Lincoln y Obama

Cuando se conmemora el 200 aniversario del nacimiento de Lincoln, en La Vanguardia reflexiono sobre los paralelismos entre los dos presidentes.

El azar ha querido que en el día que se celebra el segundo centenario del nacimiento de Abraham Lincoln, Barack Obama sea presidente de los Estados Unidos. Esta asociación, más allá del azar, no deja de tener unos tintes de asombroso paralelismo histórico que darían para elucubraciones esotéricas por doquier.

Doscientos años atrás, nacía en un pueblo de Kentucky el hombre llamado a ser el decimosexto presidente de la nación fundada por Washington. Un presidente que sería recordado, admirado y respetado a lo largo de los años. Quizás sea por la fuerza de su relato personal, un hombre humilde y hecho a sí mismo que tenía como prioridad principal de su vida política mantener la unidad de la nación que no llegaba ni a los 100 años de historia.

Para los que no conozcan en exceso los pormenores de la historia de el primer presidente republicano de la historia de los Estados Unidos, trataré de resumirles lo trascendente del momento histórico que lo encumbró, con la mayor Guerra en suelo americano como protagonista. La Guerra Civil o de Secesión dividió el norte y el sur durante su presidencia, con el reto presidencial de mantener unido el país. Cosa que finalmente sucedió. De Lincoln nos quedan para la historia algo tan importante como el Acta de Proclamación que abolió la esclavitud. O el discuro de Gettysburg en que dijo la tan repetida frase de “el gobierno del pueblo, por el pueblo, para el pueblo, no desaparecerá de la Tierra”.

Lincoln ha sido un modelo para muchos presidentes. Infinitamente citado y estudiado, el primer presidente asesinado de la historia del país tiene hoy un lugar de honor en el Mall de la capital, Washington. El Lincoln Memorial guarda mucha similitud con una iglesia: al entrar en él, el visitante siente una terrible emoción, empequeñece de golpe ante tal monumentalidad.

Obama es uno de estos presidentes. Al igual que Lincoln, el presidente inició su carrera política en la legislatura estatal de Illinois, estado por el que ambos fueron elegidos para cargos en el Congreso. Como Lincoln, Obama tiene entre sus misiones la de unificar el país que estos ocho años ha visto como se escindía en lo más profundo. Los tiempos han cambiado, pero Obama seguramente cree que el objetivo de su presidencia, más allá de las políticas que se llevarán a cabo, tiene mucho que ver con lo mismo que hizo el republicano: cambiar el país.

Lo que para Lincoln fue la abolición de la esclavitud, para Obama podría ser hacer de los Estados Unidos un país sin desigualdades, ya sean raciales, sociales, económicas, sexuales o religiosas. O un país más verde. En todo caso, no es baladí el reflejo en Abraham Lincoln.

Obama ha mencionado al presidente Lincoln en más de una ocasión durante su campaña. Lo hizo en el discurso de aceptación de la nominación y en el discurso de victoria. Es un referente que está en el imaginario colectivo de los americanos que ha querido reclamar.

La coincidencias entre las vidas de estos dos líderes van más allá de sus relatos: su oratoria, su juventud al tomar el cargo, la vida con sus familias en la Casa Blanca; incluso el camino en tren hacia Washington para la toma de posesión. Aunque esta última reviste más homenaje del 44 al 16 que otra cosa…
Sólo el tiempo dirá si Obama consigue traspasar su tiempo con su historia y su legado. Hoy, los americanos celebran el nacimiento de Lincoln y recuerdan el episodio de su historia que escribió con su acción política y con su sacrificio último que conmocionó a una nación dividida.

Albert Medrán

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