El Casio de Bin Laden

Solemos afirmar que el tiempo en política es el complemento inevitable de la estrategia. Que la unión de estos dos nos traza el camino. Que son el fundamento de una campaña electoral, de la gestión de la comunicación en el gobierno y la hoja de ruta de quien está en la oposición. Como diría Jarabe de Palo, curioso elemento el tiempo.

Pero no sólo de tiempo teórico, del de la planificación, vive el político. Si a veces por la boca muere el pez, el político también puede morir por el peso de las horas, los días y los meses. Un error de planificación –o su ausencia- puede tocar gravemente una propuesta. Para una muestra, el escepticismo que ha levantado la propuesta de los Juegos Olímpicos de Invierno Barcelona-Pirineus 2022, envuelta en un halo de precipitación. O la sensación que el gobierno Zapatero ha tardado 6 años en darse cuenta que gobernar también es atajar las cuestiones más espinosas, desde la subida de impuestos al anuncio del inicio de las discusiones para retrasar la edad de jubilación hasta los 67 años. Más tiempo. Tic, tac.

A veces, el tiempo político es algo más mundano. George H.W. Bush lo sabe muy bien. No sólo porque un joven Bill Clinton le desalojó del poder antes de lo que él tenía previsto, sino porque un gesto suyo durante la campaña delató un comportamiento que no gustó nada a los ciudadanos. Fue durante un debate electoral, un cara a cara con Clinton y Perot donde respondían a las preguntas de ciudadanos. Mientras una ciudadana preguntaba sobre la recesión, las cámaras le enfocaron consultando sin contemplaciones las agujas de su reloj. Ese gesto delator, que todos hacemos cuando tenemos prisa por hacer otra cosa, generó en muchos ciudadanos la sensación que no eran importantes para el presidente. Tenía mejores cosas que hacer que responder sus preguntas.

Si en ese momento su reloj hizo correr ríos de tinta, hoy es el turno de un popular modelo que puede esconder una auténtica revelación para muchos. Muchos se han cuestionado por qué Osama Bin Laden suele aparecer con un reloj Casio en su muñeca. El terrorista, miembro de una rica familia, usa un modelo barato, un clásico de los relojes digitales, que no denota ningún tipo de lujo… pero tampoco de una excesiva precisión. El modelo de Casio –una curiosa empresa japonesa que es el resultado de una historia de visión- ha sido el primer reloj de varias generaciones y muy popular por su bajo coste y resistencia.

Bin Laden usaría este reloj para no dar pistas de su paradero. Según algunas fuentes, el terrorista saudí usa el popular modelo porque es posible encontrarlo en casi cualquier lugar del mundo, ya sea original o falsificado. Llevar un Rolex, un Omega o un Tag Heuer, podría dar pistas, indicios… migas de pan para dar con su paradero.

Obama desearía que el hombre más buscado del planeta hubiese preferido hacer ostentación de algo más que su antiamericanismo. El líder del mundo libre ve pasar los segundos y los minutos desde un reloj que ha sido récord de ventas en su país. Parece que todo en Obama tiene un por qué y también la capacidad de generar auténticas tendencias. El presidente, lejos de usar alguna de las grandes marcas de lujo, usa desde hace años un curioso reloj de 300 dólares. Fabricado por otra empresa japonesa competidora del de Bin Laden, Citizen, Obama luce un Jorg Gray 6500 negro. Este reloj fue un regalo de sus guardaespaldas cuando celebró su 46º cumpleaños.

Desde entonces, Obama ha guardado su Tag Heuer y sólo luce este modelo de tres esferas que lleva el emblema del Servicio Secreto. Y eso ha despertado la curiosidad y el interés del gran público. Y desde entonces, en Jorg Gray no han dejado de venderlos. Aunque en este caso, es más fácil seguir el rastro… Obama se sirve de un reloj popular poco conocido. Osama, de uno popular muy conocido. La cara y la cruz, pero ambos, del país del Sol Naciente.

Esta historia de relojes nos recuerda lo importante que es invertir –que no gastar- algo de tiempo en pensar las repercusiones que tiene llevar una cosa u otra en la muñeca. No es lo mismo lucir un Omega como el que Kennedy vende después de muerto –los suizos apostaros por su imagen en la campaña del Speedmaster con motivo del 40º aniversario de la llegada del hombre a la Luna- que un reloj más asequible. No es lo mismo aparecer en un debate electoral con una gran pieza de relojería, que taparlo con la camisa o no llevar. Y si no que se lo digan a Mariano Rajoy, que en el primer debate con Zapatero lució un aparatoso reloj. Pero ello no quitó que el gallego diera con una de las mejores frases del debate: “Usted no le ha dado cuerda al reloj y el reloj se ha parado”.

Todos intentan ganar tiempo. Unos, como Bin Laden, para seguir perdidos en montañas y desiertos lejanos. Otros, como Obama, para dar caza a esos escondidos. Y otros, como Zapatero, para que la crisis amaine y la factura de 25.000 euros de un Franck Muller que supuestamente recibió Ricardo Costa sea una tabla de salvación para que los fantasmas de Gürtel le den el aire que las encuestas muestran que no tiene. Grande, Pau Donés: curioso elemento el tiempo.

Albert Medrán

administrator

El blog de comunicación de Albert Medrán

3 thoughts on “El Casio de Bin Laden”

  1. Pingback: Bitacoras.com

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *