Reflexiones en jornada de reflexión

En Euskadi se respira un ambiente de campaña atípica, alejada de una conflictividad excesiva. Se compara, incluso, con las elecciones gallegas y se afirma que el enfrentamiento en la tierra celta ha sido incluso mayor. En todo caso, en medio de la jornada de reflexión, Euskadi se despierta con sol y con la sensación de que mañana será una jornada histórica.

Quizás porque la respuesta a una serie de interrogantes llegará mañana, hoy es un día especial. El día de reflexión, con las limitaciones de información y comunicación que conocéis, es una jornada diferente. El candidato o candidata suele descansar y reposar, mientras los grupos clave de estas elecciones (los indecisos y los que aún no saben si se acercarán mañana a las urnas) reflexionan o aprovechan el silencio oficial por sólo escuchar el ruido mediático. Pero la reflexión en torno a las jornadas de reflexión -valga la redundancia- la dejaremos para otro post.

En todo caso, las dos campañas electorales han llegado a su fin. Y su desarrollo esconde momentos, imágenes, ideas y reflexiones importantes que resumo en 4:

Partidos: por primera vez, la izquierda abertzale cercana a ETA no participa en estas elecciones. Su nicho de votos es un terreno de disputa y será clave para ver cómo se mueve la representatividad. Pero además, es interesante observar la conducta de los partidos que han formado coalición de gobierno en la última legislatura. La agresividad de BNG respecto al PSdG y viceversa, es un hecho inusitado y que se escapa de la explicación típica del comportamiento de los partidos en coalición cuando se llega a las elecciones. Y para muestra, la foto de Quintana en el yate. Pero también del tripartito vasco en el mismo debate de EiTB. Sin lugar a dudas, dos sistemas de partidos bien diferentes que han desplegado sus diferencias y lo hemos podido ver todos.

Cerdos y trekkies: Compartimos fila con Erkoreka en el acto de Politika 2.0 en Bilbao, en la sede de EiTB, la persona que afirmó que se vería antes un cerdo volante que Patxi López de lehendakari. Pues bien, la reacción del PSE, lejos de la crispación típica en Euskadi fue en forma de promocionar estos cerdos voladores. Las redes sociales se llenarán de cerdos voladores, que incluso hicieron acto de presencia en los actos de campaña. Pero el humor o la diferencia también llegó a las filas del PNV, todos recordaremos durante mucho tiempo el acto del lehendakari Ibarretxe rodeado de fanáticos de Star Trek disfrazados y dirigiendo mensajes políticos con el marco conceptual de la serie. Nuevos formatos experimentados y con éxito.

Participación: el éxito de la estrategia 2.0 del PSE ha puesto de manifiesto la necesidad de los ciudadanos de mantener un diálogo más directo con los candidatos. Y Patxi López lo ha demostrado. Los partidos sólo tienen una opción: apostar o apostar. Incluso en contextos adversos para la participación, como es Euskadi, muestran esta necesidad.

Protección: la protección dada por los dos líderes de los partidos mayoritarios nacionales a sus candidatos ha sido más que evidente. Todo ello con un contexto metapolitico complejo, con la crisis económica y la corrupción en el PP como marcos. Zapatero y Rajoy han entendido que se juegan mucho en estas elecciones. Zapatero, mantener Galicia y ganar Euskadi, manteniendo bajo control las tres nacionalidades históricas. Rajoy, recuperar Galicia y alargar su supervivencia política un tiempo.

Obama y el Trubunal Supremo

Hoy en La Vanguardia publico este artículo

Quizás todo esto de la división de poderes, la independencia entre ellos y un largo etcétera les suene a cuento, a milonga o a algo demasiado abstracto como para poder entenderlo. Más cuando en los últimos días hemos presenciado cómo un poder del Estado se declaraba en huelga y la actuación de un juez que caza con un ministro de justicia generaba un alud de críticas y fuego cruzado entre los partidos políticos españoles.

En efecto, la justicia es un poder del Estado que cimenta la democracia a través de su independencia. Esto es algo que las democracias avanzadas no cuestionan jamás y que han hecho de este axioma la base del sistema. También lo hicieron los padres fundadores de los Estados Unidos al crear, en amparo de la Constitución, el Tribunal Supremo de los Estados Unidos.

El Tribunal Supremo es algo parecido al Tribunal Constitucional español: es el garante de la adecuación de las leyes al texto fundacional e interpreta aquellos textos que pueden entrar en contradicción con la norma que firmó George Washington. Aunque el sistema judicial americano, que tiene una raíz distinta al nuestro, permite que los jueces –no sólo los magistrados del Supremo- puedan interpretar la Constitución. Además, es la última instancia legislativa a la que acudir.

En definitiva, es una pieza central del sistema. No sólo del judicial, sino del político: sus deliberaciones afectan a la aplicación de la acción política de muchos presidentes. O lo que es lo mismo, de lo que deliberen estos magistrados depende que la legislación más o menos progresista o conservadora arraigue en la sociedad. Y por tanto, que la sociedad camine hacia una orilla u otra.

Pero, ¿cómo se puede influir en el sentido que imprima el Tribunal? La respuesta es clara: a través de las nominaciones de los magistrados que lo forman. A diferencia de España, los 9 miembros del Tribunal Supremo son elegidos por el Presidente por nominación directa y deben ser confirmados por el Senado. La nominación es vitalicia y será la muerte, la indisposición, la resignación o el enjuiciamiento lo que los separaría del Tribunal.

El cambio también puede llegar al Tribunal. En los próximos años Obama deberá hacer frente, presumiblemente, a alguna nominación del Supremo. En las últimas semanas la única mujer magistrada, Ruth Ginsburg, ha anunciado que sufre un cáncer (tras haber superados varios a lo largo de su vida), lo que hace prever que quizás presente su baja voluntaria en las próximas semanas o meses.

A día de hoy, 5 de los 9 miembros superan los 70 años, Ginsburg incluída y el magistrado John Paul Stevens, de 88 años. De los 4 miembros más jóvenes, dos fueron nominados por George W. Bush, entre ellos el presidente del Tribunal que balbuceó incorrectamente el juramento administrado a Obama en la ceremonia del pasado 20 de enero. Los otros dos, también por su padre; o lo que es lo mismo, con un marcado sello conservador.

El cambio puede llegar también al Supremo si Obama elige mejor a estos magistrados que a algunos miembros de su Gabinete. A Ginsburg seguramente le substituiría una mujer de perfil similar a esta magistrada conocida por su progresismo. Pero la incognita será conocer cómo serán las personas que eventualmente Obama deba elegir para el cargo. Será una de las claves para llevar a lo más profundo del sistema una nueva dimensión en algo tan esencial como la interpretación de leyes que tocan la espina dorsal de tantos y tantos temas.

La dimisión de Bermejo, clave

La dimisión de Fernández Bermejo, a pesar de llegar en el peor de los momentos, es la clave interpretativa necesaria para poner negro sobre blanco en todo el asunto de corrupción que afecta al PP. Es la clave porque ha sido hasta ahora el elemento distorsionador de una tormenta perfecta que hubiera podido generar más daño del generado al principal partido de la oposición.

En circunstancias normales, la situación hubiera sido clara: los dos principales feudos electorales del PP se ven inmersos en una corriente corrupta en los inicios de una campaña electoral. Más allá del hecho de que el proceso salte a la opinión pública en este momento preciso, los hechos son irrefutables:
• Más de 30 imputados, entre ellos el Presidente de la Generalitat Valenciana
Trama de espionaje y financiación ilegal como hechos delictivos
• Ramificaciones y contactos con altas esferas del partido, aforados y cargos públicos

Pero la inoportuna cacería del ministro de Justicia con el juez instructor del caso hace que el marco que presupone la situación antes descrita se vaya al traste. De repente, aunque las investigaciones apunten a la existencia de esta red ilegal y en situaciones normales el PP se viera obligado a depurar responsabilidades; la cacería da alas a una estrategia de huida hacia adelante de los populares. Y sale bien: el partido aparece más unido que nunca, la lluvia fina de la idea de “proceso contra el PP” empieza a dar sus resultados … y el Gobierno y Bermejo permanecen impasibles.

La clave era la dimisión de Bermejo. O su destitución. Cómo y cuando eran la otra clave necesaria: durante la campaña electoral puede afectar a los resultados de PSdG y PSE-EE. Tras la cita con las urnas puede ser contraproducente: tarde y mal. Una destitución podía dar fuerza a Zapatero, pero también mostrar cómo se subyuga al PP. Y una dimisión del propio ministro podía parecer una decisión improvisada a tenor de los acontecimientos. Más aún en vista de la escenificación en el Congreso que él y el grupo Socialista hicieron la semana pasada. La dimisión, en todo caso, era necesaria.

Bermejo ¿ha dimitido o lo han dimitido?, como afirma hoy El Singular Digital. Venga de donde venga la intención, la dimisión era necesaria. Sin Bermejo, la estrategia popular pierde una parte de su justificación. Si Garzón se inhibe definitivamente del caso y con un nuevo ministro de justicia y un nuevo juez las investigaciones siguen adelante y se encuentran cada vez más evidencias de la trama corrupta, el PP se quedará sin argumentos y deberá enfrentar su propia regeneración de cargos. Tal y como exigían al PSOE hace más de 10 años. Pero si el proceso termina sin procesados ni responsables, el escándalo será de magnitudes imprevisibles en Ferraz y entonces se necesitaría algo más que la dimisión de un ministro de Justicia.

En todo caso, el bottleneck de este asunto ya no existe. Empieza la segunda parte de este partido y por la propia salud democrática del país esperamos no tener que presenciar los penaltis para entender qué ha pasado. Y para que esto suceda habrá que estar atentos a los movimientos que se están produciendo ahora mismo, con la prudencia que piden los dos procesos electorales abiertos, pero con decisión de ir hasta el final en las sedes de los dos partidos.

Política y Twitter. Twitter y política

Si tirar de hemeroteca en la crónica y el análisis político es una actividad que suele reportar sorpresas, hacer lo mismo en la red aún lo es más. Hace poco más de un año y medio -una eternidad en el propio tiempo de la red- el blog Política en Red se preguntaba por el futuro de Twitter y la política. Enmarcado en el contexto argentino, pero una reflexión muy válida para cualquier democracia.

Twitter ha llegado para quedarse. No sé por cuánto tiempo, pero jugará un papel muy importante en la comunicación política en la red. Pero comencemos por el principio: ¿qué es Twitter? Twitter es un servicio de microblogging gratuito donde se llevan a cabo conversaciones de un máximo de 140 caracteres. Por eso se afirma que es microblogging, ya que con 140 caracteres se resume una idea, un enlace … Es menos intrusivo que un chat, más ágil que un blog al uso y cada usuario puede aceptar quien lee sus actualizaciones. Esta red social es, en definitiva, una poderosa herramienta de comunicación.

La pregunta de Política en Red queda hoy respuesta: sí, nuestros políticos usan Twitter. Y los que la utilizan consiguen dirigirse de una manera más directa, clara, concisa y transparente a los ciudadanos. Por lo tanto, parecería bastante claro que si existe una herramienta fácil, directa, rápida y que consigue acercar a ciudadanos y políticos y todos los políticos deben estar llenando la red de twitter. ¿No?

Nada más lejos de la realidad. En nuestro país algunos políticos se atreven con esta herramienta, y los que lo hacen, estoy convencido de que gozan de más credibilidad que los que no lo hacen. Ojalá el CIS, el CEO u otros institutos demoscópicos pudieran corroborar la idea de que tiro: a mayor uso de Twitter, más credibilidad. Les emplazo a debatir este punto.

Pero como decía, no todos lo utilizan. Es especialmente notorio el caso de las elecciones en Galicia y País Vasco, donde sólo Patxi López dispone de Twitter y actualiza con mucha frecuencia. López, de hecho, lleva un fin de semana de trabajo más que considerable, ya que está respondiendo a las preguntas que, en un acto nuevo en campaña electoral, le hicieron los usuarios de Twitter.

La situación que encontramos con López nos deja entrever una cosa: hay una masa crítica de ciudadanos que cada día usan Twitter para debatir, conversar, compartir conocimiento … y agradecen infinitamente poder obtener respuestas de primera mano sobre temas que les afectan. Cada vez que hay sesión en el Parlament de Catalunya alguien pregunta a Montserrat Capdevila, Carles Puigdemont o José Antonio Donaire. El president Benach también responde a diario, sobre temas muy diversos. Los usuarios-ciudadanos-votantes quieren respuestas y piden que alguien esté presente.

Las elecciones vascas o gallegas no se decidirán sólo por el hecho de estar presente en Twitter, pero estoy convencido de que si pudiéramos hacer encuestas a pie de urna sobre esta cuestión, nos sorprendríamos mucho.

Vía César Calderón descubro que el uso político de Twitter no acaba aquí. No sé si están al corriente de unos supuestos casos de espionaje en la comunidad donde resido, la Comunidad Autónoma de Madrid, pero si han seguido las noticias, sabrán que hay una comisión de investigación en el Parlamento autonómico y que el PP ha vetado la entrada de medios de comunicación a esta. En el mundo offline aquí acabaría nuestra posibilidad de estar informados. Pero en el mundo online la cosa es bien distinta: la diputada de IU Reyes Montiel ha abierto una cuenta en Twitter para informar a los ciudadanos de lo que pasa en esta comisión. En un día, ha conseguido 109 seguidores.

Y podríamos seguir. Podríamos hablar del contenido de la ponencia de Marc Cortés en la Maratón de Comunicación Lecciones Obama, donde mostró el uso de esta red para Obama. O de cómo el Primer Ministro holandés ha reprendido a su ministro de asuntos exteriores por haber hecho una foto al Consejo de Ministros y colgarlo en Twitter; ministro muy activo en la red … sí, podríamos seguir.

Si la política es la discusión, el diálogo, el debate y la conversación, no hay nada más cercano que Twitter.

Lincoln y Obama

Cuando se conmemora el 200 aniversario del nacimiento de Lincoln, en La Vanguardia reflexiono sobre los paralelismos entre los dos presidentes.

El azar ha querido que en el día que se celebra el segundo centenario del nacimiento de Abraham Lincoln, Barack Obama sea presidente de los Estados Unidos. Esta asociación, más allá del azar, no deja de tener unos tintes de asombroso paralelismo histórico que darían para elucubraciones esotéricas por doquier.

Doscientos años atrás, nacía en un pueblo de Kentucky el hombre llamado a ser el decimosexto presidente de la nación fundada por Washington. Un presidente que sería recordado, admirado y respetado a lo largo de los años. Quizás sea por la fuerza de su relato personal, un hombre humilde y hecho a sí mismo que tenía como prioridad principal de su vida política mantener la unidad de la nación que no llegaba ni a los 100 años de historia.

Para los que no conozcan en exceso los pormenores de la historia de el primer presidente republicano de la historia de los Estados Unidos, trataré de resumirles lo trascendente del momento histórico que lo encumbró, con la mayor Guerra en suelo americano como protagonista. La Guerra Civil o de Secesión dividió el norte y el sur durante su presidencia, con el reto presidencial de mantener unido el país. Cosa que finalmente sucedió. De Lincoln nos quedan para la historia algo tan importante como el Acta de Proclamación que abolió la esclavitud. O el discuro de Gettysburg en que dijo la tan repetida frase de “el gobierno del pueblo, por el pueblo, para el pueblo, no desaparecerá de la Tierra”.

Lincoln ha sido un modelo para muchos presidentes. Infinitamente citado y estudiado, el primer presidente asesinado de la historia del país tiene hoy un lugar de honor en el Mall de la capital, Washington. El Lincoln Memorial guarda mucha similitud con una iglesia: al entrar en él, el visitante siente una terrible emoción, empequeñece de golpe ante tal monumentalidad.

Obama es uno de estos presidentes. Al igual que Lincoln, el presidente inició su carrera política en la legislatura estatal de Illinois, estado por el que ambos fueron elegidos para cargos en el Congreso. Como Lincoln, Obama tiene entre sus misiones la de unificar el país que estos ocho años ha visto como se escindía en lo más profundo. Los tiempos han cambiado, pero Obama seguramente cree que el objetivo de su presidencia, más allá de las políticas que se llevarán a cabo, tiene mucho que ver con lo mismo que hizo el republicano: cambiar el país.

Lo que para Lincoln fue la abolición de la esclavitud, para Obama podría ser hacer de los Estados Unidos un país sin desigualdades, ya sean raciales, sociales, económicas, sexuales o religiosas. O un país más verde. En todo caso, no es baladí el reflejo en Abraham Lincoln.

Obama ha mencionado al presidente Lincoln en más de una ocasión durante su campaña. Lo hizo en el discurso de aceptación de la nominación y en el discurso de victoria. Es un referente que está en el imaginario colectivo de los americanos que ha querido reclamar.

La coincidencias entre las vidas de estos dos líderes van más allá de sus relatos: su oratoria, su juventud al tomar el cargo, la vida con sus familias en la Casa Blanca; incluso el camino en tren hacia Washington para la toma de posesión. Aunque esta última reviste más homenaje del 44 al 16 que otra cosa…
Sólo el tiempo dirá si Obama consigue traspasar su tiempo con su historia y su legado. Hoy, los americanos celebran el nacimiento de Lincoln y recuerdan el episodio de su historia que escribió con su acción política y con su sacrificio último que conmocionó a una nación dividida.

Unidad

Rita Barberá ha sido la artífice de una fotografía y una puesta en escena que ha conseguido captar hoy la atención de todos los medios: una atípica comparecencia en miércoles de Mariano Rajoy rodeado de la plana mayor del partido como respuesta a las dos tramas de delitos presuntamente cometidos por miembros del partido conservador.

Poco podía imaginar, cuando he pasado por la puerta de Génova 13 esta mañana, que el PP conseguiría marcar la agenda mediática del día. Es justo reconocer que la imagen acompaña a las acusaciones más o menos encubiertas de Rajoy sobre la jornada de caza del ministro Bermejo y el juez instructor de una de las dos tramas, Baltasar Garzón. También es justo reconocer que Rajoy refuerza el ritmo que Esperanza Aguirre había marcado: ante los ataques, contraataque.

Como imagen y como momentum comunicativo, es impecable. Ahora bien, no estoy convencido de los efectos a largo plazo de esta acción. Si las investigaciones judiciales son certeras y los encausados acaban con una condena sobre sus hombros, la defensa a ultranza de la honorabilidad que la plana mayor del PP está haciendo podría verse tocada. Y lo que es más importante pondrá de manifiesto que una puesta en escena impresionante no esconde lo que dicen unas investigaciones en curso: más de 30 personas acusadas de delitos graves, más un caso de supuestos espionajes que atenta contra las libertades fundamentales.

La acción del PP hay que entenderla como una salida hacia para reflotar un barco que amenaza con hundirse justo cuando hay dos elecciones en ciernes: por mucho que se puedan hacer elucubraciones sobre el momento en que la causa se hace pública, los supuestos delitos no dejan de ser delitos graves. El culpable no podrá ser nunca un juez instructor: lo será quien ha cometido delitos.

Esta es una variable que me falta, no obstante, de la impecable acción comunicativa de la plana mayor del partido. Los ciudadanos tienen criterio y saben ver cuando un partido es amenazado injustamente y cuando no. En un contexto de crisis, la corrupción se vuelve más criticable que nunca. Y la sensibilidad social es más acuciante que nunca.

El cara a cara Ibarretxe-López

Los debates electorales son una anomalía en nuestro sistema, por mucho que hoy existan cadenas privadas, públicas, radios e internet. Aunque disponemos del mejor entorno mediático para permitir que el ciudadano pueda contrastar los diferentes modelos, los debates no dejan de ser un rara avis. El caso de las elecciones de Euskadi del próximo 1 de marzo no podía ser menos: no habrá cara a cara entre Ibarretxe y López.

El punto clave que evita los cara a cara es la representatividad: en sistemas parlamentarios todo el mundo quiere tener el derecho a participar en un debate con todos. Si bien es cierto que en la práctica cualquier cabeza de lista puede ser lehendakari, las probabilidades reales se limitan a dos. Y los ciudadanos deberían tener el derecho a poder comprobar las diferencias en las prioridades de los dos candidatos llamados a ocupar Ajuria Enea. Posiblemente EiTB acabe teniendo un debate entre todos los cabezas de lista de las diferentes formaciones, ya están programados estos enfrentamientos a 6.

Para superar problemas como el de la representatividad existen cadenas privadas donde no hay que atenderlo, pero esta no es la cuestión principal. Es la voluntad a debatir y como los debates afectan a la estrategia electoral.

La apuesta del PNV era clara: o no debatir o debatir con López y Basagoiti. No quieren debate porque si hacemos un debate cara a cara le damos al contrincante el carácter de alternativa, si no queremos que esto suceda, haremos un debate coral. Además, si PSE y PP estan contra Ibarretxe en un debate, se refuerza la idea de ataque al nacionalismo vasco por parte del bloque constitucionalista. Por la misma razón, la apuesta del PSE era un debate sólo con el lehendakari. Igualarse a él y escenificar la posibilidad de alternativa.

El debate a 6 es un debate coral, donde Ibarretxe sólo recibirá ataques de los 5 candidatos restantes. Continuará enviando una imagen de líder que está por encima de todos y eso no ayudará a López.

Se reafirma una vez más que las estrategias son fundamentalmente mediáticas, estamos en una democracia de opinadores. Nos dirigimos constantemente la opinión pública a través de los medios y por eso conviene controlar un aspecto tan crucial como el debate electoral.

No sólo por la capacidad de decisión que podamos generar, sino por los efectos en la movilización. Un cara a cara entre Ibarretxe y López podría movilizar al electorado nacionalista para evitar que el PSE gobierne (si López se mostrara muy superior) o el efecto contrario si Ibarretxe saliera muy tocado del cara a cara. Por eso los debates, desde el gobierno, se conceden cuando no hay salida a la reelección. Ibarretxe aún la tiene y prefiere mantenerla.

Pese a la explicación lógica y estratégica de las decisiones, como ciudadanos hemos de preguntarnos si una democracia donde el debate (y no el monólogo de mitin en mitin y bloque de informativos) es la base, su ausencia no la perjudica.

Algo más que un cambio de estilo

Hoy, el cambio y los Secretarios dimisionarios en La Vanguardia.

Nadie puede negar que Obama no lo tiene fácil. Las voces populares -que no tienen porqué ser certeras- alertan sobre unas expectativas demasiado elevadas rodeando la figura del presidente. Alertan o incluso desean su fracaso, el aumento del descontento y su desalojo del poder en cuatro años.

Esta ha sido la campaña y las elecciones del cambio. Y también será el mandato del cambio, con unas nuevas reglas, modos, usos y costumbres. Un cambio en la relación con los ciudadanos, pero también con los medios, con el modo de comunicar la acción política y en las formas de trabajar. Un cambio que los ciudadanos pueden percibir desde el minuto cero.

Los 100 primeros días son básicos para fijar percepciones sobre nuestras prioridades. Así lo ha hecho Obama, así lo han hecho sus predecesores. Pero lo que sorprende de el Presidente es lo arropado que ha estado siempre, en todas las apariciones públicas. Aunque existen algunos aspectos que debemos analizar y matizar.

Obama tiene un amplio apoyo de los norteamericanos, pese a ello, sigue alimentando su movimiento social sumando apoyos. Sólo así se explica la imagen de suma, unidad -valores positivos, como pueden observar- que imprime en todas las firmas de las grandes acciones políticas. Actos que suelen tener un alto componente emotivo, como la fotografía que recorrió el mundo hace unos días: Obama abrazado a una mujer que durante 19 años cobró menos que sus compañeros por ser mujer.

No obstante, Obama ha salido sólo cuando de los grandes datos negativos macroeconómicos se ha tratado. Sólo, como el líder que acepta el peso de una gran carga pero tiene la fe de poder acarrearla. Sólo, pese a haber presentado a su equipo económico en grupo, en Chicago hace unos meses. Pero no nos engañemos, nunca comunicó soledad al hacerlo. Al contrario, enfatizó su imagen de líder que, ungido por la voluntad popular, puede hacer un llamamiento a la solidez de los sindicatos o a arrimar el hombro de forma colectiva.

Quizás por esta combinación de unidad, contextos y marcos adecuados, actividad política sin titubeos, a la par que liderazgo y agallas; el país no se siente defraudado con Obama cuando Bill Richardson tuvo que arrojar la toalla antes de ser nombrado Secretario de Comercio o cuando Tom Daschle ha tenido que hacer lo mismo como Secretario de Salud. En su caso, le han pasado factura los más de 128.000 dólares  en impuestos que dejó de pagar. El caso Richardson, fue saldado por Obama con la incorporación de un republicano, Judd Gregg.

Precisamente la incorporación de Gregg reafirma lo que a día de hoy podemos corroborar sin miedo a equivocarnos: el cambio no es una entelequia ni una promesa vacía de contenido. Algo ha cambiado, y algo está cambiando en América.