Catalunya: ¿más cerca de la independencia?

El nacionalismo catalán siempre ha mirado con una cierta envidia a Quebec. En primer lugar, porque Canadá ha sabido expresar mejor su plurinacionalidad que España y, en segundo lugar, porque ha sido un estado capaz de organizar sin traumas varios referéndum preguntando directamente sobre la secesión o no de este territorio francófono. Claro está que el hecho de reconocer la plurinacionalidad, y que ese término no levante ni ampollas ni miedos, es una ventaja comparativa de los canadienses frente a España.

El independentismo crece en Catalunya y, de hecho, es una consecuencia lógica y natural. Por demografía, nuevas generaciones nacidas y crecidas ya en democracia y en una sociedad donde el catalán o la cultura catalana no son clandestinas, donde no existen ni miedos ni reparos a plantear una alternativa. Así lo muestra el CEO -el CIS catalán- en sus barómetros: desde 2005, un 6% más de la población aboga por la independencia. Así, el 19% de los catalanes y catalanas es partidario de dotar a Catalunya de un estado propio.

Pero no es sólo ese recambio demográfico. Mucho hay de percepciones, de gestos y de acciones que alimentan ese sentimiento de no querer formar parte de España. Algo que no se entiende más allá de las fronteras catalanas. Del mismo modo que no se entiende que en Arenys de Munt se organizara ayer una consulta sobre la independencia, tampoco se entiende desde aquí el acoso de las instituciones del Estado o que su abogado sea un ex candidato de Falange. Quizás sea la anécdota, pero este tipo de percepciones acrecientan la leyenda negra de que las acciones del estado las sigue moviendo una profunda concepción franquista de lo que es España.

Lo cierto es que los puntos de entendimiento son difíciles. Mientras unos no pueden comprender como se queman banderas españolas o fotos de los reyes en Catalunya, los otros no pueden entender declaraciones como las del Rey o que a día de hoy el Senado aún no sea una auténtica cámara de representación territorial, que en el Congreso no se permita el uso de las lenguas cooficiales o que se tardarán casi 20 años en incluirlas en DNIs y sellos. O que aún no lo sean en Europa. No obstante, el punto interesante de la cuestión es que cada vez hay más catalanes que ya no quieren eso: simplemente quieren la independencia.

Que el Tribunal Constitucional pueda declarar nulos algunos artículos del Estatut, empezando por usar el término nación sobre Catalunya –aunque alguien deberá explicarme algún día por qué si en la Constitución se habla de nacionalidades, en plural, sólo hay una nación, en singular-, es una perfecta explicación de por qué durante esta primera década del siglo XXI los esfuerzos de España para llegar a un nuevo pacto político con Catalunya llegan tarde. Y si la crisis institucional por la sentencia llega, además de tarde, mal.

En realidad, el problema es de una profunda incomunicación por las dos partes. Como si, desde hace mucho tiempo, ya hubiesen perdido el mutuo interés. Sólo así puede entenderse el abandono que el estado dio a Catalunya –y especialmente a Barcelona- en temas como las infraestructuras. Por ejemplo, también debe entenderse el crecimiento del independentismo al ver el pasotismo en temas como el de Cercanías. Ni muchos catalanes quieren saber de España, ni muchos españoles de Catalunya. Y si no, vean Alto y Claro en Telemadrid, los carteles de muchos salmantinos en las manifestaciones por los papeles de Salamanca o la mítica respuesta de quiénes firmaban contra el Estatuto: “no, firmamos contra Catalunya”.

Cuando el hastío llega a las dos partes, no hay modo posible de comunicar lo que a veces realmente es. No hay modo de mostrar que los catalanes no son ni agarrados ni insolidarios. No hay modo de explicar qué son las balanzas fiscales ni por qué se necesitaba una nueva financiación. No hay modo de explicar por qué los catalanes amamos nuestra lengua –sin amenazar al castellano, que goza de una excelente salud en Catalunya-. Y tampoco hay modo de desbaratar los clichés del otro bando.

Ante este entuerto necesitamos líderes, más que nunca. El independentismo catalán necesita líderes que den sensatez a su proyecto y que no sea una amalgama de preconcepciones, lemas usados y vacíos de contenido. Si los catalanes quieren un estado propio, que sea un estado decente y responsable. También los que no lo quieran necesitaran líderes que entiendan el valor del diálogo, la comprensión y el esfuerzo por tender puentes. Líderes que no coloquen una manifestación de Falange el mismo día de una consulta o un ex candidato de esta formación a defender lo inalterable del estado. Líderes que entiendan que es la suma y no la resta.

Sólo así pueden entenderse todos los votos afirmativos de la consulta de ayer en Arenys. Sólo así pueden entenderse todas las consultas que vendrán a partir de ahora. ¿Sólo así puede entenderse? ¿Qué opináis?

Albert Medrán

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El blog de comunicación de Albert Medrán

17 thoughts on “Catalunya: ¿más cerca de la independencia?”

  1. Pingback: Bitacoras.com
  2. Coincido totalmente contigo en la falta de comunicación y en la falta de líderes en ambos bandos, pero no tanto en la “quebecfilia” del independentismo catalán. Creo que en este sector hay, básicamente, dos posturas: la de algunos intelectuales que desearían una separación a la checoslovaca, incruenta, y la de los maulets, CUPs y personajes similares (muchos alimentados por parte misma del tripartí) que no se ponen colorados al hablar de ruptura violenta, boicots, etc.

    Lo del abogado ex-Falange y lo de la marcha de la Falange es parte también del triste panderetismo del que somos testigos día a día, como así también lo es el circo montado por algunos medios.

  3. Me parece que has escrito un artículo que aporta unas claves muy interesantes para la reflexión. En primer lugar, considero que es necesario un alto grado de empatía, de ponerse en el lugar del otro, para que la defensa de las ideas de cada uno no se asienten en el desprecio de las ideas de los demás. Hay que evitar los agravios y que cada uno construya sus proyectos no en clave de confrontación, sino de cooperación. En segundo lugar, coincido en que un planteamiento independentista debe articularse sobre un proyecto que detalle las bases sobre las que se asentará un nuevo estado. No es suficiente con generalidades, hay que bajar a lo concreto, tal y como hicieron en el caso de Quebec o actualmente en Escocia, donde la propuesta de referéndum viene acompañada de un trabajo de definición del modelo económico, social, lingüístico y cultural que tendría una Escocia soberana.

  4. El problema es político. El problema es el poder, el dinero, siempre lo ha sido. No hay ni un solo conflicto en este mundo que no tengo eso detrás, por mucho que se quiera disfrazar de patriotismo, guerra de religión, etc. Es siempre la lucha por el poder. Y mientras sean los políticos los que tengan que resolver esto, la cosa va a ir a peor.
    Hacen falta iniciativas civiles que busquen esos nexos que son más que las diferencias.
    Ya se sabe, en las noticias, en la tele, vende más lo malo. El video que has colgado es muy muy tendencioso. Se podría hacer lo mismo pero al revés y te aseguro que los (políticos/periodistas) catalanes pondrían el grito en el cielo y lo calificaría como una campaña más de “demonización” del catalán, una muesca más en la lista de agravios.

  5. Pingback: Paul Rios
  6. Creo que has dado en el clavo. Buena parte de lo que está sucediendo no es coyuntural, sino que obedece a razones de fondo muy variadas. Pero añado algo más: lo importante no es la forma política concreta (si región, autonomía, estado federal o estado independiente), sino que todo el mundo se sienta más o menos a gusto con ella.

  7. Si os sirve de consuelo, yo soy andaluza y en esencia coincide plenamente tu planteamiento y análisis con lo que vengo defendiendo desde hace tiempo en múltiples debates.

    Mi “deformación” de administradora de foro me hace verlo así: en realidad ahora mismo el debate se lo tienen usurpado los “trolls” -valga la expresión sin que quiera ser insulto, sino solo una forma de expresarlo gráficamente- a la inmensa mayoría de gente que si le plantea el debate de otra forma, vería que esto, ni tiene mayor trascendencia pues no es nada con legitimidad legal, ni hay que dejar de verlo, por otra parte, como algo natural. Los “trolls” de uno y otro lado, los que empujan por cauces que no corresponden -pues el único caude es convencer y los votos que dicte la ley- de un lado, y los que quieren a toda costa evitar el debate y aprovechan para ello precisamente a los anteriores, haciendo ver como que fueran mayoría y los que deciden. Y como en todo, se van abriendo alrededor de ellos círculos concéntricos, ya de radio más amplio en los que podemos ya enconctrar opiniones y posturas para todos los gustos y en todos los grados.

    Pero el centro del círculo, y ese es el problema, se lo tenemos dejado a ambos extremos que sean los quienes nos lo impongan a todos, por echarles a ambos más cuentas que las que merecen -sobre todo cuando usan formas más que dudosas- en vez de imponer la inmensa mayoría la naturalidad, la calma y el sentido común.

    Pero claro, y he aquí el otro problema: un troll da muchas entradas a un foro. Y si el foro es con ánimo de lucro -no es el caso del mío, lo aclaro no sea que creáis que intento con este mensaje hacer publicidad :) -, como lo pueda ser un periódico o incluso con otro tipo de ánimo como lo pueda tener un partido político, eso también nos puede aclarar mucho las cosas.

    Y mientras, los que flipamos con estas cosas y que se les dé la importancia que se les da (por ambos lados), como siempre, con cara de perplejos. Pero sobre todo fastidiados, muy fastidiados porque mientras tanto se deja de hablar de lo importante y lo que urge a la gente de a pie.

  8. Igual es hora de cambiar de estrategia, de buscar alternativas al “a ver hasta donde nos deja llegar Madrid”, de mirar más a Europa, de dejar de ser el malo de la película centralista. Hace falta creatividad, imaginación y buscar espacios comunes con los que todos nos podamos identificar.

  9. Un par de apuntes Albert, empezando por las “alusiones”. Usar como argumento lo que se diga en Telemadrid no sirve de nada. Sabemos que no es una televisión: es un arma arrojadiza de Espe. Yo ni siquiera recuerdo la última vez que lo puse.
    En segundo lugar, algo que siempre me he preguntado: ¿podemos los no-catalanes decidir si queremos que Cataluña siga siendo parte de España? A mi me parece importante, porque a mi me gusta Cataluña y lo que aporta culturalmente, socialmente, a España. Y me gustaría que siguiese así. No sé si mi voto debe valer lo mismo, la mitad o cuanto de un catalán, pero creo que algo tengo que decir.
    Al movimiento independentista creo que le falta algo, quizá relacionado con el líder que tu reclamas: hablar claro. Y es que cuando preguntas ¿siendo Europeos?, ¿con fronteras con España? o algo más trivial ¿dejaría el FC Barcelona y el Espanyol la Liga Española? cada persona te da una respuesta, dependiendo lo que quiera, lo que le importe, lo que le guste…

    Y solo un pequeño apunte: ¿es compatible vivir en un mundo globalizado con pensar en independizarse?

  10. Antonio, gracias por tus comments! No tengo respuesta para todo, pues no soy el representante de nadie ni de nada… pero te lanzo algunas ideas: sobre si los no-catalanes deben decir algo o no, a día de hoy se necesitaría un cambio en la Constitución que debería ser aprobado por todos los españoles. Esas son las reglas de juego hoy. No soy jurista, así que mi opinión poco valdría…
    Sobre el modelo que se buscaría o que se tiene en mente sería el de ser un Estado europeo más. ¿Sentido? Pues el mismo sentido que tiene que Suecia, España o Malta sean países: nadie lo cuestiona, no entiendo porque se cuestiona la voluntad de algunos catalanes de serlo. Sobre lo del futbol, pues la verdad, no lo sé porque tampoco entiendo de ello. El Mónaco juega en la liga francesa, pese a no ser franceses. Tampoco creo que sea lo central es una anécdota más que se tira como arma arrojadiza en muchas ocasiones.

    Y respecto a tu última pregunta sí, creo que es compatible. Precisamente porque la globalización nos lleva a todos a reclamar lo que somos, de dónde y por qué, refuerza la identidad pese a estar en contacto, abiertos, al mundo. No sé si me explico…

  11. Para no acaparar el debate, solo dos apuntes:
    1- Cuando hablaba del derecho de los no-catalanes a decidir, hablaba más bien de un derecho “moral”, más que jurídico.
    2- Sin que lo del deporte sea un tema central, no creo que se le deba considerar una anécdota. El deporte es un motor importantísimo de la sociedad. Y sinceramente, se vería muy raro que “para lo bueno” se independizase pero “para lo malo” (quedarse solo en esa Liga Catalana) siguiesen en España.
    Por cierto, Andorra juega en la Liga Española. Pero es un principado minúsculo, como Mónaco, no un país.

    Por lo demás, todo claro :)

  12. me gustaria que en democracia se pudiera decidir a si quiero o no quiero algo ,referendums etc pero esa democracia aun no a llegado , hasta cuando, viva catalunya, visca catalunya , i visca las nacionalidades de la peninsula iberica incluida la castellana

  13. Cada uno ve lo que quiere, y tu como catalán ves lo que te interesa. Me gustaría saber si Canadá ha sabido expresar mejor su plurinacionalidad que la España actual, porque como ni tu ni yo estamos allí, no nos llega si hay discusiones entre procanadiense e independentistas, si se odian, si llegan a las manos, si queman banderas, etc. Igual que cuando dan una notica en Estados Unidos del independentismo catalán en la televisión no dan todo lujo de detalles sobre las “peleas” que hay y la mayoría de la gente fuera de España no tiene ni idea del sentimiento catalanista si no ha estado en Cataluña o tiene amigos catalanes. Un amigo mío catalán me decía que cómo en España no se reconocía, ni tenían los mismos derechos los demás idiomas que no fueran el castellano, que en Bélgica, por ejemplo, eso no ocurría, que allí francófonos y flamencos convivían la mar de bien.
    Yo le decía que eso no era así, que allí no se podían ver los unos con los otros, pero que siempre se veía que fuera de España se respeta más a las minorías y que a los españoles siempre se nos pone el Sanbenito de menos respetuosos, menos democráticos y con peor modales. Me lo tuvo que reconocer cuando, tiempo después, salió en las noticias una pataleta de los flamencos con que querían separarse del resto de Bélgica y que la situación, supuestamente, era insostenible.
    Dices que se ataca a Catalunya en el resto de España. Yo viajo mucho por Catalunya y entiendo el catalán. Muchas veces cuando pongo radios catalanas, oigo como se menos precia y, aveces, insulta y ridiculiza a los españoles.. y eso, por supuestos profesionales. Es verdad, que el independentismo a subido mucho en Cataluña, pero yo lo achaco más a la política educativa que a las libertades democráticas. Tienen tanta libertad un hombre de 35 años que uno de 20, y los de 20 son más radicales. Y ya no hablamos de la comida de tarro ideológica política y de la visión sesgada de la realidad de Cataluña de la que son partícipes los profesores que dan los cursos subvencionados de la Generalitat para extranjeros, que tuve que sufrir en mis propias carnes cuando viví por 3 meses en Catalunya y quise aprender el idioma.
    Si en España se respeta tan poco la pluraridad como tu dices, ¿por qué el escritor de la Cataluña Norte (Francia) Joan-Daniel Bezsonoff dijo esto comparando la situación de los catalanes españoles con la situación de los catalanes franceses?: “Un día haré un libro que se llame Yo no soy español y vosotros sí. A mí me hubiera gustado ser español. Francia es fantástica si eres francés, pero si eres catalán, bretón, corso …, no existes. El catalán es un fantasma legal en Francia, es el bable. Es un dialecto de lujo.” (Texto original en catalán: “Un dia faré un llibre que es digui Jo no sóc espanyol i vosaltres sí. A mi m’hauria agradat ser espanyol. França és fantàstica si ets francès, però si ets català, bretó, cors…, no existeixes. El català és un fantasma legal a França, és el bable. És un dialecte de luxe.”

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