Los políticos no saben pedir perdón

Lo siento. Dos palabras que pueden ser mágicas. Mil canciones han cantado al amor roto con este pretexto. Y muchas veces más lo hemos sentido a lo largo de nuestra vida. Dos palabras que, como decía, son mágicas porque pueden tener un efecto incontestable en la persona que lo escucha. Si esto es cierto, ¿por qué es tan difícil que un político las pronuncie? ¿Por qué en España cuesta tanto escuchar unas disculpas de un político?

La vergüenza o la culpa son dos de las emociones que suelen llevarnos a emitir una disculpa. Y muchos políticos parece que no están muy acostumbrados. Quizás cambiarían de opinión si, sólo por puro egoísmo, conocieran el funcionamiento de nuestro cerebro cuando nos vemos inmiscuidos en una situación de este tipo.

Richard Nixon ni pidió perdón durante su dimisión. Aunque llegara el perdón presidencial de Ford, los indicios existentes apuntaban a la responsabilidad del presidente en actos delictivos. Además, había manchado enormemente a la nación y a la presidencia. Culpa y vergüenza. Seguramente, las opiniones sobre el presidente hubiesen sido muy distintas si su última alocución como comandante en jefe hubiese servido para pedir perdón.

Al parecer, cuando recibimos una disculpa, nuestra percepción sobre la persona cambia completamente. Nos sentimos menos vengativos y el perdón o la reparación son más fáciles. Y más en política. Existen numerosos estudios que corroboran esta reacción en nuestro cerebro, así como el despliegue de elementos más positivos relacionados con la culpa y negativos con la vergüenza. Lo que otros estudios han demostrado es que esta situación se da incluso entre niños pequeños.

Pongamos que a un grupo de niños y niñas se les comenta que recibirán un gran paquete en casa. Un maravilloso sobre lleno de cromos que otro niño les enviará. De ese grupo de niños, algunos recibirán un sobre vacío con una nota: usé todos los cromos antes de enviarlos. Otros, también recibirán un sobre vacío con una nota: usé todos los cromos antes de enviarlos. Lo siento mucho. Otros, recibirán los cromos.

De ese grupo, los niños que recibirán una disculpa se sentirán mejor que los que no. Y el 87% de esos niños creerán que el niño que usó sus cromos era “majo”, frente al 37% de los que no recibieron ni cromos ni disculpa.

Este estudio, que fue presentado en la convención anual del año pasado de la Association for Psychological Science, muestra como desde muy pequeños nuestros circuitos emocionales están preparados para la disculpa y que sus efectos pueden moldear nuestras percepciones.

Si la comunicación es una gestión de éstas, ¿por qué no disculparse? Nixon no lo hizo y ni su alocado intento de reconquistar la costa este, llegando incluso a aceptar las entrevistas con Frost, le sirvió. Muchos de nuestros políticos prefieren enrocarse en el negacionsimo a esbozar una sincera disculpa. Cuando los trajes achuchaban a Camps, el sólo afirmaba que “sueño con ser ex presidente de la Generalitat… cuando toque”. O Rajoy afirma que, aunque se demostrara una financiación ilegal en su partido, él no dimitiría. Ni un atisbo de arrepentimiento por el daño causado a la política en ambos. Como tampoco la hay al otro lado de la bancada.

Dos palabras. Mágicas. Necesarias. Lo siento. Aprender a arrepentirse es una asignatura pendiente que no puede demorarse. Como será necesario aprender a hacerlo con el corazón, no sólo para gestionar las percepciones, salvar el barco y comunicar mejor; sino porque la salud democrática del país lo exije.

En la foto, el ex gobernador de Nueva York David Paterson al dimitir por un escándalo sexual.

Albert Medrán

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El blog de comunicación de Albert Medrán

3 thoughts on “Los políticos no saben pedir perdón”

  1. Yo creo que en una disculpa verdadera se demuestra la calidad humana de quien sea!
    Me ha gustado mucho el artículo! Me ha hecho pensar y he aprendido cosas nuevas

  2. Pingback: Bitacoras.com

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