Nombre propio #3: Barack Obama

Al igual que Esperanza Aguirre, Obama repite. No, no hay intento de atar sus destinos… El presidente norteamericano empezó su mandato con energía y en poco menos de un año ha conseguido poner en marcha la reforma del sistema sanitario en Estados Unidos. Nada más y nada menos. Pero también ha terminado con la desigualdad de salario en el país por cuestión de sexos, ha hecho avances para terminar con la segregación de LGBT, ha trabajado por superar la crisis financiera, por acercar posturas con Cuba, Irán y Corea del Norte…

Obama recordará el 2009 por muchas cosas. Y una de ellas será la decisión del tribunal noruego del Nobel al otorgarle el premio Nobel de la Paz. Un galardón que levantó críticas y ampollas. Especialmente por lo agridulce de su comunicación: si la aceptación del galardón, con un discurso perfecto en la Casa Blanca, le salvó del bochorno mundial; el discurso en Oslo fue como ver al mismo Clausewitz recogiendo el Nobel de la Paz.

En todo caso, Obama ha demostrado que no es un bluff. Que puede gustar más o menos (no puede esperarse que los republicanos le amen, desde luego), pero que está aplicando lo que prometió en la larga campaña presidencial.

Cierra el año, pues, con un balance agridulce. Con avances sociales en el haber y encontronazos a cuenta de las guerras, la CIA o la gestión del último intento de atentado en el debe. Con una bajada paulatina –algo comprensible- en las encuestas a lo largo del año.

Albert Medrán

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