¿La política se puede tocar?

La historia de un atunero llamado Alakrana hubiese sido muy distinta si el Gobierno hubiese tenido un poco más de tacto. Sobretodo con las familias de los marineros que se hallaban desesperados ante las costas de Somalia, en su barco tomado por unos criminales. Tacto, para manejar una compleja situación y, sobretodo, para dar todo el apoyo que las familias de esos marineros necesitaban en momentos tan duros. Las cosas serían hoy muy distintas si las esposas y los hijos de esos hombres de mar no se hubiesen sentido tan desesperados como los propios secuestrados.

Más allá de todas las implicaciones políticas, internas y externas, de este grave caso; el Alakrana pone de manifiesto la necesidad de tener tacto en política. Muchas veces la reclamamos en política exterior. ¿Qué es, sino, la diplomacia? ¿No es quizás la máxima expresión de ese tacto, de esa mano izquierda, allende las fronteras de un país? Tacto, la política necesita mucho tacto.

Mano izquierda y mano derecha. De hecho, aunque las pantallas parecen ser una infranqueable barrera, el tacto nos dice mucho de una persona. No siempre tenemos a mano a nuestros políticos pero… nunca se sabe cuando puedes encontrar a uno en campaña. Recuerdo cuando, durante la campaña del referéndum del tratado constitucional europeo, me presentaron al entonces ministro de Indústria y hoy president de la Generalitat en un mercado. Montilla me dio, al encajar la mano, una información que aún hoy está en mi subconsciente. Su apretón, débil, breve, alimentó su imagen de reservado. Pero quizás por esa experiencia me cuesta imaginar al president dando un puñetazo encima de la mesa. El enorme poder comunicativo de un apretón de manos, pero también de una palmada en el hombro o acariciar una mano mientras miramos a los ojos de nuestro interlocutor.

Esta es una habilidad necesaria para el político en las distancias cortas: el tacto es tan eficiente que solo la presión en la piel nos puede dar mucha información sobre los sentimientos de la persona que tenemos enfrente… y enviar la misma información a esa persona. ¿Qué tipo de información me transmetía el hoy president de la Generalitat? Con ese apretón de manos, no muy buena. Si el objetivo de su visita a ese mercado era apostar por el sí al Tratado, por el futuro de la Unión, la confianza en la construcción europea: su forma de dar la mano comunicaba justo lo contrario. De hecho, eso tiene una explicación en la propia evolución: de algo nos tiene que servir el hecho de descender de unos primates que se pasaban el 15% de su tiempo tocándose entre ellos, ¿no?

Saber cómo debe tocar una persona, como debe dar la mano o cuando un abrazo o una palmada en el hombro sobran o faltan, es parte del propio aprendizaje vital. Aunque en muchos contextos, especialmente los formales o laborales, se ha denostado según qué acercamientos, la realidad es que un político en campaña debe forzar muchos estos roces. Aprender cual debe ser el grado de presión óptimo, qué hacer o qué no se convierte en un elemento necesario.

Pero además de por la información y por el efecto que genere en la persona a la que los políticos conozcan, muy limitado si lo comparamos con un buen mensajes en un medio como la televisión o Internet, es importante por la propia imagen que puede generar. Por ejemplo, ¿cuantas veces hemos visto a un político abrazando a un bebé y su inhabilidad nos ha hecho sentir inseguros? O sea, que esa infranqueable barrera del tacto directo puede ser, en cierto modo, debilitada por lo que nos hace sentir una imagen de estas características. Y si no, ¿qué os hace sentir este vídeo?

Es curioso como el ejercicio de observar como el tacto puede tener efectos en alguien, puede hacernos sentir lo mismo. Quizás sea porque este sentido promueve la producción de endorfinas y las múltiples áreas sensibles localizadas en la piel a lo largo del cuerpo hacen que la información que recogemos se transporte en numerosas conexiones que ocupan un gran espacio en la corteza cerebral, especialmente en los lóbulos parietales y muy conectados con áreas límbicas. O quizas por el papel de las neuronas espejo en hacernos sentir lo mismo. Aunque no las sentamos personalmente, pero veamos a alguien que lo hace. Quizás por ello, antes de dar la mano a un desconocido, antes de coger un bebé en brazos o abrazar a alguien, debamos pensar en qué otros podrían sentir lo mismo. ¿Queremos que se sientan bien o que desconfíen? He aquí la cuestión.

Vídeo visto en “El consol d’una abraçada presidencial

Albert Medrán

administrator

El blog de comunicación de Albert Medrán

3 thoughts on “¿La política se puede tocar?”

  1. Pingback: Bitacoras.com

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *