¿Y si hubiesen atentado contra el Capitolio?

Podría haber pasado. Un fallo de coordinación entre los controladores del Reagan y de Dulles. Un malentendido entre el Pentágono y la Situation Room de la Casa Blanca. O sencillamente, lo inesperado. De golpe, cuando algunos congresistas demócratas tomaban asiento tras levantarse para mostrar su apoyo al presidente, el techo podría haberse desplomado. O un gas podría haber fulminado a Obama. Y con él a Biden y a Pelosi. La línea de sucesión a la presidencia se habría terminado en cuestión de segundos.

Aunque sea ficción, este tipo de situaciones no se prestan al azar. Como en casi todos los regimenes políticos, la sucesión de un cargo está perfectamente definida en la Constitución americana. No sólo por la vía que antes ya hemos intuído (Presidente, Vicepresidente y speaker de la Cámara de Representantes), sino por la designación de un superviviente. El llamado designated survivor o designated successor.

Este miércoles, uno de los miembros del gabinete presidencial (nuestro consejo de ministros) se mantuvo a una distancia física, segura y prudencial del Congreso. Un miembro del ejecutivo que cumpla las mismas condiciones que debe cumplir un candidato a la presidencia es designado como la persona que, en caso de desastre fatal y de destrucción de la línea natural de sucesión, aseguraría la continuidad del gobierno.

Shaun Donovan, Secretario de Urbanismo, fue el designated survivor mientras Obama se dirigía al Senado y a la Cámara de Representantes. Durante el discurso del estado de la Unión, Donovan fue protegido con el mismo nivel de seguridad que el presidente y tuvo el famoso ayudante con el maletín con las claves nucleares.

Por suerte, no pasó nada y Donovan no tuvo que dirigir los designios del planeta. Aunque seguramente Donovan tampoco estuvo al cargo de la gestión del correo electrónico. Lo digo porque los discursos como el de este miércoles no se ganan sólo en la arena parlamentaria. Tampoco el debate sobre el estado de la Nación en España o los debates de política general en los parlamentos autonómicos. El debate se gana de verdad cuando se discute quién es el ganador ante la opinión pública.

Para ello, los poderosos gabinetes de comunicación siempre han tenido mucho cuidado en darse como vencedores ante los medios minutos después de finalizar los discursos o debates. Así ha funcionado y así seguirá funcionando. Pero… ¿qué ocurre con los que, por ejemplo, no han visto el debate en televisión ni lo van a hacer?

El correo electrónico parece haber sido la estrategia de esta Casa Blanca. Pero también de los Republicanos. Si David Axelrod, cuando faltaban apenas tres horas para el discurso, envió un correo a la base de datos del Ala Oeste, dando un adelanto de las líneas del discurso, fue el propio Obama –bueno, ya se entiende que no fue él- quien al finalizarlo envió un correo con un claro objeto: We don’t quit –no nos rendimos-.

Con este tipo de acciones demuestran un control de pequeñeces que no son tan pequeñas: ofrecer la visión propia de un tema importante con tus mensajes clave y la percepción que deseas generar. Lo mismo que McCain hizo con un mensaje grabado en vídeo que envió por correo con los problemas a los que se enfrenta América. La batalla de los correos.

Decididamente, Donovan no tuvo nada que ver. Seguro que Obama no le comentó nada sobre ellos. De hecho, quizás no tuvieron la tierna escena que la primera temporada de The West Wing crea con un designated survivor. Os la recomiendo (tranquilos, no se desvela ninguna línea argumental).

iPad revolucionará la política

Uno de cada tres jóvenes accede a Internet desde su teléfono móvil. Aunque sea casi imposible conseguir el dato, cada vez es más frecuente encontrarse a personas con un iPhone en sus manos en cualquier lugar. O de cualquier otro dispositivo móvil con acceso a Internet. Terminales multidispositivo que han están cambiando radicalmente el comportamiento del usuario.

Sí, el titular de este post es un teaser. Pero no deja de ser una realidad: Internet trae (o debería traer, aunque a veces existan dudas) cambios en el modo de comprender, hacer, actuar y vivir la política. Así que si en otros lugares del planeta este tipo de cacharros cambiaron el modo de actuar en política, ¿por qué no debería hacerlo el nuevo juguete de la factoría de Steve Jobs, el iPad?

Mucho se ha escrito ya –pese a la premura- sobre el tablet de Apple, pero mientras veía el excelente vídeo de presentación, no podía dejar de pensar en la de aplicaciones que nuestros políticos no están aprovechando. Un vídeo que, abro paréntesis, estaba lleno de pasión. La que desprendían sus interlocutores. Las pasiones se manifiestan así y se transmiten así. Cierro el paréntesis. Puede sonar a tópico, pero la campaña de Barack Obama no dudó en aplicar su red social al boom del momento, el iPhone. Y tampoco ha dudado su Casa Blanca en disponer de una excelente aplicación con fotos, vídeos, información y discursos en el teléfono de los de Cupertino.

Consumimos la información de forma distinta. Y es el usuario el que nos busca. ¿Por qué no estar presentes? Aplicaciones, pero también podcasts. Por ejemplo la Casa Blanca, tanto bajo la Administración Bush como la actual. Disponen de varios canales, desde el presidencial al que recoge las ruedas de prensa diarias del secretario de prensa. Son especialmente útiles los discursos de Obama, con una calidad de imagen muy buena y sin interrupciones o cortes de la prensa.

Obama ya hizo del podcast uno de sus caballos de batalla en las elecciones: todos sus discursos estaban en iTunes para el que quisiera escuchar lo que él tenía que decir. Y aquí llegamos a la pregunta clave: ¿por qué no podemos encontrar el más reciente discurso de Zapatero, la réplica de Rajoy o las novedades de Mas y Montilla en la campaña catalana?

El punto interesante de los podcasts es la libertad que ofrecen al usuario: sólo debe descargarse aquello que le interesa y sincronizarlo en su reproductor. También con el iPad. A partir de ahí, la escucha o visionado se produce cuando lo considere oportuno, sin interrupciones o mediaciones. Sólo así –o en YouTube, claro está-, puede seguirse con más o menos asiduidad todos los movimientos de Obama y escuchar discursos sus discursos enteros pese a que los informativos ya nos dan pequeñas cápsulas.

Poner en marcha servicios como el de la Casa Blanca, de forma gratuita y actualizados con una elevada regularidad, son básicos para mejorar la percepción de transparencia de nuestros líderes y acentuar su deseo de informar al ciudadano de los temas que trata, sin fisuras. Es evidente que no a todos nos interesa lo mismo, que los medios no siempre tratan lo que como ciudadanos o como administración querríamos… pero cada vez tenemos más medios a nuestro alcance para evitar el lacónico “mi mensaje no llega”.

Según Jobs, “Algunos piensan que los netbook son la fórmula. Son sólo portátiles baratos. Creo que tenemos algo mejor“. Si ese producto mejor se convierte en una nueva manera de consumir la información y el origen de actuación, ¿por qué deberíamos quedarnos de espaldas a lo que ahí se cuece?

No es que el iPad, por sí solo revolucione la política. Pero si lo que se hace a través de los dispositivos móviles pueden revolucionarlos. Ya sea un teléfono o la nueva manera de leer un libro o una revista sin dejar de estar conectado con el mundo. Unos teléfonos móviles concentraron a miles de personas exigiendo la verdad ante las sedes del PP un 13 de marzo de 2004. Ciudadanos de todos los rincones de Estados Unidos donaron dinero, organizaron actos o replicaron correos por Obama desde su iPhone. ¿Por qué no deberían ser una herramienta política más?

Premio Enrique Padrós 2010

Vía varios blogs de miembros de “Las Ideas” he sabido que soy finalista en la tercera edición del Premio Enrique Padrós, que organiza la misma asociación. Sus miembros han estimado que debo llegar a la final con auténticos nombres propios de entre los blogs políticos de este país: Fernando Garea, Ignacio Escolar y al admirado Antoni Gutiérrez-Rubí.

No sé como agradecer a todos y cada uno de los votos recibidos. Me abruma y me llena de responsabilidad por seguir usando este espacio para conversar de la política desde otra perspectiva y, por qué no decirlo, con los ojos de otra generación. Gracias. Sinceras, plenas. Gracias.

El Premio Enrique Padrós, como la mayoría de vosotros sabéis, también tiene la categoría del mejor blog de un político. Este año los finalistas son Inés Sabanés, Paca Pleguezuelos y José Antonio Rodríguez.

Suerte a todos y a todas… y ¡gracias!

¿Y la corbata de Obama?

Publicado hoy en La Vanguardia.

¿Y la corbata de Obama?

Estos días muchos se han preguntado si el cambio propuesto por Obama ha sido real o no. Si ha existido o si su promesa ha caído en saco roto. Todo dependerá de las expectativas con las que uno se plantó la noche de la victoria electoral y con su máxima expresión en la demostración de apoyo que el presidente vio en las calles de una gélida capital del país hace algo más de un año. El presidente recién electo lanzó un mensaje para navegantes en su discurso de victoria:“El camino será largo. No llegaremos en un año, quizás ni en un mandato”. Ese camino se ha materializado en éxitos y en fracasos, en esperanzas y en desilusiones… pero también en pequeños detalles como una corbata.

La corbata sea, quizás, uno de los símbolos más potentes para representar un político. Pidan a un niño que les dibujo a uno, no faltará ese atuendo. Durante la revolución francesa, cobró el significado político que no había tenido hasta el momento: los revolucionarios la llevaban negra, sus enemigos, blanca. Un símbolo de status que hoy se cuela en las campañas electorales, rojos contra azules. Naranjas y verdes. Corbata contra los que no la llevan. Por ello, Obama lanzó un mensaje más profundo de lo que parece cuando el pasado 28 de diciembre compareció para dar los detalles del ataque terrorista frustrado a un vuelo comercial en Detroit que había tenido lugar el día de Navidad: compareció sin corbata en uno de los momento más delicados e importantes de su presidencia.

Tras los ataques del 11 de septiembre, el terrorismo es un tema prioritario en Estados Unidos. Los efectos de los peores atentados nunca vividos en suelo americano se han alargado a nuestros días, no sólo en el incremento de la seguridad y la vigilancia, sino a nivel político. George W. Bush y el Partido Republicano entendió muy bien lo que supusieron los ataques para la mentalidad americana y comprendieron qué redes se activaban en el cerebro de los ciudadanos cada vez que se hablaba sobre ello.

La lucha contra el terrorismo no tardó en llamarse guerra contra el terror. El miedo no cesó de ser un arma política. Incluso se llegó a aumentar el nivel de alarma por terrorismo el día que los americanos debían ratificar a Bush en el cargo en 2004. “Cuando vayan a las urnas, recuerden que estamos en guerra”, afirmó Bush el mismo día de las elecciones legislativas de 2006. Según señala Drew Westen, más de 250 experimentos han demostrado que cuando nos recuerdan que somos inmortales, nuestro cerebro vira a la derecha. Por ello, ni los ataques del 11S fueron algo anecdótico ni la lucha contra el terrorismo merecía un status menor que una guerra contra el terror que exigía todo tipo de sacrificios. Y ante ello, no hay oposición política que pueda mostrar su desacuerdo sin parecer un irresponsable.

Los demócratas estuvieron fuera de juego durante casi todo el mandato de Bush. Dejaron que el miedo ganase, desde las emociones más primarias, el voto de los estadounidenses. La oposición dejó los términos del debate en manos del presidente y no pudo sobreponerse a sus ataques. Eran demasiado débiles para defender al país. Demasiado inconcretos para atajar un mal nacional. Hasta que los estrategas demócratas cambiaron los términos del mismo debate. La guerra contra el terror no era lo mismo que la guerra de Irak. Se podía estar en contra de esa guerra sin mermar el apoyo a mantener el país seguro de ataques terroristas. Por ello, esas elecciones legislativas de 2006 fueron el principio del fin de la hegemonía republicana.

A partir de ese momento, en las filas demócratas empezó a tomar consciencia la importancia de manejar las emociones para ganar elecciones y gobernar. Obama lo ha hecho desde el primer día que entró en campaña y no lo ha olvidado durante su mandato. Quizás por ello, el pasado 28 de diciembre dejó la corbata que un ayudante tenía preparada. Si el miedo mueve al electorado a posiciones más conservadoras, es necesario usar un marco menos determinista que el aupado por Bush. Por ello, lanzó un mensaje al aparecer sin el atributo máximo de la política y la solemnidad.

Obama se dirigió a la nación con unas formas muy distintas que las de su predecesor. Sin corbata, pero también sin mencionar la guerra contra el terrorismo o la guerra contra el terror. Lo hizo para contar lo que sabía y tranquilizar a sus conciudadanos. Todo está seguro, estamos trabajando. Ese fue el mensaje. Siéntanse seguros, porque yo lo estoy. Tanto, que el nivel de solemnidad de mi discurso es menor, quería comunicar el presidente.

Porque las acciones han sido igual de contundentes. Obama se refería en su discurso de aceptación de la nominación demócrata a la tensión entre los derechos individuales y la seguridad, apostando por los primeros. Sus decisiones últimas han ido a por lo segundo. Pese a no querer darle a este tema la centralidad de su antecesor.

Sólo el tiempo, el azar, la suerte y el trabajo y coordinación de las fuerzas de seguridad podrán decir si el miedo tiene su base o no. Si es posible gestionar esta emoción con gestos como los del presidente o si por el contrario, una sociedad asustada lo está igual pese a los discursos y las formas de su presidente. En todo caso, parece que Obama se lo pensó dos veces cuando tuvo la corbata en la mano. Y, quién sabe, quizás recordó las enseñanzas de Westen y de la pujante escuela sobre la neuropolítica. ¿A dónde tiene que llegar el cambio? ¿Sólo en las acciones y resultados políticos o también en la mente de los ciudadanos?

La historia de un esquiador de Kenia

En Kenia hay un esquiador que tiene obama, o sea, esperanza. Quizás pueda parecer extraño unir en la misma frase dos conceptos antagónicos como nieve y Kenia, pero en ese país, un soñador quería ser feliz sobre la nieve. Ese soñador se llama Philip Boit y se hizo un hueco en la historia al participar en los Juegos Olímpicos de Nagano en 1998.

Boit puso esfuerzo y empeño y no tiró la toalla cuando Nike le ofreció un puesto en su programa de deportes de invierno en 1996 y aprendió a esquiar en Finlandia junto a otro compatriota. La persecución de su sueño le llevó a la clasificación para los Juegos que se celebraron en la ciudad japonesa y terminó la prueba. Último.

Pese a ello, sus contrincantes le felicitaron. El campeón olímpico también lo hizo y el keniano puso el nombre de éste, su héroe, al hijo que tuvo. Y siguió entrenando y practicando, incluso cuando Nike le abandonó a su suerte.

En unas semanas, Boilt volverá a participar en unos Juegos Olímpicos. De hecho, no ha dejado de hacerlo desde Nagano. Se entrena en Kenia, corriendo mucho durante las horas más frías de un país con una media de 28 grados, y espera mejorar su marca.

El liderazgo político debería ser algo parecido a la historia de este inusual esquiador. El esfuerzo debería primar sobre escalar cargos en un partido. El obstáculo de Boit es la falta de nieve, pero para la política quizás el gran obstáculo es el propio poder de los partidos. Y quizás en el fondo de ello está la respuesta a la creciente preocupación de los ciudadanos hacia la política y de la grave desafección. Quizás los políticos han dejado de perseguir sueños de cambio por perseguir cargos que ocupar.

Una CiU naífe se presenta en sociedad

Durante la presentación de su libro “Democràcia a sang freda”, David Madí dio unos sugerentes titulares a la prensa. Recuerdo especialmente uno en que afirmaba que el no había “matado a Kennedy”. Aquella mente fría, calculadora y agresiva, que al dar ese titular quería desempolvarse de esa imagen negativa tras el famoso DVD de CiU en las últimas elecciones al Parlament; quería rebelarse.

Y su turno llegó ayer. En el cine. CiU convocó a sus principales figuras –a excepción del candidato de la coalición, Artur Mas-, periodistas y bloggers al acto de presentación de su nueva imagen en Cinesa Diagonal. David Madí y Joana Ortega (la responsable de comunicación de Unió y diputada en el Parlament) presentaron la imagen más soft para estas elecciones.

Cualquiera diría que David Madí, la cabeza pensante del DVD que dibujó el caos en el país hace algo más de tres años, lideraría la presentación del look más blando y amable de CiU. Pero así fue. La coalición ha entendido que lo único que debe hacer para ganar las elecciones es no meterse en líos y para ello se dispone a ser la opción amable. Aunque corren el riesgo de vaciarse de contenido si se quedan en lo naíf. En lo superficial.

En todo caso, manteniendo la tipografía, han optado por la pureza del blanco y el poder de una sonrisa para evolucionar su logotipo a un símbolo. Una CiU que sonríe a todos para acoger a todos. Incluso al diseñador del logotipo de Obama, pues el círculo con la bandera catalana recuerda sospechosamente a las barras de la bandera americana que el presidente incluía en su símbolo.

Sería necesario reflexionar sobre un punto esencial. La política de las emociones no se consigue sólo con el uso de un símblo. No se consigue con sonrisas tipográficas o corazones con la bandera catalana como ya vimos en las últimas elecciones. La política de las emociones es alguna cosa más compleja y por mucho que se repita, esta no es una opción emocional. De momento.

Para CiU, esta precampaña de la precampaña se asemeja a empezar el colegio, el curso. Porque “Començar il·lusiona”, y con ello quiere enviar un mensaje optimista a la sociedad, aunque el contenido brille por su ausencia. Pero toman posiciones muy sólidas como lo que pretenden ser: un nuevo estilo de catch-all party que no se cierra a pactos con nadie. Aunque el mensaje pueda parecerse a este:

Durante la jornada de ayer también se presentó la gran arma de la coalición en la Red. CiU se adelanta a todos en Catalunya y es el primer partido político catalán con una Red Social propia. Cativistes.cat es el punto de referencia para todos aquellos nacionalistas que quieren hacer algo por su país desde la Red. La plataforma, elaborada por Cink, supondrá un antes y un después en la política catalana y quizás por ello, en CiU no han dudado en darle a su presentación aires épicos a lo Braveheart.

La campaña está ya en marcha y CiU se apropia de los mejores puestos. Los próximos meses serán los clave, tanto para CiU como para ver si su versión amable, soft y con un cierto aire naíf triunfan. Si ayudan a vertebrar esa alternativa política o si por el contrario, la falta de mensaje puede alimentar el efecto Carlos Sainz.

Game Change: algo más que un relato

Eso de que las campañas electorales en Estados Unidos son largas no es un mito. Incluso un año después de celebrarse, la campaña puede ser noticia; incluso entrar en la agenda política. Y no es para menos.

Se ha lanzado el libro sobre la campaña presidencial de 2008 que han escrito los periodistas Mark Halperin y John Heilemann: Game Change. Y en él, hay para todos. Demócratas y Republicanos. Los candidatos que finalmente disputaron la carrera presidencial y los que cayeron en las primarias.

Entre el mar de nombres propios, destaca el de los Clinton. Según el manuscrito, el presidente Clinton mantenía una relación con una amante durante las primarias. Una relación algo más seria que la que mantuvo con la ex becaria Lewinsky durante su mandato. Para estos periodistas, esta relación fue una amenaza constante en la campaña e incluso fue tema de discusión cuando Obama le ofreció a la ex senadora el cargo de Secretaria de Estado. Y en una interesante reunión, Hillary comentó que su marido, Bill, era una amenaza. Pero Obama la necesitaba para acometer todas sus reformas.

Pero la agenda política ha estado muy marcada por el libro. El líder demócrata Reid se refirió de forma racista al presidente Obama durante la campaña. No creía que podría llegar a presidente alguien con su color de piel y uso unas palabras muy desafortunadas. Los líderes republicanos han pedido su dimisión y el presidente ha aceptado sus disculpas.

“Game Change” dará mucho que hablar. Quizás vaya siendo hora de pedirlo a Amazon… Aunque la temporada de libros no ha hecho más que comenzar.

El efecto Carlos Sainz

Las encuestas de partida ante un escenario electoral nos permiten atisbar como debe ser la estrategia a tener en cuenta para conseguir nuestro objetivo. Encuestas, historia electoral del territorio, aspectos de la ley electoral… todos los datos que nos permitan concebir correctamente hacia donde queremos llegar nuestro coche para que llegue a la meta.

Más o menos como un piloto de rally, que debe conocer bien el terreno sobre el qué pisarán las ruedas del coche y tratar de avanzarse a los baches y curvas extremas. Adelantarse a los problemas que puedan evitar que el vehículo llegue en primera posición. O que se pare a 700 metros de la meta, como le paso a Carlos Sainz. Todos recordamos el gafe del piloto que en más de una ocasión, veía como la victoria se le escapaba por problemas en el último minuto. Siempre recordaremos a su copiloto con su “Trata de arrancarlo”.

Ese efecto existe en política. Es el efecto contrario al bandwagon, cuando un exceso de optimismo ante las expectativas electorales, el electorado se desmoviliza y no consigue sus objetivos primordiales: ganar. En resumidas cuentas, en vez de sumar gente al carro, como pasa en el bandwagon, quedarse a las puertas por un problema en el motor.

El PSC ha entendido muy bien el escenario en el que se mueve. Sabe que es necesario arrancar el coche para intentar mantenerse en la presidencia de la Generalitat. Es consciente que están muy por detrás en las encuestas y que a sus rivales, el motor les puede fallar. Por ello, un video –largo- del partido repasa en algo más de cuatro minutos historias deportivas de fracaso del líder en el último minuto. Si el mensaje cala en el partido, puede incluso haber algo de partido.

En CiU son conscientes que la sombra de Sainz puede hacer acto de presencia. Durante el aperitivo de Navidad de CDC, al que fuimos invitados algunos bloggers como Xavier Peytibí, Artur Mas contó la fábula del perro y el trozo de carne. Un perro cruzaba un pequeño lago con un trozo de carne en la boca. Bajo sus patas, veía a un montón de peces pasar, más grandes que su trozo de carne. La soltó y los peces se escaparon, quedándose sin carne ni pescado. Mas es consciente que necesita movilizar a todos cuanto sea posible. Por ello, en Internet llevan tiempo preparándose y van a hacer una campaña en positivo, pese a que el discurso de proclamación se ha salido del mensaje.

Mas se dirigió al partido apelando a conseguir una “gran mayoría”, el mensaje clave de los incumbent, los que optan a la reelección. Porque en el fondo, parece que CiU nunca ha dejado de creerse incumbent, y ese es un espacio de oportunidad para el PSC. Los challenger hablan de cambio, y Mas lo hizo de puntillas.

Por eso, el miedo a un efecto Carlos Sainz existe. Los socialistas esperan que el coche de CiU se pare en el último minuto. Lo suficiente para poder reeditar un tripartito –con el permiso de Reagrupament y Laporta-. Y en CiU esperan que el efecto del piloto se parezca a la reciente victoria en el Dakar. La respuesta, en unos meses.

Pau Canaleta

Para algunos de vosotros será un descubrimiento. Y para otros, es uno de los referentes en vuestros feeds. Hablo de Pau Canaleta, una de las personas que más conoce la estrategia política y electoral en este país. Su blog ha sido un testimonio de la actualidad política y de los cambios en la comunicación política, y ahora se muda a un nuevo dominio y se presenta con una nueva imagen.

Pau Canaleta, desde Figueres, nos habla de estrategia. Nos descubre claves imprescindibles para entender por qué hacen lo que hacen nuestros políticos. Os invito a que lo conozcáis, porque a partir de ahora, también lo podréis leer en castellano.

Invictus

A finales de mes se estrenará en España una de las películas del año: Invictus. Dirigida por Clint Eastwood y con un cartel de lujo. Morgan Freeman –sólo él podía hacerlo- da vida a Nelson Mandela en una película inspirada en el célebre libro de John Carlin “El factor humano”.

Mejor no os cuento el argumento, para eso tenéis el libro o el trailer, prefiero centrarme en un elemento que está tratado con genialidad en el trailer: inspirar esperanza. No es fácil hacerlo y por la historia, por el personaje –y porque, en el fondo, estamos hablando de cine- en nada nos sentimos dentro de lo que nos cuenta. Quizás la producción de oxitocina cuando nos cuentan una historia de estas características tenga mucho que ver…

Espero poder comentar algo más sobre esta película cuando la estrenen (si alguien tiene entradas para la première, le acompañaré encantado), pero todo apunta a que será una gran lección de liderazgo. Pero no de ese estricto, tradicional, masculino. No. Será una lección de liderazgo emocional, en donde las personas y sus sentimientos son el centro. Aunque se hable de rugby. Será una historia de como un liderazgo basado en la empatía, la esperanza y las emociones son la clave de los imposibles. Como la propia historia reciente de Suráfrica, la victoria del candidato alternativo como Obama o el Barça de las seis copas y el liderazgo emocional de Pep Guardiola.

Que vayan preparando las palomitas…