Europa empieza en los Pirineos

Si no fuera porque los datos del Eurobarómetro eran bastante homogéneos para todos los países de la Unión, creería que en la mayoría de nosotros aún impera la idea que Europa empieza en los Pirineos: el 60% de los españoles se abstendrá en las elecciones europeas del próximo 7 de junio.

Los resultados de esta encuesta nos sorprendieron en Bruselas, durante la visita a las instituciones comunitarias que la Representación de la Comisión Europea en Barcelona ha organizado para periodistas de medios digitales y bloggers esta semana. No podía econtrarnos en un lugar mejor. Porque desde Bruselas las cosas se ven muy diferentes.

¿Por qué se abstendrá ese 60%? ¿Por qué el 60% de la población no quiere participar en elegir a quién tanto tiene qué decir?

Las explicaciones son muchas. Sin ánimos de ser exhaustivos, he identificado algunas:

  • El desconocimiento de lo que se hace en el Parlamento Europeo
  • El descontento hacia la UE de buena parte de los ciudadanos españoles, especialmente los que más sufren los efectos de la crisis
  • La creciente desafección política
  • La lectura nacional que los partidos dan a unas elecciones relevantes en la perspectiva europea
  • … pero también la lectura nacional que le dan los medios de comunicación
  • La complejidad del asunto
  • La negativa de los Estados a ceder protagonismo

Todos estos problemas tienen un nexo común: la comunicación. Sin una comunicación a la altura de las circunstancias, no puede conocer lo que ocurre, la relevancia del momento y de la decisión que podemos tomar.

La primera conclusión de esta estupenda oportunidad de conocer la realidad de la Unión apunta a esta carencia. La Unión necesita dotarse de un discurso vencedor y de herramientas de comunicación que superen estos problemas. Aunque sea mucho lo que se está haciendo, debe hacerse más.

No es normal que la organización que ha creado un espacio de libre circulación de ciudadanos y mercancías, que ha creado el mayor mercado del mundo… que ha creado programas como el Erasmus, las políticas comunes (defensa, agricultura…) o que ha impulsado la creación del euro, reciba esta incomprensión.

Y esta nueva manera de comunicarse deberá pasar por la red. Si la comunicación institucional ya debe pasar el gatekeeper de los medios, la unión debe pasar muchos más (los partidos, los Estados… e incluso las empresas), así que deberá buscar el modo de explicarnos a todos por qué es importante, por qué hace lo que hace… y qué hace.

Aprovecho este post para agradecer la organización del viaje a la Representación y a su Jefe de Prensa, Albert Royo, por el excelente desempeño del mismo.

Podéis ver algunas fotos del viaje en Flickr.

Albert Medrán

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El blog de comunicación de Albert Medrán

3 thoughts on “Europa empieza en los Pirineos”

  1. Pingback: Bitacoras.com
  2. Hay dos teorías sobre porqué no nos “gusta” Europa, o porqué existe esta creciente crisis de legitimidad que nos lleva a la desafección política del proyecto comunitario.
    El primero pone de relieve un problema de comunicación. Y aquí no puedo estar más de acuerdo con este post. No solo la comunicación digital puede ser la clave, sino que también puede ser el paradigma para romper la barrera “nacional” que todavía impera en los medios convencionales. En otras palabras, la propia naturaleza postnacional del proyecto político en Europa nos conduce a Internet. Mientras los medios escritos y audiovisuales tradicionales sigan estando anclados en una lógica estatal y nacional, internet debe ser el lugar donde podamos discutir un lituano, un esloveno y un italiano sobre la Champions, Obama o el calentamiento global en clave europea. El medio de los europeistas, es internet. De eso no tengo la menor duda.

    La segunda razón sin embargo es que nos pensamos que la Unión Europea es algo que por desgracia, todavía no es. La Unión Europea no es un Estado. Tampoco es un sistema político parlamentario (no hay relación directa entre el resultado de las elecciones y la composición del “gobierno -comisión-” de la Unión). No tiene dinero (el presupuesto de la UE es del 1,2% del PIB europeo -un Estado convencional tiene un presupuesto del 30 al 50% del PIB nacional). No puede legislar en materia de fiscalidad, educación primaria y secundaria, política internacional o sobre aspectos militares y políticas de seguridad. No tiene un único presidente visible que haya sido electo (sino los 27 jefes de Estado o de Gobierno de los Estados Miembro). No tiene la summa potestas -soberanía-, implícita o explícita, pues los Estados no quieren librarse del poder de tener la última palabra.
    En definitiva, la UE sigue siendo muchas cosas -y algunas muy buenas- pero no una entidad politizada con poderes estatales atribuidos de forma democrática.
    Y que nadie se engañe. Hasta que eso no cambie, la UE probablemente seguirá decepcionando y despertando poco interés. Aquí nadie es tonto.

    Uf, que llarg m’ha sortit això!! :p només per dir que ojalá gent com tu treballés un dia per la comunicació europea… (vine’t vine’t a brusselles després de madrid… ;) ;)
    El pròxim comment “europeu” serà més optimista. Palabra de europeista!

    Una abraçada! fins aviat!

  3. Dídac, un comentario muy certero. Se nota tu dominio en la materia ;)

    En las próximas semanas trataré más esta temática, así que espero tus apuntes!

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