La peineta de Aznar

Aznar no ha sorprendido a nadie. El gesto que dedicó a los estudiantes en Oviedo es algo que cabía esperar del ex presidente. Es la consecuencia lógica de la escalation que lleva experimentando durante los últimos seis años. Su imagen pública se nutre de ello: un personaje sin complejos que no se corta ni un pelo.

Lo de Aznar no es sólo la peineta. Son los ataques al país desde su posición. No lo olvidemos, un ex presidente sigue teniendo un papel clave en política. Sigue desplegando su influencia y sigue teniendo relevancia. Por ello, la agenda propia que ha intentado marcar es el propio origen del gesto.

El dedo de Aznar viene a reafirmar posiciones. Los que siempre le han defendido –incluso cuando el delirio de una guerra ilegal, el resultado de la famosa foto de las Azores- ven en esa reacción la natural de quién está cansado de los gritos de siempre. La defensa y empatía de los que creen que nadie puede ser objeto del insulto de otros. Pero en vez de defender su posición superior por no recurrir al insulto, aceptan que el ex presidente se ponga a la misma altura que los que tanto denuestan.

Para los contrarios al ex presidente, ésta es la expresión máxima de su desbocada presencia pública. La última consecuencia de un síndrome de La Moncloa demasiado agudo. Pero sobretodo, la falta de respecto de quien debe servir a su país incluso tras abandonar el cargo. Es parte esencial de su historia reciente y por ello, tiene una responsabilidad con el país.

Seguramente, la posición de partida marque mucho el análisis que unos y otros hagan de la peineta, por lo que, en el fondo, el gesto del ex presidente tampoco tendrá más consecuencias de las que ya ha tenido. Con la que está cayendo, no serán muchos los españoles los que se cuestionarán su apoyo al PP por el gesto de su antiguo líder. Los que ya iban a votar por ellos lo seguirán haciendo. Y los que no, no harán lo propio.

Cualquier persona tiene derecho a que nadie lesione su honor. También Aznar, evidentemente. Los insultos no pueden ser gratuitos, y en política lo son demasiado a menudo. Pero también en los campos de fútbol o a manos de un volante. Por ello, lo inconcebible es responder con la misma moneda. Ese fue el auténtico patinazo de Aznar que a los que están en el medio de la trifulca política, ha fallado.

Viene en el cargo. Por suerte o por desgracia, pero viene en el cargo. Por ello, ponerse a la altura de los que profieren los insultos no es la mejor salida. No ya por qué no se consigue nada con ello –bueno sí, una explosión personal de placer, de dopamina, por desahogarse-, sino por el daño que puede generar en los menos afectos a la figura del que dedica peinetas. Aunque sea el Jefe del Estado.

Albert Medrán

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El blog de comunicación de Albert Medrán

3 thoughts on “La peineta de Aznar”

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  2. Personalmente encuentro un exceso el gesto viniendo de quien viene: un ex-presidente no puede comportarse como un macarra, y esto no fue la “traición de un micrófono abierto”.
    Pero lo que más me sorprende es la falta de crítica de los propios “aznaristas”. Por cuestionar el gesto (y, por supuesto, censurar a los insultantes) se me ha atacado en mi blog como si hubiera sido uno de los que vociferaba en Oviedo, dándome la pauta que no solo la larga sombra de Aznar sigue liándola en el PP sino que, tristemente, en pleno siglo XXI hay aún españoles totalmente acríticos hacia la figura del líder, síntoma de una adolescencia política.
    Muy bueno tu post, como siempre.

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