La dignidad de Catalunya. La dignidad de la prensa catalana.

La prensa no está muerta. Ni estaba de parranda. Aunque sus resultados económicos muestren lo más crudo de una crisis profunda, del propio modelo, sigue siendo un generador esencial de opinión pública y esa voz de la consciencia que a veces es tan necesaria escuchar. Aunque la información sea cada día más parte del espectáculo, el sensacionalismo se expanda a una velocidad de vértigo; a veces, sabe jugar el papel que le corresponde.

Hoy, la prensa catalana ha dado un ejemplo de ello. Un buen ejemplo. Algo que no gustará a muchos más allá de las fronteras de Catalunya, pero que tampoco contará con el beneplácito de otros tantos que desean el hundimiento del Estatut. Fuera de Catalunya, porque creen que rompe España –tras dos años de aplicación de esta Ley Orgánica no parece que ocurra- o porque creen que si el Tribunal Constitucional tumba el Estatut, Catalunya proclamará la independencia al día siguiente. Algo más que improbable.

Lo importante del gesto de hoy es la escenificación más plausible de la unidad de medios muy diferentes –antagónicos incluso- por un mismo objetivo: defender lo que se aprobó tres veces. La editorial es sensato y respetuoso. No deslegitima al alto tribunal pero apunta a una anomalía que no es permisible en una sociedad democrática avanzada: que los miembros que deben decidir sobre una ley tres veces legítima sean objetos de la politización más burda. Un tribunal que debe decidir aunque el mandato de muchos miembros haya expirado ya.

La prensa catalana ha puesto de manifiesto un problema. No un problema catalán, sino un problema español. Algo que debería preocupar a todos. Si el Constitucional cercena el Estatut, ¿qué? ¿Qué pasa con el choque de legitimidades? ¿Qué pasa con el pacto político que supone el texto estatutario? ¿Y luego? En definitiva, algo que va directamente al corazón de la convivencia.

El momento político es apasionante, aunque sea cual sea la decisión, será dura. Catalunya se prepara para una sentencia que, si es negativa, se vivirá como una gran derrota. Pero el gesto de la prensa catalana demuestra que si eso ocurre, la sociedad civil, política y económica catalana está preparada para no quedarse de brazos cruzados. Lo muestran los gestos (la editorial, pero también la afrenta de Montilla, los avisos de Mas y CiU, las declaraciones de Saura…) pero también un ánimo generalizado de que se daría un enorme paso atrás que no todos están dispuestos a hacer.

Os dejo el texto íntegro de la editorial conjunta.

La dignidad de Catalunya

Después de casi tres años de lenta deliberación y de continuos escarceos tácticos que han dañado su cohesión y han erosionado su prestigio, el Tribunal Constitucional puede estar a punto de emitir sentencia sobre el Estatut de Catalunya, promulgado el 20 de julio del 2006 por el jefe del Estado, rey Juan Carlos, con el siguiente encabezamiento: “Sabed: Que las Cortes Generales han aprobado, los ciudadanos de Catalunya han ratificado en referéndum y Yo vengo en sancionar la siguiente ley orgánica”. Será la primera vez desde la restauración democrática de 1977 que el Alto Tribunal se pronuncia sobre una ley fundamental refrendada por los electores.

La expectación es alta. La expectación es alta y la inquietud no es escasa ante la evidencia de que el Tribunal Constitucional ha sido empujado por los acontecimientos a actuar como una cuarta cámara, confrontada con el Parlament de Catalunya, las Cortes Generales y la voluntad ciudadana libremente expresada en las urnas. Repetimos, se trata de una situación inédita en democracia. Hay, sin embargo, más motivos de preocupación. De los doce magistrados que componen el tribunal, sólo diez podrán emitir sentencia, ya que uno de ellos (Pablo Pérez Tremps) se halla recusado tras una espesa maniobra claramente orientada a modificar los equilibrios del debate, y otro (Roberto García-Calvo) ha fallecido.

De los diez jueces con derecho a voto, cuatro siguen en el cargo después del vencimiento de su mandato, como consecuencia del sórdido desacuerdo entre el Gobierno y la oposición sobre la renovación de un organismo definido recientemente por José Luis Rodríguez Zapatero como el “corazón de la democracia”. Un corazón con las válvulas obturadas, ya que sólo la mitad de sus integrantes se hallan hoy libres de percance o de prórroga. Esta es la corte de casación que está a punto de decidir sobre el Estatut de Catalunya. Por respeto al tribunal –un respeto sin duda superior al que en diversas ocasiones este se ha mostrado a sí mismo– no haremos mayor alusión a las causas del retraso en la sentencia.

La definición de Catalunya como nación en el preámbulo del Estatut, con la consiguiente emanación de “símbolos nacionales” (¿acaso no reconoce la Constitución, en su artículo 2, una España integrada por regiones y nacionalidades?); el derecho y el deber de conocer la lengua catalana; la articulación del Poder Judicial en Catalunya, y las relaciones entre el Estado y la Generalitat son, entre otros, los puntos de fricción más evidentes del debate, a tenor de las versiones del mismo, toda vez que una parte significativa del tribunal parece estar optando por posiciones irreductibles. Hay quien vuelve a soñar con cirugías de hierro que cercenen de raíz la complejidad española. Esta podría ser, lamentablemente, la piedra de toque de la sentencia.

No nos confundamos, el dilema real es avance o retroceso; aceptación de la madurez democrática de una España plural, o el bloqueo de esta. No sólo están en juego este o aquel artículo, está en juego la propia dinámica constitucional: el espíritu de 1977, que hizo posible la pacífica transición. Hay motivos serios para la preocupación, ya que podría estar madurando una maniobra para transformar la sentencia sobre el Estatut en un verdadero cerrojazo institucional. Un enroque contrario a la virtud máxima de la Constitución, que no es otra que su carácter abierto e integrador.

El Tribunal Constitucional, por consiguiente, no va a decidir únicamente sobre el pleito interpuesto por el Partido Popular contra una ley orgánica del Estado (un PP que ahora se reaproxima a la sociedad catalana con discursos constructivos y actitudes zalameras). El Alto Tribunal va a decidir sobre la dimensión real del marco de convivencia español, es decir, sobre el más importante legado que los ciudadanos que vivieron y protagonizaron el cambio de régimen a finales de los años setenta transmitirán a las jóvenes generaciones, educadas en libertad, plenamente insertas en la compleja supranacionalidad europea y confrontadas a los retos de una globalización que relativiza las costuras más rígidas del viejo Estado nación. Están en juego los pactos profundos que han hecho posible los treinta años más virtuosos de la historia de España. Y llegados a este punto es imprescindible recordar uno de los principios vertebrales de nuestro sistema jurídico, de raíz romana: Pacta sunt servanda. Lo pactado obliga.

Hay preocupación en Catalunya y es preciso que toda España lo sepa. Hay algo más que preocupación. Hay un creciente hartazgo por tener que soportar la mirada airada de quienes siguen percibiendo la identidad catalana (instituciones, estructura económica, idioma y tradición cultural) como el defecto de fabricación que impide a España alcanzar una soñada e imposible uniformidad. Los catalanes pagan sus impuestos (sin privilegio foral); contribuyen con su esfuerzo a la transferencia de rentas a la España más pobre; afrontan la internacionalización económica sin los cuantiosos beneficios de la capitalidad del Estado; hablan una lengua con mayor fuelle demográfico que el de varios idiomas oficiales en la Unión Europea, una lengua que en vez de ser amada, resulta sometida tantas veces a obsesivo escrutinio por parte del españolismo oficial, y acatan las leyes, por supuesto, sin renunciar a su pacífica y probada capacidad de aguante cívico. Estos días, los catalanes piensan, ante todo, en su dignidad; conviene que se sepa.

Estamos en vísperas de una resolución muy importante. Esperamos que el Tribunal Constitucional decida atendiendo a las circunstancias específicas del asunto que tiene entre manos –que no es otro que la demanda de mejora del autogobierno de un viejo pueblo europeo–, recordando que no existe la justicia absoluta sino sólo la justicia del caso concreto, razón por la que la virtud jurídica por excelencia es la prudencia. Volvemos a recordarlo: el Estatut es fruto de un doble pacto político sometido a referéndum.

Que nadie se confunda, ni malinterprete las inevitables contradicciones de la Catalunya actual. Que nadie yerre el diagnóstico, por muchos que sean los problemas, las desafecciones y los sinsabores. No estamos ante una sociedad débil, postrada y dispuesta a asistir impasible al menoscabo de su dignidad. No deseamos presuponer un desenlace negativo y confiamos en la probidad de los jueces, pero nadie que conozca Catalunya pondrá en duda que el reconocimiento de la identidad, la mejora del autogobierno, la obtención de una financiación justa y un salto cualitativo en la gestión de las infraestructuras son y seguirán siendo reclamaciones tenazmente planteadas con un amplísimo apoyo político y social. Si es necesario, la solidaridad catalana volverá a articular la legítima respuesta de una sociedad responsable

Albert Medrán

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El blog de comunicación de Albert Medrán

13 thoughts on “La dignidad de Catalunya. La dignidad de la prensa catalana.”

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  2. Albert,
    Crees de verdad que éste es un buen ejemplo? De qué? De periodismo independiente? De transmisión de la voz de la ciudadanía?
    Para cuando semejante unidad editorial para reclamar que el Gobierno haga algo para luchar contra el paro? Y para denunciar el despilfarro de muchos de nuestros gobernantes?
    Creo sinceramente que este es un ejercicio de cinismo, de transparencia en cuanto a los intereses de las diferentes empresas periodísticas, nos ha quedado claro a todos quien manda.

  3. Dejando aparte el tema del post, y con el respeto debido, dos cosas:
    “sobretodo” es un gabán.
    Pero más grave:
    Cuando éramos pequeños aprendimos que “la editorial” era la empresa que publica libros o periódicos y “el editorial” aquel artículo sin firma en el que, generalmente el director del medio, expresa el parecer de la empresa a propósito de un asunto determinado de actualidad.
    De la decisión del Constitucional sólo cabe opinar que, dado el tiempo transcurrido desde la entrada en vigor de la ley, “a buenas horas, mangas verdes”.
    Saludos

  4. Paco, gracias por tus anotaciones, lo he corregido.

    Lourdes, una cosa no quita la otra. Hay mil causas por las que unirse, sin duda, pero no me parece un ejercicio de cinismo que la prensa catalana se preocupe por algo tan importante como el Estatut, la ley más importante tras la Constitución. A mi me parece un ejercicio de responsabilidad con el momento difícil que se está viviendo y con los momentos aún más duros que vendrán tras la sentencia.

  5. Y por cierto, si te pasas por allí, verás un par de mensajes más arriba, expresado con otras palabras, que no puedo estar más de acuerdo contigo.

    Como te he dicho en twitter, firma…

    …una andaluza ;)

  6. Coincido con Albert, ahora que nuestro país parece no correr peligro de involución por vía militar. El momento es realmente apasionante, por primera vez desde la transición el encaje de bolillos que es nuestro país está en un punto de no retorno, un punto donde las concepciones de nuestro país van a chocar.

    Y en ese punto la prensa catalana (representando y liderando la voz de una sociedad) aparece unida, frente a un alto tribunal que presenta serios puntos oscuros. Lástima que este tribunal no esté completamente legitimado porque el choque de trenes sería aún más apasionante.

    Vivimos momentos históricos, creo yo.

  7. LA DIGNIDAD DE CATALUÑA

    O EL TRASLADO A LA CÁRCEL DE BRIANS DE LOS HOMBRES DE CIU Y PSC

    MACIÁ ALAVEDRA, LLUIS PRENAFETA, BERTOMEU MUÑOZ…

    Rafael del Barco Carreras

    Titulares de hoy 26-11-09. Últimamente me sucede a diario, se me cruzan los cables, o por la edad. ¡Pero no!, intentando entender mi vida, la madeja de corruptos alcanza tantos kilómetros, ¡y lo qué falta por desmadejar!, que debo recortar los escritos, borrar con el cursor, y juntar dos y tres en uno. Intentando minimizar, porque de lo contrario no me releo ni yo mismo.

    Lo de la DIGNIDAD manejada por los políticos, ahogados entre la corrupción y el saqueo a las caixas, con su Tele y Prensa (quebrados y subvencionados) no tiene nada que ver con lo del traslado a BRIANS, ¿o sí?, pero si leo la definición de la Real Academia, nos abarca a todos, individuos o entes públicos y privados, y no es disparatada la abstracción DIGNIDAD-BRIANS. Todos tenemos la nuestra, y a la mayoría de los ciudadanos nos la pisotean a diario, por lo que si los políticos nos meten a los demás en sus dignidades o indignidades, nos ofenden.

    La de los ciudadanos de Cataluña y sus políticos son dos paralelas sin posible punto de contacto, pues votando unas listas cerradas, y apañadas por vete a saber que intereses, no se representa en particular a nadie. Ese Estatuto, que desataría la cuarta guerra Mundial, de escucharles, solo lo votaron una minoría. Mi dignidad acabó entre el Clan de los PUJOL y el de NARCIS SERRA – PASCUAL MARAGALL. Huí de mi querida Barcelona y en Madrid pasé largas y buenas temporadas, aunque los bancos amargaran mi existencia. Es normal, tras años de cárcel alguien pagaría el desastre empresarial que arrastraba.

    ¡Pero qué me importa a mí esa DIGNIDAD de que hablan los DOCE periódicos catalanes, más o menos lo que se inventaron mi vida a favor de Javier de la Rosa y toda su recua de vividores!… Pero si me importó la de la Junta de Tratamiento de esa prisión, la de la Generalitat y del Juzgado de Vigilancia Penitenciaria cuando salí siete días después de TOTALMENTE cumplida la condena (y más perrerías en tiempos de Maciá Alavedra en la Generalitat amenazando al distribuidor de mi primer libro sobre el tema), ver imágenes en http://www.lagrancorrupcion.blogspot.com

    Les advertiría desde mi humilde blog a los de BRIANS, la Generalitat y los juzgados de Vigilancia Penitenciaria que no les concedan el TERCER GRADO antes de ser condenados. Es de suponer que Garzón dicte la libertad con fianza, que ni eso me concedieron a mí, pues si con todos los “amigos” con largas condenas no han respetado ni el tiempo de rellenar los formularios cumpliendo con el reglamento…pudiera suceder que en su probada eficacia se olvidaran del detalle de no ser aun penados.

    ¿DIGNIDAD…? dudo que en esos estamentos oficiales se considere… la de los demás CATALANES.

  8. La politización de diversos organismos, ya sean jurídicos, financieros o de otra índole, no deberían servir como excusa y acicate para determinadas reivindicaciones acompañadas de discursos victimistas. Creo que todos compartimos la existencia de esa politización, y considero que el papel de la prensa (o al menos uno de ellos) es precisamente luchar contra ese régimen impuesto de cargos interesados y absolutamente partidistas o partidarios. Dicho esto, los sectores nacionalistas deberían ser más justos con los tribunales “españoles” y denunciar su politización tanto cuando sus sentencias les benefician como cuando les perjudican.
    En relación al editorial de hoy (“el” editorial, no “la” editorial), me parece sencillamente tan legítimo como reprochable desde el punto de vista del corporativismo periodístico que refleja su publicación.

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