luchar contra la obesidad infantil en Estados Unidos, una de las prioridades del presidente.

Pero si Obama decidiera atarse el mando a su muñeca, quizás descubriría una fuente para liberar las tensiones de su trabajo. Con un poco de esfuerzo podríamos imaginar a su avatar –su Mii- luchando al boxeo con los líderes republicanos del Congreso que no han apoyado su reforma sanitaria.

La residencia del presidente americano no es el único palacio del mundo en la que los de Nintendo han conseguido entrar. La reina de Inglaterra, Isabel II, también posee la consola, aunque parece difícil imaginar qué juegos son su favoritos. Aunque algunos tabloides británicos afirman que la soberana es una auténtica profesional con el juego de bolos. Siempre existieron formas de ocio y asueto en la corte, la Wii parece ser una nueva forma de entretenerse en Buckingham.

La Wii está en los centros de poder. ¿En qué otros palacios estará? ¿Echarán una partidita al tenis los jefes de estado y de gobierno tras las cumbres europeas? ¿Los rusos preferirán la Play Station? ¿Será Berlusconi un experto al Sing Star? ¿Quién ganaría en una partida al Guitar Hero?

Un presidente con salud de hierro

Publicado hoy en La Vanguardia.

Un presidente con salud de hierro.


Obama ha hecho historia. Aunque la reacción en sectores importantes de la sociedad americana es que Obama debería ser ya historia. La suya ha sido siempre una decisión arriesgada y durante todo el proceso ha demostrado que los líderes de verdad están hechos de una pasta especial. No se achantan. No se repliegan ante la primera adversidad. Por ello, aunque muchos deseen que éste sea otro presidente de un solo mandato, lo cierto es que el comandante en jefe no cesa en su empeño de superar barreras, batir marcas y seguir su senda para cumplir con lo prometido.

No lo olvidemos: la reforma sanitaria fue uno de los mensajes clave en campaña. Fue, entre otros temas y propuestas, los que llevaron a millones de personas a las urnas por primera vez. Sólo un movimiento, y no una candidatura al uso, podía incorporar a tantos nuevos votantes. Y sólo los movimientos, con un liderazgo fuerte, pueden acometer reformas de calado. Parece como si a muchos, especialmente durante la tramitación de la ley, les hubiese molestado que el presidente quisiera cumplir con la palabra dada. Quizás otros políticos hacen del caso omiso su bandera, pero no es así en esta Casa Blanca.

“No rehuimos nuestras responsabilidades, las abrazamos. No nos acobardamos ante el futuro, le hemos dado forma”, dijo Obama en su comparecencia tras la aprobación de la ley en la Cámara de Representantes. Responsabilidades para con su país, con la gente. Con los 32 millones de americanos que tendrán a partir de ahora cobertura sanitaria. Aunque para algunos, la opción de Obama es suicida para con su partido: este noviembre las cámaras se renovarán parcialmente y los efectos de esta reforma podrían dañar a la presidencia. Quizás la opción fácil hubiese sido desistir y hacer caso a los cálculos electorales, pero este domingo se respiró en el Capitolio y en el Ala Oeste lo que hace distinto a esta ley: es una decisión histórica.

Por ello, el tono del presidente no escondió triunfalismo, alegría y ambición. Un acontecimiento histórico merece ser tratado como tal. No se escapó ni un detalle: Obama siguió la votación desde la sala que lleva el nombre de quién inició la cobertura social en Estados Unidos, Franklin Delano Roosevelt. Y así lo hizo constar el secretario de prensa de Obama mediante un tweet: “POTUS watched vote in room aptly named for president who started this – cheers and clapping at 216 – high five for Rahm, hugs all around”.

No olvidemos que no es sólo una decisión histórica, de calado y con fuertes implicaciones para la ciudadanía e importantes sectores económicos del país. La decisión muestra una vez más el triunfo de un estilo muy alejado de Washington. Algo así como cambiar el sistema desde el sistema. Esta reforma sería inconcebible con otros presidentes. Tal y como desgranó el líder de la mayoría, la promesa de una reforma sanitaria ha venido del brazo de casi todos los presidentes de los últimos años, pero sólo aquel que basó su posicionamiento como outsider al modo de hacer política en la capital, ha conseguido realmente su cometido. El cambio, ya decía el presidente, no viene de Washington: va a Washington.

Esa parte conceptual, que rebosa retórica, tendrá que ser explicada a muchos congresistas. Porque quizás Obama vea como su mayoría en las cámaras se pierde en noviembre, pero con esta ley en su haber tendrá la fuerza necesaria para poder batallar por esos distritos. Para volver a contar eso de la necesidad de hacer sentir las voces de la gente en una democracia. Seguramente, esa cobertura del presidente sea una de las contrapartidas arrancadas a la Casa Blanca por parte de muchos congresistas demócratas. Esta ley hace más bien que mal al presidente y, según la filiación de cada uno, más mal que bien al país: deberán hacer un gran esfuerzo en el Ala Oeste para rentabilizar esa victoria y convencer a los que aún creen que ayer Estados Unidos dio un paso hacia el comunismo.

No me llames “mal follada” (errores de comunicación)

Aviso a navegantes políticos que se atreven a entrar en la Red. Porque ya sabemos que esto de abrirse un perfil en Facebook o un blog, tiene su punto, pero hay que entender a qué nos exponemos. Con ánimo de recopilar algunos de esos errores empezamos con uno: no borres lo que has dicho. Porque ahí se queda.

Las palabras se las lleva el viento, aunque en Internet eso es más complicado. El contenido permanece y, si un político suele ser esclavo de sus palabras, en la Red esa dependencia a lo dicho es más patente que nunca. Ello debería llevar a cualquier político a tener más responsabilidad sobre lo que dice y hace, porque se someten más que nunca al escrutinio público. Por ello, borrar comentarios emitidos es un error. No ya porque no se evita el objetivo -hacer desaparecer algo dicho-, sino por la idea de fraude que eso lleva implícito. Si nos hemos equivocado con algo, debemos pedir disculpas. Argumentar el por qué de lo dicho o lo hecho.

Que se lo pregunten al consejero de Salud de la Comunidad de Madrid, Güemes, con la polémica encendida en su blog con su Progresí y la recuperación de lo que se publicó a través del caché; o el último ejemplo de un cargo del PSC en el Ajuntament de Barcelona, Miguel Ángel Martín, que borró los insultos que dirigió a la directora de TV3 Mònica Terribas tras la entrevista al president Montilla, comentarios en los que afirmaba que la periodista estaba “mal follada”. Pidió disculpas y explicó por qué borró los comentarios, pero varias webs se han hecho ya con los pantallazos… y ahí se quedarán.

No, las palabras en Internet no se las lleva el viento.

Libros para ganar elecciones en la Red

En unos meses, Catalunya celebrará sus elecciones. Antes, veremos comicios para la presidencia del Barça y, aunque parezca que están a años luz, en poco más de un año volveremos a elegir alcaldes y la mayoría de presidentes de comunidad autónoma. Y con la que está cayendo en la Red –y no, no me refiero a lo de la LES y la institucionalización de la censura en la Red por parte del Gobierno-, es lógico pensar que Internet jugará un papel central. O debería. El calado del papel, dependerá de cómo se aplique.

En Catalunya ya se están dando pasos muy decisivos, especialmente en CiU que como ya reseñamos en otros artículos, cuenta con su propia red social. Para el resto de partidos, tanto catalanes como los candidatos de cualquier pueblo o ciudad de la geografía española, quizás sea buena idea echar un vistazo a algunos de estos libros.

El president del Parlament de Catalunya, Ernest Benach, que ha sido el claro ejemplo de liderazgo para introducir nuevas rutinas en sede parlamentaria, ha escrito “#Política 2.0” contando la experiencia y dando interesantes claves sobre lo qué debe ser la política 2.0 y por qué Internet puede salvar la distancia cada vez mayor entre políticos y ciudadanos. Es un excelente manuscrito que va camino de convertirse en libro de cabecera para los que quieran cambiar. De momento está en catalán y puede comprarse en formato electrónico, además del papel.

Del otro lado del charco nos llega un interesante relato en primera persona de la campaña electoral más exitosa hasta el momento en Internet. Sí, hablamos de Obama. Y sí, hablamos de la traducción al castellano del “Yes, we did” de la canadiense Rahaf Harfoush. Rahaf, que estuvo el año pasado en España para deleitarnos con su experiencia, la presenta por escrito en un libro en que encontraremos varias claves que debemos atender. Eso sí, con la distancia necesaria: nuestro sistema no tiene nada que ver con el americano. El libro lo edita Gestión 2000, del Grupo Planeta.

Obama, padre y presidente

Publicado hoy en La Vanguardia.

Obama, padre y presidente


“Si pudiese ser algo, sería un buen padre”. Este es uno de los titulares de una de las primeras entrevistas en clave familiar que dio Obama al llegar a la Casa Blanca. La paternidad es algo que está en el fondo de su discurso, casi al mismo nivel que en el propio imaginario del país que preside. Una nación que tiene en la familia uno de sus sustentos: un país creado por Padres Fundadores que son venerados, recordados e idealizados. De hecho, no es extraño que uno de los expertos en comunicación política más en boga, George Lakoff, use una metáfora de padres e hijos para explicar la diferencia entre demócratas y republicanos. Los primeros, blandos o comprensivos. Los segundos, estrictos.

¿Es Obama un padre blando? En una entrevista en la ABC afirmaba no serlo con sus hijas. Y desde la perspectiva de Lakoff, tampoco parece serlo. No en política exterior y tampoco en ciertos aspectos internos. Aunque para aspectos internos, debemos echar un vistazo al dominio familiar en la Casa Blanca: la vida de la familia presidencial parece haber tomado el mando en la agenda presidencial.

El presidente afirmaba el año pasado que “ser padre no es una obligación, es un privilegio”, pero parece que muchos trabajadores del entorno presidencial, colegas de partido, ciudadanos y detractores empiezan a cuestionarse si el privilegio de ser padre también se ha convertido en un privilegio laboral para el comandante en jefe. Obama desayuna cada día con sus hijas y esposa, muchas reuniones de trabajo se retrasan e incluso se posponen durante su celebración para que el presidente pueda cenar con sus hijas y éstas puedan acostarse entre las 20 y las 21 horas. De hecho, Obama alardea de no haberse perdido ni una reunión con los profesores de Sasha y Malia en lo que va de presidencia, así como de haber asistido a eventos deportivos y culturales de sus hijas. Incluso ha leído los siete volúmenes de Harry Potter a Malia.

Una de las colaboradoras de Obama así lo expresa: “El horario de irse a dormir forma parte de la normalidad y no debe interrumpirse porque el padre está en un evento.” Precisamente, esa es la cuestión que más ampollas ha levantado: ¿debe el presidente de Estados Unidos abandonar una reunión para irse a cenar con sus hijas? ¿Puede programarse una reunión sobre el despliegue de tropas en Afganistán más allá de la hora en que Sasha y Malia se van a la cama para que el presidente puede acostarlas? ¿Debe retrasarse hasta la medianoche una reunión con los líderes en el Congreso sobre la reforma sanitaria porque Malia da un recital de flauta? ¿Pueden retrasarse viajes de Estado para hacerlos coincidir con las vacaciones escolares de las pequeñas? ¿Esa flexibilidad entra en las obligaciones del cargo?

El dominio de la agenda familiar en la agenda presidencial, que se para literalmente para atender a la familia, se observa como un triunfo de la conciliación laboral y familiar y un escrupuloso respeto de los valores familiares por parte de algunos. De hecho, Obama cree que sus hijas “parece que se están divirtiendo” y no parecen impresionadas por lo que están viviendo. Todo un éxito para unas menores que están en el ojo del huracán. Pero otros ciudadanos se preguntan si Obama abusa de su posición. Se cuestionan por las posibilidades del presidente para conciliar su vida familiar y de la imposibilidad de hacerlo en el Ala Oeste o en las condiciones habituales de millones de ciudadanos. No todos pueden subir unas escaleras en el trabajo para volver al despacho tras la cena, ventajas de vivir y trabajar en el mismo sitio.

En el fondo, entre los detractores subyace la idea que Obama no fue elegido para ser buen padre, sino para ser buen presidente. Pero, ¿pueden separarse ambas esferas? En una sociedad como la americana, donde cada detalle de la vida familiar importa, ¿debe el presidente ser el mejor padre?

En todo caso, Obama sienta un precedente y un ejemplo para muchos de los padres que forman el 59% de hombres americanos que tienen problemas para conciliar ambas vidas. Pero también la confirmación que la paternidad es importante para el desarrollo de los hijos. En el país de Obama el 23% de los niños crece sin conocer a su padre. Obama forma parte de ese grupo, como evidenció en su historia personal con un padre ausente que, pese a ello, dejó gran huella en él y sus sueños. También sienta un precedente para los que creen que anteponiendo la familia al Estado, debilita al propio país.

El presidente cree que “son los pequeños momentos y gestos los que pueden hacer una gran diferencia” en el crecimiento de los hijos. Cree que con ello, la sociedad puede ser mejor, aunque algunos vean en eso un signo de debilidad. Pero, quién sabe, quizás poder darlos sea una de las mejores cosas que pueda hacer un presidente para mantener la cordura y actuar del mejor modo para su país.