Millet sigue el ejemplo de Pinochet

Pinochet no sólo no expió sus crímenes antes de morir, sino que creó una macabra tendencia que parece que Fèlix Millet está aprendiendo con rapidez. Cuando el juez Baltasar Garzón ordenó el arresto del ex presidente chileno en 1998, desde el círculo cercano al dictador se empezaron a enviar mensajes que buscaban la empatía de la comunidad internacional hacia un enfermo y senil militar que había acudido a Londres a operarse.

Desde el otoño de ese 1998 hasta marzo de 2000, los mensajes incesantes sobre el deterioro de la salud del dictador se hicieron imparables. Tras más de 500 días de detención, Pinochet volvía a Chile y aparecía en la pista del aeropuerto ilusionado y caminando por su propio pie. Para muchos, esa demostración de fuerza fue un auténtico chasco por la imposibilidad de la justicia de rendir cuentas con el líder de un régimen opresor.

Fèlix Millet está ofreciendo una lección de la vía Pinochet. Son muchos los detalles sobre la vida que lleva el ex dirigente del Palau de la Música que buscan esa empatía que también reclamaba el dictador. La persona que ha confesado uno de los fraudes más grandes en la historia de Catalunya, ha aparecido sistemáticamente ante los medios con la misma americana de cuadros. Los buenos trajes de sastre se han quedado en el armario. También está a resguardo el lujoso Mercedes que protagonizó las imágenes de su salida del Palau tras los registros de los Mossos d’Esquadra. Desde entonces, a Millet se le puede ver paseando cerca de su casa y algunas grabaciones han recogido esos momentos. Pero sin duda, el último elemento de esa curiosa estrategia de comunicación es la barba.

Millet y su mano derecha, Montull, comparecieron esta semana en el juzgado. Lo harán cada primer día laborable de mes para demostrar que no hay riesgo de fuga. Una de las medidas adoptadas por el juez que no ha estimado oportuno encarcelar a ambos criminales confesos. En esta primera comparecencia del año, Millet lucía una barba que busca dulcificar su rostro, aportarle calor y romper con la imagen tradicional del ex director del Palau. Parecer entrañable.

Observamos esta sorprendente manera de querer reescribir con las percepciones una triste historia que ha manchado a una de las instituciones más importantes de Catalunya. Porque es precisamente ahí, en las percepciones que generamos, en las emociones que despertamos, donde se gana la auténtica batalla de la comunicación. Parece que Millet está bien asesorado. Quizás mejor que Montull, que no duda en pasar este retiro de oro a la espera de un juicio que, quien sabe, quizás no llegue en el corto plazo, jugando al tenis.

Pero por lo que Millet contó en esta carta y por lo que han descubierto jueces, fiscales y policía, tras la barba, los trajes de cuadros y el Mercedes en el garaje se esconde un criminal confeso. Como tras las súplicas humanitarias se escondía un cruel dictador que no dudó en levantarse de la silla de ruedas hace casi una década.

Albert Medrán

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