El día que Obama y Nancy Reagan estuvieron de acuerdo

¿Por qué Nancy Reagan se mostró públicamente a favor de Obama tras una decisión presidencial? Hoy reflexiono sobre Iglesia y Estado en La Vanguardia.

El día que Obama y Nancy Reagan estuvieron de acuerdo

Galileo Galilei está más presente en el debate actual de lo que creemos. Lo que encarna su figura está hoy más vigente que nunca a la vista del encendido debate que ha generado la decisión del presidente Obama de autorizar la investigación con células madre mediante financiación pública. Pongan el contador a cero. Quizás dentro de 445 años el Vaticano dedique a Obama y a Zapatero una misa como la recientemente dedicada a Galileo Galilei.

Con esta decisión, se pone fin a la guerra abierta del poder político norteamericano con la ciencia. Como saben, el gobierno de George W. Bush tuvo entre sus señas la adopción de un conservadurismo cristiano que retrajo la moral nacional a límites irreconocibles en algunas áreas y alentó la tensión entre la iglesia y el estado, especialmente en áreas como esta. Bajo su mandato las teorías creacionistas, que niegan la ‘teoría de la evolución’ de Charles Darwin, tuvieron un importante espacio para su expresión.

Las reacciones a la decisión presidencial no se han hecho esperar. Pese a que sólo un 38% de los americanos (según una reciente encuesta de Gallup) está a favor de permitir este tipo de investigaciones, el nuevo marco legal abre un sinfín de posibilidades a la ciencia para la investigación de enfermedades, a día de hoy, incurables. Los apoyos le han llegado desde varios sectores y bandos. El mundo de la ciencia, tanto en Estados Unidos como en el extranjero (los científicos japoneses, por ejemplo) han visto en esta medida el futuro para el desarrollo de la propia industria nacional.

Rivales políticos como Schwarzenegger han aplaudido el abandono de los planteamientos de la anterior administración. Otra figura clave para el mundo republicano, Nancy Reagan, viuda del presidente que murió de Alzheimer, ha respaldado públicamente a Obama por los efectos que la nueva dirección en este ámbito pueda tener para enfermedades como la que sufrió uno de los presidentes más queridos de la historia americana.

Pero la oposición también ha sido notoria y mundial. El Vaticano teme que Obama sea un Zapatero global y sus decisiones, con un impacto en todo el mundo, puedan llevar a un nuevo estadio la tradicional tensión entre Iglesia y Estado. Este punto no es baladí en un país obsesionado por los equilibrios como Estados Unidos.

Hablar de separación entre Iglesia y Estado en los Estados Unidos puede resultar paradójico a los ojos de un ciudadano europeo que observa el papel de la religión en ese país. Nuestro contexto de creciente abandono de la práctica religiosa choca con un país con elevados índices de práctica religiosa y un notable poder de influencia social. Pero por más que la religión sea un eje central en la vida social y personal de millones de estadounidenses, los padres fundadores y la política surgida de esa unión han sido siempre conscientes de la necesidad de mantener los dos ámbitos alejados. Cada momento histórico ha tenido sus más y sus menos, pero el equilibrio entre los dos polos ha sido una prioridad.

El nivel de secularización de la sociedad norteamericana es notorio, y se contrapone al poder formal e informal que algunas iglesias europeas mantienen en sus estados, como en España o Italia. De este modo, la decisión presidencial cobra un significado muy notable: es la primera acción encaminada a cambiar el rumbo de ocho años en qué el país viró a claroscuros en la materia difíciles de comprender.

Albert Medrán

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