Obama morirá en el agua

Dice la tradición de la Armada de los Estados Unidos que quién brinde con agua, tendrá la sepultura en el agua. Que seguramente poco tenga de cierto, pero ya se sabe que las supersticiones superan, en muchas ocasiones, toda lógica. El hecho es que el comandante en jefe de ese país, el Presidente Obama, brindó con agua durante la primera cena de Estado que se ofrecía en la Casa Blanca durante su presidencia.

Obama recibió al primer ministro de la India como muestra de la alianza regional que su gobierno pretende poner en marcha –para contrarrestar el poder de otras potencias regionales, sin duda- y durante el brindis que se realiza en este tipo de ceremonias, sorprendió a muchos analistas al hacerlo con el líquido elemento.

La secuencia es realmente interesante: Obama dirige unas palabras a los invitados al finalizar la cena. La escenografía es perfecta. El discurso está perfectamente situado en un atril con un águila –símbolo máximo del poder- dorado y un micrófono. Lee el discurso y llega el momento cumbre de pedir a todos que levanten sus copas en honor del invitado y su país. Un camarero de la Casa Blanca acerca una sola copa al presidente y se puede observar como la toma de la cámara no permite distinguir bien qué ocurre en la bandeja. Obama toma la copa y una servilleta mientras solicita que le traigan una copa al primer ministro indio. En cuanto llega, levanta su copa y brinda con él.

Pero la copa de Obama está tapada por la servilleta que antes ha cogido y se observa como el líquido de la copa es transparente, mientras que el indio bebe unos sorbos de vino blanco. La copa de Obama es rápidamente retirada mientras el primer ministro toma la palabra.

Sorprende que Obama brinde con agua y ha despertado interés en comentaristas del país. ¿Por qué lo hizo? ¿Obama no bebe alcohol? ¿No había llegado un bebedor de cerveza a la Casa Blanca tras los años de puritanismo de Bush? Pocas respuestas encontraremos…

Lo que queda claro es que no fue un acto casual. Se puede ver cómo Obama toma la servilleta y la coloca estratégicamente encima de su copa de agua. Sabía lo que hacía. Que es justo lo contrario de lo que pueden decir otros líderes políticos. Quizás brindar con agua traiga mal fario, pero evita situaciones que incluso pueden costarte el puesto.

El viaje a Roma del ministro de finanzas japonés Shoichi Nakagawa terminó mal. Apareció ante los medios bebido –o eso parecía-, aunque él lo atribuyó al jet lag y las medicinas. En todo caso, la enorme repercusión de su vídeo le obligó a presentar la dimisión. Sarkozy también vivió lo suyo en otra cumbre a la que se presentó de esta guisa ante los medios:

En su caso, la excusa fue haber subido las escaleras a toda prisa. Así que nos quedaremos con la duda de si fue el calor del borgoña o el esfuerzo físico de subir unos peldaños.

Más extrañas eran las historias del presidente ruso Boris Yeltsin. Todos le recordamos bailando o riendo a carcajada limpia con Bill Clinton, como muestra más fehaciente de una Guerra Fría deshecha. Según cuentan las malas lenguas, Yeltsin se fugó en plena noche de Washington durante una visita oficial. Los efectos del alcohol le llevaron salir en ropa interior e intentar pedir un taxi a escasos metros de la Casa Blanca para ir a tomarse una pizza. Aunque se mantuvo en el comprensible secreto bilateral…

¿Y Aznar? ¿Bebió demasiado en el acto con bodegueros cuando dejó de vuelta y media a la DGT? Ya lo dicen las autoridades: si bebes, no conduzcas. O mejor aún, si bebes; no te acerques a un micrófono.

Albert Medrán

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