Una historia de ruido

Mucho, mucho ruído. Sabina lo cantaba en Ruido, y es lo que me viene a la mente cuando intento analizar los hechos en qué derivó la protesta contra el Plan Bolonia que tenía secuestrado al edificio del rectorado de la Universitat de Barcelona.

Ruido, porque a día de hoy ese rumor de fondo no nos permite discernir de qué estábamos hablando. ¿Era una protesta contra Bolonia? ¿O era una protesta contra el rector? ¿La noticia era Bolonia… o una carga policial? ¿Tenían el mismo grado de protagonismo los créditos ECTS que el conseller Saura?

No voy a hablar del Plan Bolonia. De hecho, no voy ni a hablar del movimiento contrario a la reforma universitaria ni de la confluencia con otros movimientos, llamados sociales, en las protestas de estos días. Tampoco voy a hablar de Saura o Huguet, de cómo ERC e ICV tienen que hacer frente a una difícil papeleta. No voy a hablar de Mossos d’Esquadra sin identificación visible. Ni tan siquiera del atropello a la libre actuación de los profesionales de la información.

Voy a hablar de ruido. Del ruido emitido por estudiantes, universidad, consejerías, policía y medios de comunicación. De cómo este ruido llega a la opinión pública en forma de una gran nebulosa y todo parece más difícil de comprender de lo que es. El ruido que, tras ser agitado en la coctelera de los medios, nos deja aún más indefensos ante la incomprensión de lo ocurrido.

Los movimientos sociales han elegido, a mi entender el peor momento y el peor modo de hacerse visibles. Es lógico que tras el desalojo busquen el protagonismo y la presión necesaria para no dejar morir su protesta. Pero el resultado ha sido el contrario al deseado: su protesta no está en el centro del debate social y político.

El ruido ha derivado la cuestión del Plan Bolonia a otra muy distinta: la actuación de los Mossos. Hoy lo que se cuestiona la gente y los medios es si la policia catalana actuó en los márgenes de lo aceptable o no. El debate hoy es la gestión de Joan Saura como conseller de Interior, con estos hechos como la gota que colma un vaso lleno de maltratos policiales, kubotanes y otras historias aparecidas en los medios en los últimos dos años.

Es precisamente ese ruido el que ha cambiado las becas y los créditos ECTS por porras, cascos y distintivos policiales. El movimiento contrario a Bolonia ha sido doblemente vencido: primero por la fuerza de las porras y en segundo lugar por el entierro de su historia bajo una más grande.

La solución sólo puede ser la vuelta al diálogo, sin ruido. El diálogo entre las fuerzas políticas catalanas para evitar que casos como estos lastren la necesaria confianza y respeto hacia las fuerzas policiales. El diálogo, también, entre los miembros del gobierno catalán para evitar que parezca que el Departamento de Interior es un ente satelitar del ejecutivo. Un diálogo que, si me permiten la licencia, no puede demorarse si este gobierno quiere llegar al final de su mandato.

Albert Medrán

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El blog de comunicación de Albert Medrán

3 thoughts on “Una historia de ruido”

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  2. Comparto tu opinión acerca de que el verdadero debate sobre Bolonia se ha desvanecido. Y quizá eso se deba a que la defensa de una postura necesita de un ejercicio de autocrítica que permita debatir de forma sensata y, como bien dices, en este tema sólo nos hemos quedado con el trazo grueso. Con el ruido.
    Saludos.

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