La historia de un esquiador de Kenia

En Kenia hay un esquiador que tiene obama, o sea, esperanza. Quizás pueda parecer extraño unir en la misma frase dos conceptos antagónicos como nieve y Kenia, pero en ese país, un soñador quería ser feliz sobre la nieve. Ese soñador se llama Philip Boit y se hizo un hueco en la historia al participar en los Juegos Olímpicos de Nagano en 1998.

Boit puso esfuerzo y empeño y no tiró la toalla cuando Nike le ofreció un puesto en su programa de deportes de invierno en 1996 y aprendió a esquiar en Finlandia junto a otro compatriota. La persecución de su sueño le llevó a la clasificación para los Juegos que se celebraron en la ciudad japonesa y terminó la prueba. Último.

Pese a ello, sus contrincantes le felicitaron. El campeón olímpico también lo hizo y el keniano puso el nombre de éste, su héroe, al hijo que tuvo. Y siguió entrenando y practicando, incluso cuando Nike le abandonó a su suerte.

En unas semanas, Boilt volverá a participar en unos Juegos Olímpicos. De hecho, no ha dejado de hacerlo desde Nagano. Se entrena en Kenia, corriendo mucho durante las horas más frías de un país con una media de 28 grados, y espera mejorar su marca.

El liderazgo político debería ser algo parecido a la historia de este inusual esquiador. El esfuerzo debería primar sobre escalar cargos en un partido. El obstáculo de Boit es la falta de nieve, pero para la política quizás el gran obstáculo es el propio poder de los partidos. Y quizás en el fondo de ello está la respuesta a la creciente preocupación de los ciudadanos hacia la política y de la grave desafección. Quizás los políticos han dejado de perseguir sueños de cambio por perseguir cargos que ocupar.

Albert Medrán

administrator

El blog de comunicación de Albert Medrán

6 thoughts on “La historia de un esquiador de Kenia”

  1. Pingback: Bitacoras.com
  2. Y qué tal ha quedado después de Nagano? Ha mejorado posiciones? Porque tener ilusión y esfuerzo está muy bien, pero si no ha ido subiendo posiciones creo que el esfuerzo y la ilusión mostradas desde hace 14 años no han tenido recompensa alguna.

  3. En Nagano terminó último. En Salt Lake City, tres esquiadores detrás suyo y en Torino, con cinco esquiadores por atrás. Supongo que no sólo el hecho de participar, ya recompensa per se, sino ir mejorando es la muestra palpable de su esfuerzo con todo en contra: sin nieve y con más años a sus espaldas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *