Turismo político: la Valencia de Gürtel

No todo va a ser la Ciutat de les Arts i les Ciències. Ni la horchata y los fartons, la Llotja o el impresionante Mercat Central. En Valencia hay algunas rutas turísticas que no pasan por el palacio del Marqués de Dos Aguas. Sobretodo las rutas de turismo político y ahora mismo en la capital del Túria, la ruta tiene nombre de caso judicial.

Lo hemos visto en la televisión, en medios… en fotos que han sido portada. Los lugares clave de la trama en Valencia. Así que si te pasas por la ciudad, no está de más saber que están en los lugares donde, supuestamente, se urdió la trama. Lo de llevar traje o no es opcional.

El primer escenario es el Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana. En el Paseo homónimo se encuentra la puerta por la que Camps y Barberá –que vive cerca de allí- entraron al Palacio para que le tomaran declaración al primero. El president y la alcaldesa recibieron un auténtico baño de masas y apoyo en ese lugar.

Tras él, podemos movernos hasta el propio Palau de la Generalitat, un precioso edificio medieval situado en pleno centro histórico. Encontraréis información del edificio en este enlace. Lo curioso de Valencia es la proximidad del edificio con otros dos puntos clave: la puerta de los Apóstoles, donde vimos a Camps en el Tribunal de las Aguas en los momentos más críticos de la crisis y el palacio de las Corts, el parlamento valenciano. El paseo es corto y agradable, además de estar en la zona de la catedral, el Miquelet, etc.

Un poco más alejado, en la plaza del Ayuntamiento, encontramos otro punto de este recorrido: la farmacia de la esposa de Camps. Al parecer, la reforma de la farmacia El Miguelete la gestionó el “Bigotes” y el president afirmó que pagó los trajes con efectivo del establecimiento. Terminando el periplo, os podéis acercar al lugar en el que Costa puso en escena su particular manera de “dimitir”: la sede popular de la calle Quart.

Habrá que ir pensando en hacer también la ruta Santa Coloma o visitar el bar Faisán…

Hacer campaña sin bajar del autobús

John Kerry no despertaba demasiadas pasiones. Europa tenía fe en él –bueno, quizás desesperación sería la palabra justa- pero para muchos norteamericanos, a ese hombre le faltaba espíritu cuando se dirigía a las masas. Lo tenía todo a favor: un presidente impopular que comandaba una guerra ilegal. Un presidente que, cuando los jóvenes americanos luchaban en Vietnam, usó sus influencias para servir en su Texas natal. Él era un héroe de guerra, había arriesgado su vida por los compañeros en el frente. Lo tenía todo de frente para ser presidente.

Pero de golpe apareció un spot de campaña que no lo firmaba el cuartel de Bush. Una asociación de veteranos de Vietnam (Swift Boat Veterans for Truth) ponía en duda su heroísmo. Una serie de anuncios que ponían en tela de juicio la honestidad de alguien que parecía moralmente superior al presidente Bush.

Aunque en este caso la dirección del anuncio era clara y no era preciso tener muchas luces para entender de dónde venía el ataque; el mensaje caló. Y el daño fue tan grande que Kerry no pudo despegar en las encuestas…

Este ejemplo nos sirve para ilustrar como a veces, asociaciones pueden tener una gran influencia en una campaña o en modelar una percepción. Pero sobretodo, como cada país sabe buscar su propio modo de colarse en la campaña oficial. La práctica de financiar spots de asociaciones que defienden los mismos objetivos que los candidatos es muy común en Estados Unidos. En España no tanto en televisión –principalmente por el coste y porque el tejido asociativo y de lobbys no es el mismo- sino en otros formatos. Y parece que el formato estrella son los autobuses urbanos.

Asociaciones tan variopintas como los defensores de la supresión del impuesto de sucesiones, los defensores del bilingüismo o los ateos y los creyentes, han protagonizado campañas en autobuses que, más por las decisiones de los entes que por los mensajes, han generado polémica. Pero en cierta manera, consiguieron sus objetivos: poner el tema sobre la mesa. Quizás no con la misma concreción o efectividad de los norteamericanos, pero hacer política y comunicarla ya no es dominio exclusivo de los partidos.

Aunque en el caso de los autobuses lo que lo convierte en una potente herramienta de comunicación política es la reacción que generan. Y el último caso es un buen ejemplo. Tarragona y Girona, capitales gobernadas por el PSC han prohibido que en sus autobuses aparezca la campaña contra la ley de sucesiones y eso es lo que ha encendido la polémica, multiplicando los impactos, los comentarios y el estado de opinión sobre el tema. Más que si hubiesen permitido que el anuncio se paseara por estas dos ciudades. A veces no es necesario poner las siglas y el logo de un partido para hacer ruido. Seas un veterano del Vietnam o el dedo de un cadáver en un mortuorio.

Y en Catalunya –presuntamente- también había chorizos

La corrupción se ha tornado un bumerang para el PSC. Quizás por aquello del “dime de que presumes y te diré de lo que careces”, cuando saltó la noticia de la detención del alcalde socialista de Santa Coloma de Gramenet, todos teníamos a Nicaragua en el punto de mira. Pero sin duda, el hecho que Lluís Prenafeta y Macià Alavedra, antiguos altos cargos de gobiernos de Jordi Pujol –el primero secretario del gobierno y el segundo consejero de varias carteras en varios ejecutivos de CiU- hayan sido también detenidos en la misma operación, ha cambiado mucho las tornas y la manera de responder de los dos partidos políticos.

Estamos en la recta final de la legislatura en Catalunya. Si no ocurre nada extraño, en el otoño de 2010 se convocarán elecciones autonómicas. Unos comicios sobre los que planean muchas dudas: ¿podrá revalidar la confianza el tripartito? ¿podrá formar gobierno CiU? A la luz de tales disyuntivas, se comprende las estrategias emprendidas por ambos partidos en las últimas semanas.

Y la principal línea ha sido la corrupción. El escándalo del caso Millet abrió otra brecha entre ambos partidos a propósito de las ayudas que el Palau de la Música había otorgado a la fundación de CiU, la Ramón Trias Fargas. El PSC apuntó a un posible escándalo de financiación ilegal y los nacionalistas lo negaron. Aunque el president Pujol dijo horas antes de la detención de Prenafeta, Alavedra y el alcalde socialista de Santa Coloma de Gramenet sobre esta cuestión que si “entramos todos ahí, nos haremos mucho daño”.

El hecho es que este contexto ha pesado mucho en las reacciones de los partidos.

Por su parte, el PSC necesita despejar toda tela de juicio sobre el caso. Por ello, la respuesta ha sido rápida y efectiva: si el juez toma medidas, se exigirá la dimisión y se suspenderá la militancia a los imputados. Y se empezará la búsqueda de un nuevo alcalde en Santa Coloma. Quizás porque en las últimas semanas pusieron en marcha el llamado ventilador para sembrar dudas en el principal partido de la oposición, la respuesta socialista ha sido tan rápida y firme.

CiU respondió horas más tarde en una rueda de prensa ofrecida por Felip Puig. Pese a que dejó claro que ni Alavedra ni Prenafeta forman parte de la dirección y que se tomarán decisiones sobre su militancia a la luz de lo que muestren los jueces. Puig usó la rueda de prensa para resarcirse de los ataques socialistas a cuenta de Millet y la Trias Fargas y pidió celeridad al poder judicial para esclarecer el asunto.

Sin duda, las cosas hubieran sido muy distintas si Lluís Prenafeta y Macià Alavedra no fueran dos de los imputados en el caso de corrupción que ayer el juez Garzón desveló. Las cosas serían muy distintas si el caso de corrupción que tenemos sobre la mesa sólo llevara un color político. Y sí, las cosas serían muy distintas si el PSC no hubiese enarbolado la bandera de la transparencia en las últimas semanas. Porque si todo eso no hubiese ocurrido las respuestas políticas tendrían un aspecto muy distinto.

Pero en realidad, mucho me temo que en esto sólo habrá una clara vencedora: la apatía. Apatía manifestada en términos de cansancio, desafección o abstención. La apatía que llevará a menos gente a las urnas y que, quién sabe, quizás tenga pocos efectos electorales.

Tal y como reflexionábamos hace unos meses a propósito de Camps, este tipo de escándalos de corrupción refuerzan varias conductas de los seguidores de los partidos políticos. Se ponen en marcha mecanismos de defensa y justificación que son dignos de mención. ¿Qué consecuencias prácticas puede tener este caso en una localidad como Santa Coloma de Gramenet, dónde el PSC casi siempre obtiene más del 50% de los votos? Seguramente, pocas. Aunque las elecciones autonómicas son siempre la cita en la que tienen menos apoyos.

Porcentaje de voto al PSC en los comicios del período 1995-2009

Resultó que Catalunya no era un oasis. Que aquí también llegaba la corrupción urbanística y los grandes escándalos de grandes señores de Barcelona. Resultó que no se podía mirar por encima del hombro a nadie y que nadie estaba libre de sospecha. Resultó que ese parásito que amenaza al sistema hace el mismo daño. Y ya veremos si, al igual que en otros lugares, al final la sociedad en su conjunto acabará bajando otra vez la cabeza, mirará hacia otro lado y el día que toque pedir responsabilidades en las urnas, optará por irse de fin de semana.

“Ciutadans de Catalunya: ja sóc aquí!”

Hace ya 32 años que la ciudad de Barcelona se paralizó para recibir al presidente de la Generalitat. Josep Tarradellas volvía de un largo exilio en el que había encarnado –y sufrido- la presidencia de la Generalitat durante los oscuros años del franquismo. Su vuelta era la imagen más fidedigna de la recuperación de la institución de gobierno de los catalanes.

Ese domingo 23 de octubre, a bordo de un DC-9 de Iberia, el presidente restituido llegaba a Barcelona dónde le esperaba todo un pueblo. El acto fue protocolario a la vez que popular, la antesala a su toma de posesión el día siguiente. De ese acto todos recordamos las imágenes vistas mil veces de su discurso desde el balcón de la Generalitat. Ese en el que pronunció unas palabras que quedaran para siempre en el imaginario colectivo catalán:

“Ciutadans de Catalunya: ja sóc aquí!”.

Improvisó un discurso que tuvo mucho significado para la sociedad catalana del otoño de 1977:

“Ciutadans de Catalunya: ja sóc aquí! Ja sóc aquí! Perquè jo també vull l’Estatut! Ja sóc aquí! Per compartir les vostres penes, els vostres sacrificis i les vostres joies per Catalunya. Ja sóc aquí! Per treballar amb vosaltres per una Catalunya pròspera, democràtica i plena de llibertat. Ja sóc aquí!”

“Ciudadanos de Catalunya: ¡ya estoy aquí! ¡Ya estoy aquí! ¡Porque yo también quiero el Estatut! ¡Ya estoy aquí! Para compartir vuestras penas, vuestros sacrificios y vuestras alegrías por Catalunya. ¡Ya estoy aquí! Para trabajar con vosotros por una Catalunya próspera, democrática y llena de libertad. ¡Ya estoy aquí!”

Con el tiempo, hemos ido recuperando la memoria histórica, de momentos cruciales como este. Una lucha que conoce muy bien el president Maragall. Esta semana ha presentado el proyecto de investigación biomédica BarcelonaBeta que investigará sobre las causas de enfermedades como la que él sufre, el alzhéimer. Decía en una reciente entrevista que “no hay mal que cien años dure, podemos olvidar dónde hemos dejado las llaves, pero no olvidamos las poesías, las canciones, los refranes…” Y en ese orden de cosas, añado, no debemos olvidar a las personas que han contribuido a vertebrar el país. De Tarradellas a Maragall, pasando por Pujol. Sin olvidar a Macià, a Companys y a tantos otros.

El president Pujol tampoco se da por vencido. Sus memorias pretenden que no olvidemos lo que costó recobrar el autogobierno y defenderlo. Y también este mes, el gobierno de la Generalitat ha pedido una vez más que se anule el juicio al president Companys –el único presidente democrático asesinado por el fascismo- y junto al gobierno español, han entregado a la familia un documento de reparación.

En una comida esta semana comentábamos la necesidad de no olvidar lo que muchos hicieron por nuestra sociedad. De reclamar un poco de ese deseo de países como los Estados Unidos para recordar la tarea, los valores y los ideales de los que ocuparon los mayores cargos de responsabilidad de un país. Los monumentos, las calles y los monolitos son ejemplo de ello, pero también el recuerdo vivo de sus palabras. Y ahí tenemos un problema. Buscar en Internet discursos de Macià o Tarradellas es casi tan difícil como de Suárez, Calvo Sotelo, González o el propio Aznar. Mientras, Washington, Jefferson o Lincoln no sólo están a un clic de distancia, sino que son ampliamente citados en la retórica política habitual.

Recordando la vuelta de Tarradellas, intento recordar cosas que no he vivido, pero que no me gustaría olvidar…

¡Mujer tenías que ser!

Para de Cospedal, Rajoy “estuvo muy correcto”, porque según su opinión, de haber sido más agresivo, al ser él un hombre, hubiera quedado como cuando “un chico le pega a una chica en el colegio”. Rajoy “se esforzó para no ser agresivo”, concluyó.

Parece que, a veces, los políticos se olvidan de su papel pedagógico. De cómo lo que dicen y lo que hacen crean un modelo que es importante para muchos ciudadanos. Que un político se mueva, en la medida de lo posible –sobretodo por medidas de seguridad- en transporte público, use servicios públicos como la sanidad o la educación o incluso que utilice un cierto lenguaje, tienen efectos en millones de personas.

Cuando Zapatero formó un gobierno formado por más mujeres que hombres tenía en mente precisamente eso; la necesidad de dar ejemplo, mostrar que un órgano tan importante para el país como el ejecutivo, el poder podía ser en femenino. Porque como muy bien relata Antoni Gutiérrez-Rubí en una obra que debería ser de cabecera, Políticas, el poder en femenino tiene unas cualidades muy distintas.

En ese sentido, que María Dolores de Cospedal haya descubierto la estrategia de comunicación del PP no sirve a esta causa. Para muestra la cita que abre este post: según la secretaria general del partido, Rajoy no fue más agresivo en el debate sobre el proyecto de presupuestos para evitar dar una imagen de abusón, de hombre contra una mujer que, según se entiende por lo que dice de Cospedal, no estarían en plano de igualdad.

Lo sorpresivo es que sea la propia de Cospedal la que explique esta estrategia de comunicación. Una mujer. Que ocupa un lugar de mucha responsabilidad en uno de los partidos más importantes del país. El mensaje no puede ser más demoledor. Tanto por la lucha por la igualdad entre hombres y mujeres como para el propio PP. Las declaraciones de la secretaria general van contra la línea de flotación del discurso de igualdad del PP, pero sobretodo, es perverso para el propio Rajoy. ¿Acaso significa que Rajoy no se atreve con una mujer?

El debate público exige que sea de la mayor calidad en argumentos. No en el sexo de los políticos. Si el proyecto de presupuestos presentado por el Gobierno es malo, el debate debe centrarse en ello y los ataques deben ser fundados en ello. No pueden establecerse a tenor de si quién los presenta es un hombre o una mujer.

Las mujeres no lo tienen fácil para romper con el techo de cristal y seguramente lo ocurrido en el Congreso de los Diputados se repite diariamente en los pocos consejos de administración presididos por mujeres. Es un flaco favor a la igualdad, pero sobretodo, es un flaco favor al partido que acoge a políticas de la talla de Esperanza Aguirre, Cristina Cifuentes, Alicia Sánchez-Camacho o la propia de Cospedal.

Pero más allá de los valores, ¿es una buena estrategia de comunicación lo realizado por Rajoy? ¿Debe un hombre variar el tono para no parecer agresivo ante una mujer? ¿Un líder de la oposición debe cambiar su tono para oponerse al mismo gobierno, aunque sea con un miembro –que no miembra- del sexo opuesto? Espero vuestras respuestas…

Imágenes por el cambio

Si hacemos caso a las encuestas, estamos en las puertas de un escenario de cambio, aunque las elecciones generales se vislumbren a dos años vista. Pese a ello, la oposición ya se friega las manos con una victoria que está a tocar. En Barcelona, una alternativa real –por primera vez en 30 años de democracia- al PSC genera el mismo ímpetu en las filas de CiU. Partido que, a su vez, encara 2010 como el año que puede llevarle de nuevo al Palau de la Generalitat.

Sin embargo, aunque se pueda percibir ese contexto, el modo de configurar la estrategia de comunicación es la clave para alimentar esas ansias de cambio o matarlas de golpe. Y una de esas decisiones, tras adoptar el mensaje y la propia estrategia, nos lleva de forma inexorable a pensar en cómo deben ser los spots electorales.

La decisión no es baladí. La nueva fórmula de spots electorales adoptada tras las generales de 2008, con un formato más publicitario, y el uso cada vez más extendido de la Red, harán de estos vídeos caballos de batalla en los que apostar.

La historia electoral nos ha dejado varios ejemplos que muestran estas maneras distintas de encarnar esa idea de cambio. Eso sí, todos con elementos comunes:

  • Uso de música alegre y optimista
  • Colores cálidos
  • Mensajes positivos
  • Imágenes como metáforas de cambio

El poder de la imagen

El PSOE presentó en 1982 un spot electoral en que una serie de ventanas de varios lugares de España se abrían al cambio. Una metáfora visual acompañada del himno del partido. Sin palabras, el propio spot encarnaba la idea de abrir la ventana para dejar entrar aire fresco que limpiara el cargado ambiente de la España posterior al franquismo y al 23-F.

En la misma línea de usar imágenes como mensajes, el PP presentó un anuncio en 1996 plagado de referencias al empleo y a un país que funciona, justo la antítesis política real del momento. El anuncio, con una narración que lo acompaña y con alocución del candidato Aznar, no apunta a la esperanza sino que reclama un país que funcione.

El medio es el mensaje

Aunque no lo diseñara el equipo de Obama, cuando se puso música al famoso discurso de la primaria de New Hampshire, el éxito fue rotundo. Música pegadiza, el apoyo de artistas y famosos… una contemporánea forma de mostrar que el cambio empieza en el propio anuncio, pero sobretodo en el modo de predicarlo a todos, incluidos los jóvenes: a través de la música.

La figura del líder

El anuncio de los laboristas para las elecciones del cambio de 1997 buscaba, sobretodo, centrar la atención en los atributos positivos del líder. Más joven, jovial y próximo que John Mayor, Blair simbolizaba la aspiración de su nuevo laborismo y la Tercera Vía. Es una opción cuando el líder es alguien fuerte, el propio activo del partido.

Apuntar a las contradicciones

El cambio debe hacerse de dos formas: generando elementos positivos hacia nuestra candidatura, pero alimentando los negativos hacia la otra. Este es un ejemplo claro de la campaña de Clinton en 1992: apuntar a las contradicciones del presidente Bush.

Los políticos hacen teatro

Era difícil saber donde terminaba la política y empezaba la farándula

Los políticos, como los buenos actores, deben exponerse ante grandes audiencias. Los políticos, como los buenos actores, interpretan un papel que quiere ser el más convincente. Mientras que unos quieren el sentido homenaje de su público con un gran aplauso, los otros buscan el apoyo necesario para ganar unas elecciones y convertirse en gobernantes. Quizás por sus similitudes, un personaje de la obra que recuerda las entrevistas entre David Frost y Richard Nixon se exprese del modo que inicia este post.

Al fin y al cabo, los políticos que son sometidos al escrutinio y al foco de forma continua están representando un papel, su papel. Tienen todos los atributos de un personaje y se desenvuelven como en una obra de ficción. Aunque es real.

A veces, la realidad política llega a superar el talento de grandes autores como Shakespeare: la trama Gürtel ha llegado a mezclar elementos de Hamlet con Romeo y Julieta. Lo de Camps y Costa se asemeja mucho a la historia de los jóvenes Capuleto y Montesco, aunque sólo uno de ellos murió en Valencia. Aunque la reacción de las últimas horas en Génova sea más parecida a Fuenteovejuna. Para Cospedal, quizás quedaría lo de la “Vida es sueño” a cuenta de la supuesta persecución al partido que, tras el levantamiento del sumario Gürtel, se tornó más una ensoñación que una vía discursiva efectiva.

Si hace unas semanas afirmábamos que los políticos tienen mucho cuento –o deberían tenerlo-, ahora es el turno de la necesidad de los políticos de representar el papel de su vida. Ese que te llega casi sin avisar, cuándo un director te ofrece ser el protagonista en una obra en las tablas de un gran teatro de Madrid, en el TNC en Barcelona o en cualquier gran templo de Londres o Nueva York. A veces, tras papeles menores, alguien ve en ti las cualidades para ser el protagonista de una obra que tiene por objetivo conquistar el poder.

Uno de estos granes actores fue Richard Nixon. El único presidente dimisionario de los Estados Unidos entendió lo que suponía representar su papel hasta el final, pero como todos los grandes personajes, tenía un giro dramático final para no dejar a ningún espectador indiferente. Eso mismo recoge Àlex Rigola en su último trabajo en el Teatre Lliure de Barcelona.

Rigola adapta la obra de Peter Morgan que plasma la serie de entrevistas que el periodista británico David Frost realizó al presidente años después de dejar el Despacho Oval. Como novedad, Rigola presenta dos versiones de la misma obra: una con escenografía clásica y otra llamada “unplugged”, dónde una sobria puesta en escena se conjuga con el uso de elementos audiovisuales, que le dan a la obra un aire más televisivo. Y con subtítulos en castellano e inglés.

Precisamente la reflexión sobre el poder de la televisión sobre la política es una de las constantes en la obra que presenta a uno de las primeras víctimas de este medio: todos recordamos el debate electoral entre Nixon y JFK en 1960 que ganó el presidente asesinado por dar mejor en televisión. Aunque la televisión también nos dio lo que no pudo mostrar ningún tribunal, el gesto delator de la culpabilidad de Nixon, pese al perdón presidencial de Ford.

El Lliure muestra una gran obra. La soberbia actuación de los actores, especialmente de Lluís Marco que da vida a Nixon, la perfecta conjugación de la interpretación con los recursos audiovisuales, un montaje excelente y una historia apasionante son los elementos que hacen de “Nixon-Frost” uno de los éxitos de la temporada teatral barcelonesa.

Porque en el fondo queda esa idea que Richard Milhouse Nixon fue prisionero del propio papel que quiso o le tocó interpretar. El del malo… pero porque lo era. Quizás por ello, resultó tan creíble. Ya sabéis, teatro, lo tuyo es puro teatro…

El impuesto de la muerte

CiU no conseguirá suprimir el impuesto de sucesiones hasta que gobierne… o hasta que consiga cambiar el marco conceptual de muchos ciudadanos que expresen mayoritariamente su deseo de acabar con este impuesto. Y quizás dotarse de una estrategia un poco menos contradictoria.

Es evidente que hay una cuestión ideológica de fondo que no se puede atajar sólo con una estrategia de comunicación, pero la experiencia americana es muy clara al respecto. La población a favor de eliminar el impuesto de sucesiones no era el mismo que quién quería terminar con el impuesto de la muerte. Más del 70% estaban a favor de este último, muchos más que en opciones similares a la primera. ¿Por qué hay un cambio tan grande respecto al mismo concepto?

La explicación es los conceptos que evoca una palabra. El marco en el que se desenvuelve. Y eso es básico. Cuándo hablamos de muerte, pensamos en alguna experiencia personal, en el entierro, el funeral, los trámites. En el dolor, el desconsuelo. El negro del luto. ¿Quién no quiere suprimir un impuesto que se asocia a algo tan doloroso?

El término deja de ser neutral y, de golpe, desaparece la imagen de señores del tipo Millet celebrando la supresión de un impuesto para todos los patrimonios, incluido el de los súper ricos.

El debate en el Parlament de ayer –uno de los más vibrantes de los últimos acontecidos-, CiU no usó una aproximación de este tipo. El concepto empieza a aparecer en algunos comentarios en medios y blogs, pero el mensaje político sigue fijado en términos clásicos. Y las fuerzas de izquierda las rebaten de un modo más próximo y emocional, con una apelación directa: si suprimimos el impuesto, ¿de dónde sacamos los 800 millones de euros que faltaran en el presupuesto? ¿Cómo dejamos de construir hospitales y escuelas para que unos señores con millones dejen de pagar un impuesto? Es simplificado, lo sé, pero es lo que muchos ciudadanos pueden creer.

El lenguaje es fundamental, hay que elegir bien cada palabra. Sobretodo si luego se incluyen estrategias distorsionadoras. Si el impuesto es una competencia autonómica, ¿por qué CiU llevó el tema al Congreso? ¿No ha introducido ruido en un debate que, queramos o no, es básicamente emocional?

¿Quién manda en el PP?

Ricardo Costa ha puesto en evidencia a Mariano Rajoy cómo pocas personas han hecho en los últimos años. Ayer el castellonense fue el director de una extraña puesta en escena que mantiene ha mantenido en vilo a gran parte del país.

Costa jugó muy bien sus papeles y demostró eso que la venganza es un plato que se sirve frío. Su retiro por el Camino de Santiago le ha permitido ser el contador de una gran historia que tendrá efectos graves en el Partido Popular.

Por lo pronto, muchos ciudadanos, especialmente los que serán decisivos para ganar las elecciones, se preguntaron “¿Quién manda en el PP?”, porque la cantidad de mensajes contradictorios que estan recibiendo les ha llevado sin duda alguna a esa reflexión. Y Costa fue el máximo instigador de esos mensajes, con un Francisco Camps que no sabe muy bien qué hacer.

A nivel comunicativo, el órdago de Costa rozó la perfección. Hizo valer como pocas veces se han visto la máxima de Clausewitz: la mejor defensa, es la defensa misma. Y urdió la trama que todos más o menos conocemos.

Pero me parecen especialmente interesantes algunos elementos del relato que nos presentó el ya ex-secretario general del PPCV:

El tempo

Ricardo Costa manejó a su antojo el tiempo informativo de los medios y la opinión online. El comunicado que leyó antes de la reunión que debía certificar su defunción política aumentó la temperatura política. Uno de esos giros inesperados cuando todo el mundo daba por sentado que su marcha era ya un mero trámite. Pero no, alimentó la tensión y revalorizó su propia persona en vistas a la reunión. Él no se marchaba, sino que le echaban. Y no estaba dispuesto a hacerlo sin llevarse a alguien por delante.

Tras la reunión, mantuvo el tempo. No sólo hizo una gran maniobra de distracción para evitar que la prensa acosara al president Camps, sino que tras la reunión compareció para informar que él no se marchaba. Y si lo hacía, era con varias condiciones.

La pelota en el tejado de Camps y Rajoy. Camps no ha hecho los deberes y Génova tiene que confirmar que Costa ya no es secretario general de los populares valencianos

El lenguaje no verbal

Costa comunicó perfectamente lo que quería hacer sin necesidad de decir nada. Su entrada a la sede del PP era toda una declaración de intenciones. Paso firme, sonrisa de oreja a oreja. Aparece sin corbata, relajado. Algo hace presagiar que no va a ser una presa fácil.

Su pose, ya con corbata, mientras lee el comunicado es otro libro abierto. De frente, con firmeza, en la primera línea de fuego. Y tras ello, las fotos que trascienden del cónclave popular, con francas sonrisas, rostro relajado y otra vez sin corbata. Una contradicción enorme entre la historia oficial y lo que comunicaba su persona.

El mensaje

El mensaje de Costa ha sido muy claro. No se va, le echan. Y no sólo eso, sino que amenaza de facto con tirar de la manta. La comisión de investigación que ha propuesto va por ese camino, y el vericueto relatado tras la reunión sobre tal comisión y su suspensión sólo si ésta se forma, es una forma única de enviar un mensaje claro: él tiene la sartén por el mango.

Pero también es un mensaje de la propia situación del PP, en que Camps anuncia su destitución a Génova, pero Costa niega que esto haya ocurrido. Un mensaje en toda regla de qué la nave popular no sabe quien la gobierna. Aunque el PPCV se esfuerce en mostrar en la home de su web un mensaje como “El PPCV sale más unido y reforzado tras la celebración del CER”, con una foto de Camps y Costa sonrientes.

Tras analizar estos elementos, el lío Gürtel se enreda más de lo que se podía esperar. No sólo se evita una acción contundente que dé aire a Rajoy y Camps, sino que la acción tiene los efectos contrarios: sembrar más dudas. ¿Por qué Camps sigue apoyando a Costa mientras anuncia a Rajoy que todo terminó?

El efecto más inmediato es la demostración pública de la fortaleza de Costa. Ha sabido jugar muy bien sus cartas y ha demostrado una sangre fría que asusta. Si alguien es capaz de escenificar así su muerte política ¿de qué no será capaz?

Un Nobel de intenciones

Publicado hoy en La Vanguardia

Nunca llueve a gusto de todos y el veredicto del Nobel de la Paz es buena muestra de ello. Las opiniones sobre el honor otorgado al Presidente Obama dividen al mundo, entre quienes encuentran en la tarea realizada elementos suficientes para tal reconocimiento y los que, por el contrario, sostienen que el comité noruego de la Academia ha sido objeto del embaucamiento del icono actual más poderoso del planeta. En realidad, estamos ante un interesante debate entre la razón y la emoción, otro episodio más de esta dialéctica que no parece encontrar un término medio.

El problema viene cuando aplicamos al Nobel la lógica racional seguida en la mayoría de ocasiones: A realiza una serie de acciones durante X tiempo, tienen un efecto positivo sobre Y, cambian una injusta realidad y merece ser reconocida para que, en un futuro más o menos próximo, sea un ejemplo para otras experiencias. Una lógica de acción-recompensa que en esta ocasión no se ha dado. El Nobel a Obama –el cuarto presidente norteamericano en recibirlo, y el tercero en hacerlo mientras está en el cargo-, como ya han indicado varias voces, es un premio a la esperanza.

Muchos han encontrado casi pornográfico que al Presidente del cambio se le concediera este importante premio cuando no hace ni 10 meses que ocupa el sillón del despacho oval. Según estas voces, lo conseguido no merece un premio. Pero, ¿realmente es así? ¿Aplicando la lógica antes descrita Obama no tendría méritos? La verdad es que las acciones emprendidas en tan corto espacio de tiempo han supuesto, si no una pequeña revolución, las bases para un cambio más que relevante a escala internacional. El acercamiento al mundo musulmán, el cierre de Guantánamo, la decisión de terminar en cuanto sea posible con la presencia en Irak y, sobretodo, el fin del desgobierno internacional de la era Bush son méritos que se han puesto encima de la mesa.

La Academia, sin embargo, parece haber aplicado un criterio más emocional. Completamente válido, aunque incomprendido para muchos, yo incluido durante las primeras horas del anuncio. El Nobel de Obama es el reconocimiento que otro mundo es posible, incluso si el esfuerzo viene de la superpotencia que menos interés tiene en cambiar un statu quo. El Nobel premia la esperanza y la visión positiva, el aliento para que las reformas planteadas sean una realidad que ponga las bases de un presente y un futuro en paz y estabilidad.

Pero sin duda, lo que fue de Nobel fue la reacción de Obama. El discurso que dirigió el mismo viernes por la mañana desde la Casa Blanca fue un acierto a nivel comunicativo y un broche de oro al honor concedido. La primera reacción ante un tema tan peliagudo –más cuando en la Vieja Europa los comentarios y análisis se habían multiplicado en las últimas horas, aprovechando la diferencia horaria- es de una importancia vital. Obama presentó, no solo un discurso comedido, sino la razón por la que debe recoger el galardón en Oslo. Si el hombre más poderoso del mundo acepta su limitación “soy consciente que no merezco este premio” –afirmó-, su dosis de humildad y el planteamiento de los importantes retos que se trabajan desde la Casa Blanca mostraron al mundo por qué el presidente no deja de ser merecedor del Nobel.

Sí, el Nobel de la paz de este año es un premio de intenciones. Pero de unas intenciones de un calado que este tiempo no puede permitirse dejar de lado. La limitación de los arsenales nucleares, la paz y la estabilidad entre Oriente y Occidente, el cambio climático, etc. son objetivos irrenunciables para quien ame este planeta y desee dejar un mundo habitable para las próximas generaciones; nuestra deuda para con ellos. Un Nobel a nobles intenciones, pero también a los decisivos pasos ya tomados. Pero también el espaldarazo a alguien que, casi de un plumazo, ha conseguido revertir la imagen de Estados Unidos en el mundo.

Dicen que este galardón casi premia más la ausencia de Bush que la presencia de Obama, pero créanme, si hoy McCain ocupara el lugar de Obama este premio no se hubiese producido. La intención del cambio, pero los pasos puestos para conseguirlo, son mérito del presidente, una llamada a la acción y a su responsabilidad. Pero también el modo de comunicar, de Noruega al mundo, que hay esperanza para construir un mundo diferente que aspira a ser mejor.