Obama y el Trubunal Supremo

Hoy en La Vanguardia publico este artículo

Quizás todo esto de la división de poderes, la independencia entre ellos y un largo etcétera les suene a cuento, a milonga o a algo demasiado abstracto como para poder entenderlo. Más cuando en los últimos días hemos presenciado cómo un poder del Estado se declaraba en huelga y la actuación de un juez que caza con un ministro de justicia generaba un alud de críticas y fuego cruzado entre los partidos políticos españoles.

En efecto, la justicia es un poder del Estado que cimenta la democracia a través de su independencia. Esto es algo que las democracias avanzadas no cuestionan jamás y que han hecho de este axioma la base del sistema. También lo hicieron los padres fundadores de los Estados Unidos al crear, en amparo de la Constitución, el Tribunal Supremo de los Estados Unidos.

El Tribunal Supremo es algo parecido al Tribunal Constitucional español: es el garante de la adecuación de las leyes al texto fundacional e interpreta aquellos textos que pueden entrar en contradicción con la norma que firmó George Washington. Aunque el sistema judicial americano, que tiene una raíz distinta al nuestro, permite que los jueces –no sólo los magistrados del Supremo- puedan interpretar la Constitución. Además, es la última instancia legislativa a la que acudir.

En definitiva, es una pieza central del sistema. No sólo del judicial, sino del político: sus deliberaciones afectan a la aplicación de la acción política de muchos presidentes. O lo que es lo mismo, de lo que deliberen estos magistrados depende que la legislación más o menos progresista o conservadora arraigue en la sociedad. Y por tanto, que la sociedad camine hacia una orilla u otra.

Pero, ¿cómo se puede influir en el sentido que imprima el Tribunal? La respuesta es clara: a través de las nominaciones de los magistrados que lo forman. A diferencia de España, los 9 miembros del Tribunal Supremo son elegidos por el Presidente por nominación directa y deben ser confirmados por el Senado. La nominación es vitalicia y será la muerte, la indisposición, la resignación o el enjuiciamiento lo que los separaría del Tribunal.

El cambio también puede llegar al Tribunal. En los próximos años Obama deberá hacer frente, presumiblemente, a alguna nominación del Supremo. En las últimas semanas la única mujer magistrada, Ruth Ginsburg, ha anunciado que sufre un cáncer (tras haber superados varios a lo largo de su vida), lo que hace prever que quizás presente su baja voluntaria en las próximas semanas o meses.

A día de hoy, 5 de los 9 miembros superan los 70 años, Ginsburg incluída y el magistrado John Paul Stevens, de 88 años. De los 4 miembros más jóvenes, dos fueron nominados por George W. Bush, entre ellos el presidente del Tribunal que balbuceó incorrectamente el juramento administrado a Obama en la ceremonia del pasado 20 de enero. Los otros dos, también por su padre; o lo que es lo mismo, con un marcado sello conservador.

El cambio puede llegar también al Supremo si Obama elige mejor a estos magistrados que a algunos miembros de su Gabinete. A Ginsburg seguramente le substituiría una mujer de perfil similar a esta magistrada conocida por su progresismo. Pero la incognita será conocer cómo serán las personas que eventualmente Obama deba elegir para el cargo. Será una de las claves para llevar a lo más profundo del sistema una nueva dimensión en algo tan esencial como la interpretación de leyes que tocan la espina dorsal de tantos y tantos temas.

Albert Medrán

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El blog de comunicación de Albert Medrán

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