La doctrina “Belén Esteban” no vale para todo

Últimamente estoy escuchando mucho el argumento “Belén Esteban”. Si ocurre el episodio de la fotografía de las hijas de Zapatero, es por su culpa. Si a un diputado le fotografían un mensaje privado, es por su culpa. Es por su culpa y el problema es que se exponen. Como son personajes públicos, todo vale… Pero nada más lejos de la realidad, el argumento “Belén Esteban” no debería ser válido en estos ejemplos.

Esta semana medios como Público o Avui han mostrado en sus portadas, ya sea en papel o en la versión online, las fotografías de dos correos electrónicos enviados por Blackberry entre diputados del Parlament de Catalunya. El primero en salir a la palestra fue el mensaje del conseller de Interior de la Generalitat, Joan Saura. El ecosocialista se cruzó un mensaje con el portavoz de su grupo dónde decía que el discurso de Montilla en el debate de política general era un “tostón”. Que un miembro del gabinete diga eso tenía su morbo, pese a que se violará completamente la privacidad de comunicaciones de una persona.

Ya en los últimos coletazos del debate, el turno fue para el denostado popular Daniel Sirera. El ex líder de los populares catalanes comentaba con la diputada Mejías que su partido era “una mierda” y otras lindezas. Tras ello, las peticiones de dimisión o expulsión no han cesado. La fotografía de su correo electrónico no dejó a nadie indiferente.

En ambos casos, los medios han decidido publicar el contenido de comunicaciones privadas, en portada y a todo color, supongo que bajo el precepto del interés general. ¿Pero realmente es de interés general unas conversaciones privadas que sólo se pueden interceptar bajo autorización judicial? ¿Hasta dónde llega la ética de los medios al entender que la privacidad debe prevalecer?

Una cosa es ser un personaje público y estar expuesto a un micrófono abierto cuando lanzas una lindeza como el “Manda huevos” de Trillo o el “coñazo del desfile” de Rajoy. Otra muy diferente es interceptar un mensaje privado, pensado, escrito y enviado para permanecer en la privacidad. Y ahí, no hay tutía.

El presidente del Parlament lanzó un aviso para navegantes en la entrega de los premios Blocs Catalunya el pasado viernes en Vic. Benach avisó que si en casi 30 años de normal funcionamiento del Parlament, los medios y los diputados se han respetado, quizás no sea el momento de dejar de hacerlo.

En todo caso, la ética periodística debería prevalecer sobre todo y todos. Una cosa es ser conscientes de no decir algo a micrófono abierto y la otra es que una persona no pueda ni ejercer sus derechos más fundamentales. No todo vale. No todo debería valer. Ni Zapatero, ni Saura ni Sirera han expuesto nada a los medios como la sempiterna historia de la Esteban, no nos dejemos imbuir por esa escalada que no nos llevará a ningún lado.

Albert Medrán

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El blog de comunicación de Albert Medrán

5 thoughts on “La doctrina “Belén Esteban” no vale para todo”

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  2. Completamente de acuerdo. Algunos medios de comunicación se están escudando en un parapeto que se llama “servicio público”, y que utilizan a su antojo con doble rasero para excusar conductas que realmente son antiperiodísticas y realmente poco éticas.

  3. Quédate con mi mentira, que yo me quedo con tu verdad.
    BELÉN ESTEBAN Y LA FARÁNDULA DEL CORAZÓN
    Los programas del corazón suelen ser los escenarios de la sinrazón, que como los espejos, suelen reflejar una necesidad de los ojos del que se mira, la que suele engañar al ego de las más bajas pasiones, reconociendo sólo la imagen que se quiere ver y no la de que es real. Eso sí, estos exitosos programas caminan con envidiables audiencias que les siguen a ciegas, como el lazarillo sigue a su amo por un camino de empedrado trillado. Como en una profesión, el penitente espectador acompaña como embriagado y absorto por las desdichas y miserias de los unos y los otros, y puestas en escena las miserias de aspirantes a famosos que hacen aumentar el prime time, que es medida de saberes y agrados.
    Belén Esteban, donde parece que los platós últimamente suelen ser su ser natural, es mujer de moda y actualidad de la comedia más autóctona. Fuente de estimulación y excitamiento popular. De profesión madre y ex compañera sentimental de aquel torero de Ubríque venido a menos. Que ahora, más que jugarse la vida en ruedos y plazas de España entre las suertes de las verónicas y los recortes de la lidia, el Jesulín, anda confundido y haciendo oficio para amortiguar su sentimental y agitada vida a la que un día le puso semilla. Siendo el toro su menor preocupación.
    Desvirtuando la realidad a gritos y pataleos se gana el interés de el pueblo que va necesitado de miserias e infortunios de sus semejantes en ciclos de crisis. En estos programas el llanto siempre apena al erudito espectador, y el hablar de sexo instintivo y de baja alcoba ayuda a completar el triste acto escénico de divas y estrellas de superficiales vidas, buscando la virtud de lo que le llaman fama a golpe de lo que desean y carecen. A veces, parece que hay fuegos que se suelen apagar con otro fuego.
    . ¿Me entiendes?… La Belén Esteban, lejos de ser musa e inspiración de pintores y poetas renacentistas se expresa con lengua desmedida, importándole poco el sentido de lo estético y de apariencia agradable a la vista y de los oídos, que se hacen ciegos los unos y sordos los otros.
    “Ambiciones”, que se ve que es una finca rupestre de donde parte la sabiduría popular, como un punto cero del farandulismo más anacrónico, de versión mediocre de culebrón y telenovela melodramática, es cómo una obsesión para la Esteban. Que sin la virtud del perdón ni la gracia de la indulgencia de su pasado, le saca el jugo y la renta de la España de las panderetas y de las castañuelas. Esta mujer suele expulsar al diablo por la boca, que es orificio por donde suelen brotar las iras y las rabias, sabiendo que las desventuras de los demás siempre venden e interesan al hambriento espectador. ¡El público quiere carne! Y caminando entre lo basto y lo vulgar se revuelcan en la charca que lleva a la sabiduría del saber de las vidas ajenas y haciendo el camino más corto del sinsentido y cosa absurda.
    Personajes de dudoso interés peregrinan por el valle de el éxito superficial, contando sus penurias y necesidades afectivas que suelen ser manifiesto e interés de todos. Y donde parece que a veces, la televisión puede ser el mejor lugar donde esconderse.
    Los presentadores inquisidores se encargan de hacer el resto poniendo los dedos en las llagas, riéndose por dentro con infinito cinismo. Mientras los contertulios, cooperadores necesarios de este ejercicio público y solemne, hacen espectáculo de mala saña y cruel furor. Y que suelen utilizar como virtud y vigor todo tipo de tretas y engaños para Infectar las abiertas heridas de las que también se benefician. Todo lo contado se amplifica y aumenta al trote de una falsa imagen, desarrollando un interés desmedido y exagerado. Desde el anfiteatro, entre el público, se oyen voces tumultuosas pidiendo procesos y linchamientos. Y lo más importante; sus tele espectadores en la distancia, que desde el cómodo sofá de sus hogares son testigos comprometidos para esta ceremonia de penas y castigos, de juicios sin jurado. Que como un órgano colectivo dictan y sentencian para luego hacer ellos mismos de verdugos.
    -¡Andreita cómete el pollo, coño!- de Belén Esteban, no es frase más diferente que la de; “No hay nada nuevo bajo el sol “- de Lord Byron-, aquél poeta inglés que vivía amargado profundamente. Porque tanto el uno como el otro pueden crear tendencias y reflexiones que influyan en la audiencia -guardando las distancias, claro-. Y cada cual en esta vida discurre con las neuronas que la naturaleza le ha dado.
    Gran fábrica de faranduleros y títeres manejados por hilos de los que mandan de verdad en las televisiones, contando hazañas de alcoba e historias surrealistas de envidias y frustraciones. Y que sin conocérseles virtud para el oficio ni habilidad para el beneficio, ingresan en sus haberes tributos nada despreciables cuando se apagan las luces de el apesadumbrado espectáculo. Y con la conciencia tranquila, porque el hambre no perdona y la vida empuja en tiempos de crisis.
    ¡Yo por mi hija mato! La gente ya no mata por ideas ni utopías filantrópicas, sino por causas propias de dudoso honor y doble moralidad. Donde de lo honesto no se suele hacer virtud, ni la reputación importa más que el vil metal a ingresar. Atrás quedaron los ideales y las nobles convicciones para dar paso a unas tragicomedias barriobajeras y de muy baja calaña. Muy lejos de la traicionera e incestuosa historia de la Dinamarca de Hamlet. ¡Eso si que eran tragedias!

    A la cazuela van los unos y los otros, mientras unos pocos avivan las llamas de la caldera de los platós para que siga hirbiendo el puchero. Todo mezclado y agitado, diluidos los ingredientes de la mezquindad y roñería, haciéndolo plato principal de la gula de ver desdichas ajenas para anular las suyas propias.
    El sinsentido se apodera de los hambrientos espectadores, y un histerismo colectivo flota en el aire. Y como el diablo lo hace con en el alma del creyente, penetrando en el cuerpo con facilidad y comodidad para entrar en un estado de trance y momento místico. Donde gritos y berridos, insultos y descalificaciones hacen el resto. Y el espectador, que es el comensal de este buffette de canibalismo social, que como una ceremonia trivial alimenta su gula, es partícipe inconsciente de este banquete visceral, sobrepasando lo irracional para acabar comiendo todos en la misma mesa donde se dan encuentro.
    También llaman glamour a lo de Belén Esteban, que se nutre de contar conflictos y desgraciadas situaciones personales, algunas ya pasadas y lejos en el tiempo, para llenar la soledad del ama de casa que se siente más aliviada de sus propias penas de su vida cotidiana. Actuando como una purga, donde se expulsan los males de la falta de ciencia. Y la Esteban, viviendo de las rentas que puede dar una niña que vá de aquí para allá, asenderada y sin dirección determinada entre bautizos bodas y comuniones. Pero un día la niña se hará mujer, y dejará una estela de martirios y tormentos que le persiguieron en su infancia, echando en cara tanta fama y torpeza de su cultivada progenitora y hembra que la parió.
    Verdades y mentiras se seguirán mezclando en estos programas, agregándose e incorporándose personajes dispuestos a deambular en el lado más oscuro de las mentes confundidas. Porque en el fondo, qué más da si es Belén Esteban o cualquiera que esté dispuesto a vender su alma al mejor postor. Pues otro ocupará su lugar. Ya decía Thomas Hobbes, en el siglo XVII ;“El hombre es un lobo para el propio hombre, y muchos que parecen carneros, son lobos carniceros.” La ignorancia se cura con la educación y el uso del intelecto. A la madurez se suele llegar con el andar de los años. El trabajo realiza y se desarrolla con nuestro esfuerzo. Pero la estupidez…,¡ es para siempre!
    “Algo huele a podrido en las televisiones”. Si Shakesperare levantara la cabeza… ¡Arriba la Esteban!, ¡qué coño!
    Sergio Farras, (escritor tremendista)

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