Algo más que un cambio de estilo

Hoy, el cambio y los Secretarios dimisionarios en La Vanguardia.

Nadie puede negar que Obama no lo tiene fácil. Las voces populares -que no tienen porqué ser certeras- alertan sobre unas expectativas demasiado elevadas rodeando la figura del presidente. Alertan o incluso desean su fracaso, el aumento del descontento y su desalojo del poder en cuatro años.

Esta ha sido la campaña y las elecciones del cambio. Y también será el mandato del cambio, con unas nuevas reglas, modos, usos y costumbres. Un cambio en la relación con los ciudadanos, pero también con los medios, con el modo de comunicar la acción política y en las formas de trabajar. Un cambio que los ciudadanos pueden percibir desde el minuto cero.

Los 100 primeros días son básicos para fijar percepciones sobre nuestras prioridades. Así lo ha hecho Obama, así lo han hecho sus predecesores. Pero lo que sorprende de el Presidente es lo arropado que ha estado siempre, en todas las apariciones públicas. Aunque existen algunos aspectos que debemos analizar y matizar.

Obama tiene un amplio apoyo de los norteamericanos, pese a ello, sigue alimentando su movimiento social sumando apoyos. Sólo así se explica la imagen de suma, unidad -valores positivos, como pueden observar- que imprime en todas las firmas de las grandes acciones políticas. Actos que suelen tener un alto componente emotivo, como la fotografía que recorrió el mundo hace unos días: Obama abrazado a una mujer que durante 19 años cobró menos que sus compañeros por ser mujer.

No obstante, Obama ha salido sólo cuando de los grandes datos negativos macroeconómicos se ha tratado. Sólo, como el líder que acepta el peso de una gran carga pero tiene la fe de poder acarrearla. Sólo, pese a haber presentado a su equipo económico en grupo, en Chicago hace unos meses. Pero no nos engañemos, nunca comunicó soledad al hacerlo. Al contrario, enfatizó su imagen de líder que, ungido por la voluntad popular, puede hacer un llamamiento a la solidez de los sindicatos o a arrimar el hombro de forma colectiva.

Quizás por esta combinación de unidad, contextos y marcos adecuados, actividad política sin titubeos, a la par que liderazgo y agallas; el país no se siente defraudado con Obama cuando Bill Richardson tuvo que arrojar la toalla antes de ser nombrado Secretario de Comercio o cuando Tom Daschle ha tenido que hacer lo mismo como Secretario de Salud. En su caso, le han pasado factura los más de 128.000 dólares  en impuestos que dejó de pagar. El caso Richardson, fue saldado por Obama con la incorporación de un republicano, Judd Gregg.

Precisamente la incorporación de Gregg reafirma lo que a día de hoy podemos corroborar sin miedo a equivocarnos: el cambio no es una entelequia ni una promesa vacía de contenido. Algo ha cambiado, y algo está cambiando en América.

Albert Medrán

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El blog de comunicación de Albert Medrán

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