Un muro que se hizo souvenir

No puedo empezar este post evocando lo que hacía ese 9 de noviembre de 1989 porque mi memoria no alcanza para tanto. De esa época, sólo guardo en los pliegos de mi cerebro algunas imágenes aisladas de un abuelo ejecutado –que años más tarde comprendí que era Ceaucescu, el tirano rumano-, unos señores rompiendo una pared pintada y muchos fuegos artificiales. En esa época, con poco más de cinco años de edad, creía que el golpe de Estado que sufrió Gorbachov fue el causante de su mancha en la frente…

Yo formo parte de esa generación de europeos que ha consumido el relato de la caída del Muro de Berlín. Porque su caída –o su derrumbe o como se le quiera llamar- tiene todos los elementos para ser un gran relato, un gran transmisor de valores para toda una generación de europeos. Una historia emocionante de superación y de defensa de la libertad.

Es una gran historia europea. Del conflicto a la pacificación, de las heridas profundas a sanarlas –quizás tarde- pero superarlas al fin y al cabo. Esa idea de que en Europa hoy es posible un espacio de paz y libertad sin precedentes. Este aniversario debe servirnos para reflexionar sobre ello y defender este relato que, al final, tuvo un final feliz.

En el otro lado de la balanza están los años de división, sufrimiento y desolación. Las historias de las familias separadas y los cadáveres que el muro dejó a ambos lados. Para ello, la visita al museo que se encuentra en el antiguo Checkpoint Charlie es extremadamente enriquecedora e ilustrativa. Y sobretodo, el testimonio más fiel de un mundo dividido por un telón de acero que había empezado a desmoronarse años antes de ese día del otoño berlinés, pero que aceleró su desplome al paso de los berlineses de ambos lados por los pasos fronterizos.

Esta historia europea tiene también su historia de comunicación. O de como a veces un procedimiento establecido no tiene otra alternativa que no aplicarse. No quiero abundar sobre la historia de ese momento, para ello hoy prácticamente todos los medios dedican grandes espacios a esta efeméride, pero me parece especialmente llamativo el modo en que la frontera cedió y se abrió de par en par.

Ese día de noviembre, el gobierno de la RDA anunció el cambio en la política de viajes al exterior, que fue el tema que derivó de forma inmediata en la caída del muro. Esa política, que entraba en vigor a las 4am del 10 de noviembre, fue anunciada en una rueda de prensa por Günter Schabowski que fue retransmitida en directo por la televisión de la RDA. Todas las restricciones de circulación habían sido eliminadas:

“Los viajes privados al extranjero se pueden autorizar sin la presentación de un justificante — motivo de viaje o lugar de residencia. Las autorizaciones serán emitidas sin demora. Se ha difundido una circular a este respecto. Los departamentos de la Policía Popular responsables de los visados y del registro del domicilio han sido instruidos para autorizar sin retraso los permisos permanentes de viaje, sin que las condiciones actualmente en vigor deban cumplirse. Los viajes de duración permanente pueden hacerse en todo puesto fronterizo con la RFA.”

Aunque el proyecto aún estaba a esas horas pendiente del análisis del Comité Central, a las 18:57 terminó la rueda de prensa en la que un periodista italiano pregunto sobre el momento en que entraría en vigor esa trascendental decisión. Schabowski consultó sus notas y afirmó que lo había hecho de forma inmediata.

Desde ese momento, los berlineses se agolparon a lado y lado del muro. Los policías aún no habían recibido instrucción alguna, pues la medida entraría en vigor al día siguiente y, de hecho la decisión del Consejo de Ministros aún no era definitiva.

Pero el anuncio por un medio como la televisión, en directo, desplegó tal expectación que las fronteras se abrieron de par en par –a las 23 horas de esa noche se abría el primer puesto fronterizo- y los ciudadanos, sin el miedo a ser tiroteados, empezaron a derrumbar ese muro con todo lo que tenían a mano.

La apertura de las fronteras cerró una oscura etapa de la historia europea al mismo tiempo que caía el muro. Inauguraba una etapa distinta, para un mundo distinto. Un mundo en que el muro pasó a ser el símbolo de la división, el miedo y la falta de libertad a ser el baluarte de los aires del cambio. Un nuevo mundo en que ese muro pasaría a ser un souvenir que hoy está repartido por el mundo. Incluida mi habitación.

Albert Medrán

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El blog de comunicación de Albert Medrán

3 thoughts on “Un muro que se hizo souvenir”

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  2. Yo estuve en el 95 y Berlin estaba rodeada de gruas, te vendían unas postales de todo el skiline de gruas, y trozos de piedras del muro, probablemente ocurrirá como si pusiéramos los trocitos de madera que dice de la cruz de Jesucristo que habría kilómetros.
    Pero hoy quedan aún muchos muros por derribar: Palestina, México, Africa,…

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