Palabras que funcionan: desorden

¿Cómo conseguimos reflejar en una palabra que la gestión de nuestro adversario político es un auténtico desastre? ¿Cómo podemos hacer que esa palabra funcione especialmente en España? Por lo pronto, emulando al presidente Aznar.

Aznar es un experto en conseguir plasmar en un par de palabras el sentir general, dar fuerza a lo que muchos consideran verdades como puños y, aunque la mitad del país se mofe de ello, conseguir que los suyos lo defiendan con uñas y dientes y que muchos indecisos acaben concediéndole la razón.

“España va bien”, “¡Váyase señor González!”, etc. son algunos ejemplos, pero el último va camino de convertirse en una palabra ganadora. En una palabra que funciona: desorden.

El desorden es algo que no gusta. Nuestra infancia y adolescencia ha estado acompañada en todo momento de este marco: tu habitación no puede estar desordenada, porque si lo está vienen los castigos y te quedas sin cine con ese chico o chica especial. Si hay desorden, no encuentras los deberes, pierdes la cartera o acabas tirando las llaves de casa a la basura. Sin orden no se puede vivir.

Así que al inferir ese concepto tan básico a la política, el resultado es asombroso. Si estamos en un contexto de desorden, no podemos salir de la crisis. Si este desorden viene por culpa de las autonomías, la crisis es culpa de ellas y, entonces, hay que reforzar al Estado que es quién puede poner orden. El reflejo de un modo de entender España en una sola frase. Vean como se expresa Aznar:

“hay una evidente sensación de desorden. El pacto de la Transición no consistió en el aplazamiento de la ruptura, sino que fue la expresión de una política intregradora. Y reabrir el modelo de Estado ha sido uno de los mayores errores que se han cometido”.

“Nadie puede defender seriamente que las comunidades estaban diseñadas para abrir embajadas, para prohibir la enseñanza de la lengua común, para cambiar derechos individuales por derechos territoriales, para volver a los privilegios o para confundir derecho a la diferencia con la diferencia de derechos. Si están en eso, la responsabilidad nacional es corregirlo.”

Desorden funciona porque además de apelar a algo que todos podemos entender, da pie a una solución. Si te acuso de desorden, yo soy el ordenado. Así que no solo propicia un golpe al adversario por la acusación, sino que le da otra estocada con el planteamiento de una alternativa.

Foto original

Albert Medrán

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