El día que Camps no fue Nixon

¿Y los que no son ni del PP ni del PSOE, qué? Esta es la pregunta que me hago tras el alud de reacciones a la decisión del TSJV de archivar la causa por cohecho contra Francisco Camps. ¿Qué pasa con ellos?

Llego a este punto porque lo que podemos aprender de lo ocurrido durante estos meses son varias cosas, pero todas nos llevan a un mismo punto, la importancia de las percepciones. Nuestra manera de recibir, elaborar e interpretar las informaciones y los estímulos que recibimos para formarnos una opinión y, en última instancia, actuar.

Para los populares, se demuestra que la estrategia de aguantar hasta las últimas consecuencias, funciona. Que da igual de donde vengan los envites, lo importante es mantenerse, sembrar dudas y esperar que la justicia no vea indicio de delito en recibir unos caros regalos.

Para los socialistas, confiar en que por unos trajes se podría hacer caer a uno de los varones populares en, quizás, el territorio más abonado para la perpetuidad del poder es, cuanto menos, ingenuo. Ingenuo, como lo fue su estrategia durante los meses iniciales del escándalo: el centro de la cuestión no eran los trajes, sino esclarecer a cambio de qué se regalaron. Justo lo que el Tribunal no ha investigado. ¿Qué hubiese ocurrido si los socialistas hubieran hecho de esto el centro de la batalla desde el primer momento?

Tal y como expliqué en este post, los partidarios de una u otra opción política responden del mismo modo a las mismas situaciones. Da igual que nuestro líder se vea envuelto en un caso de corrupción, en una contradicción grave (como decir que te pagaste tus trajes y luego saber que no lo hiciste), etc. nuestro cerebro tendirá a reafirmar lo que creemos y a activar respuestas positivas a nuestro líder que nos reafirmen. También ha pasado con Chaves en el bando socialista, no lo olvidemos.

¿Y a los que están en el centro de la batalla política? ¿Los indecisos? Pues para ellos todo esto es un berenjenal que demuestra las debilidades de la Justicia en nuestro país. No pongo en tela de duda la decisión acordada por el Tribunal, las decisiones judiciales se acatan, pero para una persona que no quiera ver esto con tintes partidistas, saber que uno de los jueces encargados del caso es “más que un amigo” de Francisco Camps no sólo le sorprende, sino que le repugna.

Más le repugna al ciudadano de a pie el uso más que partidista de los medios. De las filtraciones interesadas al Grupo Prisa a la inexistencia de cobertura del caso en Canal 9 –excepto ayer, claro está-, a las editoriales de hoy en los medios de la derecha mediática. Más de lo mismo, si la decisión es buena para los que me gustan, la Justicia funciona. Si no, es un desastre. ¿Dónde está el papel de los medios? ¿Cómo pueden acusar, investigar, informar si sirven a intereses partidistas?

Ojalá esto nos llevará a una reflexión más profunda sobre el caso. Dudo que ocurra, pero ojalá estuviera en nuestra mano hacerlo. No se pueden recibir trajes y no investigar a cambio de qué. No se puede afirmar alegremente que es normal que los políticos reciban regalos. No se puede tolerar que los amigos juzguen a los amigos. Y esto debería ser defendido no sólo por los no partidistas, sino por las muchas personas en ambos partidos que entienden que todo esto mina el sistema democrático.

Hace unos días Obama almorzó con los CEO de varias grandes compañías. Al finalizar el ágape, el camarero pidió las tarjetas de crédito de los asistentes: cada uno se pagó lo suyo para que nunca se diga que el presidente adoptó una u otra decisión. Si en Estados Unidos por una comida hay dudas, ¿unos trajes, unos bolsos Louis Vuiton, los regalos a la consejera de Turismo… no son motivos suficientes para creer que había algo más?

En marzo de 1974 el Gran Jurado Federal de los Estados Unidos consideró que el presidente Nixon había sido copartícipe del caso de espionaje en la sede del partido Demócrata del hotel Watergate. Nixon no tuvo cargos formales. El 8 de agosto de ese mismo año, dimitía mediante este famoso discurso.

Francisco Camps ha sido imputado y su credibilidad debería estar minada. Algunos medios dicen que ya hablarán las urnas. Ni él, ni Costa ni muchos otros se han atrevido a hacer lo mismo que Nixon. Que luego no nos vengan con que la gente se separa de la política o que la gente no cree en la política. Cosas así no ayudan.

¡Quiero tener los abdominales de Aznar!

Si nos preguntaran a cualquiera de nosotros “¿Cree usted que política y deporte deben estar separados?”, todos responderíamos al unísono: sí, por favor. No tendríamos ninguna duda en su necesaria separación, como creemos en la separación de poderes o en que entre Iglesia y Estado debe correr el aire. Pero en todos estos casos, el espacio que los separa es un estrecho campo lleno de minas…

Pero hoy no voy a reflexionar sobre ello, entraríamos en un terreno pantanoso de selecciones nacionales vs. selecciones autonómicas, abucheos al himno, presidentes de clubes de fútbol que tienen en mente dar el salto a la política o, como no, las luces y sombras de los maletines repletos de millones que se intercambian para favorecer una recalificación de terrenos, blanquear unos capitales, etc.

Todos conocemos las virtudes del deporte, hacer ejercicio es sano tanto para nuestro cuerpo como para nuestra mente. Quizás por ello, la mayoría de mandatarios hacen deporte de forma regular. Seguramente, para soportar mejor el nivel de estrés al que están sometidos, pero sobretodo porque el mensaje que envían es el de ser personas que se cuidan.

Transmitir esa imagen es esencial: si yo me cuido, puedo cuidar bien del país. Los gabinetes de comunicación no tienen reparos en ofrecernos alguna imagen de los diferentes líderes haciendo algo de ejercicio, rodeados de guardaespaldas a su ritmo.

Aznar, con sus 2.000 abdominales diarias (a un ritmo de una cada dos segundos, ahí queda eso), es conocido como “el macho”. El ex presidente ya puso de moda otros deportes, el pádel le debe casi todo a él en su implantación en nuestro país. De él también guardamos otras imágenes para el recuerdo (y no hablo de sus baños en Oropesa), como las carreras con adolescentes en Moncloa. Ahora nos deleita con esta imagen que poco tiene que ver con aquella de un castellano en aguas mediterráneas y que se acerca peligrosamente a Terminator.

Otros líderes han sido más discretos. Obama practica deporte regularmente, con una tabla de ejercicios a su medida desde las primarias. Su foto de torso desnudo dio la vuelta al mundo y pudieron comprobarse los avances de su rutina. Quién también tiene una rutina es Sarkozy, que según dice, favorece la actividad sexual. El presidente francés sufrió un síncope tras practicar deporte hace unos días. De Sarkozy también nos quedaron unas fotos para el recuerdo en que sus michelines y el photoshop fueron el centro de la polémica.

Volviendo a España, Zapatero suele practicar jogging, además de ser un aficionado al baloncesto e hincha del Barça. Varios ministros y ministras también tienen en el deporte su válvula de escape, quizás a Salgado la inspiración para la negociación de la financiación le llegó en una de sus clases semanales de yoga… En Moncloa tuvieron la oportunidad de conseguir esta foto del presidente, si no recuerdo mal, en la costa onubense y de hacerla aparecer en un dominical. Pese a ello, los neocons de este país siguen teniendo mejores abdominales que los socialdemócratas.

Decía Esperanza Aguirre que “El deporte favorece algo importante para los políticos como es aprender a ganar y a perder”. Quizás por ello los símiles entre política y deporte están a la orden del día, en primer lugar porque se complementan bastante y en segundo lugar porque es una vía fácil para que la mayoría de los ciudadanos nos entiendan.

Pero cuidado; si tu alcalde, presidente o candidato no es muy dado al mundo del deporte, tampoco hay que forzar una photo-op que se nos pueda volver en contra: no hay nada peor que verlo completamente ahogado o embutido en un chándal en el que no se siente cómodo. Como tampoco podemos abusar de las metáforas deportivas si se ha pasado la vida entre libros y esa es precisamente su fortaleza. O ni una cosa ni la otra.

En todo caso, hacer deporte es bueno, y comunicarlo también. Podríamos dejarlo en la intimidad, pero tener una imagen corriendo vale su peso en oro. Quizás no sea necesario llegar a los abdominales de Aznar pero, puestos a pedir, ¿quién no quisiera tener sus abdominales?